Lectura 1 de 4 · En familia
Números 15
1Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra de vuestras habitaciones, que yo os doy, 3E hiciereis ofrenda encendida a Jehová, holocausto, o sacrificio, por especial voto, o de vuestra voluntad, o para hacer en vuestras solemnidades olor suave a Jehová, de vacas o de ovejas; 4Entonces el que ofreciere su ofrenda a Jehová, traerá por presente una décima de un epha de flor de harina, amasada con la cuarta parte de un hin de aceite; 5Y de vino para la libación ofrecerás la cuarta parte de un hin, además del holocausto o del sacrificio, por cada un cordero. 6Y por cada carnero harás presente de dos décimas de flor de harina, amasada con el tercio de un hin de aceite: 7Y de vino para la libación ofrecerás el tercio de un hin, en olor suave a Jehová. 8Y cuando ofreciereis novillo en holocausto o sacrificio, por especial voto, o de paces a Jehová, 9Ofrecerás con el novillo un presente de tres décimas de flor de harina, amasada con la mitad de un hin de aceite: 10Y de vino para la libación ofrecerás la mitad de un hin, en ofrenda encendida de olor suave a Jehová. 11Así se hará con cada un buey, o carnero, o cordero, lo mismo de ovejas que de cabras. 12Conforme al número así haréis con cada uno según el número de ellos. 13Todo natural hará estas cosas así, para ofrecer ofrenda encendida de olor suave a Jehová. 14Y cuando habitare con vosotros extranjero, o cualquiera que estuviere entre vosotros por vuestras edades, si hiciere ofrenda encendida de olor suave a Jehová, como vosotros hiciereis, así hará él. 15Un mismo estatuto tendréis, vosotros de la congregación y el extranjero que con vosotros mora; estatuto que será perpetuo por vuestras edades: como vosotros, así será el peregrino delante de Jehová. 16Una misma ley y un mismo derecho tendréis, vosotros y el peregrino que con vosotros mora. 17Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 18Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra a la cual yo os llevo, 19Será que cuando comenzareis a comer del pan de la tierra, ofreceréis ofrenda a Jehová. 20De lo primero que amasareis, ofreceréis una torta en ofrenda; como la ofrenda de la era, así la ofreceréis. 21De las primicias de vuestras masas daréis a Jehová ofrenda por vuestras generaciones. 22Y cuando errareis, y no hiciereis todos estos mandamientos que Jehová ha dicho a Moisés, 23Todas las cosas que Jehová os ha mandado por la mano de Moisés, desde el día que Jehová lo mandó, y en adelante por vuestras edades, 24Será que, si el pecado fue hecho por yerro con ignorancia de la congregación, toda la congregación ofrecerá un novillo por holocausto, en olor suave a Jehová, con su presente y su libación, conforme a la ley; y un macho cabrío en expiación. 25Y el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel; y les será perdonado, porque yerro es: y ellos traerán sus ofrendas, ofrenda encendida a Jehová, y sus expiaciones delante de Jehová, por sus yerros: 26Y será perdonado a toda la congregación de los hijos de Israel, y al extranjero que peregrina entre ellos, por cuanto es yerro de todo el pueblo. 27Y si una persona pecare por yerro, ofrecerá una cabra de un año por expiación. 28Y el sacerdote hará expiación por la persona que habrá pecado por yerro, cuando pecare por yerro delante de Jehová, la reconciliará, y le será perdonado. 29El natural entre los hijos de Israel, y el peregrino que habitare entre ellos, una misma ley tendréis para el que hiciere algo por yerro. 30Mas la persona que hiciere algo con altiva mano, así el natural como el extranjero, a Jehová injurió; y la tal persona será cortada de en medio de su pueblo. 31Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehová, y dio por nulo su mandamiento, enteramente será cortada la tal persona: su iniquidad será sobre ella. 32Y estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron un hombre que recogía leña en día de sábado. 33Y los que le hallaron recogiendo leña trajéronle a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación: 34Y pusiéronlo en la cárcel, por que no estaba declarado qué le habían de hacer. 35Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo con piedras toda la congregación fuera del campo. 36Entonces lo sacó la congregación fuera del campo, y apedreáronlo con piedras, y murió; como Jehová mandó a Moisés. 37Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 38Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan pezuelos (franjas) en los remates de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada pezuelo de los remates un cordón de cárdeno: 39Y serviros ha de pezuelo, para que cuando lo viereis, os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales fornicáis: 40Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios. 41Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios: Yo Jehová vuestro Dios.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 50
1El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, y convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. 2De Sion, perfección de hermosura, ha Dios resplandecido. 3Vendrá nuestro Dios, y no callará: fuego consumirá delante de él, y en derredor suyo habrá tempestad grande. 4Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo. 5Juntadme mis santos; los que hicieron conmigo pacto con sacrificio. 6Y denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es el juez. (Selah.) 7Oye, pueblo mío, y hablaré: escucha, Israel, y testificaré contra ti: yo soy Dios, el Dios tuyo. 8No te reprenderé sobre tus sacrificios, ni por tus holocaustos, que delante de mí están siempre. 9No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos. 10Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. 11Conozco todas las aves de los montes, y en mi poder están las fieras del campo. 12Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti: porque mío es el mundo y su plenitud. 13¿Tengo de comer yo carne de toros, o de beber sangre de machos cabríos? 14Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo. 15E invócame en el día de la angustia: te libraré, y tú me honrarás. 16Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que enarrar mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca, 17Pues que tú aborreces el castigo, y echas a tu espalda mis palabras? 18Si veías al ladrón, tú corrías con él; y con los adúlteros era tu parte. 19Tu boca metías en mal, y tu lengua componía engaño. 20Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponías infamia. 21Estas cosas hiciste, y yo he callado: pensabas que de cierto sería yo como tú: yo te argüiré, y pondré las delante de tus ojos. 22Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios; no sea que arrebate, sin que nadie libre. 23El que sacrifica alabanza me honrará: y al que ordenare su camino, le mostraré la salud de Dios.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 5
1Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en un recuesto, lugar fértil. 2Habíala cercado, y despedregádola, y plantádola de vides escogidas: había edificado en medio de ella una torre, y también asentado un lagar en ella: y esperaba que llevase uvas, y llevó uvas silvestres. 3Ahora pues, vecinos de Jerusalem y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. 4¿Qué más se había de hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que llevase uvas, ha llevado uvas silvestres? 5Os mostraré pues ahora lo que haré yo a mi viña: Quitaréle su vallado, y será para ser consumida; aportillaré su cerca, y será para ser hollada; 6Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerá el cardo y las espinas: y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. 7Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta suya deleitosa. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor. 8¡Ay de los que juntan casa con casa, y allegan heredad a heredad hasta acabar el término! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra? 9Ha llegado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas. 10Y diez huebras de viña producirán un zaque, y treinta modios de simiente darán tres modios. 11¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez; que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende! 12Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas, y vino; y no miran la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos. 13Por tanto mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo ciencia: y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed. 14Por eso ensanchó su interior el sepulcro, y sin medida extendió su boca; y allá descenderá la gloria de ellos, y su multitud, y su fausto, y el que en él se holgaba. 15Y el hombre será humillado, y el varón será abatido, y bajados serán los ojos de los altivos. 16Mas Jehová de los ejércitos será ensalzado en juicio, y el Dios Santo será santificado con justicia. 17Y los corderos serán apacentados según su costumbre; y extraños comerán las gruesas desamparadas. 18¡Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado como con coyundas de carreta, 19Los cuales dicen: Venga ya, apresúrese su obra, y veamos: acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos! 20¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! 21¡Ay de los sabios en sus ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos! 22¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida; 23Los que dan por justo al impío por cohechos, y al justo quitan su justicia! 24Por tanto, como la lengua del fuego consume las aristas, y la llama devora la paja, así será su raíz como pudrimiento, y su flor se desvanecerá como polvo: porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel. 25Por esta causa se encendió el furor de Jehová contra su pueblo, y extendió contra él su mano, e hirióle; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, antes está su mano todavía extendida. 26Y alzará pendón a gentes de lejos, y silbará al que está en el cabo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente. 27No habrá entre ellos cansado, ni que vacile; ninguno se dormirá ni le tomará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus zapatos. 28Sus saetas amoladas, y todos sus arcos entesados; las uñas de sus caballos parecerán como de pedernal, y las ruedas de sus carros como torbellino. 29Su bramido como de león; rugirá a manera de leoncillos, rechinará los dientes, y arrebatará la presa; la apañara, y nadie se la quitará. 30Y bramará sobre él en aquel día como bramido de la mar: entonces mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de tribulación, y en sus cielos se oscurecerá la luz.
Lectura 4 de 4 · Personal
Hebreos 12
1Por tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta, 2Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse a la diestra del trono de Dios. 3Reducid pues a vuestro pensamiento a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando. 4Que aun no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado: 5Y estáis ya olvidados de la exhortación que como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de él reprendido. 6Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo. 7Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no castiga? 8Mas si estáis fuera del castigo, del cual todos han sido hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos. 9Por otra parte, tuvimos por castigadores a los padres de nuestra carne, y los reverenciábamos, ¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10Y aquellos, a la verdad, por pocos días nos castigaban como a ellos les parecía, mas este para lo que nos es provechoso, para que recibamos su santificación. 11Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia a los que en él son ejercitados. 12Por lo cual alzad las manos caídas y las rodillas paralizadas; 13Y haced derechos pasos a vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera de camino, antes sea sanado. 14Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor: 15Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os impida, y por ella muchos sean contaminados; 16Que ninguno sea fornicario, o profano, como Esaú, que por una vianda vendió su primogenitura. 17Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue reprobado (que no halló lugar de arrepentimiento), aunque la procuró con lágrimas. 18Porque no os habéis llegado al monte que se podía tocar, y al fuego encendido, y al turbión, y a la oscuridad, y a la tempestad, 19Y al sonido de la trompeta, y a la voz de las palabras, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más; 20Porque no podían tolerar lo que se mandaba: Si bestia tocare al monte, será apedreada, o pasada con dardo. 21Y tan terrible cosa era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy asombrado y temblando. 22Mas os habéis llegado al monte de Sion, y a la ciudad del Dios vivo, Jerusalem la celestial, y a la compañía de muchos millares de ángeles, 23Y a la congregación de los primogénitos que están alistados en los cielos, y a Dios el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos, 24Y a Jesús el Mediador del nuevo testamento, y a la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel. 25Mirad que no desechéis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que habla de los cielos. 26La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo. 27Y esta palabra, Aun una vez, declara la mudanza de las cosas movibles, como de cosas hechas, para que queden las cosas que son firmes. 28Así que, tomando el reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; 29Porque nuestro Dios es fuego consumidor.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Números 15 · Salmo 50
Personales
Isaías 5 · Hebreos 12