Lectura 1 de 4 · En familia
Números 16
1Y Coré, hijo de Ishar, hijo de Coath, hijo de Leví; y Dathán y Abiram, hijos de Eliab; y Hon, hijo de Peleth, de los hijos de Rubén, tomaron gente, 2Y levantáronse contra Moisés con doscientos y cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de nombre; 3Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: Básteos, porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová: ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová? 4Y como lo oyó Moisés, echóse sobre su rostro; 5Y habló a Coré y a todo su séquito, diciendo: Mañana mostrará Jehová quién es suyo, y al santo harálo llegar a sí; y al que él escogiere, él lo allegará a sí. 6Haced esto: tomaos incensarios, Coré y todo su séquito: 7Y poned fuego en ellos, y poned en ellos sahumerio delante de Jehová mañana; y será que el varón a quien Jehová escogiere, aquel será el santo: básteos esto, hijos de Leví. 8Dijo más Moisés a Coré: Oid ahora, hijos de Leví: 9¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, haciéndoos allegar a sí para que ministraseis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estuvieseis delante de la congregación para ministrarles? 10¿Y que te hizo acercar a ti, y a todos tus hermanos los hijos de Leví contigo; para que procuréis también el sacerdocio? 11Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra Jehová: pues Aarón, ¿qué es para que contra él murmuréis? 12Y envió Moisés a llamar a Dathán y Abiram, hijos de Eliab; mas ellos respondieron: No iremos allá: 13¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente? 14Ni tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y viñas: ¿has de arrancar los ojos de estos hombres? No subiremos. 15Entonces Moisés se enojó en gran manera, y dijo a Jehová: No mires a su presente: ni aun un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho mal. 16Después dijo Moisés a Coré: Tú y todo tu séquito, poneos mañana delante de Jehová; tú, y ellos, y Aarón: 17Y tomad cada uno su incensario, y poned sahumerio en ellos, y allegad delante de Jehová cada uno su incensario: doscientos y cincuenta incensarios: tú también, y Aarón, cada uno con su incensario. 18Y tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, y echaron en ellos sahumerio, y pusiéronse a la puerta del tabernáculo del testimonio con Moisés y Aarón. 19Ya Coré había hecho juntar contra ellos toda la congregación a la puerta del tabernáculo del testimonio: entonces la gloria de Jehová apareció a toda la congregación. 20Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: 21Apartaos de entre esta congregación, y consumirlos he en un momento. 22Y ellos se echaron sobre sus rostros, y dijeron: Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un hombre el que pecó? ¿y airarte has tú contra toda la congregación? 23Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: 24Habla a la congregación, diciendo: Apartaos de en derredor de la tienda de Coré, Dathán, y Abiram. 25Y Moisés se levantó, y fue a Dathán y a Abiram; y los ancianos de Israel fueron en pos de él. 26Y él habló a la congregación, diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos impíos hombres, y no toquéis ninguna cosa suya, por que no perezcáis en todos sus pecados. 27Y apartáronse de las tiendas de Coré, de Dathán, y de Abiram en derredor: y Dathán y Abiram salieron y pusiéronse a las puertas de sus tiendas, con sus mujeres, y sus hijos, y sus chiquitos. 28Y dijo Moisés: En esto conoceréis que Jehová me ha enviado para que hiciese todas estas cosas; que no de mi corazón las hice. 29Si como mueren todos los hombres murieren estos, o si fueren ellos visitados a la manera de todos los hombres, Jehová no me envió. 30Mas si Jehová hiciere una nueva cosa, y la tierra abriere su boca, y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al abismo, entonces conoceréis que estos hombres irritaron a Jehová. 31Y aconteció, que en acabando él de hablar todas estas palabras, rompióse la tierra que estaba debajo de ellos: 32Y abrió la tierra su boca, y tragólos a ellos, y a sus casas, y a todos los hombres de Coré, y a toda su hacienda. 33Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al abismo, y cubriólos la tierra, y perecieron de en medio de la congregación. 34Y todo Israel, los que estaban en derredor de ellos, huyeron al grito de ellos; porque decían: No nos trague también la tierra. 35Y salió fuego de Jehová, y consumió los doscientos y cincuenta hombres que ofrecían el sahumerio. 36Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: 37Di a Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, que tome los incensarios de en medio del incendio, y derrame más allá el fuego; porque son santificados: 38Los incensarios de estos pecadores contra sus almas: y harán de ellos planchas extendidas para cubrir el altar: por cuanto ofrecieron con ellos delante de Jehová, son santificados; y serán por señal a los hijos de Israel. 39Y el sacerdote Eleazar tomó los incensarios de metal con que los quemados habían ofrecido; y extendiéronlos para cubrir el altar, 40En recuerdo a los hijos de Israel que ningún extraño que no sea de la simiente de Aarón, llegue a ofrecer sahumerio delante de Jehová, porque no sea como Coré, y como su séquito; según se lo dijo Jehová por mano de Moisés. 41El día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová. 42Y aconteció que, como se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo del testimonio, y he aquí la nube lo había cubierto, y apareció la gloria de Jehová. 43Y vinieron Moisés y Aarón delante del tabernáculo del testimonio. 44Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 45Apartaos de en medio de esta congregación, y consumirélos en un momento. Y ellos se echaron sobre sus rostros. 46Y dijo Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon perfume, y ve presto a la congregación, y haz expiación por ellos; porque el furor ha salido de delante de la faz de Jehová: la mortandad ha comenzado. 47Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación: y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo: y él puso perfume, e hizo expiación por el pueblo. 48Y púsose entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad. 49Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil y setecientos, sin los muertos por el negocio de Coré. 50Después se volvió Aarón a Moisés a la puerta del tabernáculo del testimonio, cuando la mortandad había cesado.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 51
1Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia: conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. 2Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. 3Porque yo reconozco mis rebeliones; y mi pecado está siempre delante de mí. 4A ti, a ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: porque seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. 5He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. 6He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. 7Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve. 8Hazme oir gozo y alegría; y se recrearán los huesos que has abatido. 9Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. 10Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí. 11No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu santo espíritu. 12Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente. 13Enseñaré a los prevaricadores tus caminos; y los pecadores se convertirán a ti. 14Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: cantará mi lengua tu justicia. 15Señor, abre mis labios; y publicará mi boca tu alabanza. 16Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; no quieres holocausto. 17Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. 18Haz bien con tu benevolencia a Sion: edifica los muros de Jerusalem. 19Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada: entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 6
1En el año que murió el rey Uzzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas henchían el templo. 2Y encima de él estaban serafines: cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria. 4Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se hinchió de humo. 5Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. 6Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas: 7Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. 8Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. 9Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oid bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. 10Engruesa el corazón de aqueste pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos; porque no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. 11Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas, y sin morador, ni hombre en las casas, y la tierra sea tornada en desierto; 12Hasta que Jehová hubiere echado lejos los hombres, y multiplicare en medio de la tierra la desamparada. 13Pues aun quedará en ella una décima parte, y volverá, bien que habrá sido asolada: como el olmo y como el alcornoque, de los cuales en la tala queda el tronco, así será el tronco de ella la simiente santa.
Lectura 4 de 4 · Personal
Hebreos 13
1Permanezca el amor fraternal. 2No olvidéis la hospitalidad, porque por esta algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. 3Acordaos de los presos, como presos juntamente con ellos; y de los afligidos, como que también vosotros mismos sois del cuerpo. 4Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas a los fornicarios y a los adúlteros juzgará Dios. 5Sean las costumbres vuestras sin avaricia; contentos de lo presente; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré. 6De tal manera que digamos confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me hará el hombre. 7Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; la fe de los cuales imitad, considerando cuál haya sido el éxito de su conducta. 8Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. 9No seáis llevados de acá para allá por doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón en la gracia, no en viandas, que nunca aprovecharon a los que anduvieron en ellas. 10Tenemos un altar, del cual no tienen facultad de comer los que sirven al tabernáculo. 11Porque los cuerpos de aquellos animales, la sangre de los cuales es metida por el pecado en el santuario por el pontífice, son quemados fuera del real. 12Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo por su propia sangre, padeció fuera de la puerta. 13Salgamos pues a él fuera del real, llevando su vituperio. 14Porque no tenemos aquí ciudad permanente, mas buscamos la por venir. 15Así que, ofrezcamos por medio de él a Dios siempre sacrificio de alabanza, es a saber, fruto de labios que confiesen a su nombre. 16Y de hacer bien y de la comunicación no os olvidéis: porque de tales sacrificios se agrada Dios. 17Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como aquellos que han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no gimiendo; porque esto no os es útil. 18Orad por nosotros: porque confiamos que tenemos buena conciencia, deseando conversar bien en todo. 19Y más os ruego que lo hagáis así, para que yo os sea más presto restituído. 20Y el Dios de paz que sacó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del testamento eterno, 21Os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén. 22Empero os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación; porque os he escrito en breve. 23Sabed que nuestro hermano Timoteo está suelto; con el cual, si viniere más presto, os iré a ver. 24Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os saludan. 25La gracia sea con todos vosotros. Amén.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Números 16 · Salmo 51
Personales
Isaías 6 · Hebreos 13