Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 39
1Y llevado José a Egipto, comprólo Potiphar, eunuco de Faraón, capitán de los de la guardia, varón Egipcio, de mano de los Ismaelitas que lo habían llevado allá. 2Mas Jehová fue con José, y fue varón prosperado: y estaba en la casa de su señor el Egipcio. 3Y vio su señor que Jehová era con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. 4Así halló José gracia en sus ojos, y servíale; y él le hizo mayordomo de su casa, y entregó en su poder todo lo que tenía. 5Y aconteció que, desde cuando le dio el encargo de su casa, y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del Egipcio a causa de José; y la bendición de Jehová fue sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo. 6Y dejó todo lo que tenía en mano de José; ni con él sabía de nada más que del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia. 7Y aconteció después de esto, que la mujer de su señor puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. 8Y él no quiso, y dijo a la mujer de su señor: He aquí que mi señor no sabe conmigo lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene: 9No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? 10Y fue que hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, 11Aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí en casa: 12Y asiólo ella por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces dejóla él su ropa en las manos, y huyó, y salióse fuera. 13Y acaeció que cuando vio ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huído fuera, 14Llamó a los de casa, y hablóles diciendo: Mirad, nos ha traído un Hebreo, para que hiciese burla de nosotros: vino él a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces; 15Y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó, y salióse fuera. 16Y ella puso junto a sí la ropa de él, hasta que vino su señor a su casa. 17Entonces le habló ella semejantes palabras, diciendo: El siervo Hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme; 18Y como yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí, y huyó fuera. 19Y sucedió que como oyó su señor las palabras que su mujer le hablara, diciendo: Así me ha tratado tu siervo; encendióse su furor. 20Y tomó su señor a José, y púsole en la casa de la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la casa de la cárcel. 21Mas Jehová fue con José, y extendió a él su misericordia, y dióle gracia en ojos del principal de la casa de la cárcel. 22Y el principal de la casa de la cárcel entregó en mano de José todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que hacían allí, él lo hacía. 23No veía el principal de la cárcel cosa alguna que en su mano estaba; porque Jehová era con él, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.
Lectura 2 de 4 · En familia
Marcos 9
1También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con potencia. 2Y seis días después tomó Jesús a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y los sacó aparte solos a un monte alto; y fue transfigurado delante de ellos. 3Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve; tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos. 4Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús. 5Entonces respondiendo Pedro, dice a Jesús: Maestro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y para Elías otro; 6Porque no sabía lo que hablaba; que estaban espantados. 7Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado: a él oid. 8Y luego, como miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo. 9Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos. 10Y retuvieron la palabra en sí, altercando qué sería aquéllo: Resucitar de los muertos. 11Y le preguntaron, diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es necesario que Elías venga antes? 12Y respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad, viniendo antes, restituirá todas las cosas: y como está escrito del Hijo del hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada. 13Empero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él. 14Y como vino a los discípulos, vio grande compañía alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos. 15Y luego toda la gente, viéndole, se espantó, y corriendo a él, le saludaron. 16Y preguntóles: ¿Qué disputáis con ellos? 17Y respondiendo uno de la compañía, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, 18El cual, donde quiera que le toma, le despedaza; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando: y dije a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. 19Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación infiel! ¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmele. 20Y se le trajeron: y como le vio, luego el espíritu le desgarraba; y cayendo en tierra, se revolcaba, echando espumarajos. 21Y Jesús preguntó a su padre: ¿Cuánto tiempo ha que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño: 22Y muchas veces le echa en el fuego y en aguas, para matarle; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros. 23Y Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible. 24Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo, ayuda mi incredulidad. 25Y como Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. 26Entonces el espíritu clamando y desgarrándole mucho, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. 27Mas Jesús tomándole de la mano, enderezóle; y se levantó. 28Y como él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? 29Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno. 30Y habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese. 31Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas muerto él, resucitará al tercer día. 32Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle. 33Y llegó a Capernaum; y así que estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34Mas ellos callaron; porque los unos con los otros habían disputado en el camino quién había de ser el mayor. 35Entonces sentándose, llamó a los doce, y les dice: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. 36Y tomando un niño, púsolo en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dice: 37El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, a mí recibe; y el que a mí recibe, no recibe a mí, mas al que me envió. 38Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue. 39Y Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí. 40Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 41Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. 42Y cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar. 43Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar a la vida manco, que teniendo dos manos ir a la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado; 44Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga. 45Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo: mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado; 46Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 47Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado a la Gehenna; 48Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 49Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal. 50Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobaréis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 5
1Ahora pues da voces, si habrá quien te responda; ¿y a cuál de los santos te volverás? 2Es cierto que al necio la ira lo mata, y al codicioso consume la envidia. 3Yo he visto al necio que echaba raíces, y en la misma hora maldije su habitación. 4Sus hijos estarán lejos de la salud, y en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre. 5Su mies comerán los hambrientos, y sacaránla de entre las espinas, y los sedientos beberán su hacienda. 6Porque la iniquidad no sale del polvo, ni la molestia brota de la tierra. 7Empero como las centellas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción. 8Ciertamente yo buscaría a Dios, y depositaría en él mis negocios: 9El cual hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas que no tienen cuento: 10Que da la lluvia sobre la haz de la tierra, y envía las aguas por los campos: 11Que pone los humildes en altura, y los enlutados son levantados a salud: 12Que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada: 13Que prende a los sabios en la astucia de ellos, y el consejo de los perversos es entontecido; 14De día se topan con tinieblas, y en mitad del día andan a tientas como de noche: 15Y libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de la mano violenta; 16Pues es esperanza al menesteroso, y la iniquidad cerrará su boca. 17He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga: por tanto no menosprecies la corrección del Todopoderoso. 18Porque él es el que hace la llaga, y él la vendará: él hiere, y sus manos curan. 19En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal. 20En el hambre te redimirá de la muerte, y en la guerra de las manos de la espada. 21Del azote de la lengua serás encubierto; ni temerás de la destrucción cuando viniere. 22De la destrucción y del hambre te reirás, y no temerás de las bestias del campo: 23Pues aun con las piedras del campo tendrás tu concierto, y las bestias del campo te serán pacíficas. 24Y sabrás que hay paz en tu tienda; y visitarás tu morada, y no pecarás. 25Asimismo echarás de ver que tu simiente es mucha, y tu prole como la hierba de la tierra. 26Y vendrás en la vejez a la sepultura, como el montón de trigo que se coge a su tiempo. 27He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así: óyelo, y juzga tú para contigo.
Lectura 4 de 4 · Personal
Romanos 9
1Verdad digo en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo, 2Que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. 3Porque deseara yo mismo ser apartado de Cristo por mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; 4Que son israelitas, de los cuales es la adopción, y la gloria, y el pacto, y la data de la ley, y el culto, y las promesas; 5Cuyos son los padres, y de los cuales es Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén. 6No empero que la palabra de Dios haya faltado: porque no todos los que son de Israel son Israelitas; 7Ni por ser simiente de Abraham, son todos hijos; mas: En Isaac te será llamada simiente. 8Quiere decir: No los que son hijos de la carne, estos son los hijos de Dios; mas los que son hijos de la promesa, son contados en la generación. 9Porque la palabra de la promesa es esta: Como en este tiempo vendré, y tendrá Sara un hijo. 10Y no solo esto; mas también Rebeca concibiendo de uno, de Isaac nuestro padre, 11(Porque no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección, no por las obras sino por el que llama, permaneciese;) 12Le fue dicho que el mayor serviría al menor. 13Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. 14¿Pues qué diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15Mas a Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré. 16Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17Porque la Escritura dice de Faraón: Que para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi potencia, y que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. 18De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece. 19Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se enoja? porque ¿quién resistirá a su voluntad? 20Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por qué me has hecho tal? 21¿O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza? 22¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte, 23Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, mostrólas para con los vasos de misericordia que él ha preparado para gloria; 24Los cuales también ha llamado, es a saber, a nosotros, no solo de los Judíos, mas también de los Gentiles? 25Como también en Oseas dice: Llamaré al que no era mi pueblo, pueblo mío; y a la no amada, amada. 26Y será, que en el lugar donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío: allí serán llamados hijos del Dios viviente. 27También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena de la mar, las reliquias serán salvas: 28Porque palabra consumadora y abreviadora en justicia, porque palabra abreviada, hará el Señor sobre la tierra. 29Y como antes dijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado simiente, como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra fuéramos semejantes. 30¿Pues qué diremos? Que los Gentiles que no seguían justicia, han alcanzado la justicia, es a saber, la justicia que es por la fe; 31Mas Israel que seguía la ley de justicia, no ha llegado a la ley de justicia. 32¿Por qué? Porque la seguían no por fe, mas como por las obras de la ley: por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo, 33Como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo, y piedra de caída; y aquel que creyere en ella, no será avergonzado.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 39 · Marcos 9
Personales
Job 5 · Romanos 9