Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 18
1Y oyó Jethro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés, y con Israel su pueblo, y cómo Jehová había sacado a Israel de Egipto: 2Y tomó Jethro, suegro de Moisés, a Séphora la mujer de Moisés, después que él la envió, 3Y a sus dos hijos; el uno se llamaba Gersom, porque dijo, Peregrino he sido en tierra ajena; 4Y el otro se llamaba Eliezer, porque dijo, El Dios de mi padre me ayudó, y me libró del cuchillo de Faraón. 5Y Jethro, el suegro de Moisés, con sus hijos y su mujer, llegó a Moisés en el desierto, donde tenía el campo junto al monte de Dios; 6Y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jethro vengo a ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella. 7Y Moisés salió a recibir a su suegro, e inclinóse, y besólo: y preguntáronse el uno al otro cómo estaban, y vinieron a la tienda. 8Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho a Faraón y a los Egipcios por amor de Israel, y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová. 9Y alegróse Jethro de todo el bien que Jehová había hecho a Israel, que lo había librado de mano de los Egipcios. 10Y Jethro dijo: Bendito sea Jehová, que os libró de mano de los Egipcios, y de la mano de Faraón, y que libró al pueblo de la mano de los Egipcios. 11Ahora conozco que Jehová es grande más que todos los dioses; hasta en lo que se ensoberbecieron contra ellos. 12Y tomó Jethro, suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios: y vino Aarón y todos los ancianos de Israel a comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios. 13Y aconteció que otro día se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. 14Y viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde? 15Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios: 16Cuando tienen negocios, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes. 17Entonces el suegro de Moisés le dijo: No haces bien: 18Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el negocio es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. 19Oye ahora mi voz, yo te aconsejaré, y Dios será contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los negocios a Dios. 20Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde anden, y lo que han de hacer. 21Además inquiere tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y constituirás a estos sobre ellos caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta y sobre diez. 22Los cuales juzgarán al pueblo en todo tiempo; y será que todo negocio grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo negocio pequeño: alivia así la carga de sobre ti, y llevarla han ellos contigo. 23Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás persistir, y todo este pueblo se irá también en paz a su lugar. 24Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo. 25Y escogió Moisés varones de virtud de todo Israel, y púsolos por cabezas sobre el pueblo, caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez; 26Y juzgaban al pueblo en todo tiempo: el negocio arduo traíanlo a Moisés, y ellos juzgaban todo negocio pequeño. 27Y despidió Moisés a su suegro, y fuése a su tierra.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 21
1Y mirando, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio. 2Y vio también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos blancas. 3Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos: 4Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas esta de su pobreza echó todo el sustento que tenía. 5Y a unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo: 6Estas cosas que veis, días vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruída. 7Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas hayan de comenzar a ser hechas? 8El entonces dijo: Mirad, no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y, El tiempo está cerca: por tanto, no vayáis en pos de ellos. 9Empero cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero: mas no luego será el fin. 10Entonces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino; 11Y habrá grandes terremotos, y en varios lugares hambres y pestilencias: y habrá espantos y grandes señales del cielo. 12Mas antes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, siendo llevados a los reyes y a los gobernadores por causa de mi nombre. 13Y os será para testimonio. 14Poned pues en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder: 15Porque yo os daré boca y sabiduría, a la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opondrán. 16Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros. 17Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. 18Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá. 19En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas. 20Y cuando viereis a Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21Entonces los que estuvieren en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22Porque estos son días de venganza: para que se cumplan todas las cosas que están escritas. 23Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días! porque habrá apuro grande sobre la tierra e ira en este pueblo. 24Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones: y Jerusalem será hollada de las gentes, hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos. 25Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas: 26Secándose los hombres a causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán a la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas. 27Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande. 28Y cuando estas cosas comenzaren a hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca. 29Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles: 30Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca. 31Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios. 32De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo sea hecho. 33El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán. 34Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. 35Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. 36Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre. 37Y enseñaba de día en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas. 38Y todo el pueblo venía a él por la mañana, para oirle en el templo.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 36
1Y añadió Eliú, y dijo: 2Espérame un poco, y enseñarte he; porque todavía tengo razones en orden a Dios. 3Tomaré mi noticia de lejos, y atribuiré justicia a mi Hacedor. 4Porque de cierto no son mentira mis palabras; contigo está el que es íntegro en sus conceptos. 5He aquí que Dios es grande, mas no desestima a nadie: es poderoso en fuerza de sabiduría. 6No otorgará vida al impío, y a los afligidos dará su derecho. 7No quitará sus ojos del justo; antes bien con los reyes los pondrá en solio para siempre, y serán ensalzados. 8Y si estuvieren prendidos en grillos, y aprisionados en las cuerdas de aflicción, 9El les dará a conocer la obra de ellos, y que prevalecieron sus rebeliones. 10Despierta además el oído de ellos para la corrección, y díce les que se conviertan de la iniquidad. 11Si oyeren, y le sirvieren, acabarán sus días en bien, y sus años en deleites. 12Mas si no oyeren, serán pasados a cuchillo, y perecerán sin sabiduría. 13Empero los hipócritas de corazón lo irritarán más, y no clamarán cuando él los atare. 14Fallecerá el alma de ellos en su mocedad, y su vida entre los sodomitas. 15Al pobre librará de su pobreza, y en la aflicción despertará su oído. 16Asimismo te apartaría de la boca de la angustia a lugar espacioso, libre de todo apuro; y te asentará mesa llena de grosura. 17Mas tú has llenado el juicio del impío, en vez de sustentar el juicio y la justicia. 18Por lo cual teme que en su ira no te quite con golpe, el cual no puedas apartar de ti con gran rescate. 19¿Hará él estima de tus riquezas, ni del oro, ni de todas las fuerzas del poder? 20No anheles la noche, en que desaparecen los pueblos de su lugar. 21Guárdate, no tornes a la iniquidad; pues esta escogiste más bien que la aflicción. 22He aquí que Dios es excelso con su potencia: ¿qué enseñador semejante a él? 23¿Quién le ha prescrito su camino? ¿y quién le dirá: Iniquidad has hecho? 24Acuérdate de engrandecer su obra, la cual contemplan los hombres. 25Los hombres todos la ven; mírala el hombre de lejos. 26He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos; ni se puede rastrear el número de sus años. 27El reduce las gotas de las aguas, al derramarse la lluvia según el vapor; 28Las cuales destilan las nubes, goteando en abundancia sobre los hombres. 29¿Quién podrá tampoco comprender la extensión de las nubes, y el sonido estrepitoso de su pabellón? 30He aquí que sobre él extiende su luz, y cobija con ella las raíces de la mar. 31Bien que por esos medios castiga a los pueblos, a la multitud da comida. 32Con las nubes encubre la luz, y mándale no brillar, interponiendo aquellas. 33Tocante a ella anunciará el trueno, su compañero, que hay acumulación de ira sobre el que se eleva.
Lectura 4 de 4 · Personal
2 Corintios 6
1Y así nosotros, como ayudadores juntamente con él, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios, 2(Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salud te he socorrido: he aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salud:) 3No dando a nadie ningún escándalo, porque el ministerio nuestro no sea vituperado: 4Antes habiéndonos en todas cosas como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; 5En azotes, en cárceles, en alborotos, en trabajos, en vigilias, en ayunos; 6En castidad, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en Espíritu Santo, en amor no fingido; 7En palabra de verdad, en potencia de Dios, en armas de justicia a diestro y a siniestro; 8Por honra y por deshonra, por infamia y por buena fama; como engañadores, mas hombres de verdad; 9Como ignorados, mas conocidos; como muriendo, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; 10Como doloridos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo. 11Nuestra boca está abierta a vosotros, oh Corintios: nuestro corazón es ensanchado. 12No estáis estrechos en nosotros, mas estáis estrechos en vuestras propias entrañas. 13Pues, para corresponder al propio modo (como a hijos hablo), ensanchaos también vosotros. 14No os juntéis en yugo con los infieles: porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas? 15¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿o qué parte el fiel con el infiel? 16¿Y qué concierto el templo de Dios con los ídolos? porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo. 17Por lo cual salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, 18Y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 18 · Lucas 21
Personales
Job 36 · 2 Corintios 6