Lectura 1 de 5 · En familia

Rut 1

1Y aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Beth-lehem de Judá, fue a peregrinar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos. 2El nombre de aquel varón era Elimelech, y el de su mujer Noemi; y los nombres de sus dos hijos eran, Mahalón y Chelión, Ephrateos de Beth-lehem de Judá. Llegaron pues a los campos de Moab, y asentaron allí. 3Y murió Elimelech, marido de Noemi, y quedó ella con sus dos hijos; 4Los cuales tomaron para sí mujeres de Moab, el nombre de la una Orpha, y el nombre de la otra Ruth; y habitaron allí unos diez años. 5Y murieron también los dos, Mahalón y Chelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido. 6Entonces se levantó con sus nueras, y volvióse de los campos de Moab: porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan. 7Salió pues del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar para volverse a la tierra de Judá. 8Y Noemi dijo a sus dos nueras: Andad, volveos cada una a la casa de su madre: Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos y conmigo. 9Déos Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido: besólas luego, y ellas lloraron a voz en grito. 10Y dijéronle: Ciertamente nosotras volveremos contigo a tu pueblo. 11Y Noemi respondió: Volveos, hijas mías: ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿tengo yo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos? 12Volveos, hijas mías, e idos; que yo ya soy vieja para ser para varón. Y aunque dijese: Esperanza tengo; y esta noche fuese con varón, y aun pariese hijos; 13¿Habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿habías vosotras de quedaros sin casar por amor de ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí. 14Mas ellas alzando otra vez su voz, lloraron: y Orpha besó a su suegra, mas Ruth se quedó con ella. 15Y Noemi dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella. 16Y Ruth respondió: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti: porque donde quiera que tú fueres, iré yo; y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. 17Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada: así me haga Jehová, y así me dé, que solo la muerte hará separación entre mí y ti. 18Y viendo Noemi que estaba tan resuelta a ir con ella, dejó de hablarle. 19Anduvieron pues ellas dos hasta que llegaron a Beth-lehem: y aconteció que entrando en Beth-lehem, toda la ciudad se conmovió por razón de ellas, y decían: ¿No es esta Noemi? 20Y ella les respondía: No me llaméis Noemi, sino llamadme Mara: porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. 21Yo me fui llena, mas vacía me ha vuelto Jehová. ¿Por qué me llamaréis Noemi, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido? 22Así volvió Noemi y Ruth Moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron a Beth-lehem en el principio de la siega de las cebadas.
Lectura 2 de 5 · En familia

Hechos 26

1Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó a responder por sí, diciendo: 2Acerca de todas las cosas de que soy acusado por los Judíos, oh rey Agripa, me tengo por dichoso de que haya hoy de defenderme delante de ti; 3Mayormente sabiendo tú todas las costumbres y cuestiones que hay entre los Judíos: por lo cual te ruego que me oigas con paciencia. 4Mi vida pues desde la mocedad, la cual desde el principio fue en mi nación, en Jerusalem, todos los Judíos la saben: 5Los cuales tienen ya conocido que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión he vivido Fariseo. 6Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres, soy llamado en juicio; 7A la cual promesa nuestras doce tribus, sirviendo constantemente de día y de noche, esperan que han de llegar. Por la cual esperanza, oh rey Agripa, soy acusado de los Judíos. 8¡Qué! ¿Júzgase cosa increíble entre vosotros que Dios resucite los muertos? 9Yo ciertamente había pensado deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret: 10Lo cual también hice en Jerusalem, y yo encerré en cárceles a muchos de los santos, recibida potestad de los príncipes de los sacerdotes; y cuando eran matados, yo di mi voto. 11Y muchas veces, castigándolos por todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extrañas. 12En lo cual ocupado, yendo a Damasco con potestad y comisión de los príncipes de los sacerdotes, 13En mitad del día, oh rey, vi en el camino una luz del cielo, que sobrepujaba el resplandor del sol, la cual me rodeó y a los que iban conmigo. 14Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebraica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra los aguijones. 15Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 16Mas levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto te he aparecido, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que apareceré a ti: 17Librándote del pueblo y de los Gentiles, a los cuales ahora te envío, 18Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, remisión de pecados y suerte entre los santificados. 19Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial: 20Antes anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalem, y por toda la tierra de Judea, y a los Gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. 21Por causa de esto los Judíos, tomándome en el templo, tentaron matarme. 22Mas ayudado del auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de venir: 23Que Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los Gentiles. 24Y diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo: las muchas letras te vuelven loco. 25Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de templanza. 26Pues el rey sabe estas cosas, delante del cual también hablo confiadamente. Pues no pienso que ignora nada de esto; pues no ha sido esto hecho en algún rincón. 27¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. 28Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser Cristiano. 29Y Pablo dijo: ¡Pluguiese a Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, mas también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas prisiones! 30Y como hubo dicho estas cosas, se levantó el rey, y el presidente, y Bernice, y los que se habían sentado con ellos; 31Y como se retiraron aparte, hablaban los unos a los otros, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte, ni de prisión, hace este hombre. 32Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser suelto, si no hubiera apelado a César.
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Jeremías 36

1Y aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que fue esta palabra a Jeremías, de Jehová, diciendo: 2Tómate un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las gentes, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy. 3Quizá oirá la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, para volverse cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado. 4Y llamó Jeremías a Baruch hijo de Nerías, y escribió Baruch de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado. 5Después mandó Jeremías a Baruch, diciendo: Yo estoy preso, no puedo entrar en la casa de Jehová: 6Entra tú pues, y lee de este rollo que escribiste de mi boca, las palabras de Jehová en oídos del pueblo, en la casa de Jehová, el día del ayuno; y las leerás también en oídos de todo Judá que vienen de sus ciudades. 7Quizá caerá oración de ellos en la presencia de Jehová, y tornaráse cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo. 8Y Baruch hijo de Nerías hizo conforme a todas las cosas que le mandó Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras de Jehová en la casa de Jehová. 9Y aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que promulgaron ayuno en la presencia de Jehová, a todo el pueblo de Jerusalem, y a todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá a Jerusalem. 10Y Baruch leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa de Jehová, en la cámara de Gemarías hijo de Saphán escriba, en el atrio de arriba, a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová, en oídos del pueblo. 11Y Michêas hijo de Gemarías, hijo de Saphán, habiendo oído del libro todas las palabras de Jehová, 12Descendió a la casa del rey, a la cámara del secretario, y he aquí que todos los príncipes estaban allí sentados, a saber: Elisama secretario, y Delaías hijo de Semeías, y Elnathán hijo de Achbor, y Gemarías hijo de Saphán, y Sedechîas hijo de Ananías, y todos los príncipes. 13Y contóles Michêas todas las palabras que había oído leyendo Baruch en el libro en oídos del pueblo. 14Entonces enviaron todos los príncipes a Jehudí hijo de Nethanías, hijo de Selemías, hijo de Chusi, para que dijese a Baruch: Toma el rollo en que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y Baruch, hijo de Nerías, tomó el rollo en su mano, y vino a ellos. 15Y dijéronle: Siéntate ahora, y léelo en nuestros oídos. Y leyó Baruch en sus oídos. 16Y fue que, como oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvió espantado a su compañero, y dijeron a Baruch: Sin duda contaremos al rey todas estas palabras. 17Preguntaron luego a Baruch, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras. 18Y Baruch les dijo: El me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro. 19Entonces dijeron los príncipes a Baruch: Ve, y escóndete tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estáis. 20Y entraron al rey al atrio, habiendo depositado el rollo en la cámara de Elisama secretario; y contaron en los oídos del rey todas estas palabras. 21Y envió el rey a Jehudí a que tomase el rollo, el cual lo tomó de la cámara de Elisama secretario, y leyó en él Jehudí en oídos del rey, y en oídos de todos los príncipes que junto al rey estaban. 22Y el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y había un brasero ardiendo delante de él; 23Y fue que, como Jehudí hubo leído tres o cuatro planas, rasgólo con un cuchillo de escribanía, y echólo en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había. 24Y no tuvieron temor, ni rasgaron sus vestidos, el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras. 25Y aunque Elnathán y Delaías y Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oir: 26Antes mandó el rey a Jerameel hijo de Amelech, y a Seraías hijo de Azriel, y a Selemías hijo de Abdeel, que prendiesen a Baruch el escribiente y a Jeremías profeta; mas Jehová los escondió. 27Y fue palabra de Jehová a Jeremías, después que el rey quemó el rollo, las palabras que Baruch había escrito de boca de Jeremías, diciendo: 28Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras, que estaban en el primer rollo que quemó Joacim, rey de Judá. 29Y dirás a Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella hombres ni animales? 30Por tanto, así ha dicho Jehová, en orden a Joacim rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche. 31Y visitaré sobre él, y sobre su simiente, y sobre sus siervos, su maldad; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalem, y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he dicho y no escucharon. 32Y tomó Jeremías otro rollo, y diólo a Baruch hijo de Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.
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Jeremías 45

1Palabra que habló Jeremías profeta a Baruch hijo de Nerías, cuando escribía en el libro estas palabras de boca de Jeremías, el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo: 2Así ha dicho Jehová Dios de Israel, a ti, oh Baruch: 3Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora! porque me ha añadido Jehová tristeza sobre mi dolor; trabajé en mi gemido, y no he hallado descanso. 4Así le has de decir: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo destruyo los que edifiqué, y arranco los que planté, y toda esta tierra. 5¿Y tú buscas para ti grandezas? No busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho Jehová, y a ti te daré tu vida por despojo en todos los lugares adonde fueres.
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Salmo 9

1Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas. 2Alegraréme y regocijaréme en ti: cantaré a tu nombre, oh Altísimo; 3Por haber sido mis enemigos vueltos atrás: caerán y perecerán delante de ti. 4Porque has hecho mi juicio y mi causa: sentástete en silla juzgando justicia. 5Reprendiste gentes, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos para siempre jamás. 6Oh enemigo, acabados son para siempre los asolamientos; y las ciudades que derribaste, su memoria pereció con ellas. 7Mas Jehová permanecerá para siempre: dispuesto ha su trono para juicio. 8Y él juzgará el mundo con justicia; y juzgará los pueblos con rectitud. 9Y será Jehová refugio al pobre, refugio para el tiempo de angustia. 10Y en ti confiarán los que conocen tu nombre; por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron. 11Cantad a Jehová, que habita en Sion: noticiad en los pueblos sus obras. 12Porque demandando la sangre se acordó de ellos: no se olvidó del clamor de los pobres. 13Ten misericordia de mí, Jehová: mira mi aflicción que padezco de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte; 14Porque cuente yo todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sion, y me goce en tu salud. 15Hundiéronse las gentes en la fosa que hicieron; en la red que escondieron fue tomado su pie. 16Jehová fue conocido en el juicio que hizo; en la obra de sus manos fue enlazado el malo. (Higaion. Selah.) 17Los malos serán trasladados al infierno, todas las gentes que se olvidan de Dios. 18Porque no para siempre será olvidado el pobre; ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente. 19Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas las gentes delante de ti. 20Pon, oh Jehová, temor en ellos: conozcan las gentes que son no más que hombres. (Selah.)

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Rut 1 · Hechos 26
Personales
Jeremías 36 · Jeremías 45 · Salmo 9