Lectura 1 de 4 · En familia
Deuteronomio 10
1En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera: 2Y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste; y las pondrás en el arca. 3E hice un arca de madera de Sittim, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano. 4Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, las diez palabras que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y diómelas Jehová. 5Y volví y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como Jehová me mandó. 6(Después partieron los hijos de Israel de Beerot-bene-jacaam a Moserá: allí murió Aarón, y allí fue sepultado; y en lugar suyo tuvo el sacerdocio su hijo Eleazar. 7De allí partieron a Gudgod, y de Gudgod a Jotbath, tierra de arroyos de aguas. 8En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví, para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre, hasta hoy. 9Por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos: Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo.) 10Y yo estuve en el monte como los primeros días, cuarenta días y cuarenta noches; y Jehová me oyó también esta vez, y no quiso Jehová destruirte. 11Y díjome Jehová: Levántate, anda, para que partas delante del pueblo, para que entren y posean la tierra que juré a sus padres les había de dar. 12Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma; 13Que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que hayas bien? 14He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos: la tierra, y todas las cosas que hay en ella. 15Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió su simiente después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día. 16Circuncidad pues el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz. 17Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses, y Señor de señores, Dios grande, poderoso, y terrible, que no acepta persona, ni toma cohecho; 18Que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. 19Amaréis pues al extranjero: porque extranjeros fuisteis vosotros en tierra de Egipto. 20A Jehová tu Dios temerás, a él servirás, a él te allegarás, y por su nombre jurarás. 21El es tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas grandes y terribles cosas que tus ojos han visto. 22Con setenta almas descendieron tus padres a Egipto; y ahora Jehová te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmos 92-93 (cap. 92)
1Bueno es alabar a Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; 2Anunciar por la mañana tu misericordia, y tu verdad en las noches, 3En el decacordio y en el salterio, en tono suave con el arpa. 4Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo. 5¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová! Muy profundos son tus pensamientos. 6El hombre necio no sabe, y el insensato no entiende esto: 7Que brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que obran iniquidad, para ser destruídos para siempre. 8Mas tú, Jehová, para siempre eres Altísimo. 9Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová, porque he aquí, perecerán tus enemigos; serán disipados todos los que obran maldad. 10Empero tú ensalzarás mi cuerno como el de unicornio: seré ungido con aceite fresco. 11Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos: oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos. 12El justo florecerá como la palma: crecerá como cedro en el Líbano. 13Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. 14Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes; 15Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia.
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Salmos 92-93 (cap. 93)
1Jehová reina, vistióse de magnificencia, vistióse Jehová, ciñóse de fortaleza; afirmó también el mundo, que no se moverá. 2Firme es tu trono desde entonces: tú eres eternalmente. 3Alzaron los ríos, oh Jehová, alzaron los ríos su sonido; alzaron los ríos sus ondas. 4Jehová en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más que las recias ondas de la mar. 5Tus testimonios son muy firmes: la santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 38
1En aquellos días cayó Ezechîas enfermo para morir. Y vino a él Isaías profeta, hijo de Amoz, y díjole: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque tú morirás, y no vivirás. 2Entonces volvió Ezechîas su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3Y dijo: Oh Jehová, ruégote te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezechîas con gran lloro. 4Entonces fue palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5Ve, y di a Ezechîas: Jehová Dios de David tu padre dice así: Tu oración he oído, y visto tus lágrimas: he aquí que yo añado a tus días quince años. 6Y te libraré, y a esta ciudad, de mano del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé. 7Y esto te será señal de parte de Jehová, que Jehová hará esto que ha dicho: 8He aquí que yo vuelvo atrás la sombra de los grados, que ha descendido en el reloj de Achâz por el sol, diez grados. Y el sol fue tornado diez grados atrás, por los cuales había ya descendido. 9Escritura de Ezechîas rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su enfermedad. 10Yo dije: En el medio de mis días iré a las puertas del sepulcro: privado soy del resto de mis años. 11Dije: No veré a JAH, a JAH en la tierra de los que viven: ya no veré más hombre con los moradores del mundo. 12Mi morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda de pastor. Como el tejedor corté mi vida; cortaráme con la enfermedad; me consumirás entre el día y la noche. 13Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió todos mis huesos: de la mañana a la noche me acabarás. 14Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como la paloma: alzaba en alto mis ojos: Jehová, violencia padezco; confórtame. 15¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. Andaré recapacitando en la amargura de mi alma todos los años de mi vida. 16Oh Señor, sobre ellos vivirán tus piedades, y a todos diré consistir en ellas la vida de mi espíritu; pues tú me restablecerás, y me harás que viva. 17He aquí amargura grande me sobrevino en la paz: mas a ti plugo librar mi vida del hoyo de corrupción: porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados. 18Porque el sepulcro no te celebrará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al hoyo esperarán tu verdad. 19El que vive, el que vive, este te confesará, como yo hoy: el padre hará notoria tu verdad a los hijos. 20Jehová para salvarme; por tanto cantaremos nuestros salmos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida. 21Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará. 22Había asimismo dicho Ezechîas: ¿Qué señal tendré de que he de subir a la casa de Jehová?
Lectura 4 de 4 · Personal
Apocalipsis 8
1Y cuando él abrió el séptimo sello, fue hecho silencio en el cielo casi por media hora. 2Y vi los siete ángeles que estaban delante de Dios; y les fueron dadas siete trompetas. 3Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. 4Y el humo del incienso subió de la mano del ángel delante de Dios, con las oraciones de los santos. 5Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y echólo en la tierra; y fueron hechos truenos y voces y relámpagos y terremotos. 6Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas, se aparejaron para tocar. 7Y el primer ángel tocó la trompeta, y fue hecho granizo y fuego, mezclado con sangre, y fueron arrojados a la tierra; y la tercera parte de los árboles fue quemada, y quemóse toda la hierba verde. 8Y el segundo ángel tocó la trompeta, y como un grande monte ardiendo con fuego fue lanzado en la mar; y la tercera parte de la mar se tornó en sangre. 9Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en la mar, las cuales tenían vida; y la tercera parte de los navíos pereció. 10Y el tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una grande estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó en la tercera parte de los ríos, y en las fuentes de las aguas. 11Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas fue vuelta en ajenjo: y muchos hombres murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas. 12Y el cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas; de tal manera que se oscureció la tercera parte de ellos, y no alumbraba la tercera parte del día, y lo mismo de la noche. 13Y miré, y oí un ángel volar por medio del cielo, diciendo en alta voz: ¡Ay! ¡ay! ¡ay! de los que moran en la tierra, por razón de las otras voces de trompeta de los tres ángeles que han de tocar!
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Deuteronomio 10 · Salmos 92-93
Personales
Isaías 38 · Apocalipsis 8