Lectura 1 de 4 · En familia

Josué 10

1Y como Adonisedec rey de Jerusalem oyó que Josué había tomado a Hai, y que la había asolado, (como había hecho a Jericó y a su rey, así hizo a Hai y a su rey;) y que los moradores de Gabaón habían hecho paz con los Israelitas, y que estaban entre ellos; 2Tuvieron muy gran temor; porque Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y mayor que Hai, y todos sus hombres fuertes. 3Envió pues a decir Adonisedec rey de Jerusalem, a Oham rey de Hebrón, y a Phiream rey de Jerimoth, y a Japhia rey de Lachîs, y a Debir rey de Eglón: 4Subid a mí, y ayudadme, y combatamos a Gabaón: porque ha hecho paz con Josué y con los hijos de Israel. 5Y cinco reyes de los Amorrheos, el rey de Jerusalem, el rey de Hebrón, el rey de Jerimoth, el rey de Lachîs, el rey de Eglón, se juntaron y subieron, ellos con todos sus ejércitos, y asentaron campo sobre Gabaón, y pelearon contra ella. 6Y los moradores de Gabaón enviaron a decir a Josué al campo en Gilgal: No encojas tus manos de tus siervos; sube prestamente a nosotros para guardarnos y ayudarnos: porque todos los reyes de los Amorrheos que habitan en las montañas, se han juntado contra nosotros. 7Y subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes. 8Y Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos: porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos parará delante de ti. 9Y Josué vino a ellos de repente, toda la noche subió desde Gilgal. 10Y Jehová los turbó delante de Israel, e hiriólos con gran mortandad en Gabaón: y siguiólos por el camino que sube a Beth-oron, e hiriólos hasta Azeca y Maceda. 11Y como iban huyendo de los Israelitas, a la bajada de Beth-oron, Jehová echó sobre ellos del cielo grandes piedras hasta Azeca, y murieron: muchos más murieron de las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel habían muerto a cuchillo. 12Entonces Josué habló a Jehová el día que Jehová entregó al Amorrheo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los Israelitas: Sol, detente en Gabaón; y tú, Luna, en el valle de Ajalón. 13Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta tanto que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está aquesto escrito en el libro de Jasher? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. 14Y nunca fue tal día antes ni después de aquel, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre: porque Jehová peleaba por Israel. 15Y Josué, y todo Israel con él, volvíase al campo en Gilgal. 16Pero los cinco reyes huyeron, y se escondieron en una cueva en Maceda. 17Y fue dicho a Josué que los cinco reyes habían sido hallados en una cueva en Maceda. 18Entonces Josué dijo: Rodad grandes piedras a la boca de la cueva, y poned hombres junto a ella que los guarden; 19Y vosotros no os paréis, sino seguid a vuestros enemigos, y heridles la retaguardia, sin dejarles entrar en sus ciudades; porque Jehová vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano. 20Y aconteció que como Josué y los hijos de Israel hubieron acabado de herirlos con mortandad muy grande, hasta destruirlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades fuertes. 21Y todo el pueblo se volvió salvo al campo a Josué en Maceda; que no hubo quien moviese su lengua contra los hijos de Israel. 22Entonces dijo Josué: Abrid la boca de la cueva, y sacadme de ella a estos cinco reyes. 23E hiciéronlo así, y sacáronle de la cueva aquellos cinco reyes: al rey de Jerusalem, al rey de Hebrón, al rey de Jerimoth, al rey de Lachîs, al rey de Eglón. 24Y cuando hubieron sacado estos reyes a Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Llegad y poned vuestros pies sobre los pescuezos de aquestos reyes. Y ellos se llegaron, y pusieron sus pies sobre los pescuezos de ellos. 25Y Josué les dijo: No temáis, ni os atemoricéis; sed fuertes y valientes: porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis. 26Y después de esto Josué los hirió y los mató, e hízolos colgar en cinco maderos: y quedaron colgados en los maderos hasta la tarde. 27Y cuando el sol se iba a poner, mandó Josué que los quitasen de los maderos, y los echasen en la cueva donde se habían escondido: y pusieron grandes piedras a la boca de la cueva, hasta hoy. 28En aquel mismo día tomó Josué a Maceda, y la puso a cuchillo, y mató a su rey; a ellos y a todo lo que en ella tenía vida, sin quedar nada: mas al rey de Maceda hizo como había hecho al rey de Jericó. 29Y de Maceda pasó Josué, y todo Israel con él, a Libna; y peleó contra Libna: 30Y Jehová la entregó también a ella, y a su rey, en manos de Israel; y metióla a filo de espada, con todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada: mas a su rey hizo de la manera que había hecho al rey de Jericó. 31Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Lachîs, y puso campo contra ella, y combatióla: 32Y Jehová entregó a Lachîs en mano de Israel, y tomóla al día siguiente, y metióla a cuchillo, con todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Libna. 33Entonces Horam, rey de Gezer, subió en ayuda de Lachîs; mas a él y a su pueblo hirió Josué, hasta no quedar ninguno de ellos. 34De Lachîs pasó Josué, y todo Israel con él, a Eglón: y pusieron campo contra ella, y combatiéronla: 35Y la tomaron el mismo día, y metiéronla a cuchillo; y aquel día mató a todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Lachîs. 36Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y combatiéronla; 37Y tomándola, la metieron a cuchillo, a su rey y a todas sus ciudades, con todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada: como habían hecho a Eglón, así la destruyeron con todo lo que en ella había vivo. 38Y volviéndose Josué, y todo Israel con él, sobre Debir, combatióla; 39Y tomóla, y a su rey, y a todas sus villas; y metiéronlos a cuchillo, y destruyeron todo lo que allí dentro había vivo, sin quedar nada: como había hecho a Hebrón, así hizo a Debir y a su rey; y como había hecho a Libna y a su rey. 40Hirió pues Josué toda la región de las montañas, y del mediodía, y de los llanos, y de las cuestas, y a todos sus reyes, sin quedar nada; todo lo que tenía vida mató, al modo que Jehová Dios de Israel lo había mandado. 41E hiriólos Josué desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra de Gosén hasta Gabaón. 42Todos estos reyes y sus tierras tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel. 43Y tornóse Josué, y todo Israel con él, al campo en Gilgal.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmos 140-141 (cap. 140)

1Líbrame, oh Jehová, de hombre malo: guárdame de hombre violento; 2Los cuales maquinan males en el corazón, cada día urden contiendas. 3Aguzaron su lengua como la serpiente; veneno de áspid hay debajo de sus labios. (Selah.) 4Guárdame, oh Jehová, de manos del impío, presérvame del hombre injurioso; que han pensado de trastornar mis pasos. 5Hanme escondido lazo y cuerdas los soberbios; han tendido red junto a la senda; me han puesto lazos. (Selah.) 6He dicho a Jehová: Dios mío eres tú; escucha, oh Jehová, la voz de mis ruegos. 7Jehová Señor, fortaleza de mi salud, tú pusiste a cubierto mi cabeza el día de las armas. 8No des, oh Jehová, al impío sus deseos; no saques adelante su pensamiento, que no se ensoberbezca. (Selah.) 9En cuanto a los que por todas partes me rodean, la maldad de sus propios labios cubrirá su cabeza. 10Caerán sobre ellos brasas; Dios los hará caer en el fuego, en profundos hoyos de donde no salgan. 11El hombre deslenguado no será firme en la tierra: el mal cazará al hombre injusto para derribarle. 12Yo sé que hará Jehová el juicio del afligido, el juicio de los menesterosos. 13Ciertamente los justos alabarán tu nombre; los rectos morarán en tu presencia.
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Salmos 140-141 (cap. 141)

1Jehová, a ti he clamado: apresúrate a mí; escucha mi voz, cuando te invocare. 2Sea enderezada mi oración delante de ti como un perfume, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde. 3Pon, oh Jehová, guarda a mi boca: guarda la puerta de mis labios. 4No dejes se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías con los que obran iniquidad, y no coma yo de sus deleites. 5Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza: así que aun mi oración tendrán en sus calamidades. 6Serán derribados en lugares peñascosos sus jueces, y oirán mis palabras, que son suaves. 7Como quien hiende y rompe la tierra, son esparcidos nuestros huesos a la boca de la sepultura. 8Por tanto a ti, oh Jehová Señor, miran mis ojos: en ti he confiado, no desampares mi alma. 9Guárdame de los lazos que me han tendido, y de los armadijos de los que obran iniquidad. 10Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo pasaré adelante.
Lectura 3 de 4 · Personal

Jeremías 4

1Si te has de convertir, oh Israel, dice Jehová, conviértete a mí; y si quitares de delante de mí tus abominaciones, no andarás de acá para allá. 2Y jurarás, diciendo, Vive Jehová, con verdad, con juicio, y con justicia: y bendecirse han en él las gentes, y en él se gloriarán. 3Porque así dice Jehová a todo varón de Judá y de Jerusalem: Haced barbecho para vosotros, y no sembréis sobre espinas. 4Circuncidaos a Jehová, y quitad los prepucios de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalem; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien apague, por la malicia de vuestras obras. 5Denunciad en Judá, y haced oir en Jerusalem, y decid: Sonad trompeta en la tierra. Pregonad, juntad, y decid: Reuníos, y entrémonos en las ciudades fuertes. 6Alzad bandera en Sion, juntaos, no os detengáis; porque yo hago venir mal del aquilón, y quebrantamiento grande. 7El león sube de su guarida, y el destruidor de gentes ha partido; salido ha de su asiento para poner tu tierra en soledad; tus ciudades serán asoladas, y sin morador. 8Por esto vestíos de saco, endechad y aullad; porque la ira de Jehová no se ha apartado de nosotros. 9Y será en aquel día, dice Jehová, que desfallecerá el corazón del rey, y el corazón de los príncipes, y los sacerdotes estarán atónitos, y se maravillarán los profetas. 10Y dije: ¡Ay, ay, Jehová Dios! verdaderamente en gran manera has engañado a este pueblo y a Jerusalem, diciendo, Paz tendréis; pues que el cuchillo ha venido hasta el alma. 11En aquel tiempo se dirá de este pueblo y de Jerusalem: Viento seco de las alturas del desierto vino a la hija de mi pueblo, no para aventar, ni para limpiar. 12Viento más vehemente que estos vendrá a mí: y ahora yo hablaré juicios con ellos. 13He aquí que subirá como nube, y su carro como torbellino: más ligeros con sus caballos que las águilas. ¡Ay de nosotros, porque dados somos a saco! 14Lava de la malicia tu corazón, oh Jerusalem, para que seas salva. ¿Hasta cuándo dejarás estar en medio de ti los pensamientos de iniquidad? 15Porque la voz se oye del que trae las nuevas desde Dan, y del que hace oir la calamidad desde el monte de Ephraim. 16Decid a las gentes; he aquí, haced oir sobre Jerusalem: Guardas vienen de tierra lejana, y darán su voz sobre las ciudades de Judá. 17Como las guardas de las heredades, estuvieron sobre ella en derredor, porque se rebeló contra mí, dice Jehová. 18Tu camino y tus obras te hicieron esto, esta tu maldad: por lo cual amargura penetrará hasta tu corazón. 19¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las telas de mi corazón: mi corazón ruge dentro de mí; no callaré; porque voz de trompeta has oído, oh alma mía, pregón de guerra. 20Quebrantamiento sobre quebrantamiento es llamado; porque toda la tierra es destruída: en un punto son destruídas mis tiendas, en un momento mis cortinas. 21¿Hasta cuándo tengo de ver bandera, tengo de oir voz de trompeta? 22Porque mi pueblo es necio; no me conocieron los hijos ignorantes y los no entendidos; sabios para mal hacer, y para bien hacer no supieron. 23Miré la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y los cielos, y no había en ellos luz. 24Miré los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruídos. 25Miré, y no parecía hombre, y todas las aves del cielo se habían ido. 26Miré, y he aquí el Carmelo desierto, y todas sus ciudades eran asoladas a la presencia de Jehová, a la presencia del furor de su ira. 27Porque así dijo Jehová: Toda la tierra será asolada; mas no haré consumación. 28Por esto se enlutará la tierra, y los cielos arriba se oscurecerán, porque hablé, pensé, y no me arrepentí, ni me tornaré de ello. 29Del estruendo de la gente de a caballo y de los flecheros huyó toda la ciudad; entráronse en las espesuras de los bosques, y subiéronse en peñascos; todas las ciudades fueron desamparadas, y no quedó en ellas morador alguno. 30Y tú, destruída, ¿qué harás? Bien que te vistas de grana, aunque te adornes con atavíos de oro, aunque pintes con antimonio tus ojos, en vano te engalanas; menospreciáronte los amadores, buscarán tu alma. 31Porque voz oí como de mujer que está de parto, angustia como de primeriza; voz de la hija de Sion que lamenta y extiende sus manos, diciendo: ¡Ay ahora de mí! que mi alma desmaya a causa de los matadores.
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Mateo 18

1En aquel tiempo se llegaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? 2Y llamando Jesús a un niño, le puso en medio de ellos, 3Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4Así que, cualquiera que se humillare como este niño, este es el mayor en el reino de los cielos. 5Y cualquiera que recibiere a un tal niño en mi nombre, a mí recibe. 6Y cualquiera que escandalizare a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en el profundo de la mar. 7¡Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan escándalos; mas ¡ay de aquel hombre por el cual viene el escándalo! 8Por tanto, si tu mano o tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo y échalo de ti: mejor te es entrar cojo o manco en la vida, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. 9Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno del fuego. 10Mirad no tengáis en poco a alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos. 11Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. 12¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, a buscar la que se había descarriado? 13Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquella, que de las noventa y nueve que no se descarriaron. 14Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. 15Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado a tu hermano. 16Mas si no te oyere, toma aún contigo uno o dos, para que en boca de dos o de tres testigos conste toda palabra. 17Y si no oyere a ellos, dilo a la iglesia: y si no oyere a la iglesia, tenle por étnico y publicano. 18De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo. 19Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos. 21Entonces Pedro, llegándose a él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? 22Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete. 23Por lo cual, el reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 25Mas a este, no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y a su mujer e hijos, con todo lo que tenía, y que se le pagase. 26Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27El señor, movido a misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda. 28Y saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes. 29Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 30Mas él no quiso; sino fue, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda. 31Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, declararon a su señor todo lo que había pasado. 32Entonces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste: 33¿No te convenía también a ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti? 34Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a su hermano sus ofensas.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Josué 10 · Salmos 140-141
Personales
Jeremías 4 · Mateo 18