Lectura 1 de 4 · En familia
Rut 2
1Y tenía Noemi un pariente de su marido, varón poderoso y de hecho, de la familia de Elimelech, el cual se llamaba Booz. 2Y Ruth la Moabita dijo a Noemi: Ruégote que me dejes ir al campo, y cogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Ve, hija mía. 3Fue pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores: y aconteció por ventura, que la suerte del campo era de Booz, el cual era de la parentela de Elimelech. 4Y he aquí que Booz vino de Beth-lehem, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga. 5Y Booz dijo a su criado el sobrestante de los segadores: ¿Cúya es esta moza? 6Y el criado, sobrestante de los segadores, respondió y dijo: Es la moza de Moab, que volvió con Noemi de los campos de Moab; 7Y ha dicho: Ruégote que me dejes coger y juntar tras los segadores entre las gavillas: entró pues, y está desde por la mañana hasta ahora, menos un poco que se detuvo en casa. 8Entonces Booz dijo a Ruth: Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí: y aquí estarás con mis mozas. 9Mira bien al campo que segaren, y síguelas: porque yo he mandado a los mozos que no te toquen. Y si tuvieres sed, ve a los vasos, y bebe del agua que sacaren los mozos. 10Ella entonces bajando su rostro inclinóse a tierra, y díjole: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que tú me reconozcas, siendo yo extranjera? 11Y respondiendo Booz, díjole: Por cierto se me ha declarado todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a pueblo que no conociste antes. 12Jehová galardone tu obra, y tu remuneración sea llena por Jehová Dios de Israel, que has venido para cubrirte debajo de sus alas. 13Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, no siendo yo como una de tus criadas. 14Y Booz le dijo a la hora de comer: Allégate aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y sentóse ella junto a los segadores, y él le dio del potaje, y comió hasta que se hartó y le sobró. 15Levantóse luego para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: Coja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis; 16Antes echaréis a sabiendas de los manojos, y la dejaréis que coja, y no la reprendáis. 17Y espigó en el campo hasta la tarde, y desgranó lo que había cogido, y fue como un epha de cebada. 18Y tomólo, y vínose a la ciudad; y su suegra vio lo que había cogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de harta, y dióselo. 19Y díjole su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? ¿y dónde has trabajado? bendito sea el que te ha reconocido. Y ella declaró a su suegra lo que le había acontecido con aquel, y dijo: El nombre del varón con quien hoy he trabajado es Booz. 20Y dijo Noemi a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los finados. Díjole después Noemi: Nuestro pariente es aquel varón, y de nuestros redentores es. 21Y Ruth Moabita dijo: A más de esto me ha dicho: Júntate con mis criados, hasta que hayan acabado toda mi siega. 22Y Noemi respondió a Ruth su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, que no que te encuentren en otro campo. 23Estuvo pues junta con las mozas de Booz espigando, hasta que la siega de las cebadas y la de los trigos fue acabada; mas con su suegra habitó.
Lectura 2 de 4 · En familia
Hechos 27
1Mas como fue determinado que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión, llamado Julio, de la compañía Augusta. 2Así que, embarcándonos en una nave Adrumentina, partimos, estando con nosotros Aristarco, Macedonio de Tesalónica, para navegar junto a los lugares de Asia. 3Y otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando a Pablo con humanidad, permitióle que fuese a los amigos, para ser de ellos asistido. 4Y haciéndonos a la vela desde allí, navegamos bajo de Cipro, porque los vientos eran contrarios. 5Y habiendo pasado la mar de Cilicia y Pamphylia, arribamos a Mira, ciudad de Licia. 6Y hallando allí el centurión una nave Alejandrina que navegaba a Italia, nos puso en ella. 7Y navegando muchos días despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta, junto a Salmón. 8Y costeándola difícilmente, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea. 9Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, porque ya era pasado el ayuno, Pablo amonestaba, 10Diciéndoles: Varones, veo que con trabajo y mucho daño, no solo de la cargazón y de la nave, mas aun de nuestras personas, habrá de ser la navegación. 11Mas el centurión creía más al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. 12Y no habiendo puerto cómodo para invernar, muchos acordaron pasar aún de allí, por si pudiesen arribar a Fenice e invernar allí, que es un puerto de Creta que mira al Nordeste y Sudeste. 13Y soplando el austro, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, alzando velas, iban cerca de la costa de Creta. 14Mas no mucho después dio en ella un viento repentino, que se llama Euroclidón. 15Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo resistir contra el viento, la dejamos, y éramos llevados. 16Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos ganar el esquife: 17El cual tomado, usaban de remedios, ciñendo la nave; y teniendo temor de que diesen en la Sirte, abajadas las velas, eran así llevados. 18Mas siendo atormentados de una vehemente tempestad, al siguiente día alijaron; 19Y al tercer día nosotros con nuestras manos arrojamos los aparejos de la nave. 20Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos días, y viniendo una tempestad no pequeña, ya era perdida toda la esperanza de nuestra salud. 21Entonces Pablo, habiendo ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no partir de Creta, y evitar este inconveniente y daño. 22Mas ahora os amonesto que tengáis buen ánimo; porque ninguna pérdida habrá de persona de vosotros, sino solamente de la nave. 23Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios del cual yo soy, y al cual sirvo, 24Diciendo: Pablo, no temas; es menester que seas presentado delante de César; y he aquí, Dios te ha dado todos los que navegan contigo. 25Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha dicho; 26Si bien es menester que demos en una isla. 27Y venida la décimacuarta noche, y siendo llevados por el mar Adriático, los marineros a la media noche sospecharon que estaban cerca de alguna tierra; 28Y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. 29Y habiendo temor de dar en lugares escabrosos, echando cuatro anclas de la popa, deseaban que se hiciese de día. 30Entonces procurando los marineros huir de la nave, echado que hubieron el esquife a la mar, aparentando como que querían largar las anclas de proa, 31Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si estos no quedan en la nave, vosotros no podéis salvaros. 32Entonces los soldados cortaron los cabos del esquife, y dejáronlo perder. 33Y como comenzó a ser de día, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el décimocuarto día que esperáis y permanecéis ayunos, no comiendo nada. 34Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. 35Y habiendo dicho esto, tomando el pan, hizo gracias a Dios en presencia de todos, y partiendo, comenzó a comer. 36Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos también. 37Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. 38Y satisfechos de comida, aliviaban la nave, echando el grano a la mar. 39Y como se hizo de día, no conocían la tierra: mas veían un golfo que tenía orilla, al cual acordaron echar, si pudiesen, la nave. 40Cortando pues las anclas, las dejaron en la mar, largando también las ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al viento, íbanse a la orilla. 41Mas dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, estaba sin moverse, y la popa se abría con la fuerza de la mar. 42Entonces el acuerdo de los soldados era que matasen los presos, porque ninguno se fugase nadando. 43Mas el centurión, queriendo salvar a Pablo, estorbó este acuerdo, y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen a tierra; 44Y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jeremías 37
1Y reinó el rey Sedechîas hijo de Josías, en lugar de Conías hijo de Joacim, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia había constituído por rey en la tierra de Judá. 2Mas no obedeció él, ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra a las palabras de Jehová, que dijo por el profeta Jeremías. 3Y envió el rey Sedechîas a Jucal hijo de Selemías, y a Sephanías hijo de Maasías sacerdote, para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios. 4Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque no lo habían puesto en la casa de la cárcel. 5Y como el ejército de Faraón hubo salido de Egipto, y vino la fama de ellos a oídos de los Caldeos que tenían cercada a Jerusalem, partiéronse de Jerusalem. 6Entonces fue palabra de Jehová a Jeremías profeta, diciendo: 7Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió a mí para que me preguntaseis: He aquí que el ejército de Faraón que había salido en vuestro socorro, se volvió a su tierra en Egipto. 8Y tornarán los Caldeos, y combatirán esta ciudad, y la tomarán, y la pondrán a fuego. 9Así ha dicho Jehová: No engañéis vuestras almas, diciendo: Sin duda los Caldeos se han ido de nosotros: porque no se irán. 10Porque aun cuando hirieseis todo el ejército de los Caldeos que pelean con vosotros, y quedasen de ellos hombres alanceados, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán esta ciudad a fuego. 11Y aconteció que, como el ejército de los Caldeos se fue de Jerusalem a causa del ejército de Faraón, 12Salíase de Jerusalem Jeremías para irse a tierra de Benjamín, para apartarse de allí en medio del pueblo. 13Y cuando fue a la puerta de Benjamín, estaba allí un prepósito que se llamaba Irías, hijo de Selemías, hijo de Hananías, el cual prendió a Jeremías profeta, diciendo: Tú te retiras a los Caldeos. 14Y Jeremías dijo: Falso: no me retiro a los Caldeos. Mas él no lo escuchó, antes prendió Irías a Jeremías, y llevólo delante de los príncipes. 15Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y azotáronle, y pusiéronle en prisión en la casa de Jonathán escriba, porque aquella habían hecho casa de cárcel. 16Entró pues Jeremías en la casa de la mazmorra, y en las camarillas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días, 17El rey Sedechîas envió, y sacóle; y preguntóle el rey escondidamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado. 18Dijo también Jeremías al rey Sedechîas: ¿En qué pequé contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que me pusieseis en la casa de la cárcel? 19¿Y dónde están vuestros profetas que os profetizaban, diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni contra esta tierra? 20Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor: caiga ahora mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a casa de Jonathán escriba, porque no me muera allí. 21Entonces dio orden el rey Sedechîas, y depositaron a Jeremías en el patio de la cárcel, haciéndole dar una torta de pan al día, de la plaza de los Panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se gastase. Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmo 10
1¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación? 2Con arrogancia el malo persigue al pobre: serán cogidos en los artificios que han ideado. 3Por cuanto se alaba el malo del deseo de su alma, y bendice al codicioso, a quien Jehová aborrece. 4El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios: no hay Dios en todos sus pensamientos. 5Sus caminos son viciosos en todo tiempo: tus juicios los tiene muy lejos de su vista: echa bocanadas en orden a todos sus enemigos. 6Dice en su corazón: No seré movido en ningún tiempo, ni jamás me alcanzará el infortunio. 7Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude: debajo de su lengua, vejación y maldad. 8Está en las guaridas de las aldeas: en los escondrijos mata al inocente: sus ojos están acechando al pobre. 9Acecha en oculto, como el león desde su cama: acecha para arrebatar al pobre: arrebata al pobre trayéndolo a su red. 10Encógese, agáchase, y caen en sus fuerzas muchos desdichados. 11Dice en su corazón: Dios está olvidado, ha encubierto su rostro; nunca lo verá. 12Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano, no te olvides de los pobres. 13¿Por qué irrita el malo a Dios? En su corazón ha dicho que no lo inquirirás. 14Tú lo tienes visto: porque tú miras el trabajo, y la vejación, para vengar le por tu mano: a ti se acoge el pobre, tú eres el amparo del huérfano. 15Quebranta el brazo del malo: del maligno buscarás su maldad, hasta que ninguna halles. 16Jehová, Rey eterno y perpetuo; de su tierra fueron destruídas las gentes. 17El deseo de los humildes oíste, oh Jehová: tú dispones su corazón, y haces atento tu oído; 18Para juzgar al huérfano y al pobre, a fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Rut 2 · Hechos 27
Personales
Jeremías 37 · Salmo 10