Lectura 1 de 4 · En familia

2 Crónicas 9

1Y oyendo la reina de Seba la fama de Salomón, vino a Jerusalem con un muy grande séquito, con camellos cargados de aroma, y oro en abundancia, y piedras preciosas, para tentar a Salomón con preguntas difíciles. Y luego que vino a Salomón, habló con él todo lo que en su corazón tenía. 2Pero Salomón le declaró todas sus palabras: ninguna cosa quedó que Salomón no le declarase. 3Y viendo la reina de Seba la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado, 4Y las viandas de su mesa, y el asiento de sus siervos, y el estado de sus criados, y los vestidos de ellos, sus maestresalas y sus vestidos, y su subida por donde subía a la casa de Jehová, no quedó más espíritu en ella. 5Y dijo al rey: Verdad es lo que había oído en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría; 6Mas yo no creía las palabras de ellos, hasta que he venido, y mis ojos han visto: y he aquí que ni aun la mitad de la grandeza de tu sabiduría me había sido dicha; porque tú sobrepujas la fama que yo había oído. 7Bienaventurados tus hombres, y dichosos estos tus siervos, que están siempre delante de ti, y oyen tu sabiduría. 8Jehová tu Dios sea bendito, el cual se ha agradado en ti para ponerte sobre su trono por rey de Jehová tu Dios: por cuanto tu Dios amó a Israel para afirmarlo perpetuamente, por eso te ha puesto por rey sobre ellos, para que hagas juicio y justicia. 9Y dio al rey ciento y veinte talentos de oro, y gran copia de aromas, y piedras preciosas: nunca hubo tales aromas como los que dio la reina de Seba al rey Salomón. 10También los siervos de Hiram y los siervos de Salomón, que habían traído el oro de Ophir, trajeron madera de Algummim, y piedras preciosas. 11E hizo el rey de la madera de Algummim gradas en la casa de Jehová, y en las casas reales, y arpas y salterios para los cantores: nunca en tierra de Judá se había visto madera semejante. 12Y el rey Salomón dio a la reina de Seba todo lo que ella quiso y le pidió, más de lo que había traído al rey. Después se volvió y fuése a su tierra con sus siervos. 13Y el peso de oro que venía a Salomón cada un año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro, 14Sin lo que traían los mercaderes y negociantes; y también todos los reyes de Arabia y los príncipes de la tierra traían oro y plata a Salomón. 15Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro de martillo, cada uno de los cuales tenía seiscientos siclos de oro labrado: 16Asimismo trescientos escudos de oro batido, teniendo cada escudo trescientos siclos de oro: y púsolos el rey en la casa del bosque del Líbano. 17Hizo además el rey un gran trono de marfil, y cubriólo de oro puro. 18Y había seis gradas al trono, con un estrado de oro al mismo, y brazos de la una parte y de la otra al lugar del asiento, y dos leones que estaban junto a los brazos. 19Había también allí doce leones sobre las seis gradas de la una parte y de la otra. Jamás fue hecho otro semejante en reino alguno. 20Toda la vajilla del rey Salomón era de oro, y toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano, de oro puro. En los días de Salomón la plata no era de estima. 21Porque la flota del rey iba a Tharsis con los siervos de Hiram, y cada tres años solían venir las naves de Tharsis, y traían oro, plata, marfil, simios, y pavos. 22Y excedió el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría. 23Y todos los reyes de la tierra procuraban ver el rostro de Salomón, por oir su sabiduría, que Dios había puesto en su corazón: 24Y de estos, cada uno traía su presente, vasos de plata, vasos de oro, vestidos, armas, aromas, caballos y acémilas, todos los años. 25Tuvo también Salomón cuatro mil caballerizas para los caballos y carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem. 26Y tuvo señorío sobre todos los reyes desde el río hasta la tierra de los Filisteos, y hasta el término de Egipto. 27Y puso el rey plata en Jerusalem como piedras, y cedros como los cabrahigos que nacen por las campiñas en abundancia. 28Sacaban también caballos para Salomón, de Egipto y de todas las provincias. 29Lo demás de los hechos de Salomón, primeros y postreros, ¿no está todo escrito en los libros de Nathán profeta, y en la profecía de Ahías Silonita, y en las profecías del vidente Iddo contra Jeroboam hijo de Nabat? 30Y reinó Salomón en Jerusalem sobre todo Israel cuarenta años. 31Y durmió Salomón con sus padres, y sepultáronlo en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Roboam su hijo.
Lectura 2 de 4 · En familia

Judas

1Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y conservados en Jesucristo: 2Misericordia, y paz, y amor os sean multiplicados. 3Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros de la común salud, me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendáis eficazmente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 4Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde antes habían estado ordenados para esta condenación, hombres impíos, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolución, y negando a Dios que solo es el que tiene dominio, y a nuestro Señor Jesucristo. 5Os quiero pues amonestar, ya que alguna vez habéis sabido esto, que el Señor habiendo salvado al pueblo de Egipto, después destruyó a los que no creían: 6Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, mas dejaron su habitación, los ha reservado debajo de oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del gran día: 7Como Sodoma y Gomorra, y las ciudades comarcanas, las cuales de la misma manera que ellos habían fornicado, y habían seguido la carne extraña, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el juicio del fuego eterno. 8De la misma manera también estos soñadores amancillan la carne, y menosprecian la potestad, y vituperan las potestades superiores. 9Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a usar de juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. 10Pero estos maldicen las cosas que no conocen; y las cosas que naturalmente conocen, se corrompen en ellas, como bestias brutas. 11¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron en el error de Balaam por recompensa, y perecieron en la contradicción de Coré. 12Estos son manchas en vuestros convites, que banquetean juntamente, apacentándose a sí mismos sin temor alguno: nubes sin agua, las cuales son llevadas de acá para allá de los vientos: árboles marchitos como en otoño, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; 13Fieras ondas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones; estrellas erráticas, a las cuales es reservada eternalmente la oscuridad de las tinieblas. 14De los cuales también profetizó Enoc, séptimo desde Adam, diciendo: He aquí, el Señor es venido con sus santos millares, 15A hacer juicio contra todos, y a convencer a todos los impíos de entre ellos tocante a todas sus obras de impiedad que han hecho impíamente, y a todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él. 16Estos son murmuradores, querellosos, andando según sus deseos; y su boca habla cosas soberbias, teniendo en admiración las personas por causa del provecho. 17Mas vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes han sido dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; 18Como os decían: Que en el postrer tiempo habría burladores, que andarían según sus malvados deseos. 19Estos son los que hacen divisiones, sensuales, no teniendo el Espíritu. 20Mas vosotros, oh amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando por el Espíritu Santo, 21Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, para vida eterna. 22Y recibid a los unos en piedad, discerniendo: 23Mas haced salvos a los otros por temor, arrebatándolos del fuego; aborreciendo aun la ropa que es contaminada de la carne. 24A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría, 25Al Dios solo sabio, nuestro Salvador, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora y en todos los siglos. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal

Sofonías 1

1Palabra de Jehová que fue a Sofonías hijo de Cushi, hijo de Gedalías, hijo de Amarías, hijo de Ezechîas, en días de Josías hijo de Amón, rey de Judá. 2Destruiré del todo todas las cosas de sobre la haz de la tierra, dice Jehová. 3Destruiré los hombres y las bestias; destruiré las aves del cielo, y los peces de la mar, y las piedras de tropiezo con los impíos; y talaré los hombres de sobre la haz de la tierra, dice Jehová. 4Y extenderé mi mano sobre Judá, y sobre todos los moradores de Jerusalem, y exterminaré de este lugar el remanente de Baal, y el nombre de los Chemarim con los sacerdotes; 5Y a los que se inclinan sobre los terrados al ejército del cielo; y a los que se inclinan jurando por Jehová y jurando por su rey; 6Y a los que tornan atrás de en pos de Jehová; y a los que no buscaron a Jehová, ni preguntaron por él. 7Calla en la presencia del Señor Jehová, porque el día de Jehová está cercano; porque Jehová ha aparejado sacrificio, prevenido ha sus convidados. 8Y será que en el día del sacrificio de Jehová, haré visitación sobre los príncipes, y sobre los hijos del rey, y sobre todos los que visten vestido extranjero. 9Asimismo haré visitación en aquel día sobre todos los que saltan la puerta, los que hinchen de robo y de engaño las casas de sus señores. 10Y habrá en aquel día, dice Jehová, voz de clamor desde la puerta del pescado, y aullido desde la segunda, y grande quebrantamiento desde los collados. 11Aullad, moradores de Mactes, porque todo el pueblo mercader es destruído; talados son todos los que traían dinero. 12Y será en aquel tiempo, que yo escudriñaré a Jerusalem con candiles, y haré visitación sobre los hombres que están sentados sobre sus heces, los cuales dicen en su corazón: Jehová ni hará bien ni mal. 13Será por tanto saqueada su hacienda, y sus casas asoladas: y edificarán casas, mas no las habitarán; y plantarán viñas, mas no beberán el vino de ellas. 14Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy presuroso; voz amarga del día de Jehová; gritará allí el valiente. 15Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, 16Día de trompeta y de algazara, sobre las ciudades fuertes, y sobre las altas torres. 17Y atribularé los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra Jehová: y la sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol. 18Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ira de Jehová; pues toda la tierra será consumida con el fuego de su celo: porque ciertamente consumación apresurada hará con todos los moradores de la tierra.
Lectura 4 de 4 · Personal

Lucas 23

1Levantándose entonces toda la multitud de ellos, lleváronle a Pilato. 2Y comenzaron a acusarle, diciendo: A este hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo a César, diciendo que él es el Cristo, el rey. 3Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. 4Y Pilato dijo a los príncipes de los sacerdotes, y a las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre. 5Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí. 6Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo. 7Y como entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días. 8Y Herodes, viendo a Jesús, holgóse mucho, porque hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer alguna señal. 9Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió: 10Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía. 11Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volvióle a enviar a Pilato. 12Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí. 13Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, 14Les dijo: Me habéis presentado a este por hombre que desvía al pueblo: y he aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aquellas de que le acusáis. 15Y ni aun Herodes; porque os remití a él, y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho. 16Le soltaré, pues, castigado. 17Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. 18Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: Quita a este, y suéltanos a Barrabás: 19(El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.) 20Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús. 21Pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale. 22Y él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho este? Ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré, pues, y le soltaré. 23Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían. 24Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían; 25Y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos. 26Y llevándole, tomaron a un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. 27Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban. 28Mas Jesús, vuelto a ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloréis a mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos. 29Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron. 30Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros: y a los collados: Cubridnos. 31Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará? 32Y llevaban también con él otros dos, malhechores, a ser muertos. 33Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha, y otro a la izquierda. 34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. 35Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese a sí, si este es el Mesías, el escogido de Dios. 36Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre, 37Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate a ti mismo. 38Y había también sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS. 39Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. 40Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condenación? 41Y nosotros, a la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas este ningún mal hizo. 42Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres a tu reino. 43Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. 44Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 45Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio. 46Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró. 47Y como el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48Y toda la multitud de los que estaban presentes a este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos. 49Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas. 50Y he aquí un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno y justo, 51(El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual también esperaba el reino de Dios; 52Este llegó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 53Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto. 54Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado. 55Y las mujeres que con él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. 56Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Crónicas 9 · Judas
Personales
Sofonías 1 · Lucas 23