Lectura 1 de 4 · En familia
Josué 11
1Oyendo esto Jabín rey de Hasor, envió mensaje a Jobab rey de Madón, y al rey de Simrom, y al rey de Achsaph, 2Y a los reyes que estaban a la parte del norte en las montañas, y en el llano al mediodía de Cinneroth, y en los llanos, y en las regiones de Dor al occidente; 3Y al Cananeo que estaba al oriente y al occidente, y al Amorrheo, y al Hetheo, y al Pherezeo, y al Jebuseo en las montañas, y al Heveo debajo de Hermón en tierra de Mizpa. 4Estos salieron, y con ellos todos sus ejércitos, pueblo mucho en gran manera, como la arena que está a la orilla del mar, con gran muchedumbre de caballos y carros. 5Todos estos reyes se juntaron, y viniendo reunieron los campos junto a las aguas de Merom, para pelear contra Israel. 6Mas Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos, que mañana a esta hora yo entregaré a todos estos, muertos delante de Israel: a sus caballos desjarretarás, y sus carros quemarás al fuego. 7Y vino Josué, y con él todo el pueblo de guerra, contra ellos, y dio de repente sobre ellos junto a las aguas de Merom. 8Y entrególos Jehová en manos de Israel, los cuales los hirieron y siguieron hasta Sidón la grande, y hasta las aguas calientes, y hasta el llano de Mizpa al oriente, hiriéndolos hasta que no les dejaron ninguno. 9Y Josué hizo con ellos como Jehová le había mandado: desjarretó sus caballos, y sus carros quemó al fuego. 10Y tornándose Josué, tomó en el mismo tiempo a Hasor, e hirió a cuchillo a su rey: la cual Hasor había sido antes cabeza de todos estos reinos. 11E hirieron a cuchillo todo cuanto en ella había vivo, destruyendo y no dejando cosa con vida; y a Asor pusieron a fuego. 12Asimismo tomó Josué todas las ciudades de aquestos reyes, y a todos los reyes de ellas, y los metió a cuchillo, y los destruyó, como Moisés siervo de Jehová lo había mandado. 13Empero todas las ciudades que estaban en sus cabezos, no las quemó Israel, sacando a sola Asor, la cual quemó Josué. 14Y los hijos de Israel tomaron para sí todos los despojos y bestias de aquestas ciudades: pero a todos los hombres metieron a cuchillo hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida. 15De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué: y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés. 16Tomó pues Josué toda aquella tierra, las montañas, y toda la región del mediodía, y toda la tierra de Gosén, y los bajos y los llanos, y la montaña de Israel y sus valles. 17Desde el monte de Halac, que sube hasta Seir, hasta Baal-gad en la llanura del Líbano, a las raíces del monte Hermón: tomó asimismo todos sus reyes, los cuales hirió y mató. 18Por muchos días tuvo guerra Josué con estos reyes. 19No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, sacados los Heveos, que moraban en Gabaón: todo lo tomaron por guerra. 20Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, antes fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés. 21También en el mismo tiempo vino Josué y destruyó los Anaceos de los montes, de Hebrón, de Debir, y de Anab, y de todos los montes de Judá, y de todos los montes de Israel: Josué los destruyó a ellos y a sus ciudades. 22Ninguno de los Anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gath, y en Asdod. 23Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y entrególa Josué a los Israelitas por herencia, conforme a sus repartimientos de sus tribus: y la tierra reposó de guerra.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 144
1Bendito sea Jehová, mi roca, que enseña mis manos a la batalla, y mis dedos a la guerra: 2Misericordia mía y mi castillo, altura mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que allana mi pueblo delante de mí. 3Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que de él conozcas? ¿o el hijo del hombre, para que lo estimes? 4El hombre es semejante a la vanidad: sus días son como la sombra que pasa. 5Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende: toca los montes, y humeen. 6Despide relámpagos, y disípalos; envía tus saetas, y contúrbalos. 7Envía tu mano desde lo alto; redímeme, y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hijos extraños; 8Cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira. 9Oh Dios, a ti cantaré canción nueva: con salterio, con decacordio cantaré a ti. 10Tú, el que da salud a los reyes, el que redime a David su siervo de maligna espada. 11Redímeme, y sálvame de mano de los hijos extraños, cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira. 12Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud; nuestras hijas como las esquinas labradas a manera de las de un palacio; 13Nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte de grano; nuestros ganados, que paran a millares y diez millares en nuestras plazas: 14Que nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; que no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni grito de alarma en nuestras plazas. 15Bienaventurado el pueblo que tiene esto: bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jeremías 5
1Discurrid por las plazas de Jerusalem, y mirad ahora, y sabed, y buscad en sus plazas si halláis hombre, si hay alguno que haga juicio, que busque verdad; y yo la perdonaré. 2Y si dijeren: Vive Jehová; por tanto jurarán mentira. 3Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Azotástelos, y no les dolió; consumístelos, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse. 4Yo empero dije: Por cierto ellos son pobres, enloquecido han, pues no conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios. 5Irme he a los grandes, y hablaréles; porque ellos conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios. Ciertamente ellos también quebraron el yugo, rompieron las coyundas. 6Por tanto, león del monte los herirá, destruirálos lobo del desierto, tigre acechará sobre sus ciudades; cualquiera que de ellas saliere, será arrebatado: porque sus rebeliones se han multiplicado, hanse aumentado sus deslealtades. 7¿Cómo te he de perdonar por esto? Sus hijos me dejaron, y juraron por lo que no es Dios. Saciélos, y adulteraron, y en casa de ramera se juntaron en compañías. 8Como caballos bien hartos fueron a la mañana, cada cual relinchaba a la mujer de su prójimo. 9¿No había de hacer visitación sobre esto? dijo Jehová. De una gente como esta ¿no se había de vengar mi alma? 10Escalad sus muros, y destruid; mas no hagáis consumación: quitad las almenas de sus muros, porque no son de Jehová. 11Porque resueltamente se rebelaron contra mí la casa de Israel y la casa de Judá, dice Jehová. 12Negaron a Jehová, y dijeron: El no es, y no vendrá mal sobre nosotros, ni veremos cuchillo ni hambre; 13Antes los profetas serán como viento, y no hay en ellos palabra; así se hará a ellos. 14Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos: Porque hablasteis esta palabra, he aquí yo pongo en tu boca mis palabras por fuego, y a este pueblo por leños, y los consumirá. 15He aquí yo traigo sobre vosotros gente de lejos, oh casa de Israel, dice Jehová; gente robusta, gente antigua, gente cuya lengua ignorarás, y no entenderás lo que hablare. 16Su aljaba como sepulcro abierto, todos valientes. 17Y comerá tu mies y tu pan, que habían de comer tus hijos y tus hijas; comerá tus ovejas y tus vacas, comerá tus viñas y tus higueras; y tus ciudades fuertes en que tú confías, tornará en nada a cuchillo. 18Empero en aquellos días, dice Jehová, no os acabaré del todo. 19Y será que cuando dijereis: ¿Por qué hizo Jehová el Dios nuestro con nosotros todas estas cosas? entonces les dirás: De la manera que me dejasteis a mí, y servisteis a dioses ajenos en vuestra tierra, así serviréis a extraños en tierra ajena. 20Denunciad esto en la casa de Jacob, y haced que esto se oiga en Judá, diciendo: 21Oid ahora esto, pueblo necio y sin corazón, que tienen ojos y no ven, que tienen oídos y no oyen: 22¿A mí no temeréis? dice Jehová; ¿no os amedrentaréis a mi presencia, que al mar por ordenación eterna, la cual no quebrantará, puse arena por término? Se levantarán tempestades, mas no prevalecerán; bramarán sus ondas, mas no lo pasarán. 23Empero este pueblo tiene corazón falso y rebelde; tornáronse y fuéronse. 24Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora a Jehová Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo; los tiempos establecidos de la siega nos guarda. 25Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas; y vuestros pecados apartaron de vosotros el bien. 26Porque fueron hallados en mi pueblo impíos; acechaban como quien pone lazos; pusieron trampa para tomar hombres. 27Como jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño: así se hicieron grandes y ricos. 28Engordaron y pusiéronse lustrosos, y sobrepujaron los hechos del malo: no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo hiciéronse prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. 29¿No tengo de visitar sobre esto? dice Jehová; ¿y de tal gente no se vengará mi alma? 30Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra: 31Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué pues haréis a su fin?
Lectura 4 de 4 · Personal
Mateo 19
1Y aconteció que acabando Jesús estas palabras, se pasó de Galilea, y vino a los términos de Judea, pasado el Jordán. 2Y le siguieron muchas gentes, y los sanó allí. 3Entonces se llegaron a él los Fariseos, tentándole, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquiera causa? 4Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo, 5Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne? 6Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre. 7Dícenle: ¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiarla? 8Díceles: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres: mas al principio no fue así. 9Y yo os digo que cualquiera que repudiare a su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con la repudiada, adultera. 10Dícenle sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. 11Entonces él les dijo: No todos reciben esta palabra, sino aquellos a quienes es dado. 12Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos que se hicieron a sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos; el que pueda ser capaz de eso, séalo. 13Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les riñeron. 14Y Jesús dijo: Dejad a los niños, y no les impidáis de venir a mí; porque de los tales es el reino de los cielos. 15Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se partió de allí. 16Y he aquí, uno llegándose le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? 17Y él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, es a saber, Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. 18Dícele: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: 19Honra a tu padre y a tu madre: y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 20Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi juventud: ¿qué más me falta? 21Dícele Jesús: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y da lo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 22Y oyendo el mancebo esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos. 24Mas os digo, que más liviano trabajo es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 25Mas sus discípulos, oyendo estas cosas, se espantaron en gran manera, diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo? 26Y mirándo los Jesús, les dijo: Para con los hombres imposible es esto; mas para con Dios todo es posible. 27Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido: ¿qué pues tendremos? 28Y Jesús les dijo: De cierto os digo, que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando se sentará el Hijo del hombre en el trono de su gloria, vosotros también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 29Y cualquiera que dejare casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y heredará la vida eterna. 30Mas muchos primeros serán postreros, y postreros primeros.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Josué 11 · Salmo 144
Personales
Jeremías 5 · Mateo 19