Lectura 1 de 4 · En familia

2 Crónicas 8

1Y aconteció que al cabo de veinte años que Salomón había edificado la casa de Jehová y su casa, 2Reedificó Salomón las ciudades que Hiram le había dado, y estableció en ellas a los hijos de Israel. 3Después vino Salomón a Amath de Soba, y la tomó. 4Y edificó a Tadmor en el desierto, y todas las ciudades de municiones que edificó en Hamath. 5Asimismo reedificó a Beth-oron la de arriba, y a Beth-oron la de abajo, ciudades fortificadas, de muros, puertas, y barras; 6Y a Baalath, y a todas las villas de munición que Salomón tenía; también todas las ciudades de los carros y las de la gente de a caballo; y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalem, y en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío. 7Y a todo el pueblo que había quedado de los Hetheos, Amorrheos, Pherezeos, Heveos, y Jebuseos, que no eran de Israel, 8Los hijos de los que habían quedado en la tierra después de ellos, a los cuales los hijos de Israel no destruyeron del todo, hizo Salomón tributarios hasta hoy. 9Y de los hijos de Israel no puso Salomón siervos en su obra; porque eran hombres de guerra, y sus príncipes y sus capitanes, y comandantes de sus carros, y su gente de a caballo. 10Y tenía Salomón doscientos y cincuenta principales de los gobernadores, los cuales mandaban en aquella gente. 11Y pasó Salomón a la hija de Faraón, de la ciudad de David a la casa que él le había edificado; porque dijo: Mi mujer no morará en la casa de David rey de Israel, porque aquellas habitaciones donde ha entrado el arca de Jehová, son sagradas. 12Entonces ofreció Salomón holocaustos a Jehová sobre el altar de Jehová, que había él edificado delante del pórtico, 13Para que ofreciesen cada cosa en su día, conforme al mandamiento de Moisés, en los sábados, en las nuevas lunas, y en las solemnidades, tres veces en el año, a saber, en la fiesta de los panes ázimos, en la fiesta de las semanas, y en la fiesta de las cabañas. 14Y constituyó los repartimientos de los sacerdotes en sus oficios, conforme a la ordenación de David su padre; y los Levitas por sus órdenes, para que alabasen y ministrasen delante de los sacerdotes, cada cosa en su día; asimismo los porteros por su orden a cada puerta: porque así lo había mandado David, varón de Dios. 15Y no salieron del mandamiento del rey, cuanto a los sacerdotes y Levitas, y los tesoros, y todo negocio: 16Porque toda la obra de Salomón estaba preparada desde el día en que la casa de Jehová fue fundada hasta que se acabó, hasta que la casa de Jehová fue acabada del todo. 17Entonces Salomón fue a Esion-geber, y a Eloth, a la costa de la mar en la tierra de Edom. 18Porque Hiram le había enviado navíos por mano de sus siervos, y marineros diestros en la mar, los cuales fueron con los siervos de Salomón a Ophir, y tomaron de allá cuatrocientos y cincuenta talentos de oro, y los trajeron al rey Salomón.
Lectura 2 de 4 · En familia

3 Juan

1El anciano al muy amado Gaio, al cual yo amo en verdad. 2Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad. 3Ciertamente me gocé mucho cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, así como tú andas en la verdad. 4No tengo yo mayor gozo que este, el oir que mis hijos andan en la verdad. 5Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los hermanos, y con los extranjeros, 6Los cuales han dado testimonio de tu amor en presencia de la iglesia: a los cuales si ayudares como conviene según Dios, harás bien. 7Porque ellos partieron por amor de su nombre, no tomando nada de los Gentiles. 8Nosotros, pues, debemos recibir a los tales, para que seamos cooperadores a la verdad. 9Yo he escrito a la iglesia: mas Diótrefes, que ama tener el primado entre ellos, no nos recibe. 10Por esta causa, si yo viniere, recordaré las obras que hace parlando con palabras maliciosas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y prohibe a los que los quieren recibir, y los echa de la iglesia. 11Amado, no sigas lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace bien es de Dios: mas el que hace mal, no ha visto a Dios. 12Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la misma verdad: y también nosotros damos testimonio; y vosotros habéis conocido que nuestro testimonio es verdadero. 13Yo tenía muchas cosas que escribirte; empero no quiero escribirte por tinta y pluma: 14Porque espero verte en breve, y hablaremos boca a boca. Paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos por nombre.
Lectura 3 de 4 · Personal

Habacuc 3

1Oración de Habacuc profeta, sobre Sigionoth. 2Oh Jehová, oído he tu palabra, y temí: oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia. 3Dios vendrá de Temán, y el Santo del monte de Parán. (Selah.) Su gloria cubrió los cielos, y la tierra se llenó de su alabanza. 4Y el resplandor fue como la luz; rayos brillantes salían de su mano; y allí estaba escondida su fortaleza. 5Delante de su rostro iba mortandad, y a sus pies salían carbones encendidos. 6Paróse, y midió la tierra: miró, e hizo temblar las gentes; y los montes antiguos fueron desmenuzados, los collados antiguos se humillaron a él. Sus caminos son eternos. 7He visto las tiendas de Cushán en aflicción; las tiendas de la tierra de Madián temblaron. 8¿Airóse Jehová contra los ríos? ¿contra los ríos fue tu enojo? ¿tu ira contra la mar, cuando subiste sobre tus caballos, y sobre tus carros de salud? 9Descubrióse enteramente tu arco, los juramentos a las tribus, palabra segura. (Selah.) Hendiste la tierra con ríos. 10Viéronte, y tuvieron temor los montes: pasó la inundación de las aguas: el abismo dio su voz, la hondura alzó sus manos. 11El sol y la luna se pararon en su estancia: a la luz de tus saetas anduvieron, y al resplandor de tu fulgente lanza. 12Con ira hollaste la tierra, con furor trillaste las gentes. 13Saliste para salvar tu pueblo, para salvar con tu ungido. Traspasaste la cabeza de la casa del impío, desnudando el cimiento hasta el cuello. (Selah.) 14Horadaste con sus báculos las cabezas de sus villas, que como tempestad acometieron para derramarme: su orgullo era como para devorar al pobre encubiertamente. 15Hiciste camino en la mar a tus caballos, por montón de grandes aguas. 16Oí, y tembló mi vientre; a la voz se batieron mis labios; pudrición se entró en mis huesos, y en mi asiento me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas. 17Aunque la higuera no florecerá, ni en las vides habrá frutos; mentirá la obra de la oliva, y los labrados no darán mantenimiento, y las ovejas serán quitadas de la majada, y no habrá vacas en los corrales; 18Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salud. 19Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual pondrá mis pies como de ciervas, y me hará andar sobre mis alturas. Al jefe de los cantores sobre mis instrumentos de cuerdas.
Lectura 4 de 4 · Personal

Lucas 22

1Y estaba cerca el día de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua. 2Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarían; mas tenían miedo del pueblo. 3Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce; 4Y fue, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaría. 5Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero. 6Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle a ellos sin bulla. 7Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua. 8Y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos. 9Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos? 10Y él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare, 11Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos? 12Entonces él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí. 13Fueron pues, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua. 14Y como fue hora, sentóse a la mesa, y con él los apóstoles. 15Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca; 16Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios. 17Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros; 18Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. 19Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí. 20Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. 21Con todo eso, he aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa. 22Y a la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; empero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado! 23Ellos entonces comenzaron a preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto. 24Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor. 25Entonces él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores: 26Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve. 27Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve. 28Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones: 29Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó a mí, 30Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel. 31Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como a trigo; 32Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 33Y él le dijo: Señor, pronto estoy a ir contigo aun a cárcel y a muerte. 34Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces. 35Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. 36Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada. 37Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fue contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene. 38Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta. 39Y saliendo, se fue, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. 40Y como llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. 41Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, 42Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43Y le apareció un ángel del cielo confortándole. 44Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. 45Y como se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza; 46Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación. 47Estando él aún hablando, he aquí una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse a Jesús para besarlo. 48Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre? 49Y viendo los que estaban con él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos a cuchillo? 50Y uno de ellos hirió a un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha. 51Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó. 52Y Jesús dijo a los que habían venido a él, los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: ¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con palos? 53Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. 54Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos. 55Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos. 56Y como una criada le vio que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y dijo: Y este con él estaba. 57Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. 58Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. 59Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también este estaba con él, porque es Galileo. 60Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó. 61Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 62Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. 63Y los hombres que tenían a Jesús, se burlaban de él hiriéndole; 64Y cubriéndole, herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza quién es el que te hirió. 65Y decían otras muchas cosas injuriándole. 66Y cuando fue de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron a su concilio, 67Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínos lo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; 68Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis: 69Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará a la diestra de la potencia de Dios. 70Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo soy. 71Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Crónicas 8 · 3 Juan
Personales
Habacuc 3 · Lucas 22