Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 19
1Al mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en aquel día vinieron al desierto de Sinaí. 2Porque partieron de Rephidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y asentaron en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte. 3Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y denunciarás a los hijos de Israel: 4Vosotros visteis lo que hice a los Egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. 5Ahora pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 6Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. 7Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y propuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. 8Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho haremos. Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová. 9Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre. Y Moisés denunció las palabras del pueblo a Jehová. 10Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y laven sus vestidos; 11Y estén apercibidos para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá, a ojos de todo el pueblo, sobre el monte de Sinaí. 12Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis a su término: cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá: 13No le tocará mano, mas será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá. En habiendo sonado largamente la bocina, subirán al monte. 14Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos. 15Y dijo al pueblo: Estad apercibidos para el tercer día; no lleguéis a mujer. 16Y aconteció al tercer día cuando vino la mañana, que vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y estremecióse todo el pueblo que estaba en el real. 17Y Moisés sacó del real al pueblo a recibir a Dios; y pusiéronse a lo bajo del monte. 18Y todo el monte de Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego: y el humo de él subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremeció en gran manera. 19Y el sonido de la bocina iba esforzándose en extremo: Moisés hablaba, y Dios le respondía en voz. 20Y descendió Jehová sobre el monte de Sinaí, sobre la cumbre del monte: y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió. 21Y Jehová dijo a Moisés: Desciende, requiere al pueblo que no traspasen el término por ver a Jehová, porque caerá multitud de ellos. 22Y también los sacerdotes que se llegan a Jehová, se santifiquen, porque Jehová no haga en ellos estrago. 23Y Moisés dijo a Jehová: El pueblo no podrá subir al monte de Sinaí, porque tú nos has requerido diciendo: Señala términos al monte, y santifícalo. 24Y Jehová le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo: mas los sacerdotes y el pueblo no traspasen el término por subir a Jehová, porque no haga en ellos estrago. 25Entonces Moisés descendió al pueblo, y habló con ellos.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 22
1Y estaba cerca el día de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua. 2Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarían; mas tenían miedo del pueblo. 3Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce; 4Y fue, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaría. 5Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero. 6Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle a ellos sin bulla. 7Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua. 8Y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos. 9Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos? 10Y él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare, 11Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos? 12Entonces él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí. 13Fueron pues, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua. 14Y como fue hora, sentóse a la mesa, y con él los apóstoles. 15Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca; 16Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios. 17Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros; 18Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. 19Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí. 20Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. 21Con todo eso, he aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa. 22Y a la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; empero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado! 23Ellos entonces comenzaron a preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto. 24Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor. 25Entonces él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores: 26Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve. 27Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve. 28Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones: 29Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó a mí, 30Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel. 31Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como a trigo; 32Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 33Y él le dijo: Señor, pronto estoy a ir contigo aun a cárcel y a muerte. 34Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces. 35Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. 36Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada. 37Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fue contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene. 38Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta. 39Y saliendo, se fue, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. 40Y como llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. 41Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, 42Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43Y le apareció un ángel del cielo confortándole. 44Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. 45Y como se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza; 46Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación. 47Estando él aún hablando, he aquí una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse a Jesús para besarlo. 48Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre? 49Y viendo los que estaban con él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos a cuchillo? 50Y uno de ellos hirió a un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha. 51Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó. 52Y Jesús dijo a los que habían venido a él, los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: ¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con palos? 53Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. 54Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos. 55Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos. 56Y como una criada le vio que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y dijo: Y este con él estaba. 57Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. 58Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. 59Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también este estaba con él, porque es Galileo. 60Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó. 61Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 62Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. 63Y los hombres que tenían a Jesús, se burlaban de él hiriéndole; 64Y cubriéndole, herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza quién es el que te hirió. 65Y decían otras muchas cosas injuriándole. 66Y cuando fue de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron a su concilio, 67Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínos lo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; 68Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis: 69Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará a la diestra de la potencia de Dios. 70Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo soy. 71Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.
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Job 37
1A esto también se espanta mi corazón, y salta de su lugar. 2Oid atentamente su voz terrible, y el sonido que sale de su boca. 3Debajo de todos los cielos lo dirige, y su luz hasta los fines de la tierra. 4Después de ella bramará el sonido, tronará él con la voz de su magnificencia; y aunque sea oída su voz, no los detiene. 5Tronará Dios maravillosamente con su voz; él hace grandes cosas, que nosotros no entendemos. 6Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; también a la llovizna, y a los aguaceros de su fortaleza. 7Así hace retirarse a todo hombre, para que los hombres todos reconozcan su obra. 8La bestia se entrará en su escondrijo, y estaráse en sus moradas. 9Del mediodía viene el torbellino, y el frío de los vientos del norte. 10Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas son constreñidas. 11Regando también llega a disipar la densa nube, y con su luz esparce la niebla. 12Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor, para hacer sobre la haz del mundo, en la tierra, lo que él les mandara. 13Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, otras por misericordia las hará parecer. 14Escucha esto, Job; repósate, y considera las maravillas de Dios. 15¿Supiste tú cuándo Dios las ponía en concierto, y hacía levantar la luz de su nube? 16¿Has tú conocido las diferencias de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría? 17¿Por qué están calientes tus vestidos cuando se fija el viento del mediodía sobre la tierra? 18¿Extendiste tú con él los cielos, firmes como un espejo sólido? 19Muéstranos qué le hemos de decir; porque nosotros no podemos componer las ideas a causa de las tinieblas. 20¿Será preciso contarle cuando yo hablaré? Por más que el hombre razone, quedará como abismado. 21He aquí aún: no se puede mirar la luz esplendente en los cielos, luego que pasa el viento y los limpia, 22Viniendo de la parte del norte la dorada claridad. En Dios hay una majestad terrible. 23El es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en potencia; y en juicio y en multitud de justicia no afligirá. 24Temerlo han por tanto los hombres: él no mira a los sabios de corazón.
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2 Corintios 7
1Así que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios. 2Admitidnos: a nadie hemos injuriado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado. 3No para condenar os lo digo; que ya he dicho antes que estáis en nuestros corazones, para morir y para vivir juntamente. 4Mucha confianza tengo de vosotros, tengo de vosotros mucha gloria; lleno estoy de consolación, sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones. 5Porque aun cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestra carne; antes, en todo fuimos atribulados: de fuera, cuestiones; de dentro, temores. 6Mas Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito: 7Y no solo con su venida, sino también con la consolación con que él fue consolado acerca de vosotros, haciéndonos saber vuestro deseo grande, vuestro lloro, vuestro celo por mí, para que así me gozase más. 8Porque aunque os contristé por la carta, no me arrepiento, bien que me arrepentí; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo os contristó, 9Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. 10Porque el dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable, de que no hay que arrepentirse; mas el dolor del siglo obra muerte. 11Porque he aquí, esto mismo que según Dios fuisteis contristados, cuánta solicitud ha obrado en vosotros, y aun defensa, y aun enojo, y aun temor, y aun gran deseo, y aun celo, y aun vindicación. En todo os habéis mostrado limpios en el negocio. 12Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que hizo la injuria, ni por causa del que la padeció, mas para que os fuese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios. 13Por tanto, tomamos consolación de vuestra consolación: empero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido recreado su espíritu de todos vosotros. 14Pues si algo me he gloriado para con él de vosotros, no he sido avergonzado; antes, como todo lo que habíamos dicho de vosotros era con verdad, así también nuestra gloria delante de Tito fue hallada verdadera. 15Y sus entrañas son más abundantes para con vosotros, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis con temor y temblor. 16Me gozo de que en todo estoy confiado de vosotros.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 19 · Lucas 22
Personales
Job 37 · 2 Corintios 7