Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 40
1Y aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2Y enojóse Faraón contra sus dos eunucos, contra el principal de los coperos, y contra el principal de los panaderos: 3Y púsolos en prisión en la casa del capitán de los de la guardia, en la casa de la cárcel donde José estaba preso. 4Y el capitán de los de la guardia dio cargo de ellos a José, y él les servía: y estuvieron días en la prisión. 5Y ambos a dos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, vieron un sueño, cada uno su sueño en una misma noche, cada uno conforme a la declaración de su sueño. 6Y vino a ellos José por la mañana, y mirólos, y he aquí que estaban tristes. 7Y él preguntó a aquellos eunucos de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes? 8Y ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo declare. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las declaraciones? Contádmelo ahora. 9Entonces el principal de los coperos contó su sueño a José, y díjole: Yo soñaba que veía una vid delante de mí, 10Y en la vid tres sarmientos; y ella como que brotaba, y arrojaba su flor, viniendo a madurar sus racimos de uvas: 11Y que la copa de Faraón estaba en mi mano, y tomaba yo las uvas, y las exprimía en la copa de Faraón, y daba yo la copa en mano de Faraón. 12Y díjole José: Esta es su declaración: Los tres sarmientos son tres días: 13Al cabo de tres días Faraón te hará levantar cabeza, y te restituirá a tu puesto: y darás la copa a Faraón en su mano, como solías cuando eras su copero. 14Acuérdate, pues, de mí para contigo cuando tuvieres ese bien, y ruégote que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa: 15Porque hurtado he sido de la tierra de los Hebreos; y tampoco he hecho aquí porqué me hubiesen de poner en la cárcel. 16Y viendo el principal de los panaderos que había declarado para bien, dijo a José: También yo soñaba que veía tres canastillos blancos sobre mi cabeza; 17Y en el canastillo más alto había de todas las viandas de Faraón, obra de panadero; y que las aves las comían del canastillo de sobre mi cabeza. 18Entonces respondió José, y dijo: Esta es su declaración: Los tres canastillos tres días son; 19Al cabo de tres días quitará Faraón tu cabeza de sobre ti, y te hará colgar en la horca, y las aves comerán tu carne de sobre ti. 20Y fue el tercero día el día del nacimiento de Faraón, e hizo banquete a todos sus sirvientes: y alzó la cabeza del principal de los coperos, y la cabeza del principal de los panaderos, entre sus servidores. 21E hizo volver a su oficio al principal de los coperos; y dio él la copa en mano de Faraón. 22Mas hizo ahorcar al principal de los panaderos, como le había declarado José. 23Y el principal de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó.
Lectura 2 de 4 · En familia
Marcos 10
1Y partiéndose de allí, vino a los términos de Judea y tras el Jordán: y volvió el pueblo a juntarse a él; y de nuevo les enseñaba como solía. 2Y llegándose los Fariseos, le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. 3Mas él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? 4Y ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiar. 5Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; 6Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. 7Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se juntará a su mujer. 8Y los que eran dos, serán hechos una carne: así que no son más dos, sino una carne. 9Pues lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre. 10Y en casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo. 11Y les dice: Cualquiera que repudiare a su mujer, y se casare con otra, comete adulterio contra ella: 12Y si la mujer repudiare a su marido y se casare con otro, comete adulterio. 13Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reñían a los que los presentaban. 14Y viéndolo Jesús, se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se lo estorbéis; porque de los tales es el reino de Dios. 15De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía. 17Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna? 18Y Jesús le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios. 19Los mandamientos sabes: No adulteres: No mates: No hurtes: No digas falso testimonio: No defraudes: Honra a tu padre y a tu madre. 20El entonces respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad. 21Entonces Jesús mirándole, amóle, y díjole: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22Mas él, entristecido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23Entonces Jesús, mirando alrededor, dice a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesús respondiendo, les volvió a decir: ¡Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas! 25Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios. 26Y ellos se espantaban más, diciendo dentro de sí: ¿Y quién podrá salvarse? 27Entonces Jesús mirándolos, dice: Para los hombres es imposible; mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. 28Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido. 29Y respondiendo Jesús, dijo: De cierto os digo, que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o heredades, por causa de mí y del evangelio, 30Que no reciba cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. 31Empero muchos primeros serán postreros, y postreros primeros. 32Y estaban en el camino subiendo a Jerusalem; y Jesús iba delante de ellos, y se espantaban, y le seguían con miedo: entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: 33He aquí subimos a Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los Gentiles: 34Y le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará. 35Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se llegaron a él, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. 36Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 37Y ellos le dijeron: Danos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu diestra, y el otro a tu siniestra. 38Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? 39Y ellos dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis; y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados. 40Mas que os sentéis a mi diestra y a mi siniestra, no es mío darlo, sino a quienes está aparejado. 41Y como lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse de Jacobo y de Juan. 42Mas Jesús, llamándolos, les dice: Sabéis que los que se ven ser príncipes entre las gentes, se enseñorean de ellas, y los que entre ellas son grandes, tienen sobre ellas potestad. 43Mas no será así entre vosotros: antes cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor; 44Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de todos. 45Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos. 46Entonces vienen a Jericó: y saliendo él de Jericó y sus discípulos y una gran compañía, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. 47Y oyendo que era Jesús el Nazareno, comenzó a dar voces y decir: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí. 48Y muchos le reñían, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí. 49Entonces Jesús parándose, mandó llamarle: y llaman al ciego, diciéndole: Ten confianza: levántate, te llama. 50El entonces, echando su capa, se levantó, y vino a Jesús. 51Y respondiendo Jesús, le dice: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dice: Maestro, que cobre la vista. 52Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. Y luego cobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 6
1Y respondió Job y dijo: 2¡Oh si pesasen al justo mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en balanza! 3Porque pesaría aquel más que la arena del mar: y por tanto mis palabras son cortadas. 4Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Dios me combaten. 5¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba? ¿muge el buey junto a su pasto? 6¿Comeráse lo desabrido sin sal? ¿o habrá gusto en la clara del huevo? 7Las cosas que mi alma no quería tocar, por los dolores son mi comida. 8¡Quién me diera que viniese mi petición, y que Dios me otorgase lo que espero; 9Y que pluguiera a Dios quebrantarme; que soltara su mano, y me deshiciera! 10Y sería aún mi consuelo, si me asaltase con dolor sin dar más tregua, que yo no he escondido las palabras del Santo. 11¿Cuál es mi fortaleza para esperar aún? ¿y cuál mi fin para dilatar mi vida? 12¿Es mi fortaleza la de las piedras? ¿o mi carne, es de acero? 13¿No me ayudo cuanto puedo, y el poder me falta del todo? 14El atribulado es consolado de su compañero: mas hase abandonado el temor del Omnipotente. 15Mis hermanos han mentido cual arroyo: pasáronse como corrientes impetuosas, 16Que están escondidas por la helada, y encubiertas con nieve; 17Que al tiempo del calor son deshechas, y en calentándose, desaparecen de su lugar; 18Apártanse de la senda de su rumbo, van menguando y piérdense. 19Miraron los caminantes de Temán, los caminantes de Saba esperaron en ellas: 20Mas fueron avergonzados por su esperanza; porque vinieron hasta ellas, y halláronse confusos. 21Ahora ciertamente como ellas sois vosotros: que habéis visto el tormento, y teméis. 22¿Os he dicho yo: Traedme, y pagad por mí de vuestra hacienda; 23Y libradme de la mano del opresor, y redimidme del poder de los violentos? 24Enseñadme, y yo callaré: y hacedme entender en qué he errado. 25¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Mas ¿qué reprende el que reprende de vosotros? 26¿Pensáis censurar palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento? 27También os arrojáis sobre el huérfano, y hacéis hoyo delante de vuestro amigo. 28Ahora pues, si queréis, mirad en mí, y ved si miento delante de vosotros. 29Tornad ahora, y no haya iniquidad; volved aún a considerar mi justicia en esto. 30¿Hay iniquidad en mi lengua? ¿no puede mi paladar discernir las cosas depravadas?
Lectura 4 de 4 · Personal
Romanos 10
1Hermanos, ciertamente la voluntad de mi corazón y mi oración a Dios sobre Israel, es para salud. 2Porque yo les doy testimonio que tienen celo de Dios, mas no conforme a ciencia. 3Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios. 4Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. 5Porque Moisés describe la justicia que es por la ley: Que el hombre que hiciere estas cosas, vivirá por ellas. 6Mas la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo:) 7O, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para volver a traer a Cristo de los muertos.) 8Mas ¿qué dice? Cercana está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe, la cual predicamos: 9Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud. 11Porque la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. 12Porque no hay diferencia de Judío y de Griego: porque el mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan: 13Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. 14¿Cómo, pues invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿y cómo creerán a aquel de quien no han oído? ¿y cómo oirán sin haber quien les predique? 15¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian el evangelio de los bienes! 16Mas no todos obedecen al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? 17Luego la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios. 18Mas digo: ¿No han oído? Antes bien, por toda la tierra ha salido la fama de ellos, y hasta los cabos de la redondez de la tierra las palabras de ellos. 19Mas digo: ¿No ha conocido esto Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré a celos con gente que no es mía; con gente insensata os provocaré a ira. 20E Isaías determinadamente dice: Fui hallado de los que no me buscaban; manifestéme a los que no preguntaban por mí. 21Mas acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 40 · Marcos 10
Personales
Job 6 · Romanos 10