Lectura 1 de 4 · En familia

Deuteronomio 12

1Estos son los estatutos y derechos que cuidaréis de poner por obra, en la tierra que Jehová el Dios de tus padres te ha dado para que la poseas, todos los días que vosotros viviereis sobre la tierra. 2Destruiréis enteramente todos los lugares donde las gentes que vosotros heredareis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol espeso: 3Y derribaréis sus altares, y quebraréis sus imágenes, y sus bosques consumiréis con fuego: y destruiréis las esculturas de sus dioses, y extirparéis el nombre de ellas de aquel lugar. 4No haréis así a Jehová vuestro Dios. 5Mas el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ese buscaréis, y allá iréis: 6Y allí llevaréis vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, y vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, y vuestros votos, y vuestras ofrendas voluntarias, y los primerizos de vuestras vacas y de vuestras ovejas: 7Y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en que Jehová tu Dios te hubiere bendecido. 8No haréis como todo lo que nosotros hacemos aquí ahora, cada uno lo que le parece, 9Porque aun hasta ahora no habéis entrado al reposo y a la heredad que os da Jehová vuestro Dios. 10Mas pasaréis el Jordán, y habitaréis en la tierra que Jehová vuestro Dios os hace heredar, y él os dará reposo de todos vuestros enemigos alrededor, y habitaréis seguros. 11Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para hacer habitar en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de vuestros votos que hubiereis prometido a Jehová; 12Y os alegraréis delante de Jehová vuestro Dios, vosotros, y vuestros hijos, y vuestras hijas, y vuestros siervos, y vuestras siervas, y el Levita que estuviere en vuestras poblaciones: por cuanto no tiene parte ni heredad con vosotros. 13Guárdate, que no ofrezcas tus holocaustos en cualquier lugar que vieres; 14Mas en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando. 15Con todo, podrás matar y comer carne en todas tus poblaciones conforme al deseo de tu alma, según la bendición de Jehová tu Dios que él te habrá dado: el inmundo y el limpio la comerá, como la de corzo o de ciervo: 16Salvo que sangre no comeréis; sobre la tierra la derramaréis como agua. 17Ni podrás comer en tus poblaciones el diezmo de tu grano, o de tu vino, o de tu aceite, ni los primerizos de tus vacas, ni de tus ovejas, ni tus votos que prometieres, ni tus ofrendas voluntarias, ni las elevadas ofrendas de tus manos: 18Mas delante de Jehová tu Dios las comerás, en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el Levita que está en tus poblaciones: y alegrarte has delante de Jehová tu Dios en toda obra de tus manos. 19Ten cuidado de no desamparar al Levita en todos tus días sobre tu tierra. 20Cuando Jehová tu Dios ensanchare tu término, como él te ha dicho, y tú dijeres, Comeré carne, porque deseó tu alma comerla, conforme a todo el deseo de tu alma comerás carne. 21Cuando estuviere lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios habrá escogido, para poner allí su nombre, matarás de tus vacas y de tus ovejas, que Jehová te hubiere dado, como te he mandado yo, y comerás en tus puertas según todo lo que deseare tu alma. 22Lo mismo que se come el corzo y el ciervo, así las comerás: el inmundo y el limpio comerán también de ellas. 23Solamente que te esfuerces a no comer sangre: porque la sangre es el alma; y no has de comer el alma juntamente con su carne. 24No la comerás: en tierra la derramarás como agua. 25No comerás de ella; para que te vaya bien a ti, y a tus hijos después de ti, cuando hicieres lo recto en ojos de Jehová. 26Empero las cosas que tuvieres tú consagradas, y tus votos, las tomarás, y vendrás al lugar que Jehová hubiere escogido: 27Y ofrecerás tus holocaustos, la carne y la sangre, sobre el altar de Jehová tu Dios: y la sangre de tus sacrificios será derramada sobre el altar de Jehová tu Dios, y comerás la carne. 28Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, porque te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre, cuando hicieres lo bueno y lo recto en los ojos de Jehová tu Dios. 29Cuando hubiere devastado delante de ti Jehová tu Dios las naciones a donde tú vas para poseerlas, y las heredares, y habitares en su tierra, 30Guárdate que no tropieces en pos de ellas, después que fueren destruídas delante de ti: no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas gentes a sus dioses, así haré yo también. 31No harás así a Jehová tu Dios; porque todo lo que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos e hijas quemaban en el fuego a sus dioses. 32Cuidaréis de hacer todo lo que yo os mando: no añadirás a ello, ni quitarás de ello.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmos 95-96 (cap. 95)

1Venid, celebremos alegremente a Jehová: cantemos con júbilo a la roca de nuestra salud. 2Lleguemos ante su acatamiento con alabanza; aclamémosle con cánticos. 3Porque Jehová es Dios grande; y Rey grande sobre todos los dioses. 4Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. 5Suya también la mar, pues él la hizo; y sus manos formaron la seca. 6Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor. 7Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz, 8No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como el día de Masa en el desierto; 9Donde me tentaron vuestros padres, probáronme, y vieron mi obra. 10Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos. 11Por tanto juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmos 95-96 (cap. 96)

1Cantad a Jehová canción nueva; cantad a Jehová, toda la tierra. 2Cantad a Jehová, bendecid su nombre: anunciad de día en día su salud. 3Contad entre las gentes su gloria, en todos los pueblos sus maravillas. 4Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; terrible sobre todos los dioses. 5Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos: mas Jehová hizo los cielos. 6Alabanza y magnificencia delante de él: fortaleza y gloria en su santuario. 7Dad a Jehová, oh familias de los pueblos, dad a Jehová la gloria y la fortaleza. 8Dad a Jehová la honra debida a su nombre: tomad presentes, y venid a sus atrios. 9Encorvaos a Jehová en la hermosura de su santuario: temed delante de él, toda la tierra. 10Decid en las gentes: Jehová reinó, también afirmó el mundo, no será conmovido: juzgará a los pueblos en justicia. 11Alégrense los cielos, y gócese la tierra: brame la mar y su plenitud. 12Regocíjese el campo, y todo lo que en él está: entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento, 13Delante de Jehová que vino: porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.
Lectura 3 de 4 · Personal

Isaías 40

1Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. 2Hablad al corazón de Jerusalem: decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados. 3Voz que clama en el desierto: Barred camino a Jehová: enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. 4Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. 5Y manifestaráse la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; que la boca de Jehová habló. 6Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo de decir a voces? Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo: 7La hierba se seca, y la flor se cae; porque el viento de Jehová sopló en ella: ciertamente hierba es el pueblo. 8Sécase la hierba, cáese la flor: mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre. 9Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalem; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Veis aquí el Dios vuestro! 10He aquí que el Señor Jehová vendrá con fortaleza, y su brazo se enseñoreará: he aquí que su salario viene con él, y su obra delante de su rostro. 11Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente las paridas. 12¿Quién midió las aguas con su puño, y aderezó los cielos con su palmo, y con tres dedos allegó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza, y con peso los collados? 13¿Quién enseñó al espíritu de Jehová, o le aconsejo enseñándole? 14¿A quién demandó consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia? 15He aquí que las naciones son reputadas como la gota de un acetre, y como el orín del peso: he aquí que hace desaparecer las islas como polvo. 16Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio. 17Como nada son todas las gentes delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es. 18¿A qué pues haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis? 19El artífice apareja la imagen de talla, el platero le extiende el oro, y le funde cadenas de plata. 20El pobre escoge, para ofrecerle, madera que no se corrompa; búscase un maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no se mueva. 21¿No sabéis? ¿no habéis oído? ¿nunca os lo han dicho desde el principio? ¿no habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? 22El está asentado sobre el globo de la tierra, cuyos moradores son como langostas: él extiende los cielos como una cortina, tiéndelos como una tienda para morar: 23El torna en nada los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana. 24Como si nunca fueran plantados, como si nunca fueran sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra; así que sopla en ellos se secan, y el torbellino los lleva como hojarascas. 25¿A qué pues me haréis semejante, o seré asimilado? dice el Santo. 26Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién crio estas cosas: él saca por cuenta su ejército: a todas llama por sus nombres; ninguna faltará: tal es la grandeza de su fuerza, y su poder y virtud. 27¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino es escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? 28¿No has sabido, no has oído que el Dios del siglo es Jehová, el cual crio los términos de la tierra? No se trabaja, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. 29El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. 30Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen: 31Mas los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
Lectura 4 de 4 · Personal

Apocalipsis 10

1Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. 2Y tenía en su mano un librito abierto: y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; 3Y clamó con grande voz, como cuando un león ruge: y cuando hubo clamado, siete truenos hablaron sus voces. 4Y cuando los siete truenos hubieron hablado sus voces, yo iba a escribir, y oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han hablado, y no las escribas. 5Y el ángel que vi estar sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, 6Y juró por el que vive para siempre jamás, que ha criado el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no será más. 7Pero en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare a tocar la trompeta, el misterio de Dios será consumado, como él lo anunció a sus siervos los profetas. 8Y la voz que oí del cielo hablaba otra vez conmigo, y decía: Ve, y toma el librito abierto de la mano del ángel que está sobre el mar y sobre la tierra. 9Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito, y él me dijo: Toma, y trágalo; y él te hará amargar tu vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. 10Y tomé el librito de la mano del ángel, y lo devoré; y era dulce en mi boca como la miel; y cuando lo hube devorado, fue amargo mi vientre. 11Y él me dice: Necesario es que otra vez profetices a muchos pueblos y gentes y lenguas y reyes.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Deuteronomio 12 · Salmos 95-96
Personales
Isaías 40 · Apocalipsis 10