Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 8

1Y acordóse Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas. 2Y se cerraron las fuentes del abismo, y las cataratas de los cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida. 3Y tornáronse las aguas de sobre la tierra, yendo y volviendo: y decrecieron las aguas al cabo de ciento y cincuenta días. 4Y reposó el arca en el mes séptimo, a diecisiete días del mes, sobre los montes de Armenia. 5Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo: en el décimo, al primero del mes, se descubrieron las cimas de los montes. 6Y sucedió que, al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana del arca que había hecho, 7Y envió al cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y tornando hasta que las aguas se secaron de sobre la tierra. 8Envió también de sí a la paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra; 9Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvióse a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra: entonces él extendió su mano, y cogiéndola, hízola entrar consigo en el arca. 10Y esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca. 11Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de oliva tomada en su pico: y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra. 12Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más a él. 13Y sucedió que en el año seiscientos y uno de Noé, en el mes primero, al primero del mes, las aguas se enjugaron de sobre la tierra; y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la faz de la tierra estaba enjuta. 14Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se secó la tierra. 15Y habló Dios a Noé diciendo: 16Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. 17Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen, y multiplíquense sobre la tierra. 18Entonces salió Noé, y sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. 19Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca. 20Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. 21Y percibió Jehová olor de suavidad; y dijo Jehová en su corazón: No tornaré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud: ni volveré más a destruir todo viviente, como he hecho. 22Todavía serán todos los tiempos de la tierra; la sementera y la siega, y el frío y calor, verano e invierno, y día y noche, no cesarán.
Lectura 2 de 4 · En familia

Mateo 8

1Y como descendió del monte, le seguían muchas gentes. 2Y he aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme. 3Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fue limpiada. 4Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para testimonio a ellos. 5Y entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, 6Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado. 7Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. 8Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno de que entres debajo de mi techado; mas solamente di la palabra, y mi mozo sanará. 9Porque también yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 10Y oyendo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado fe tanta. 11Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, e Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos: 12Mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes. 13Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creiste te sea hecho. Y su mozo fue sano en el mismo momento. 14Y vino Jesús a casa de Pedro, y vio a su suegra echada en cama, y con fiebre. 15Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía. 16Y como fue ya tarde, trajeron a él muchos endemoniados; y echó los demonios con la palabra, y sanó a todos los enfermos; 17Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta Isaías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. 18Y viendo Jesús muchas gentes alrededor de sí, mandó pasar a la otra parte del lago. 19Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré a donde quiera que fueres. 20Y Jesús le dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza. 21Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dame licencia para que vaya primero, y entierre a mi padre. 22Y Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos. 23Y entrando él en el barco, sus discípulos le siguieron. 24Y he aquí, fue hecho en la mar un gran movimiento, que el barco se cubría de las ondas; mas él dormía. 25Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos. 26Y él les dice: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y a la mar; y fue grande bonanza. 27Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y la mar le obedecen? 28Y como él hubo llegado en la otra ribera al país de los Gergesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podía pasar por aquel camino. 29Y he aquí clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿has venido acá a molestarnos antes de tiempo? 30Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo. 31Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos ir a aquel hato de puercos. 32Y les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de puercos: y he aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar, y murieron en las aguas. 33Y los porqueros huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. 34Y he aquí, toda la ciudad salió a encontrar a Jesús: y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus términos.
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Esdras 8

1Y estos son los cabezas de sus familias, y genealogía de aquellos que subieron conmigo de Babilonia, reinando el rey Artajerjes: 2De los hijos de Phinees, Gersón; de los hijos de Ithamar, Daniel; de los hijos de David, Hattus; 3De los hijos de Sechânías y de los hijos de Pharos, Zacarías, y con él, en la línea de varones, ciento y cincuenta; 4De los hijos de Pahath-moab, Elioenai, hijo de Zarahi, y con él doscientos varones; 5De los hijos de Sechânías, el hijo de Jahaziel, y con él trescientos varones; 6De los hijos de Adín, Ebed, hijo de Jonathán, y con él cincuenta varones; 7De los hijos de Elam, Isaía, hijo de Athalías, y con él setenta varones; 8Y de los hijos de Sephatías, Zebadías, hijo de Michâel, y con él ochenta varones; 9De los hijos de Joab, Obadías, hijo de Jehiel, y con él doscientos diez y ocho varones; 10Y de los hijos de Solomith, el hijo de Josiphías, y con él ciento y sesenta varones; 11Y de los hijos de Bebai, Zacarías, hijo de Bebai, y con él veintiocho varones; 12Y de los hijos de Azgad, Johanán, hijo de Catán, y con él ciento y diez varones; 13Y de los hijos de Adonicam, los postreros, cuyos nombres son estos, Eliphelet, Jeiel, y Semaías, y con ellos sesenta varones; 14Y de los hijos de Bigvai, Utai y Zabud, y con ellos sesenta varones. 15Y juntélos junto al río que viene a Ahava, y reposamos allí tres días: y habiendo buscado entre el pueblo y entre los sacerdotes, no hallé allí de los hijos de Leví. 16Entonces despaché a Eliezer, y a Ariel, y a Semaías, y a Elnathán, y a Jarib, y a Elnathán, y a Nathán, y a Zacarías, y a Mesullam, principales; asimismo a Joiarib y a Elnathán, hombres doctos; 17Y enviélos a Iddo, jefe en el lugar de Casipia, y puse en boca de ellos las palabras que habían de hablar a Iddo, y a sus hermanos los Nethineos en el lugar de Casipia, para que nos trajesen ministros para la casa de nuestro Dios. 18Y trajéronnos, según la buena mano de nuestro Dios sobre nosotros, un varón entendido de los hijos de Mahalí, hijo de Leví, hijo de Israel; y a Serabías con sus hijos y sus hermanos, dieciocho; 19Y a Hasabías, y con él a Isaía de los hijos de Merari, a sus hermanos y a sus hijos, veinte; 20Y de los Nethineos, a quienes David con los príncipes puso para el ministerio de los Levitas, doscientos y veinte Nethineos: todos los cuales fueron declarados por sus nombres. 21Y publiqué ayuno allí junto al río de Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para toda nuestra hacienda. 22Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino: porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su fortaleza y su furor sobre todos los que le dejan. 23Ayunamos pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio. 24Aparté luego doce de los principales de los sacerdotes, a Serebías y a Hasabías, y con ellos diez de sus hermanos; 25Y peséles la plata, y el oro, y los vasos, la ofrenda que para la casa de nuestro Dios habían ofrecido el rey, y sus consultores, y sus príncipes, y todos los que se hallaron en Israel. 26Pesé pues en manos de ellos seiscientos y cincuenta talentos de plata, y vasos de plata por cien talentos, y cien talentos de oro; 27Además veinte tazones de oro, de mil dracmas; y dos vasos de metal limpio muy bueno, preciados como el oro. 28Y díjeles: Vosotros sois consagrados a Jehová, y santos los vasos; y la plata y el oro ofrenda voluntaria a Jehová, Dios de nuestros padres. 29Velad, y guardadlos, hasta que los peséis delante de los príncipes de los sacerdotes y Levitas, y de los jefes de los padres de Israel en Jerusalem, en las cámaras de la casa de Jehová. 30Los sacerdotes pues y Levitas recibieron el peso de la plata y del oro y de los vasos, para traerlo a Jerusalem a la casa de nuestro Dios. 31Y partimos del río de Ahava el doce del mes primero, para ir a Jerusalem: y la mano de nuestro Dios fue sobre nosotros, el cual nos libró de mano de enemigo y de asechador en el camino. 32Y llegamos a Jerusalem, y reposamos allí tres días. 33Al cuarto día fue luego pesada la plata, y el oro, y los vasos, en la casa de nuestro Dios, por mano de Meremoth hijo de Urías sacerdote, y con él Eleazar hijo de Phinees; y con ellos Jozabad hijo de Jesuá, y Noadías hijo de Binnui, Levitas; 34Por cuenta y por peso todo: y se apuntó todo aquel peso en aquel tiempo. 35Los que habían venido de la cautividad, los hijos de la transmigración, ofrecieron holocaustos al Dios de Israel, doce becerros por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos, doce machos cabríos por expiación: todo en holocausto a Jehová. 36Y dieron los despachos del rey a sus gobernadores y capitanes del otro lado del río, los cuales favorecieron al pueblo y a la casa de Dios.
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Hechos 8

1Y Saulo consentía en su muerte. Y en aquel día se hizo una grande persecución en la iglesia que estaba en Jerusalem; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. 2Y llevaron a enterrar a Esteban varones piadosos, e hicieron gran llanto sobre él. 3Entonces Saulo asolaba la iglesia, entrando por las casas: y trayendo hombres y mujeres, los entregaba en la cárcel. 4Mas los que fueron esparcidos, iban por todas partes anunciando la palabra. 5Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. 6Y las gentes escuchaban atentamente unánimes las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. 7Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían estos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados: 8Así que había gran gozo en aquella ciudad. 9Y había un hombre llamado Simón, el cual había sido antes mágico en aquella ciudad, y había engañado la gente de Samaria, diciéndose ser algún grande: 10Al cual oían todos atentamente desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es la gran virtud de Dios. 11Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los había embelesado mucho tiempo. 12Mas cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. 13El mismo Simón creyó también entonces, y bautizándose, se llegó a Felipe: y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacían, estaba atónito. 14Y los apóstoles que estaban en Jerusalem, habiendo oído que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan: 15Los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo; 16(Porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús.) 17Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo. 18Y como vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19Diciendo: Dadme también a mí esta potestad, que a cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo. 20Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero. 21No tienes tú parte ni suerte en este negocio; porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te será perdonado el pensamiento de tu corazón. 23Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. 24Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna cosa de estas que habéis dicho, venga sobre mí. 25Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalem, y en muchas tierras de los Samaritanos anunciaron el evangelio. 26Empero el ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el mediodía, al camino que desciende de Jerusalem a Gaza, el cual es desierto. 27Entonces él se levantó, y fue: y he aquí un Etiope, eunuco, gobernador de Candace, reina de los Etiopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y había venido a adorar a Jerusalem, 28Se volvía sentado en su carro, y leyendo el profeta Isaías. 29Y el Espíritu dijo a Felipe: Llégate, y júntate a este carro. 30Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees? 31Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese, y se sentase con él. 32Y el lugar de la Escritura que leía, era este: Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que le trasquila, así no abrió su boca: 33En su humillación su juicio fue quitado: mas su generación, ¿quién la contará? porque es quitada de la tierra su vida. 34Y respondiendo el eunuco a Felipe, dijo: Ruégote ¿de quién el profeta dice esto? ¿de sí, o de otro alguno? 35Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 36Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua; y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 37Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. 38Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle. 39Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no le vio más el eunuco, y se fue por su camino gozoso. 40Felipe empero se halló en Azoto: y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 8 · Mateo 8
Personales
Esdras 8 · Hechos 8