Lectura 1 de 4 · En familia
Jueces 20
1Entonces salieron todos los hijos de Israel, y reunióse la congregación como un solo hombre, desde Dan hasta Beer-seba y la tierra de Galaad, a Jehová en Mizpa. 2Y los principales de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel, se hallaron presentes en la reunión del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a pie que sacaban espada. 3Y los hijos de Benjamín oyeron que los hijos de Israel habían subido a Mizpa. Y dijeron los hijos de Israel: Decid cómo fue esta maldad. 4Entonces el varón Levita, marido de la mujer muerta, respondió y dijo: Yo llegué a Gabaa de Benjamín con mi concubina, para tener allí la noche. 5Y levantándose contra mí los de Gabaa, cercaron sobre mí la casa de noche, con idea de matarme, y oprimieron mi concubina de tal manera, que ella fue muerta. 6Entonces tomando yo mi concubina, cortéla en piezas, y enviélas por todo el término de la posesión de Israel: por cuanto han hecho maldad y crimen en Israel. 7He aquí que todos vosotros los hijos de Israel estáis presentes; daos aquí parecer y consejo. 8Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se levantó, y dijeron: Ninguno de nosotros irá a su tienda, ni nos apartaremos cada uno a su casa, 9Hasta que hagamos esto sobre Gabaa: que echemos suertes contra ella; 10Y tomaremos diez hombres de cada ciento por todas las tribus de Israel, y de cada mil ciento, y mil de cada diez mil, que lleven bastimento para el pueblo que ha de hacer, yendo contra Gabaa de Benjamín, conforme a toda la abominación que ha cometido en Israel. 11Y juntáronse todos los hombres de Israel contra la ciudad, ligados como un solo hombre. 12Y las tribus de Israel enviaron varones por toda la tribu de Benjamín, diciendo: ¿Qué maldad es esta que ha sido hecha entre vosotros? 13Entregad pues ahora aquellos hombres, hijos de Belial, que están en Gabaa, para que los matemos, y barramos el mal de Israel. Mas los de Benjamín no quisieron oir la voz de sus hermanos los hijos de Israel; 14Antes los de Benjamín se juntaron de las ciudades de Gabaa, para salir a pelear contra los hijos de Israel. 15Y fueron contados en aquel tiempo los hijos de Benjamín de las ciudades, veintiséis mil hombres que sacaban espada, sin los que moraban en Gabaa, que fueron por cuenta setecientos hombres escogidos. 16De toda aquella gente había setecientos hombres escogidos, que eran ambidextros, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban. 17Y fueron contados los varones de Israel, fuera de Benjamín, cuatrocientos mil hombres que sacaban espada, todos estos hombres de guerra. 18Levantáronse luego los hijos de Israel, y subieron a la casa de Dios, y consultaron a Dios, diciendo: ¿Quién subirá de nosotros el primero en la guerra contra los hijos de Benjamín? Y Jehová respondió: Judá el primero. 19Levantándose pues de mañana los hijos de Israel, pusieron campo contra Gabaa. 20Y salieron los hijos de Israel a combatir contra Benjamín; y los varones de Israel ordenaron la batalla contra ellos junto a Gabaa. 21Saliendo entonces de Gabaa los hijos de Benjamín, derribaron en tierra aquel día veintidós mil hombres de los hijos de Israel. 22Mas reanimándose el pueblo, los varones de Israel tornaron a ordenar la batalla en el mismo lugar donde la habían ordenado el primer día. 23Porque los hijos de Israel subieron, y lloraron delante de Jehová hasta la tarde, y consultaron con Jehová, diciendo: ¿Tornaré a pelear con los hijos de Benjamín mi hermano? Y Jehová les respondió: Subid contra él. 24Los hijos pues de Israel se acercaron el siguiente día a los hijos de Benjamín. 25Y aquel segundo día, saliendo Benjamín de Gabaa contra ellos, derribaron por tierra otros diez y ocho mil hombres de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban espada. 26Entonces subieron todos los hijos de Israel, y todo el pueblo, y vinieron a la casa de Dios; y lloraron, y sentáronse allí delante de Jehová, y ayunaron aquel día hasta la tarde; y sacrificaron holocaustos y pacíficos delante de Jehová. 27Y los hijos de Israel preguntaron a Jehová, (porque el arca del pacto de Dios estaba allí en aquellos días, 28Y Phinees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, se presentaba delante de ella en aquellos días,) y dijeron: ¿Tornaré a salir en batalla contra los hijos de Benjamín mi hermano, o estaréme quedo? Y Jehová dijo: Subid, que mañana yo lo entregaré en tu mano. 29Y puso Israel emboscadas alrededor de Gabaa. 30Subiendo entonces los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín el tercer día, ordenaron la batalla delante de Gabaa, como las otras veces. 31Y saliendo los hijos de Benjamín contra el pueblo, alejados que fueron de la ciudad, comenzaron a herir algunos del pueblo, matando como las otras veces por los caminos, uno de los cuales sube a Beth-el, y el otro a Gabaa en el campo: y mataron unos treinta hombres de Israel. 32Y los hijos de Benjamín decían: Vencidos son delante de nosotros, como antes. Mas los hijos de Israel decían: Huiremos, y los alejaremos de la ciudad hasta los caminos. 33Entonces, levantándose todos los de Israel de su lugar, pusiéronse en orden en Baal-tamar: y también las emboscadas de Israel salieron de su lugar, del prado de Gabaa. 34Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo Israel, y la batalla comenzó a agravarse: mas ellos no sabían que el mal se acercaba sobre ellos. 35E hirió Jehová a Benjamín delante de Israel; y mataron los hijos de Israel aquel día veinticinco mil y cien hombres de Benjamín, todos los cuales sacaban espada. 36Y vieron los hijos de Benjamín que eran muertos; pues los hijos de Israel habían dado lugar a Benjamín, porque estaban confiados en las emboscadas que habían puesto detrás de Gabaa. 37Entonces las emboscadas acometieron prestamente a Gabaa, y se extendieron, y pasaron a cuchillo toda la ciudad. 38Ya los Israelitas estaban concertados con las emboscadas, que hiciesen mucho fuego, para que subiese gran humo de la ciudad. 39Luego, pues, que los de Israel se volvieron en la batalla, los de Benjamín comenzaron a derribar heridos de Israel unos treinta hombres, y ya decían: Ciertamente ellos han caído delante de nosotros, como en la primera batalla. 40Mas cuando la llama comenzó a subir de la ciudad, una columna de humo, Benjamín tornó a mirar atrás; y he aquí que el fuego de la ciudad subía al cielo. 41Entonces revolvieron los hombres de Israel, y los de Benjamín se llenaron de temor: porque vieron que el mal había venido sobre ellos. 42Volvieron, por tanto, espaldas delante de Israel hacia el camino del desierto; mas el escuadrón los alcanzó, y los salidos de la ciudad los mataban, habiéndolos encerrado en medio de ellos. 43Así envolvieron a los de Benjamín, y los acosaron y hollaron, desde Menuchâ hasta enfrente de Gabaa hacia donde nace el sol. 44Y cayeron de Benjamín diez y ocho mil hombres, todos ellos hombres de guerra. 45Volviéndose luego, huyeron hacia el desierto, a la peña de Rimmón, y de ellos rebuscaron cinco mil hombres en los caminos: fueron aún acosándolos hasta Gidom, y mataron de ellos dos mil hombres. 46Así todos los que de Benjamín murieron aquel día, fueron veinticinco mil hombres que sacaban espada, todos ellos hombres de guerra. 47Pero se volvieron y huyeron al desierto a la peña de Rimmón seiscientos hombres, los cuales estuvieron en la peña de Rimmón cuatro meses: 48Y los hombres de Israel tornaron a los hijos de Benjamín, y pasáronlos a cuchillo, a hombres y bestias en la ciudad, y todo lo que fue hallado: asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que hallaban.
Lectura 2 de 4 · En familia
Hechos 24
1Y cinco días después descendió el sumo sacerdote Ananías, con algunos de los ancianos, y un cierto Tértulo, orador; y parecieron delante del gobernador contra Pablo. 2Y citado que fue, Tértulo comenzó a acusar, diciendo: Como por causa tuya vivamos en grande paz, y muchas cosas sean bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, 3Siempre y en todo lugar lo recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelentísimo Félix. 4Empero por no molestarte más largamente, ruégote que nos oigas brevemente conforme a tu equidad. 5Porque hemos hallado que este hombre es pestilencial, y levantador de sediciones entre todos los Judíos por todo el mundo, y príncipe de la secta de los Nazarenos: 6El cual también tentó a violar el templo; y prendiéndole, le quisimos juzgar conforme a nuestra ley: 7Mas interviniendo el tribuno Lisias, con grande violencia le quitó de nuestras manos, 8Mandando a sus acusadores que viniesen a ti; del cual tú mismo juzgando, podrás entender todas estas cosas de que le acusamos. 9Y contendían también los Judíos, diciendo ser así estas cosas. 10Entonces Pablo, haciéndole el gobernador señal que hablase, respondió: Porque sé que muchos años ha eres gobernador de esta nación, con buen ánimo satisfaré por mí. 11Porque tú puedes entender que no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalem; 12Y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad; 13Ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan. 14Esto empero te confieso, que conforme a aquel Camino que llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; 15Teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos, la cual también ellos esperan. 16Y por esto, procuro yo tener siempre conciencia sin remordimiento acerca de Dios y acerca de los hombres. 17Mas pasados muchos años, vine a hacer limosnas a mi nación, y ofrendas, 18Cuando me hallaron purificado en el templo (no con multitud ni con alboroto) unos Judíos de Asia; 19Los cuales debieron comparecer delante de ti, y acusarme, si contra mí tenían algo. 20O digan estos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando yo estuve en el concilio, 21Si no sea que, estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy hoy juzgado de vosotros. 22Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de esta secta, les puso dilación, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias acabaré de conocer de vuestro negocio. 23Y mandó al centurión que Pablo fuese guardado, y aliviado de las prisiones; y que no vedase a ninguno de sus familiares servirle, o venir a él. 24Y algunos días después, viniendo Félix con Drusila, su mujer, la cual era Judía, llamó a Pablo, y oyó de él la fe que es en Jesucristo. 25Y disertando él de la justicia, y de la continencia, y del juicio venidero, espantado Félix, respondió: Ahora vete; mas en teniendo oportunidad te llamaré: 26Esperando también con esto, que de parte de Pablo le serían dados dineros, porque le soltase; por lo cual, haciéndole venir muchas veces, hablaba con él. 27Mas al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo: y queriendo Félix ganar la gracia de los Judíos, dejó preso a Pablo.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jeremías 34
1Palabra que fue a Jeremías de Jehová, (cuando Nabucodonosor rey de Babilonia, y todo su ejército, y todos los reinos de la tierra del señorío de su mano, y todos los pueblos, peleaban contra Jerusalem, y contra todas sus ciudades,) diciendo: 2Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Ve, y habla a Sedechîas rey de Judá, y dile: Así ha dicho Jehová: He aquí entregaré yo esta ciudad en mano del rey de Babilonia, y la abrasaré con fuego: 3Y no escaparás tú de su mano, sino que de cierto serás preso, y en su mano serás entregado; y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y te hablará boca a boca, y en Babilonia entrarás. 4Con todo eso, oye palabra de Jehová, Sedechîas rey de Judá: Así ha dicho Jehová de ti: No morirás a cuchillo; 5En paz morirás, y conforme a las quemas de tus padres, los reyes primeros que fueron antes de ti, así quemarán por ti, y te endecharán, diciendo, ¡Ay, señor!; porque yo he hablado la palabra, dice Jehová. 6Y habló Jeremías profeta a Sedechîas rey de Judá todas estas palabras en Jerusalem. 7Y el ejército del rey de Babilonia peleaba contra Jerusalem, y contra todas las ciudades de Judá que habían quedado, contra Lachîs, y contra Azeca; porque de las ciudades fuertes de Judá estas habían quedado. 8Palabra que fue a Jeremías de Jehová, después que Sedechîas hizo concierto con todo el pueblo en Jerusalem, para promulgarles libertad: 9Que cada uno dejase su siervo, y cada uno su sierva, hebreo y hebrea, libres; que ninguno usase de los Judíos su hermanos como de siervos. 10Y como oyeron todos los príncipes, y todo el pueblo que habían venido en el concierto de dejar cada uno su siervo y cada uno su sierva libres, que ninguno usase más de ellos como de siervos, obedecieron, y dejáronlos. 11Mas después se arrepintieron, e hicieron tornar los siervos y las siervas que habían dejado libres, y sujetáronlos por siervos y por siervas. 12Y fue palabra de Jehová a Jeremías, de parte de Jehová, diciendo: 13Así dice Jehová Dios de Israel: Yo hice pacto con vuestros padres el día que los saqué de tierra de Egipto, de casa de siervos, diciendo: 14Al cabo de siete años dejaréis cada uno a su hermano hebreo que te fuere vendido; te servirá pues seis años, y lo enviarás libre de ti: mas vuestros padres no me oyeron, ni inclinaron su oído. 15Y vosotros os habíais hoy convertido, y hecho lo recto delante de mis ojos, anunciando cada uno libertad a su prójimo; y habíais hecho concierto en mi presencia, en la casa sobre la cual es invocado mi nombre: 16Pero os habéis vuelto y profanado mi nombre, y habéis tornado a tomar cada uno su siervo y cada uno su sierva, que habíais dejado libres a su voluntad; y los habéis sujetado a seros siervos y siervas. 17Por tanto, así ha dicho Jehová: Vosotros no me habéis oído en promulgar cada uno libertad a su hermano, y cada uno a su compañero: he aquí que yo os promulgo libertad, dice Jehová, a cuchillo y a pestilencia y a hambre; y os pondré en remoción a todos los reinos de la tierra. 18Y entregaré a los hombres que traspasaron mi pacto, que no han llevado a efecto las palabras del pacto que celebraron en mi presencia dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas: 19A los príncipes de Judá y a los príncipes de Jerusalem, a los eunucos y a los sacerdotes, y a todo el pueblo de la tierra, que pasaron entre las partes del becerro, 20Entregarélos en mano de sus enemigos y en mano de los que buscan su alma; y sus cuerpos muertos serán para comida de las aves del cielo, y de las bestias de la tierra. 21Y a Sedechîas rey de Judá, y a sus príncipes, entregaré en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su alma, y en mano del ejército del rey de Babilonia, que se fueron de vosotros. 22He aquí, mandaré yo, dice Jehová, y harélos volver a esta ciudad, y pelearán contra ella, y la tomarán, y la abrasarán a fuego; y reduciré a soledad las ciudades de Judá, hasta no quedar morador.
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Salmos 5-6 (cap. 5)
1Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera la meditación mía. 2Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. 3Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré a ti, y esperaré. 4Porque tú no eres un Dios que ame la maldad: el malo no habitará junto a ti. 5No estarán los insensatos delante de tus ojos: aborreces a todos los que obran iniquidad. 6Destruirás a los que hablan mentira: al hombre de sangres y de engaño abominará Jehová. 7Y yo en la multitud de tu misericordia entraré en tu casa: adoraré hacia el templo de tu santidad en tu temor. 8Guíame, Jehová, en tu justicia a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino. 9Porque no hay en su boca rectitud: sus entrañas son pravedades; sepulcro abierto su garganta: con su lengua lisonjearán. 10Desbarátalos, oh Dios; caigan de sus consejos: por la multitud de sus rebeliones échalos, porque se rebelaron contra ti. 11Y alegrarse han todos los que en ti confían; para siempre darán voces de júbilo, porque tú los defiendes: y en ti se regocijarán los que aman tu nombre. 12Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; lo cercarás de benevolencia como con un escudo.
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Salmos 5-6 (cap. 6)
1Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues con tu ira. 2Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque yo estoy debilitado: sáname, oh Jehová, porque mis huesos están conmovidos. 3Mi alma asimismo está muy conturbada: y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? 4Vuelve, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia. 5Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿quién te loará en el sepulcro? 6Heme consumido a fuerza de gemir: todas las noches inundo mi lecho, riego mi estrado con mis lágrimas. 7Mis ojos están carcomidos de descontento; hanse envejecido a causa de todos mis angustiadores. 8Apartaos de mí, todos los obradores de iniquidad; porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. 9Jehová ha oído mi ruego; ha recibido Jehová mi oración. 10Se avergonzarán, y turbaránse mucho todos mis enemigos; volveránse y serán avergonzados subitáneamente.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Jueces 20 · Hechos 24
Personales
Jeremías 34 · Salmos 5-6