Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 7
1Y Jehová dijo a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación. 2De todo animal limpio te tomarás de siete en siete, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, dos, macho y su hembra. 3También de las aves de los cielos de siete en siete, macho y hembra; para guardar en vida la casta sobre la faz de toda la tierra. 4Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré toda sustancia que hice de sobre la faz de la tierra. 5E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová. 6Y siendo Noé de seiscientos años, el diluvio de las aguas fue sobre la tierra. 7Y vino Noé, y sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él al arca, por las aguas del diluvio. 8De los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, y de las aves, y de todo lo que anda arrastrando sobre la tierra, 9De dos en dos entraron a Noé en el arca: macho y hembra, como mandó Dios a Noé. 10Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio fueron sobre la tierra. 11El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas; 12Y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. 13En este mismo día entró Noé, y Sem y Châm y Japhet, hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos con él en el arca; 14Ellos, y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales mansos según sus especies, y todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, todo pájaro, toda especie de volátil. 15Y vinieron a Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida. 16Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios: y Jehová le cerró la puerta. 17Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra. 18Y prevalecieron las aguas, y crecieron en gran manera sobre la tierra; y andaba el arca sobre la faz de las aguas. 19Y las aguas prevalecieron mucho en extremo sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. 20Quince codos en alto prevalecieron las aguas; y fueron cubiertos los montes. 21Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganados, y de bestias, y de todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra, y todo hombre: 22Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, de todo lo que había en la tierra, murió. 23Así fue destruída toda sustancia que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra; y quedó solamente Noé, y lo que con él estaba en el arca. 24Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento y cincuenta días.
Lectura 2 de 4 · En familia
Mateo 7
1No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os volverán a medir. 3Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo? 4O ¿cómo dirás a tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la mota, y he aquí la viga en tu ojo? 5¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás en echar la mota del ojo de tu hermano. 6No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen. 7Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá. 9¿Qué hombre hay de vosotros, a quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra? 10¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente? 11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le piden? 12Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas. 13Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos son los que entran por ella. 14Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. 15Y guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos. 18No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos. 19Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. 20Así que, por sus frutos los conoceréis. 21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad. 24Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña; 25Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña. 26Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. 28Y fue que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina; 29Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Lectura 3 de 4 · Personal
Esdras 7
1Pasadas estas cosas, en el reinado de Artajerjes rey de Persia, Esdras, hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Hilcías, 2Hijo de Sallum, hijo de Sadoc, hijo de Achîtob, 3Hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Meraioth, 4Hijo de Zeraías, hijo de Uzzi, hijo de Bucci, 5Hijo de Abisue, hijo de Phinees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, primer sacerdote: 6Este Esdras subió de Babilonia, el cual era escriba diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios de Israel había dado; y concedióle el rey, según la mano de Jehová su Dios sobre él, todo lo que pidió. 7Y subieron con él a Jerusalem de los hijos de Israel, y de los sacerdotes, y Levitas, y cantores, y porteros, y Nethineos, en el séptimo año del rey Artajerjes. 8Y llegó a Jerusalem en el mes quinto, el año séptimo del rey. 9Porque el día primero del primer mes fue el principio de la partida de Babilonia, y al primero del mes quinto llegó a Jerusalem, según la buena mano de su Dios sobre él. 10Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová, y para hacer y enseñar a Israel mandamientos y juicios. 11Y este es el traslado de la carta que dio el rey Artajerjes a Esdras, sacerdote escriba, escriba de las palabras mandadas de Jehová, y de sus estatutos a Israel: 12Artajerjes, rey de los reyes, a Esdras sacerdote, escriba perfecto de la ley del Dios del cielo: Salud, etc. 13Por mí es dado mandamiento, que cualquiera que quisiere en mi reino, del pueblo de Israel y de sus sacerdotes y Levitas, ir contigo a Jerusalem, vaya. 14Porque de parte del rey y de sus siete consultores eres enviado a visitar a Judea y a Jerusalem, conforme a la ley de tu Dios que está en tu mano; 15Y a llevar la plata y el oro que el rey y sus consultores voluntariamente ofrecen al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalem; 16Y toda la plata y el oro que hallares en toda la provincia de Babilonia, con las ofrendas voluntarias del pueblo y de los sacerdotes, que de su voluntad ofrecieren para la casa de su Dios que está en Jerusalem. 17Comprarás pues prestamente con esta plata becerros, carneros, corderos, con sus presentes y sus libaciones, y los ofrecerás sobre el altar de la casa de vuestro Dios que está en Jerusalem. 18Y lo que a ti y a tus hermanos pluguiere hacer de la otra plata y oro, hacedlo conforme a la voluntad de vuestro Dios. 19Y los vasos que te son entregados para el servicio de la casa de tu Dios, los restituirás delante de Dios en Jerusalem. 20Y lo demás necesario para la casa de tu Dios que te fuere menester dar, daráslo de la casa de los tesoros del rey. 21Y por mí el rey Artajerjes es dado mandamiento a todos los tesoreros que están al otro lado del río, que todo lo que os demandare Esdras sacerdote, escriba de la ley del Dios del cielo, concédase le luego, 22Hasta cien talentos de plata, y hasta cien coros de trigo, y hasta cien batos de vino, y hasta cien batos de aceite; y sal sin tasa. 23Todo lo que es mandado por el Dios del cielo, sea hecho prestamente para la casa del Dios del cielo: pues, ¿por qué habría de ser su ira contra el reino del rey y de sus hijos? 24Y a vosotros os hacemos saber, que a todos los sacerdotes y Levitas, cantores, porteros, Nethineos y ministros de la casa de Dios, ninguno pueda imponerles tributo, o pecho, o renta. 25Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría de tu Dios que tienes, pon jueces y gobernadores, que gobiernen a todo el pueblo que está del otro lado del río, a todos los que tienen noticia de las leyes de tu Dios; y al que no la tuviere, le enseñaréis. 26Y cualquiera que no hiciere la ley de tu Dios, y la ley del rey, prestamente sea juzgado, o a muerte, o a desarraigo, o a pena de la hacienda, o a prisión. 27Bendito Jehová, Dios de nuestros padres, que puso tal cosa en el corazón del rey, para honrar la casa de Jehová que está en Jerusalem. 28E inclinó hacia mí su misericordia delante del rey y de sus consultores, y de todos los príncipes poderosos del rey. Y yo, confortado según la mano de mi Dios sobre mí, junté los principales de Israel para que subiesen conmigo.
Lectura 4 de 4 · Personal
Hechos 7
1El príncipe de los sacerdotes dijo entonces: ¿Es esto así? 2Y él dijo: Varones hermanos y padres, oid: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Châran, 3Y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que te mostraré. 4Entonces salió de la tierra de los Caldeos, y habitó en Châran: y de allí, muerto su padre, le traspasó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora; 5Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie: mas le prometió que se la daría en posesión, y a su simiente después de él, no teniendo hijo. 6Y hablóle Dios así: Que su simiente sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y maltratarían, por cuatrocientos años. 7Mas yo juzgaré, dijo Dios, la nación a la cual serán siervos: y después de esto saldrán y me servirán en este lugar. 8Y dióle el pacto de la circuncisión: y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas. 9Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron a José para Egipto; mas Dios era con él, 10Y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría en la presencia de Faraón, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto, y sobre toda su casa. 11Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos. 12Y como oyese Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez. 13Y en la segunda, José fue conocido de sus hermanos, y fue sabido de Faraón el linaje de José. 14Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. 15Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él y nuestros padres; 16Los cuales fueron trasladados a Sichêm, y puestos en el sepulcro que compró Abraham a precio de dinero de los hijos de Hemor de Sichêm. 17Mas como se acercaba el tiempo de la promesa, la cual Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y multiplicóse en Egipto, 18Hasta que se levantó otro rey en Egipto que no conocía a José. 19Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató a nuestros padres, a fin de que pusiesen a peligro de muerte sus niños, para que cesase la generación. 20En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios: y fue criado tres meses en casa de su padre. 21Mas siendo puesto al peligro, la hija de Faraón le tomó, y le crio como a hijo suyo. 22Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos. 23Y cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino voluntad de visitar a sus hermanos los hijos de Israel. 24Y como vio a uno que era injuriado, defendióle, e hiriendo al Egipcio, vengó al injuriado. 25Pero él pensaba que sus hermanos entendían que Dios les había de dar salud por su mano; mas ellos no lo habían entendido. 26Y al día siguiente, riñendo ellos, se les mostró, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os injuriáis los unos a los otros? 27Entonces el que injuriaba a su prójimo, le rempujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez sobre nosotros? 28¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio? 29A esta palabra Moisés huyó, y se hizo extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. 30Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sina, en fuego de llama de una zarza. 31Entonces Moisés mirando, se maravilló de la visión: y llegándose para considerar, fue hecha a él voz del Señor: 32Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Mas Moisés, temeroso, no osaba mirar. 33Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. 34He visto, he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído el gemido de ellos, y he descendido para librarlos. Ahora pues, ven, te enviaré a Egipto. 35A este Moisés, al cual habían rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? a este envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en la zarza. 36Este los sacó, habiendo hecho prodigios y milagros en la tierra de Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años. 37Este es el Moisés, el cual dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor Dios vuestro de vuestros hermanos, como yo; a él oiréis. 38Este es aquel que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sina, y con nuestros padres; y recibió las palabras de vida para darnos: 39Al cual nuestros padres no quisieron obedecer; antes le desecharon, y se apartaron de corazón a Egipto, 40Diciendo a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido. 41Y entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se holgaron. 42Y Dios se apartó, y los entregó que sirviesen al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? 43Antes, trajisteis el tabernáculo de Moloch, y la estrella de vuestro dios Remphan: figuras que os hicisteis para adorarlas: os transportaré pues, más allá de Babilonia. 44Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios, hablando a Moisés que lo hiciese según la forma que había visto. 45El cual recibido, metieron también nuestros padres con Josué en la posesión de los Gentiles, que Dios echó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David; 46El cual halló gracia delante de Dios, y pidió hallar tabernáculo para el Dios de Jacob. 47Mas Salomón le edificó casa. 48Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano; como el profeta dice: 49El cielo es mi trono, y la tierra es el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿o cuál es el lugar de mi reposo? 50¿No hizo mi mano todas estas cosas? 51Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros. 52¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? y mataron a los que antes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; 53Que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis. 54Y oyendo estas cosas, regañaban de sus corazones, y crujían los dientes contra él. 55Mas él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios. 57Entonces dando grandes voces, se taparon sus oídos, y arremetieron unánimes contra él; 58Y echándolo fuera de la ciudad, le apedreaban: y los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un mancebo que se llamaba Saulo. 59Y apedrearon a Esteban, invocando él y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les imputes este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 7 · Mateo 7
Personales
Esdras 7 · Hechos 7