Lectura 1 de 4 · En familia
Deuteronomio 13-14 (cap. 13)
1Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te diere señal o prodigio, 2Y acaeciere la señal o prodigio que él te dijo, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; 3No darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños: porque Jehová vuestro Dios os prueba, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma. 4En pos de Jehová vuestro Dios andaréis, y a él temeréis, y guardaréis sus mandamientos, y escucharéis su voz, y a él serviréis, y a él os allegaréis. 5Y el tal profeta o soñador de sueños, ha de ser muerto; por cuanto trató de rebelión contra Jehová vuestro Dios, que te sacó de tierra de Egipto, y te rescató de casa de siervos, y de echarte del camino por el que Jehová tu Dios te mandó que anduvieses: y así quitarás el mal de en medio de ti. 6Cuando te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, o tu hija, o la mujer de tu seno, o tu amigo que sea como tu alma, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que ni tú ni tus padres conocisteis, 7De los dioses de los pueblos que están en vuestros alrededores cercanos a ti, o lejos de ti, desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo de ella; 8No consentirás con él, ni le darás oído; ni tu ojo le perdonará, ni tendrás compasión, ni lo encubrirás: 9Antes has de matarlo; tu mano será primero sobre él para matarle, y después la mano de todo el pueblo. 10Y has de apedrearlo con piedras, y morirá; por cuanto procuró apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de siervos: 11Para que todo Israel oiga, y tema, y no tornen a hacer cosa semejante a esta mala cosa en medio de ti. 12Cuando oyeres de alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da para que mores en ellas, que se dice: 13Hombres, hijos de impiedad, han salido de en medio de ti, que han instigado a los moradores de su ciudad, diciendo: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que vosotros no conocisteis; 14Tú inquirirás, y buscarás, y preguntarás con diligencia; y si pareciere verdad, cosa cierta, que tal abominación se hizo en medio de ti, 15Irremisiblemente herirás a filo de espada los moradores de aquella ciudad, destruyéndola con todo lo que en ella hubiere, y también sus bestias a filo de espada. 16Y juntarás todo el despojo de ella en medio de su plaza, y consumirás con fuego la ciudad y todo su despojo, todo ello, a Jehová tu Dios: y será un montón para siempre: nunca más se edificará. 17Y no se pegará algo a tu mano del anatema; porque Jehová se aparte del furor de su ira, y te dé mercedes, y tenga misericordia de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres, 18Cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, guardando todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, para hacer lo recto en ojos de Jehová tu Dios.
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Deuteronomio 13-14 (cap. 14)
1Hijos sois de Jehová vuestro Dios: no os sajaréis, ni pondréis calva sobre vuestros ojos por muerto; 2Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo singular de entre todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra. 3Nada abominable comerás. 4Estos son los animales que comeréis: el buey, la oveja, y la cabra, 5El ciervo, el corzo, y el búfalo, y el cabrío salvaje, y el unicornio, y buey salvaje, y cabra montés. 6Y todo animal de pezuñas, que tiene hendidura de dos uñas, y que rumiare entre los animales, ese comeréis. 7Empero estos no comeréis de los que rumian, o tienen uña hendida: camello, y liebre, y conejo, porque rumian, mas no tienen uña hendida, os serán inmundos; 8Ni puerco: porque tiene uña hendida, mas no rumia, os será inmundo. De la carne de estos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos. 9Esto comeréis de todo lo que está en el agua: todo lo que tiene aleta y escama comeréis; 10Mas todo lo que no tuviere aleta y escama, no comeréis: inmundo os será. 11Toda ave limpia comeréis. 12Y estas son de las que no comeréis: el águila, y el azor, y el esmerejón, 13Y el ixio, y el buitre, y el milano según su especie, 14Y todo cuervo según su especie, 15Y el buho, y la lechuza, y el cuclillo, y el halcón según su especie, 16Y el herodión, y el cisne, y el ibis, 17Y el somormujo, y el calamón, y el corvejón, 18Y la cigüeña, y la garza según su especie, y la abubilla, y el murciélago. 19Y todo reptil alado os será inmundo: no se comerá. 20Toda ave limpia comeréis. 21Ninguna cosa mortecina comeréis: al extranjero que está en tus poblaciones la darás, y él la comerá: o véndela al extranjero; porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre. 22Indispensablemente diezmarás todo el producto de tu simiente, que rindiere el campo cada un año. 23Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para hacer habitar allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y los primerizos de tus manadas, y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días. 24Y si el camino fuere tan largo que tú no puedas llevarlo por él, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere, 25Entonces venderlo has, y atarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; 26Y darás el dinero por todo lo que deseare tu alma, por vacas, o por ovejas, o por vino, o por sidra, o por cualquier cosa que tu alma te demandare: y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia. 27Y no desampararás al Levita que habitare en tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo. 28Al cabo de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades: 29Y vendrá el Levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra de tus manos que hicieres.
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Salmos 97-98 (cap. 97)
1Jehová reinó: regocíjese la tierra: alégrense las muchas islas. 2Nube y oscuridad alrededor de él: justicia y juicio son el asiento de su trono. 3Fuego irá delante de él, y abrasará en derredor sus enemigos. 4Sus relámpagos alumbraron el mundo: la tierra vio, y estremecióse. 5Los montes se derritieron como cera delante de Jehová, delante del Señor de toda la tierra. 6Los cielos denunciaron su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria. 7Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de talla, los que se alaban de los ídolos: los dioses todos a él se encorven. 8Oyó Sion, y alegróse; y las hijas de Judá, oh Jehová, se gozaron por tus juicios. 9Porque tú, Jehová, eres alto sobre toda la tierra: eres muy ensalzado sobre todos los dioses. 10Los que a Jehová amáis, aborreced el mal: guarda él las almas de sus santos; de mano de los impíos los libra. 11Luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón. 12Alegraos, justos, en Jehová: y alabad la memoria de su santidad.
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Salmos 97-98 (cap. 98)
1Cantad a Jehová canción nueva; porque ha hecho maravillas: su diestra lo ha salvado, y su santo brazo. 2Jehová ha hecho notoria su salud: en ojos de las gentes ha descubierto su justicia. 3Hase acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel: todos los términos de la tierra han visto la salud de nuestro Dios. 4Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; levantad la voz, y aplaudid, y salmead. 5Salmead a Jehová con arpa; con arpa y voz de cántico. 6Aclamad con trompetas y sonidos de bocina delante del rey Jehová. 7Brame la mar y su plenitud; el mundo y los que en él habitan; 8Los ríos batan las manos; los montes todos hagan regocijo, 9Delante de Jehová; porque vino a juzgar la tierra: juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.
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Isaías 41
1Escuchadme, islas, y esfuércense los pueblos; alléguense, y entonces hablen: estemos juntamente a juicio. 2¿Quién despertó del oriente al justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él naciones, e hízolo enseñorear de reyes; entrególos a su espada como polvo, y a su arco como hojarascas arrebatadas? 3Siguiólos, pasó en paz por camino por donde sus pies nunca habían entrado. 4¿Quién obró e hizo esto? ¿Quién llama las generaciones desde el principio? Yo Jehová, el primero, y yo mismo con los postreros. 5Las islas vieron, y tuvieron temor; los términos de la tierra se espantaron: congregáronse, y vinieron. 6Cada cual ayudó a su cercano; y a su hermano dijo: Esfuérzate. 7El carpintero animó al platero, y el que alisa con martillo al que batía en el yunque, diciendo, Buena está la soldadura; y afirmólo con clavos, porque no se moviese. 8Mas tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, simiente de Abraham mi amigo. 9Porque te tomé de los extremos de la tierra, y de sus principales te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. 10No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. 11He aquí que todos los que se airan contra ti, serán avergonzados y confundidos: serán como nada y perecerán, los que contienden contigo. 12Los buscarás, y no los hallarás, los que tienen contienda contigo; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen guerra. 13Porque yo Jehová soy tu Dios, que te ase de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé. 14No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo te socorrí, dice Jehová, y tu Redentor el Santo de Israel. 15He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes: trillarás montes y los molerás, y collados tornarás en tamo. 16Los aventarás, y los llevará el viento, y esparcirálos el torbellino. Tú empero te regocijarás en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel. 17Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, que no hay; secóse de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. 18En los altos abriré ríos, y fuentes en mitad de los llanos: tornaré el desierto en estanques de aguas, y en manaderos de aguas la tierra seca. 19Daré en el desierto cedros, espinos, arrayanes, y olivas; pondré en la soledad hayas, olmos, y álamos juntamente; 20Porque vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo crio. 21Alegad por vuestra causa, dice Jehová: exhibid vuestros fundamentos, dice el Rey de Jacob. 22Traigan, y anúnciennos lo que ha de venir: dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello: sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo que ha de venir. 23Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos que vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal, para que tengamos qué contar, y juntamente nos maravillemos. 24He aquí que vosotros sois de nada, y vuestras obras de vanidad; abominación el que os escogió. 25Del norte desperté uno, y vendrá; del nacimiento del sol llamará en mi nombre: y hollará príncipes como lodo, y como pisa el barro el alfarero. 26¿Quién lo anunció desde el principio, para que sepamos; o de tiempo atrás, y diremos: Es justo? Cierto, no hay quien anuncie, sí, no hay quien enseñe, ciertamente no hay quien oiga vuestras palabras. 27Yo soy el primero que he enseñado estas cosas a Sion, y a Jerusalem daré un portador de alegres nuevas. 28Miré, y no había ninguno; y pregunté de estas cosas, y ningún consejero hubo: preguntéles, y no respondieron palabra. 29He aquí, todos iniquidad, y las obras de ellos nada: viento y vanidad son sus vaciadizos.
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Apocalipsis 11
1Y me fue dada una caña semejante a una vara, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. 2Y echa fuera el patio que está fuera del templo, y no lo midas, porque es dado a los Gentiles; y hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses. 3Y daré a mis dos testigos, y ellos profetizarán por mil doscientos y sesenta días, vestidos de sacos. 4Estas son las dos olivas, y los dos candeleros que están delante del Dios de la tierra. 5Y si alguno les quisiere dañar, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos: y si alguno les quisiere hacer daño, es necesario que él sea así muerto. 6Estos tienen potestad de cerrar el cielo, que no llueva en los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga cuantas veces quisieren. 7Y cuando ellos hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá, y los matará. 8Y sus cuerpos serán echados en las plazas de la grande ciudad, que espiritualmente es llamada Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado. 9Y los de los linajes, y de los pueblos, y de las lenguas, y de los Gentiles verán los cuerpos de ellos por tres días y medio, y no permitirán que sus cuerpos sean puestos en sepulcros. 10Y los moradores de la tierra se gozarán sobre ellos, y se alegrarán, y se enviarán dones los unos a los otros; porque estos dos profetas han atormentado a los que moran sobre la tierra. 11Y después de tres días y medio el espíritu de vida enviado de Dios, entró en ellos, y se alzaron sobre sus pies, y vino gran temor sobre los que los vieron. 12Y oyeron una grande voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos los vieron. 13Y en aquella hora fue hecho gran temblor de tierra, y la décima parte de la ciudad cayó, y fueron muertos en el temblor de tierra en número de siete mil hombres: y los demás fueron espantados, y dieron gloria al Dios del cielo. 14El segundo ¡Ay! es pasado: he aquí, el tercer ¡Ay! vendrá presto. 15Y el séptimo ángel tocó la trompeta, y fueron hechas grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo: y reinará para siempre jamás. 16Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus sillas, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, 17Diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu grande potencia, y has reinado. 18Y se han airado las naciones, y tu ira es venida, y el tiempo de los muertos, para que sean juzgados, y para que des el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeñitos y a los grandes, y para que destruyas los que destruyen la tierra. 19Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su testamento fue vista en su templo. Y fueron hechos relámpagos y voces y truenos y terremotos y grande granizo.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Deuteronomio 13-14 · Salmos 97-98
Personales
Isaías 41 · Apocalipsis 11