Lectura 1 de 4 · En familia
Josué 9
1Y aconteció que como oyeron estas cosas todos los reyes que estaban de esta parte del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la costa de la gran mar delante del Líbano, los Hetheos, Amorrheos, Cananeos, Pherezeos, Heveos, y Jebuseos; 2Juntáronse a una, de un acuerdo, para pelear contra Josué e Israel. 3Mas los moradores de Gabaón, como oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai, 4Ellos usaron también de astucia; pues fueron y fingiéronse embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino, rotos y remendados, 5Y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestidos viejos sobre sí; y todo el pan que traían para el camino, seco y mohoso. 6Así vinieron a Josué al campo en Gilgal, y dijéronle a él y a los de Israel: Nosotros venimos de tierra muy lejana: haced pues ahora con nosotros alianza. 7Y los de Israel respondieron a los Heveos: Quizás vosotros habitáis en medio de nosotros: ¿cómo pues podremos nosotros hacer alianza con vosotros? 8Y ellos respondieron a Josué: Nosotros somos tus siervos. Y Josué les dijo: ¿Quién sois vosotros y de dónde venís? 9Y ellos respondieron: Tus siervos han venido de muy lejanas tierras, por la fama de Jehová tu Dios; porque hemos oído su fama, y todas las cosas que hizo en Egipto, 10Y todo lo que hizo a los dos reyes de los Amorrheos que estaban de la otra parte del Jordán; a Sehón rey de Hesbón, y a Og rey de Basán, que estaba en Astaroth. 11Por lo cual nuestros ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos dijeron: Tomad en vuestras manos provisión para el camino, e id al encuentro de ellos, y decidles: Nosotros somos vuestros siervos, y haced ahora con nosotros alianza. 12Este nuestro pan tomamos caliente de nuestras casas para el camino el día que salimos para venir a vosotros; y helo aquí ahora que está seco y mohoso: 13Estos cueros de vino también los henchimos nuevos; helos aquí ya rotos: también estos nuestros vestidos y nuestros zapatos están ya viejos a causa de lo muy largo del camino. 14Y los hombres de Israel tomaron de su provisión del camino, y no preguntaron a la boca de Jehová. 15Y Josué hizo paz con ellos, y concertó con ellos que les dejaría la vida: también los príncipes de la congregación les juraron. 16Pasados tres días después que hicieron con ellos el concierto, oyeron como eran sus vecinos, y que habitaban en medio de ellos. 17Y partiéronse los hijos de Israel, y al tercer día llegaron a sus ciudades: y sus ciudades eran Gabaón, Caphira, Beeroth, y Chiriath-jearim. 18Y no los hirieron los hijos de Israel, por cuanto los príncipes de la congregación les habían jurado por Jehová el Dios de Israel. Y toda la congregación murmuraba contra los príncipes. 19Mas todos los príncipes respondieron a toda la congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová Dios de Israel; por tanto, ahora no les podemos tocar. 20Esto haremos con ellos: les dejaremos vivir, porque no venga ira sobre nosotros a causa del juramento que les hemos hecho. 21Y los príncipes les dijeron: Vivan; mas sean leñadores y aguadores para toda la congregación, como los príncipes les han dicho. 22Y llamándolos Josué, les habló diciendo: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo, Habitamos muy lejos de vosotros; una vez que moráis en medio de nosotros? 23Vosotros pues ahora sois malditos, y no faltará de vosotros siervo, y quien corte la leña y saque el agua para la casa de mi Dios. 24Y ellos respondieron a Josué, y dijeron: Como fue dado a entender a tus siervos, que Jehová tu Dios había mandado a Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir todos los moradores de la tierra delante de vosotros, por esto temimos en gran manera de vosotros por nuestras vidas, e hicimos esto. 25Ahora pues, henos aquí en tu mano: lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo. 26Y él lo hizo así; que los libró de la mano de los hijos de Israel, para que no los matasen. 27Y constituyólos Josué aquel día por leñadores y aguadores para la congregación y para el altar de Jehová, en el lugar que él escogiese: lo que son hasta hoy.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 139
1Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. 2Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos. 3Mi senda y mi acostarme has rodeado, y estás impuesto en todos mis caminos. 4Pues aun no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. 5Detrás y delante me guarneciste, y sobre mí pusiste tu mano. 6Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; alta es, no puedo comprenderla. 7¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿y adónde huiré de tu presencia? 8Si subiere a los cielos, allí estás tú: y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás. 9Si tomare las alas del alba, y habitare en el extremo de la mar, 10Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. 11Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá tocante a mí. 12Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz. 13Porque tú poseiste mis riñones; cubrísteme en el vientre de mi madre. 14Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras: estoy maravillado, y mi alma lo conoce mucho. 15No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y compaginado en lo más bajo de la tierra. 16Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. 17Así que ¡cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡cuán multiplicadas son sus cuentas! 18Si los cuento, multiplícanse más que la arena: despierto, y aun estoy contigo. 19De cierto, oh Dios, matarás al impío; apartaos pues de mí, hombres sanguinarios. 20Porque blasfemias dicen ellos contra ti: tus enemigos toman en vano tu nombre. 21¿No tengo en odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me conmuevo contra tus enemigos? 22Aborrézcolos con perfecto odio; téngolos por enemigos. 23Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y reconoce mis pensamientos: 24Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jeremías 3
1Dicen: Si alguno dejare su mujer, y yéndose esta de él se juntare a otro hombre, ¿volverá a ella más? ¿no será tal tierra del todo amancillada? Tú pues has fornicado con muchos amigos; mas vuélvete a mí, dijo Jehová. 2Alza tus ojos a los altos, y ve en qué lugar no te hayas publicado: para ellos te sentabas en los caminos, como Arabe en el desierto; y con tus fornicaciones y con tu malicia has contaminado la tierra. 3Por esta causa las aguas han sido detenidas, y faltó la lluvia de la tarde; y has tenido frente de mala mujer, ni quisiste tener vergüenza. 4A lo menos desde ahora, ¿no clamarás a mí, Padre mío, guiador de mi juventud? 5¿Guardará su enojo para siempre? ¿eternalmente lo guardará? He aquí que has hablado y hecho cuantas maldades pudiste. 6Y díjome Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Vase ella sobre todo monte alto y debajo de todo árbol umbroso, y allí fornica. 7Y dije después que hizo todo esto: Vuélvete a mí; mas no se volvió. Y vio la rebelde su hermana Judá, 8Que yo lo había visto; que por todas estas causas en las cuales fornicó la rebelde Israel, yo la había despedido, y dádole la carta de su repudio; y no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó. 9Y sucedió que por la liviandad de su fornicación la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño. 10Y con todo esto, la rebelde su hermana Judá no se tornó a mí de todo su corazón, sino mentirosamente, dice Jehová. 11Y díjome Jehová: Justificado ha su alma la rebelde Israel en comparación de la desleal Judá. 12Ve, y clama estas palabras hacia el aquilón, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre vosotros: porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo. 13Conoce empero tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y tus caminos has derramado a los extraños debajo de todo árbol umbroso, y no oiste mi voz, dice Jehová. 14Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo: y os tomaré uno de una ciudad, y dos de una familia, y os introduciré en Sion; 15Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten de ciencia y de inteligencia. 16Y acontecerá, que cuando os multiplicareis y creciereis en la tierra, en aquellos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la visitarán, ni se hará más. 17En aquel tiempo llamarán a Jerusalem Trono de Jehová, y todas las gentes se congregarán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalem: ni andarán más tras la dureza de su corazón malvado. 18En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de tierra del aquilón a la tierra que hice heredar a vuestros padres. 19Yo empero dije: ¿Cómo te pondré por hijos, y te daré la tierra deseable, la rica heredad de los ejércitos de las gentes? Y dije: Padre mío me llamarás, y no te apartarás de en pos de mí. 20Mas como la esposa quiebra la fe de su compañero, así prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice Jehová. 21Voz sobre las alturas fue oída, llanto de los ruegos de los hijos de Israel; porque han torcido su camino, de Jehová su Dios se han olvidado. 22Convertíos, hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones. He aquí nosotros venimos a ti; porque tú eres Jehová nuestro Dios. 23Ciertamente vanidad son los collados, la multitud de los montes: ciertamente en Jehová nuestro Dios está la salud de Israel. 24Confusión consumió el trabajo de nuestros padres desde nuestra mocedad; sus ovejas, sus vacas, sus hijos y sus hijas. 25Yacemos en nuestra confusión, y nuestra afrenta nos cubre: porque pecamos contra Jehová nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este día; y no hemos escuchado la voz de Jehová nuestro Dios.
Lectura 4 de 4 · Personal
Mateo 17
1Y después de seis días, Jesús toma a Pedro, y a Jacobo, y a Juan su hermano, y los lleva aparte a un monte alto: 2Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz. 3Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. 4Y respondiendo Pedro, dijo a Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y otro para Elías. 5Y estando aún él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y he aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: a él oid. 6Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera. 7Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. 8Y alzando ellos sus ojos, a nadie vieron, sino a solo Jesús. 9Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos. 10Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen pues los escribas que es menester que Elías venga primero? 11Y respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas. 12Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron en él todo lo que quisieron: así también el Hijo del hombre padecerá de ellos. 13Los discípulos entonces entendieron, que les habló de Juan el Bautista. 14Y como ellos llegaron al gentío, vino a él un hombre hincándosele de rodillas, 15Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. 16Y le he presentado a tus discípulos, y no le han podido sanar. 17Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación infiel y torcida! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? traédmele acá. 18Y Jesús le reprendió, y salió el demonio de él; y el mozo fue sano desde aquella hora. 19Entonces, llegándose los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no lo pudimos echar fuera? 20Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará: y nada os será imposible. 21Mas este linaje no sale sino por oración y ayuno. 22Y estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, 23Y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera. 24Y como llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 25El dice: Sí. Y entrando él en casa, Jesús le habló antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran los tributos o el censo? ¿de sus hijos o de los extraños? 26Pedro le dice: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos son francos. 27Mas porque no los escandalicemos, ve a la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca, hallarás un estatero: tómalo, y dáselo por mí y por ti.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Josué 9 · Salmo 139
Personales
Jeremías 3 · Mateo 17