Lectura 1 de 4 · En familia

Deuteronomio 11

1Amarás pues a Jehová tu Dios, y guardarás su ordenanza, y sus estatutos y sus derechos y sus mandamientos, todos los días. 2Y comprended hoy: porque no hablo con vuestros hijos que no han sabido ni visto el castigo de Jehová vuestro Dios, su grandeza, su mano fuerte, y su brazo extendido, 3Y sus señales, y sus obras que hizo en medio de Egipto a Faraón, rey de Egipto, y a toda su tierra; 4Y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos, y a sus carros; cómo hizo ondear las aguas del mar Bermejo sobre ellos, cuando venían tras vosotros, y Jehová los destruyó hasta hoy; 5Y lo que ha hecho con vosotros en el desierto, hasta que habéis llegado a este lugar; 6Y lo que hizo con Dathán y Abiram, hijos de Eliab hijo de Rubén; cómo abrió la tierra su boca, y tragóse a ellos y a sus casas, y sus tiendas, y toda la hacienda que tenían en pie en medio de todo Israel: 7Mas vuestros ojos han visto todos los grandes hechos que Jehová ha ejecutado. 8Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis esforzados, y entréis y poseáis la tierra, a la cual pasáis para poseerla; 9Y para que os sean prolongados los días sobre la tierra, que juró Jehová a vuestros padres había de dar a ellos y a su simiente, tierra que fluye leche y miel. 10Que la tierra a la cual entras para poseerla, no es como la tierra de Egipto de donde habéis salido, donde sembrabas tu simiente, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza. 11La tierra a la cual pasáis para poseerla, es tierra de montes y de vegas; de la lluvia del cielo ha de beber las aguas; 12Tierra de la cual Jehová tu Dios cuida: siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin de él. 13Y será que, si obedeciereis cuidadosamente mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndolo con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, 14Yo daré la lluvia de vuestra tierra en su tiempo, la temprana y la tardía; y cogerás tu grano, y tu vino, y tu aceite. 15Daré también hierba en tu campo para tus bestias; y comerás, y te hartarás. 16Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os apartéis, y sirváis a dioses ajenos, y os inclinéis a ellos; 17Y así se encienda el furor de Jehová sobre vosotros, y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis presto de la buena tierra que os da Jehová. 18Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis por señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. 19Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas, ora sentado en tu casa, o andando por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes: 20Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas: 21Para que sean aumentados vuestros días, y los días de vuestros hijos, sobre la tierra que juró Jehová a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra. 22Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os prescribo, para que los cumpláis; como améis a Jehová vuestro Dios andando en todos sus caminos, y a él os allegareis, 23Jehová también echará todas estas gentes de delante de vosotros y poseeréis gentes grandes y más fuertes que vosotros. 24Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie, será vuestro: desde el desierto y el Líbano, desde el río, el río Eufrates, hasta la mar postrera será vuestro término. 25Nadie se sostendrá delante de vosotros: miedo y temor de vosotros pondrá Jehová vuestro Dios sobre la haz de toda la tierra que hollareis, como él os ha dicho. 26He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: 27La bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy; 28Y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido. 29Y será que, cuando Jehová tu Dios te introdujere en la tierra a la cual vas para poseerla, pondrás la bendición sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal: 30Los cuales están de la otra parte del Jordán, tras el camino del occidente en la tierra del Cananeo, que habita en la campiña delante de Gilgal, junto a los llanos de Moreh. 31Porque vosotros pasáis el Jordán, para ir a poseer la tierra que os da Jehová vuestro Dios; y la poseeréis, y habitaréis en ella. 32Cuidaréis, pues, de poner por obra todos los estatutos y derechos que yo presento hoy delante de vosotros.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 94

1Jehová, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate. 2Ensálzate, oh Juez de la tierra: da el pago a los soberbios. 3¿Hasta cuándo los impíos, hasta cuándo, oh Jehová, se gozarán los impíos? 4¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras, y se vanagloriarán todos los que obran iniquidad? 5A tu pueblo, oh Jehová, quebrantan, y a tu heredad afligen. 6A la viuda y al extanjero matan, y a los huérfanos quitan la vida. 7Y dijeron: No verá JAH, ni entenderá el Dios de Jacob. 8Entended, necios del pueblo; y vosotros fatuos, ¿cuándo seréis sabios? 9El que plantó el oído, ¿no oirá? el que formó el ojo, ¿no verá? 10El que castiga las gentes, ¿no reprenderá? ¿no sabrá el que enseña al hombre la ciencia? 11Jehová conoce los pensamientos de los hombres, que son vanidad. 12Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, castigares, y en tu ley lo instruyeres; 13Para tranquilizarle en los días de aflicción, en tanto que para el impío se cava el hoyo. 14Porque no dejará Jehová su pueblo, ni desamparará su heredad; 15Sino que el juicio será vuelto a justicia, y en pos de ella irán todos los rectos de corazón. 16¿Quién se levantará por mí contra los malignos? ¿quién estará por mí contra los que obran iniquidad? 17Si no me ayudara Jehová, presto morara mi alma en el silencio. 18Cuando yo decía: Mi pie resbala: tu misericordia, oh Jehová, me sustentaba. 19En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma. 20¿Juntaráse contigo el trono de iniquidades, que forma agravio en el mandamiento? 21Pónense en corros contra la vida del justo, y condenan la sangre inocente. 22Mas Jehová me ha sido por refugio; y mi Dios por roca de mi confianza. 23Y él hará tornar sobre ellos su iniquidad, y los destruirá por su propia maldad; los talará Jehová nuestro Dios.
Lectura 3 de 4 · Personal

Isaías 39

1En aquel tiempo Merodach-baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y presentes a Ezechîas; porque había oído que había estado enfermo, y que había convalecido. 2Y holgóse con ellos Ezechîas, y enseñóles la casa de su tesoro, plata y oro, y especierías, y ungüentos preciosos, y toda su casa de armas, y todo lo que se pudo hallar en sus tesoros: no hubo cosa en su casa y en todo su señorío, que Ezechîas no les mostrase. 3Entonces Isaías profeta vino al rey Ezechîas, y díjole: ¿Qué dicen estos hombres, y de dónde han venido a ti? Y Ezechîas respondió: De tierra muy lejos han venido a mí, de Babilonia. 4Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo Ezechîas: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay en mis tesoros que no les haya mostrado. 5Entonces dijo Isaías a Ezechîas: Oye palabra de Jehová de los ejércitos: 6He aquí, vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy: ninguna cosa quedará, dice Jehová. 7De tus hijos que hubieren salido de ti, y que engendraste, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. 8Y dijo Ezechîas a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y verdad en mis días.
Lectura 4 de 4 · Personal

Apocalipsis 9

1Y el quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo en la tierra; y le fue dada la llave del pozo del abismo. 2Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran horno; y oscurecióse el sol y el aire por el humo del pozo. 3Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y fuéles dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra. 4Y les fue mandado que no hiciesen daño a la hierba de la tierra, ni a ninguna cosa verde, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tienen la señal de Dios en sus frentes. 5Y les fue dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión, cuando hiere al hombre. 6Y en aquellos días buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán; y desearán morir, y la muerte huirá de ellos. 7Y el parecer de las langostas era semejante a caballos aparejados para la guerra: y sobre sus cabezas tenían como coronas semejantes al oro; y sus caras como caras de hombres. 8Y tenían cabellos como cabellos de mujeres: y sus dientes eran como dientes de leones. 9Y tenían corazas como corazas de hierro; y el estruendo de sus alas, como el ruido de carros que con muchos caballos corren a la batalla. 10Y tenían colas semejantes a las de los escorpiones, y tenían en sus colas aguijones; y su poder era de hacer daño a los hombres cinco meses. 11Y tienen sobre sí por rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebraico es Abaddon, y en griego, Apollyon. 12El primer ¡Ay! es pasado: he aquí, vienen aún dos ayes después de estas cosas. 13Y el sexto ángel tocó la trompeta; y oí una voz de los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, 14Diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata los cuatro ángeles que están atados en el gran río Eufrates. 15Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aparejados para la hora y día y mes y año, para matar la tercera parte de los hombres. 16Y el número del ejército de los de a caballo era doscientos millones. Y oí el número de ellos. 17Y así vi los caballos en visión, y los que sobre ellos estaban sentados, los cuales tenían corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de la boca de ellos salía fuego y humo y azufre. 18De estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: del fuego, y del humo, y del azufre, que salían de la boca de ellos. 19Porque su poder está en su boca y en sus colas: porque sus colas eran semejantes a serpientes, y tenían cabezas, y con ellas dañan. 20Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, aun no se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen a los demonios, y a las imágenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera; las cuales no pueden ver, ni oir, ni andar: 21Y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Deuteronomio 11 · Salmo 94
Personales
Isaías 39 · Apocalipsis 9