Lectura 1 de 4 · En familia

Josué 7

1Empero los hijos de Israel cometieron prevaricación en el anatema: porque Achân, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel. 2Y Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Beth-aven hacia el oriente de Beth-el; y hablóles diciendo: Subid, y reconoced la tierra. Y ellos subieron, y reconocieron a Hai. 3Y volviendo a Josué, dijéronle: No suba todo el pueblo, mas suban como dos mil o como tres mil hombres, y tomarán a Hai: no fatigues a todo el pueblo allí, porque son pocos. 4Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai. 5Y los de Hai hirieron de ellos como treinta y seis hombres, y siguiéronlos desde la puerta hasta Sebarim, y los rompieron en la bajada: por lo que se disolvió el corazón del pueblo, y vino a ser como agua. 6Entonces Josué rompió sus vestidos, y postróse en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas. 7Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los Amorrheos, que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado de la otra parte del Jordán! 8¡Ay Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto las espaldas delante de sus enemigos? 9Porque los Cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos cercarán, y raerán nuestro nombre de sobre la tierra: entonces ¿qué harás tú a tu grande nombre? 10Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? 11Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les había mandado; pues aun han tomado del anatema, y hasta han hurtado, y también han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. 12Por esto los hijos de Israel no podrán estar delante de sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán las espaldas; por cuanto han venido a ser anatema: ni seré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros. 13Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás estar delante de tus enemigos, hasta tanto que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros. 14Os allegaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare, se allegará por sus familias; y la familia que Jehová tomare, se allegará por sus casas; y la casa que Jehová tomare, allegaráse por los varones; 15Y el que fuere cogido en el anatema, será quemado a fuego, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel. 16Josué, pues, levantándose de mañana, hizo allegar a Israel por sus tribus; y fue tomada la tribu de Judá; 17Y haciendo allegar la tribu de Judá, fue tomada la familia de los de Zera; haciendo luego allegar la familia de los de Zera por los varones, fue tomado Zabdi; 18E hizo allegar su casa por los varones, y fue tomado Achân, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá. 19Entonces Josué dijo a Achân: Hijo mío, da gloria ahora a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras. 20Y Achân respondió a Josué, diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y he hecho así y así: 21Que vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un changote de oro de peso de cincuenta siclos; lo cual codicié, y tomé: y he aquí que está escondido debajo de tierra en el medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello. 22Josué entonces envió mensajeros, los cuales fueron corriendo a la tienda; y he aquí estaba escondido en su tienda, y el dinero debajo de ello: 23Y tomándolo de en medio de la tienda, trajéronlo a Josué y a todos los hijos de Israel, y pusiéronlo delante de Jehová. 24Entonces Josué, y todo Israel con él, tomó a Achân hijo de Zera, y el dinero, y el manto, y el changote de oro, y sus hijos, y sus hijas, y sus bueyes, y sus asnos, y sus ovejas, y su tienda, y todo cuanto tenía, y lleváronlo todo al valle de Achôr; 25Y dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los Israelitas los apedrearon, y los quemaron a fuego, después de apedrearlos con piedras; 26Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, hasta hoy. Y Jehová se tornó de la ira de su furor. Y por esto fue llamado aquel lugar el Valle de Achôr, hasta hoy.
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Salmos 135-136 (cap. 135)

1Alabad el nombre de Jehová; alabad le, siervos de Jehová; 2Los que estáis en la casa de Jehová, en los atrios de la casa de nuestro Dios. 3Alabad a JAH, porque es bueno Jehová: cantad salmos a su nombre, porque es suave. 4Porque JAH ha escogido a Jacob para sí, a Israel por posesión suya. 5Porque yo se que Jehová es grande, y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses. 6Todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en las mares y en todos los abismos. 7El hace subir las nubes del cabo de la tierra; él hizo los relámpagos para la lluvia; él saca los vientos de sus tesoros. 8El es el que hirió los primogénitos de Egipto, desde el hombre hasta la bestia. 9Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, sobre Faraón, y sobre todos sus siervos. 10El que hirió muchas gentes, y mató reyes poderosos: 11A Sehón rey Amorrheo, y a Og rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán. 12Y dio la tierra de ellos en heredad, en heredad a Israel su pueblo. 13Oh Jehová, eterno es tu nombre; tu memoria, oh Jehová para generación y generación. 14Porque juzgará Jehová su pueblo, y arrepentiráse sobre sus siervos. 15Los ídolos de las gentes son plata y oro, obra de manos de hombres. 16Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; 17Tienen orejas, y no oyen; tampoco hay espíritu en sus bocas. 18Como ellos son los que los hacen; todos los que en ellos confían. 19Casa de Israel, bendecid a Jehová: casa de Aarón, bendecid a Jehová: 20Casa de Leví, bendecid a Jehová: los que teméis a Jehová, bendecid a Jehová. 21Bendito de Sion Jehová, que mora en Jerusalem. Aleluya.
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Salmos 135-136 (cap. 136)

1Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. 2Alabad al Dios de los dioses, porque para siempre es su misericordia. 3Alabad al Señor de los señores, porque para siempre es su misericordia. 4Al solo que hace grandes maravillas, porque para siempre es su misericordia. 5Al que hizo los cielos con entendimiento, porque para siempre es su misericordia. 6Al que tendió la tierra sobre las aguas, porque para siempre es su misericordia; 7Al que hizo las grandes luminarias, porque para siempre es su misericordia; 8El sol para que dominase en el día, porque para siempre es su misericordia; 9La luna y las estrellas para que dominasen en la noche, porque para siempre es su misericordia. 10Al que hirió a Egipto en sus primogénitos, porque para siempre es su misericordia. 11Al que sacó a Israel de en medio de ellos, porque para siempre es su misericordia; 12Con mano fuerte, y brazo extendido, porque para siempre es su misericordia. 13Al que dividió el mar Bermejo en partes, porque para siempre es su misericordia; 14E hizo pasar a Israel por medio de él, porque para siempre es su misericordia; 15Y arrojó a Faraón y a su ejército en el mar Bermejo, porque para siempre es su misericordia. 16Al que pastoreó a su pueblo por el desierto, porque para siempre es su misericordia. 17Al que hirió grandes reyes, porque para siempre es su misericordia; 18Y mató reyes poderosos, porque para siempre es su misericordia; 19A Sehón rey Amorrheo, porque para siempre es su misericordia; 20Y a Og rey de Basán, porque para siempre es su misericordia; 21Y dio la tierra de ellos en heredad, porque para siempre es su misericordia; 22En heredad a Israel su siervo, porque para siempre es su misericordia. 23El es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, porque para siempre es su misericordia; 24Y nos rescató de nuestros enemigos, porque para siempre es su misericordia. 25El da mantenimiento a toda carne, porque para siempre es su misericordia. 26Alabad al Dios de los cielos: porque para siempre es su misericordia.
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Jeremías 1

1Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en Anathoth, en tierra de Benjamín. 2La palabra de Jehová que fue a él en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año décimotercio de su reinado. 3Fue asimismo en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedechîas hijo de Josías, rey de Judá, hasta la cautividad de Jerusalem en el mes quinto. 4Fue pues palabra de Jehová a mí, diciendo: 5Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te santifiqué, te di por profeta a las gentes. 6Y yo dije: ¡Ah! ¡ah! ¡Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. 7Y díjome Jehová: No digas, soy niño; porque a todo lo que te enviaré irás tú, y dirás todo lo que te mandaré. 8No temas delante de ellos, porque contigo soy para librarte, dice Jehová. 9Y extendió Jehová su mano, y tocó sobre mi boca; y díjome Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. 10Mira que te he puesto en este día sobre gentes y sobre reinos, para arrancar y para destruir, y para arruinar y para derribar, y para edificar y para plantar. 11Y la palabra de Jehová fue a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Yo veo una vara de almendro. 12Y díjome Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra. 13Y fue a mí palabra de Jehová segunda vez, diciendo: ¿Qué ves tú? Y dije: Yo veo una olla que hierve; y su haz está de la parte del aquilón. 14Y díjome Jehová: Del aquilón se soltará el mal sobre todos los moradores de la tierra. 15Porque he aquí que yo convoco todas las familias de los reinos del aquilón, dice Jehová; y vendrán, y pondrá cada uno su asiento a la entrada de las puertas de Jerusalem, y junto a todos sus muros en derredor, y en todas las ciudades de Judá. 16Y a causa de toda su malicia, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y a hechuras de sus manos se encorvaron. 17Tú pues, ciñe tus lomos, y te levantarás, y les hablarás todo lo que te mandaré: no temas delante de ellos, porque no te haga yo quebrantar delante de ellos. 18Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortalecida, y como columna de hierro, y como muro de bronce sobre toda la tierra, a los reyes de Judá, a sus príncipes, a sus sacerdotes, y al pueblo de la tierra. 19Y pelearán contra ti, mas no te vencerán; porque yo soy contigo, dice Jehová, para librarte.
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Mateo 15

1Entonces llegaron a Jesús ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo: 2¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? porque no se lavan las manos cuando comen pan. 3Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? 4Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y a la madre, y, El que maldijere al padre o a la madre, muera de muerte. 5Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere al padre o a la madre: Es ya ofrenda mía a Dios todo aquello con que pudiera valerte; 6No deberá honrar a su padre o a su madre con socorro. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. 7Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: 8Este pueblo de labios me honra; mas su corazón lejos está de mí. 9Mas en vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres. 10Y llamando a sí las gentes, les dijo: Oid, y entended: 11No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. 12Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron? 13Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. 14Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. 15Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola. 16Y Jesús dijo: ¿Aun también vosotros sois sin entendimiento? 17¿No entendéis aún, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina? 18Mas lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 19Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. 20Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre. 21Y saliendo Jesús de allí, se fue a las partes de Tiro y de Sidón. 22Y he aquí una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio. 23Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros. 24Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme. 26Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27Y ella dijo: Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. 28Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora. 29Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea: y subiendo al monte, se sentó allí. 30Y llegaron a él muchas gentes, que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos: y los echaron a los pies de Jesús, y los sanó: 31De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel. 32Y Jesús llamando a sus discípulos, dijo: Tengo lástima de la gente, que ya hace tres días que perseveran conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos ayunos no quiero, porque no desmayen en el camino. 33Entonces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos a tan gran compañía? 34Y Jesús les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. 35Y mandó a las gentes que se recostasen sobre la tierra. 36Y tomando los siete panes y los peces, haciendo gracias, partió y dio a sus discípulos; y los discípulos a la gente. 37Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas. 38Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin las mujeres y los niños. 39Entonces, despedidas las gentes, subió en el barco: y vino a los términos de Magdalá.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Josué 7 · Salmos 135-136
Personales
Jeremías 1 · Mateo 15