Lectura 1 de 4 · En familia

Jueces 21

1Y los varones de Israel habían jurado en Mizpa, diciendo: Ninguno de nosotros dará su hija a los de Benjamín por mujer. 2Y vino el pueblo a la casa de Dios, y estuviéronse allí hasta la tarde delante de Dios; y alzando su voz hicieron gran llanto, y dijeron: 3Oh Jehová Dios de Israel, ¿por qué ha sucedido esto en Israel, que falte hoy de Israel una tribu? 4Y al día siguiente el pueblo se levantó de mañana, y edificaron allí altar, y ofrecieron holocaustos y pacíficos. 5Y dijeron los hijos de Israel: ¿Quién de todas las tribus de Israel no subió a la reunión cerca de Jehová? Porque se había hecho gran juramento contra el que no subiese a Jehová en Mizpa, diciendo: Sufrirá muerte. 6Y los hijos de Israel se arrepintieron a causa de Benjamín su hermano, y dijeron: Una tribu es hoy cortada de Israel. 7¿Qué haremos en cuanto a mujeres para los que han quedado? Nosotros hemos jurado por Jehová que no les hemos de dar nuestras hijas por mujeres. 8Y dijeron: ¿Hay alguno de las tribus de Israel que no haya subido a Jehová en Mizpa? Y hallaron que ninguno de Jabes-galaad había venido al campo a la reunión: 9Porque el pueblo fue contado, y no hubo allí varón de los moradores de Jabes-galaad. 10Entonces la congregación envió allá doce mil hombres de los más valientes, y mandáronles, diciendo: Id y poned a cuchillo a los moradores de Jabes-galaad, y las mujeres y niños. 11Mas haréis de esta manera: mataréis a todo varón, y a toda mujer que hubiere conocido ayuntamiento de varón. 12Y hallaron de los moradores de Jabes-galaad cuatrocientas doncellas que no habían conocido hombre en ayuntamiento de varón, y trajéronlas al campo en Silo, que es en la tierra de Canaán. 13Toda la congregación envió luego a hablar a los hijos de Benjamín que estaban en la peña de Rimmón, y llamáronlos en paz. 14Y volvieron entonces los de Benjamín; y diéronles por mujeres las que habían guardado vivas de las mujeres de Jabes-galaad: mas no les bastaron estas. 15Y el pueblo tuvo dolor a causa de Benjamín, de que Jehová hubiese hecho mella en las tribus de Israel. 16Entonces los ancianos de la congregación dijeron: ¿Qué haremos acerca de mujeres para los que han quedado? Porque el sexo de las mujeres había sido raído de Benjamín. 17Y dijeron: La heredad de los que han escapado ha de ser lo que era de Benjamín, porque no sea una tribu raída de Israel. 18Nosotros empero, no les podemos dar mujeres de nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado, diciendo: Maldito el que diere mujer a Benjamín. 19Ahora bien, dijeron, he aquí cada un año hay solemnidad de Jehová en Silo, que está al aquilón de Beth-el, y al lado oriental del camino que sube de Beth-el a Sichêm, y al mediodía de Lebona. 20Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: Id, y poned emboscada en las viñas: 21Y estad atentos: y cuando viereis salir las hijas de Silo a bailar en corros, vosotros saldréis de las viñas, y arrebataréis cada uno mujer para sí de las hijas de Silo, y os iréis a tierra de Benjamín: 22Y cuando vinieren los padres de ellas o sus hermanos a demandárnoslo, nosotros les diremos: Tened piedad de nosotros en lugar de ellos: pues que nosotros en la guerra no tomamos mujeres para todos: que vosotros no se las habéis dado, para que ahora seáis culpables. 23Y los hijos de Benjamín lo hicieron así; pues tomaron mujeres conforme a su número, pillando de las que danzaban; y yéndose luego, tornáronse a su heredad, y reedificaron las ciudades, y habitaron en ellas. 24Entonces los hijos de Israel se fueron también de allí, cada uno a su tribu y a su familia, saliendo de allí cada uno a su heredad. 25En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía lo recto delante de sus ojos.
Lectura 2 de 4 · En familia

Hechos 25

1Festo pues, entrado en la provincia, tres días después subió de Cesarea a Jerusalem. 2Y vinieron a él los príncipes de los sacerdotes y los principales de los Judíos contra Pablo; y le rogaron, 3Pidiendo gracia contra él, que le hiciese traer a Jerusalem, poniendo ellos asechanzas para matarle en el camino. 4Mas Festo respondió, que Pablo estaba guardado en Cesarea, y que él mismo partiría presto. 5Los que de vosotros pueden, dijo, desciendan juntamente; y si hay algún crimen en este varón, acúsenle. 6Y deteniéndose entre ellos no más de ocho o diez días, venido a Cesarea, el siguiente día se sentó en el tribunal, y mandó que Pablo fuese traído. 7El cual venido, le rodearon los Judíos que habían venido de Jerusalem, poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar; 8Alegando él por su parte: Ni contra la ley de los Judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada. 9Mas Festo, queriendo congraciarse con los Judíos, respondiendo a Pablo, dijo: ¿Quieres subir a Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí? 10Y Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde conviene que sea juzgado. A los Judíos no he hecho injuria ninguna, como tú sabes muy bien. 11Porque si alguna injuria, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehuso morir; mas si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie puede darme a ellos. A César apelo. 12Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has apelado? a César irás. 13Y pasados algunos días, el rey Agripa y Bernice vinieron a Cesarea a saludar a Festo. 14Y como estuvieron allí muchos días, Festo declaró la causa de Pablo al rey, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Félix, 15Sobre el cual, cuando fui a Jerusalem, vinieron a mí los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de los Judíos, pidiendo condenación contra él: 16A los cuales respondí, no ser costumbre de los Romanos dar alguno a la muerte antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y haya lugar de defenderse de la acusación. 17Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre; 18Y estando presentes los acusadores, ningún cargo produjeron de los que yo sospechaba: 19Solamente tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su superstición, y de un cierto Jesús, difunto, el cual Pablo afirmaba que estaba vivo. 20Y yo, dudando en cuestión semejante, dije, si quería ir a Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas. 21Mas apelando Pablo a ser guardado al conocimiento de Augusto, mandé que le guardasen hasta que le enviara a César. 22Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también quisiera oir a ese hombre. Y él dijo: Mañana le oirás. 23Y al otro día, viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo, fue traído Pablo. 24Entonces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros: veis a este, por el cual toda la multitud de los Judíos me ha demandado en Jerusalem y aquí, dando voces que no conviene que viva más; 25Mas yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y él mismo apelando a Augusto, he determinado enviarle: 26Del cual no tengo cosa cierta que escriba al señor; por lo que le he sacado a vosotros, y mayormente a ti, oh rey Agripa, para que hecha información, tenga yo qué escribir. 27Porque fuera de razón me parece enviar un preso, y no informar de las causas.
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Jeremías 35

1Palabra que fue a Jeremías de Jehová en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo: 2Ve a casa de los Rechâbitas, y habla con ellos, e introdúcelos en la casa de Jehová, en una de las cámaras, y dales a beber vino. 3Tomé entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habassinías, y a sus hermanos, y a todos sus hijos, y a toda la familia de los Rechâbitas; 4Y metílos en la casa de Jehová, en la cámara de los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, varón de Dios, la cual estaba junto a la cámara de los príncipes, que estaba sobre la cámara de Maasías hijo de Sallum, guarda de los vasos. 5Y puse delante de los hijos de la familia de los Rechâbitas tazas y copas llenas de vino, y díjeles: Bebed vino. 6Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Rechâb nuestro padre nos mandó, diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos: 7Ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la tendréis: mas moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la haz de la tierra donde vosotros peregrináis. 8Y nosotros hemos obedecido a la voz de Jonadab nuestro padre, hijo de Rechâb, en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas; 9Y de no edificar casas para nuestra morada, y de no tener viña, ni heredad, ni sementera. 10Moramos pues en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre. 11Sucedió, empero, que cuando Nabucodonosor rey de Babilonia subió a la tierra, dijimos: Venid, y entrémonos en Jerusalem, de delante del ejército de los Caldeos y de delante del ejército de los de Siria: y en Jerusalem nos quedamos. 12Y fue palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 13Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Ve, y di a los varones de Judá, y a los moradores de Jerusalem: ¿No recibiréis instrucción para obedecer a mis palabras? dice Jehová. 14Fue firme la palabra de Jonadab hijo de Rechâb, el cual mandó a sus hijos que no bebiesen vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al mandamiento de su padre; y yo os he hablado a vosotros, madrugando y hablando, y no me habéis oído. 15Y envié a vosotros a todos mis siervos los profetas, madrugando y enviándolos a decir: Tornaos ahora cada uno de su mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres: mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis. 16Ciertamente los hijos de Jonadab, hijo de Rechâb, tuvieron por firme el mandamiento que les dio su padre; mas este pueblo no me ha obedecido. 17Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí traeré yo sobre Judá y sobre todos los moradores de Jerusalem todo el mal que contra ellos he hablado: porque les hablé, y no oyeron; llamélos, y no han respondido. 18Y dijo Jeremías a la familia de los Rechâbitas: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Porque obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis conforme a todas las cosas que os mandó; 19Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará varón de Jonadab, hijo de Rechâb, que esté en mi presencia todos los días.
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Salmos 7-8 (cap. 7)

1Jehová Dios mío, en ti he confiado: sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame; 2No sea que arrebate mi alma, cual león que despedaza, sin que haya quien libre. 3Jehová Dios mío, si yo he hecho esto, si hay en mis manos iniquidad; 4Si di mal pago al pacífico conmigo, (hasta he libertado al que sin causa era mi enemigo;) 5Persiga el enemigo mi alma, y alcánce la; y pise en tierra mi vida, y mi honra ponga en el polvo. (Selah.) 6Levántate, oh Jehová, con tu furor; álzate a causa de las iras de mis angustiadores, y despierta en favor mío el juicio que mandaste. 7Y te rodeará concurso de pueblo; por cuyo amor vuélvete luego a levantar en alto. 8Jehová juzgará los pueblos: júzgame, oh Jehová, conforme a mi justicia y conforme a mi integridad. 9Consúmase ahora la malicia de los inicuos, y establece al justo; pues el Dios justo prueba los corazones y los riñones. 10Mi escudo está en Dios, que salva a los rectos de corazón. 11Dios es el que juzga al justo: y Dios está airado todos los días contra el impío. 12Si no se convirtiere, él afilará su espada: armado tiene ya su arco, y lo ha preparado. 13Asimismo ha aparejado para él armas de muerte; ha labrado sus saetas para los que persiguen. 14He aquí ha tenido parto de iniquidad: concibió trabajo, y parió mentira. 15Pozo ha cavado, y ahondádolo; y en la fosa que hizo caerá. 16Su trabajo se tornará sobre su cabeza, y su agravio descenderá sobre su mollera. 17Alabaré yo a Jehová conforme a su justicia, y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo.
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Salmos 7-8 (cap. 8)

1Oh Jehová, Señor nuestro, ¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra, que has puesto tu gloria sobre los cielos! 2De la boca de los chiquitos y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer cesar al enemigo, y al que se venga. 3Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste: 4Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, que lo visites? 5Pues le has hecho poco menor que los ángeles, y coronástelo de gloria y de lustre. 6Hicístelo enseñorear de las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: 7Ovejas, y bueyes, todo ello; y asimismo las bestias del campo; 8Las aves de los cielos, y los peces de la mar; todo cuanto pasa por los senderos de la mar. 9Oh Jehová, Señor nuestro, ¡cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Jueces 21 · Hechos 25
Personales
Jeremías 35 · Salmos 7-8