Lectura 1 de 4 · En familia
2 Samuel 2
1Después de esto aconteció que David consultó a Jehová, diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y Jehová le respondió: Sube. Y David tornó a decir: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón. 2Y David subió allá, y con él sus dos mujeres, Ahinoam Jezreelita y Abigail, la que fue mujer de Nabal del Carmelo. 3Y llevó también David consigo los hombres que con él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron en las ciudades de Hebrón. 4Y vinieron los varones de Judá, y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá. Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl. 5Y envió David mensajeros a los de Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor Saúl en haberle dado sepultura. 6Ahora pues, Jehová haga con vosotros misericordia y verdad; y yo también os haré bien por esto que habéis hecho. 7Esfuércense pues ahora vuestras manos, y sed valientes; pues que muerto Saúl vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre ellos. 8Mas Abner hijo de Ner, general de ejército de Saúl, tomó a Is-boseth hijo de Saúl, e hízolo pasar al real: 9Y alzólo por rey sobre Galaad, y sobre Gessuri, y sobre Jezreel, y sobre Ephraim, y sobre Benjamín, y sobre todo Israel. 10De cuarenta años era Is-boseth hijo de Saúl, cuando comenzó a reinar sobre Israel; y reinó dos años. Sola la casa de Judá seguía a David. 11Y fue el número de los días que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá, siete años y seis meses. 12Y Abner hijo de Ner salió de Mahanaim a Gabaón con los siervos de Is-boseth hijo de Saúl. 13Y Joab hijo de Sarvia, y los siervos de David, salieron y encontráronlos junto al estanque de Gabaón: y como se juntaron, paráronse los unos de la una parte del estanque, y los otros de la otra. 14Y dijo Abner a Joab: Levántense ahora los mancebos, y maniobren delante de nosotros. Y Joab respondió: Levántense. 15Entonces se levantaron, y en número de doce, pasaron de Benjamín de la parte de Is-boseth hijo de Saúl; y doce de los siervos de David. 16Y cada uno echó mano de la cabeza de su compañero, y metióle su espada por el costado, cayendo así a una; por lo que fue llamado aquel lugar, Helcath-assurim, el cual está en Gabaón. 17Y hubo aquel día una batalla muy recia, y Abner y los hombres de Israel fueron vencidos de los siervos de David. 18Y estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, y Abisai, y Asael. Este Asael era suelto de pies como un corzo del campo. 19El cual Asael siguió a Abner, yendo tras de él sin apartarse a diestra ni a siniestra. 20Y Abner miró atrás, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él respondió: Sí. 21Entonces Abner le dijo: Apártate a la derecha o a la izquierda, y agárrate alguno de los mancebos, y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él. 22Y Abner tornó a decir a Asael: Apártate de en pos de mí, porque te heriré derribándote en tierra, y después ¿cómo levantaré mi rostro a tu hermano Joab? 23Y no queriendo él irse, hiriólo Abner con el regatón de la lanza por la quinta costilla, y salióle la lanza por las espaldas, y cayó allí, y murió en aquel mismo sitio. Y todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caído y estaba muerto, se paraban. 24Mas Joab y Abisai siguieron a Abner; y púsoseles el sol cuando llegaron al collado de Amma, que está delante de Gía, junto al camino del desierto de Gabaón. 25Y juntáronse los hijos de Benjamín en un escuadrón con Abner, y paráronse en la cumbre del collado. 26Y Abner dio voces a Joab, diciendo: ¿Consumirá la espada perpetuamente? ¿no sabes tú que al cabo se sigue amargura? ¿hasta cuándo no has de decir al pueblo que se vuelvan de seguir a sus hermanos? 27Y Joab respondió: Vive Dios que si no hubieras hablado, ya desde esta mañana el pueblo hubiera dejado de seguir a sus hermanos. 28Entonces Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no siguió más a los de Israel, ni peleó más. 29Y Abner y los suyos caminaron por la campiña toda aquella noche, y pasando el Jordán cruzaron por todo Bitrón, y llegaron a Mahanaim. 30Joab también volvió de seguir a Abner, y juntando todo el pueblo, faltaron de los siervos de David diecinueve hombres, y Asael. 31Mas los siervos de David hirieron de los de Benjamín y de los de Abner, trescientos y sesenta hombres, que murieron. Tomaron luego a Asael, y sepultáronlo en el sepulcro de su padre en Beth-lehem. 32Y caminaron toda aquella noche Joab y los suyos, y amanecióles en Hebrón.
Lectura 2 de 4 · En familia
1 Corintios 13
1Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy. 3Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve. 4La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; 5No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal; 6No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; 7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8La caridad nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada; 9Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado. 11Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre hecho, dejé lo que era de niño. 12Ahora vemos por espejo, en obscuridad; mas entonces veremos cara a cara: ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido. 13Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres: empero la mayor de ellas es la caridad.
Lectura 3 de 4 · Personal
Ezequiel 11
1Y el espíritu me elevó, y metióme por la puerta oriental de la casa de Jehová, la cual mira hacia el oriente: y he aquí a la entrada de la puerta veinticinco varones, entre los cuales vi a Jaazanías hijo de Azur, y a Pelatías hijo de Benaías, príncipes del pueblo. 2Y díjome: Hijo del hombre, estos son los hombres que maquinan perversidad, y dan en esta ciudad mal consejo; 3Los cuales dicen: No será tan presto: edifiquemos casas: esta será la caldera, y nosotros la carne. 4Por tanto profetiza contra ellos, profetiza, hijo del hombre. 5Y cayó sobre mí el espíritu de Jehová, y díjome: Di: Así ha dicho Jehová: Así habéis hablado, oh casa de Israel, y las cosas que suben a vuestro espíritu, yo las he entendido. 6Habéis multiplicado vuestros muertos en esta ciudad, y habéis henchido de muertos sus calles. 7Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Vuestros muertos que habéis puesto en medio de ella, ellos son la carne, y ella es la caldera; mas yo os sacaré a vosotros de en medio de ella. 8Cuchillo habéis temido, y cuchillo traeré sobre vosotros, dice el Señor Jehová. 9Y os sacaré de en medio de ella, y os entregaré en manos de extraños, y yo haré juicios en vosotros. 10A cuchillo caeréis; en el término de Israel os juzgaré, y sabréis que yo soy Jehová. 11Esta no os será por caldera, ni vosotros seréis en medio de ella la carne: en el término de Israel os tengo de juzgar. 12Y sabréis que yo soy Jehová: porque no habéis andado en mis ordenanzas, ni habéis hecho mis juicios, sino según los juicios de las gentes que están en vuestros alrededores habéis hecho. 13Y aconteció que, estando yo profetizando, Pelatías hijo de Benaías murió. Entonces caí sobre mi rostro, y clamé con grande voz, y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿harás tú consumación del resto de Israel? 14Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 15Hijo del hombre, tus hermanos, tus hermanos, los hombres de tu parentesco y toda la casa de Israel, toda ella son aquellos a quienes dijeron los moradores de Jerusalem: Alejaos de Jehová; a nosotros es dada la tierra en posesión. 16Por tanto di: Así ha dicho el Señor Jehová: Aunque los he echado lejos entre las gentes, y los he esparcido por las tierras, con todo eso les seré por un pequeño santuario en las tierras a donde llegaren. 17Di por tanto: Así ha dicho el Señor Jehová: Yo os recogeré de los pueblos, y os allegaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel. 18Y vendrán allá, y quitarán de ella todas sus torpezas, y todas sus abominaciones. 19Y darles he un corazón, y espíritu nuevo daré en sus entrañas; y quitaré el corazón de piedra de su carne, y daréles corazón de carne; 20Para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis juicios y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios. 21Mas a aquellos cuyo corazón anda tras el deseo de sus torpezas y de sus abominaciones, yo tornaré su camino sobre sus cabezas, dice el Señor Jehová. 22Después alzaron los querubines sus alas, y las ruedas en pos de ellos; y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos encima. 23Y la gloria de Jehová se fue de en medio de la ciudad, y paró sobre el monte que está al oriente de la ciudad. 24Luego me levantó el espíritu, y volvióme a llevar en visión del espíritu de Dios a la tierra de los Caldeos, a los trasportados. Y partióse de mí la visión que había visto. 25Y hablé a los trasportados todas las palabras de Jehová que él me había mostrado.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmo 50
1El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, y convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. 2De Sion, perfección de hermosura, ha Dios resplandecido. 3Vendrá nuestro Dios, y no callará: fuego consumirá delante de él, y en derredor suyo habrá tempestad grande. 4Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo. 5Juntadme mis santos; los que hicieron conmigo pacto con sacrificio. 6Y denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es el juez. (Selah.) 7Oye, pueblo mío, y hablaré: escucha, Israel, y testificaré contra ti: yo soy Dios, el Dios tuyo. 8No te reprenderé sobre tus sacrificios, ni por tus holocaustos, que delante de mí están siempre. 9No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos. 10Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. 11Conozco todas las aves de los montes, y en mi poder están las fieras del campo. 12Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti: porque mío es el mundo y su plenitud. 13¿Tengo de comer yo carne de toros, o de beber sangre de machos cabríos? 14Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo. 15E invócame en el día de la angustia: te libraré, y tú me honrarás. 16Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que enarrar mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca, 17Pues que tú aborreces el castigo, y echas a tu espalda mis palabras? 18Si veías al ladrón, tú corrías con él; y con los adúlteros era tu parte. 19Tu boca metías en mal, y tu lengua componía engaño. 20Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponías infamia. 21Estas cosas hiciste, y yo he callado: pensabas que de cierto sería yo como tú: yo te argüiré, y pondré las delante de tus ojos. 22Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios; no sea que arrebate, sin que nadie libre. 23El que sacrifica alabanza me honrará: y al que ordenare su camino, le mostraré la salud de Dios.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Samuel 2 · 1 Corintios 13
Personales
Ezequiel 11 · Salmo 50