Lectura 1 de 4 · En familia
2 Samuel 1
1Y aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los Amalecitas, estuvo dos días en Siclag: 2Y al tercer día acaeció, que vino uno del campo de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza: y llegando a David, postróse en tierra, e hizo reverencia. 3Y preguntóle David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Heme escapado del campo de Israel. 4Y David le dijo: ¿Qué ha acontecido? ruégote que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos: también Saúl y Jonathán su hijo murieron. 5Y dijo David a aquel mancebo que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que Saúl es muerto, y Jonathán su hijo? 6Y el mancebo que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que estaba recostado sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo. 7Y como él miró atrás, vióme y llamóme; y yo dije: Heme aquí. 8Y él me dijo: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy Amalecita. 9Y él me volvió a decir: Yo te ruego que te pongas sobre mí, y me mates, porque me toman angustias, y toda mi alma está aún en mí. 10Yo entonces púseme sobre él, y matélo, porque sabía que no podía vivir después de su caída: y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la ajorca que traía en su brazo, y helas traído acá a mi señor. 11Entonces David trabando de sus vestidos, rompiólos; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. 12Y lloraron y lamentaron, y ayunaron hasta la tarde, por Saúl y por Jonathán su hijo, y por el pueblo de Jehová, y por la casa de Israel: porque habían caído a cuchillo. 13Y David dijo a aquel mancebo que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, Amalecita. 14Y díjole David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? 15Entonces llamó David uno de los mancebos, y díjole: Llega, y mátalo. Y él lo hirió, y murió. 16Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues que tu boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová. 17Y endechó David a Saúl y a Jonathán su hijo con esta endecha. 18(Dijo también que enseñasen al arco a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro del derecho:) 19¡Perecido ha la gloria de Israel sobre tus montañas! ¡Cómo han caído los valientes! 20No lo denunciéis en Gath, no deis las nuevas en las plazas de Ascalón; porque no se alegren las hijas de los Filisteos, porque no salten de gozo las hijas de los incircuncisos. 21Montes de Gilboa, ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; porque allí fue desechado el escudo de los valientes, el escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite. 22Sin sangre de muertos, sin grosura de valientes, el arco de Jonathán nunca volvió, ni la espada de Saúl se tornó vacía. 23Saúl y Jonathán, amados y queridos en su vida, en su muerte tampoco fueron apartados: más ligeros que águilas, más fuertes que leones. 24Hijas de Israel, llorad sobre Saúl, que os vestía de escarlata en regocijos, que adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro. 25¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonathán, muerto en tus alturas! 26Angustia tengo por ti, hermano mío Jonathán, que me fuiste muy dulce: más maravilloso me fue tu amor, que el amor de las mujeres. 27¡Cómo han caído los valientes, y perecieron las armas de guerra!
Lectura 2 de 4 · En familia
1 Corintios 12
1Y acerca de los dones espirituales, no quiero, hermanos, que ignoréis. 2Sabéis que cuando erais Gentiles, ibais, como erais llevados, a los ídolos mudos. 3Por tanto os hago saber, que nadie que hable por Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por Espíritu Santo. 4Empero hay repartimiento de dones; mas el mismo Espíritu es. 5Y hay repartimiento de ministerios; mas el mismo Señor es. 6Y hay repartimiento de operaciones; mas el mismo Dios es el que obra todas las cosas en todos. 7Empero a cada uno le es dada manifestación del Espíritu para provecho. 8Porque a la verdad, a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 9A otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu; 10A otro, operaciones de milagros; y a otro, profecía; y a otro, discreción de espíritus; y a otro, géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 11Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere. 12Porque de la manera que el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, empero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo, así también Cristo. 13Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora Judíos o Griegos, ora siervos o libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. 14Pues ni tampoco el cuerpo es un miembro, sino muchos. 15Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo? 16Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo? 17Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? 18Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como quiso. 19Que si todos fueran un miembro, ¿dónde estuviera el cuerpo? 20Mas ahora muchos miembros son a la verdad, empero un cuerpo. 21Ni el ojo puede decir a la mano: No te he menester: ni asimismo la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 22Antes, mucho más los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son necesarios; 23Y a aquellos del cuerpo que estimamos ser más viles, a estos vestimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos honestos, tienen más compostura. 24Porque los que en nosotros son más honestos, no tienen necesidad: mas Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba; 25Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros. 26Por manera que si un miembro padece, todos los miembros a una se duelen; y si un miembro es honrado, todos los miembros a una se gozan. 27Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros en parte. 28Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero doctores; luego facultades; luego dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, géneros de lenguas. 29¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos doctores? ¿todos facultades? 30¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? 31Empero procurad los mejores dones: mas aun yo os muestro un camino más excelente.
Lectura 3 de 4 · Personal
Ezequiel 10
1Y miré, y he aquí en la expansión que había sobre la cabeza de los querubines como una piedra de zafiro, que parecía como semejanza de un trono que se mostró sobre ellos. 2Y habló al varón vestido de lienzos, y díjole: Entra en medio de las ruedas debajo de los querubines, e hinche tus manos de carbones encendidos de entre los querubines, y derrama sobre la ciudad. Y entró a vista mía. 3Y los querubines estaban a la mano derecha de la casa cuando este varón entró; y la nube henchía el atrio de adentro. 4Y la gloria de Jehová se levantó del querubín al umbral de la puerta; y la casa fue llena de la nube, y el atrio se llenó del resplandor de la gloria de Jehová. 5Y el estruendo de las alas de los querubines se oía hasta el atrio de afuera, como la voz del Dios Omnipotente cuando habla. 6Y aconteció que, como mandó al varón vestido de lienzos, diciendo: Toma fuego de entre las ruedas, de entre los querubines, él entró, y paróse entre las ruedas. 7Y un querubín extendió su mano de entre los querubines al fuego que estaba entre los querubines, y tomó, y puso en las palmas del que estaba vestido de lienzos, el cual lo tomó y salióse. 8Y apareció en los querubines la figura de una mano humana debajo de sus alas. 9Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto a los querubines, junto a cada querubín una rueda; y el aspecto de las ruedas era como el de piedra de Tarsis. 10Cuanto al parecer de ellas, las cuatro eran de una forma, como si estuviera una en medio de otra. 11Cuando andaban, sobre sus cuatro costados andaban: no se tornaban cuando andaban, sino que al lugar adonde se volvía el primero, en pos de él iban; ni se tornaban cuando andaban. 12Y toda su carne, y sus costillas, y sus manos, y sus alas, y las ruedas, lleno estaba de ojos alrededor en sus cuatro ruedas. 13A las ruedas, oyéndolo yo, se les gritaba: ¡Rueda! 14Y cada uno tenía cuatro rostros. El primer rostro era de querubín; el segundo rostro, de hombre; el tercer rostro, de león; el cuarto rostro, de águila. 15Y levantáronse los querubines; este es el animal que vi en el río de Chebar. 16Y cuando andaban los querubines, andaban las ruedas junto con ellos; y cuando los querubines alzaban sus alas para levantarse de la tierra, las ruedas también no se volvían de junto a ellos. 17Cuando se paraban ellos, parábanse ellas, y cuando ellos se alzaban, alzábanse con ellos: porque el espíritu de los animales estaba en ellas. 18Y la gloria de Jehová se salió de sobre el umbral de la casa, y paró sobre los querubines. 19Y alzando los querubines sus alas, levantáronse de la tierra delante de mis ojos: cuando ellos salieron, también las ruedas al lado de ellos: y paráronse a la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová, y la gloria del Dios de Israel estaba arriba sobre ellos. 20Este era el animal que vi debajo del Dios de Israel en el río de Chebar; y conocí que eran querubines. 21Cada uno tenía cuatro rostros, y cada uno cuatro alas, y figuras de manos humanas debajo de sus alas. 22Y la figura de sus rostros era la de los rostros que vi junto al río de Chebar, su mismo parecer y su ser; cada uno caminaba en derecho de su rostro.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmo 49
1Oid esto, pueblos todos; escuchad, habitadores todos del mundo: 2Así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente. 3Mi boca hablará sabiduría; y el pensamiento de mi corazón inteligencia. 4Acomodaré a ejemplos mi oído: declararé con el arpa mi enigma. 5¿Por qué he de temer en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis insidiadores me cercare? 6Los que confían en sus haciendas, y en la muchedumbre de sus riquezas se jactan, 7Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate. 8(Porque la redención de su vida es de gran precio, y no se hará jamás;) 9Que viva adelante para siempre, y nunca vea la sepultura. 10Pues se ve que mueren los sabios, así como el insensato y el necio perecen, y dejan a otros sus riquezas. 11En su interior tienen que sus casas serán eternas, y sus habitaciones para generación y generación: llamaron sus tierras de sus nombres. 12Mas el hombre no permanecerá en honra: es semejante a las bestias que perecen. 13Este su camino es su locura: con todo, corren sus descendientes por el dicho de ellos. (Selah.) 14Como rebaños serán puestos en la sepultura; la muerte se cebará en ellos; y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana: y se consumirá su bien parecer en el sepulcro de su morada. 15Empero Dios redimirá mi vida del poder de la sepultura, cuando me tomará. (Selah.) 16No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa; 17Porque en muriendo no llevará nada, ni descenderá tras él su gloria. 18Si bien mientras viviere, dirá dichosa a su alma: y tú serás loado cuando bien te tratares. 19Entrará a la generación de sus padres: no verán luz para siempre. 20El hombre en honra que no entiende, semejante es a las bestias que perecen.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Samuel 1 · 1 Corintios 12
Personales
Ezequiel 10 · Salmo 49