Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 33
1Y alzando Jacob sus ojos miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él: entonces repartió él los niños entre Lea y Rachêl y las dos siervas. 2Y puso las siervas y sus niños delante; luego a Lea y a sus niños; y a Rachêl y a José los postreros. 3Y él pasó delante de ellos, e inclinóse a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. 4Y Esaú corrió a su encuentro, y abrazóle, y echóse sobre su cuello, y le besó; y lloraron. 5Y alzó sus ojos, y vio las mujeres y los niños, y dijo: ¿Qué te tocan estos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado a tu siervo. 6Y se llegaron las siervas, ellas y sus niños, e inclináronse. 7Y llegóse Lea con sus niños, e inclináronse: y después llegó José y Rachêl, y también se inclinaron. 8Y él dijo: ¿Qué te propones con todas estas cuadrillas que he encontrado? Y él respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor. 9Y dijo Esaú: Harto tengo yo, hermano mío: sea para ti lo que es tuyo. 10Y dijo Jacob: No, yo te ruego, si he hallado ahora gracia en tus ojos, toma mi presente de mi mano, pues que así he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios; y hazme placer. 11Toma, te ruego, mi dádiva que te es traída; porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay aquí es mío. Y porfió con él, y tomóla. 12Y dijo: Anda, y vamos; y yo iré delante de ti. 13Y él le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo ovejas y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas. 14Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo me iré poco a poco al paso de la hacienda que va delante de mí, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor a Seir. 15Y Esaú dijo: Dejaré ahora contigo de la gente que viene conmigo. Y él dijo: ¿Para qué esto? halle yo gracia en los ojos de mi señor. 16Así se volvió Esaú aquel día por su camino a Seir. 17Y Jacob se partió a Succoth, y edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su ganado: por tanto llamó el nombre de aquel lugar Succoth. 18Y vino Jacob sano a la ciudad de Sichêm, que está en la tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram; y acampó delante de la ciudad. 19Y compró una parte del campo, donde tendió su tienda, de mano de los hijos de Hamor, padre de Sichêm, por cien piezas de moneda. 20Y erigió allí un altar, y llamóle: El Dios de Israel.
Lectura 2 de 4 · En familia
Marcos 4
1Y otra vez comenzó a enseñar junto a la mar, y se juntó a él mucha gente; tanto, que entrándose él en un barco, se sentó en la mar: y toda la gente estaba en tierra junto a la mar. 2Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina: 3Oid: He aquí, el sembrador salió a sembrar. 4Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la tragaron. 5Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y luego salió, porque no tenía la tierra profunda: 6Mas salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz, se secó. 7Y otra parte cayó en espinas; y subieron las espinas, y la ahogaron, y no dio fruto. 8Y otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, que subió y creció: y llevó uno a treinta, y otro a sesenta, y otro a ciento. 9Entonces les dijo: El que tiene oídos para oir, oiga. 10Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él con los doce, sobre la parábola. 11Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; 12Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados. 13Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas? 14El que siembra es el que siembra la palabra. 15Y estos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada: mas después que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fue sembrada en sus corazones. 16Y asimismo estos son los que son sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, luego la toman con gozo; 17Mas no tienen raíz en sí, antes son temporales, que en levantándose la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego se escandalizan. 18Y estos son los que son sembrados entre espinas: los que oyen la palabra; 19Mas los cuidados de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 20Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen fruto, uno a treinta, otro a sesenta, y otro a ciento. 21También les dijo: ¿Tráese la antorcha para ser puesta debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ser puesta en el candelero? 22Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que no haya de descubrirse. 23Si alguno tiene oídos para oir, oiga. 24Les dijo también: Mirad lo que oís: con la medida que medís, os medirán otros, y será añadido a vosotros los que oís. 25Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 26Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra; 27Y duerme, y se levanta de noche y de día, y la simiente brota y crece como él no sabe. 28Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada. 30Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿o con qué parábola le compararemos? 31Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra; 32Mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra. 33Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oir. 34Y sin parábola no les hablaba; mas a sus discípulos en particular declaraba todo. 35Y les dijo aquel día cuando fue tarde: Pasemos de la otra parte. 36Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con él otros barquitos. 37Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se henchía. 38Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos? 39Y levantándose, increpó al viento, y dijo a la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fue hecha grande bonanza. 40Y a ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es este, que aun el viento y la mar le obedecen?
Lectura 3 de 4 · Personal
Ester 9-10 (cap. 9)
1Y en el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a trece del mismo, en el que tocaba se ejecutase el mandamiento del rey y su ley, el mismo día en que esperaban los enemigos de los Judíos enseñorearse de ellos, fue lo contrario; porque los Judíos se enseñorearon de los que los aborrecían. 2Los Judíos se juntaron en sus ciudades en todas las provincias del rey Assuero, para meter mano sobre los que habían procurado su mal: y nadie se puso delante de ellos, porque el temor de ellos había caído sobre todos los pueblos. 3Y todos los príncipes de las provincias, y los virreyes, y capitanes, y oficiales del rey, ensalzaban a los Judíos; porque el temor de Mardochêo había caído sobre ellos. 4Porque Mardochêo era grande en la casa del rey, y su fama iba por todas las provincias; pues el varón Mardochêo iba engrandeciéndose. 5E hirieron los Judíos a todos sus enemigos con plaga de espada, y de mortandad, y de perdición; e hicieron en sus enemigos a su voluntad. 6Y en Susán capital del reino, mataron y destruyeron los Judíos a quinientos hombres. 7Mataron entonces a Phorsandatha, y a Dalphón, y a Asphatha, 8Y a Phoratha y a Ahalía, y a Aridatha, 9Y a Pharmastha, y a Arisai, y a Aridai, y a Vaizatha, 10Diez hijos de Amán hijo de Amadatha, enemigo de los Judíos: mas en la presa no metieron su mano. 11El mismo día vino la cuenta de los muertos en Susán residencia regia, delante del rey. 12Y dijo el rey a la reina Esther: En Susán, capital del reino, han muerto los Judíos y destruído a quinientos hombres, y a diez hijos de Amán; ¿qué habrán hecho en las otras provincias del rey? ¿Cuál pues es tu petición, y te será concedida? ¿o qué más es tu demanda, y será hecho? 13Y respondió Esther: Si place al rey, concédase también mañana a los Judíos en Susán, que hagan conforme a la ley de hoy; y que cuelguen en la horca a los diez hijos de Amán. 14Y mandó el rey que se hiciese así: y dióse la orden en Susán, y colgaron a los diez hijos de Amán. 15Y los Judíos que estaban en Susán, se juntaron también el catorce del mes de Adar, y mataron en Susán trescientos hombres: mas en la presa no metieron su mano. 16En cuanto a los otros Judíos que estaban en las provincias del rey, también se juntaron y pusiéronse en defensa de su vida, y tuvieron reposo de sus enemigos, y mataron de sus contrarios setenta y cinco mil; mas en la presa no metieron su mano. 17En el día trece del mes de Adar fue esto; y reposaron en el día catorce del mismo, e hiciéronlo día de banquete y de alegría. 18Mas los Judíos que estaban en Susán se juntaron en el trece y en el catorce del mismo mes; y al quince del mismo reposaron, e hicieron aquel día día de banquete y de regocijo. 19Por tanto los Judíos aldeanos que habitan en las villas sin muro, hacen a los catorce del mes de Adar el día de alegría y de banquete, y buen día, y de enviar porciones cada uno a su vecino. 20Y escribió Mardochêo estas cosas, y envió letras a todos los Judíos que estaban en todas las provincias del rey Assuero, cercanos y distantes, 21Ordenándoles que celebrasen el día décimocuarto del mes de Adar, y el décimoquinto del mismo, cada un año, 22Como días en que los Judíos tuvieron reposo de sus enemigos, y el mes que se les tornó de tristeza en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquete y de gozo, y de enviar porciones cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres. 23Y los Judíos aceptaron hacer, según habían comenzado, lo que les escribió Mardochêo. 24Porque Amán hijo de Amadatha, Agageo, enemigo de todos los Judíos, había ideado contra los Judíos para destruirlos, y echó Pur, que quiere decir suerte, para consumirlos y acabar con ellos. 25Mas como Esther vino a la presencia del rey, él intimó por carta: El perverso designio que aquel trazó contra los Judíos, recaiga sobre su cabeza; y cuélguenlo a él y a sus hijos en la horca. 26Por esto llamaron a estos días Purim, del nombre Pur. Por todas las palabras pues de esta carta, y por lo que ellos vieron sobre esto, y lo que llegó a su noticia, 27Establecieron y tomaron los Judíos sobre sí, y sobre su simiente, y sobre todos los allegados a ellos, y no será traspasado, el celebrar estos dos días según está escrito en orden a ellos, y conforme a su tiempo cada un año; 28Y que estos dos días serían en memoria, y celebrados en todas las naciones, y familias, y provincias, y ciudades. Estos días de Purim no pasarán de entre los Judíos, y la memoria de ellos no cesará de su simiente. 29Y la reina Esther hija de Abihail, y Mardochêo Judío, escribieron con toda eficacia, para confirmar esta segunda carta de Purim. 30Y envió Mardochêo letras a todos los Judíos, a las ciento veintisiete provincias del rey Assuero, con palabras de paz y de verdad, 31Para confirmar estos días de Purim en sus tiempos señalados, según les había constituído Mardochêo Judío y la reina Esther, y como habían ellos tomado sobre sí y sobre su simiente, para conmemorar el fin de los ayunos y de su clamor. 32Y el mandamiento de Esther confirmó estas palabras dadas acerca de Purim, y escribióse en el libro.
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Ester 9-10 (cap. 10)
1Y el rey Assuero impuso tributo sobre la tierra y las islas de la mar. 2Y toda la obra de su fortaleza, y de su valor, y la declaración de la grandeza de Mardochêo, con que el rey le engrandeció, ¿no está escrito en el libro de los anales de los reyes de Media y de Persia? 3Porque Mardochêo Judío fue segundo después del rey Assuero, y grande entre los Judíos, y acepto a la multitud de sus hermanos, procurando el bien de su pueblo, y hablando paz para toda su simiente.
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Romanos 4
1¿Qué, pues, diremos que halló Abraham nuestro padre según la carne? 2Que si Abraham fue justificado por la obras, tiene de qué gloriarse; mas no para con Dios. 3Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue atribuído a justicia. 4Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda. 5Mas al que no obra, pero cree en aquel que justifica al impío, la fe le es contada por justicia. 6Como también David dice ser bienaventurado el hombre al cual Dios atribuye justicia sin obras, 7Diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. 8Bienaventurado el varón al cual el Señor no imputó pecado. 9¿Es pues esta bienaventuranza solamente en la circuncisión, o también en la incircuncisión? porque decimos que a Abraham fue contada la fe por justicia. 10¿Cómo pues le fue contada? ¿en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión. 11Y recibió la circuncisión por señal, por sello de la justicia de la fe que tuvo en la incircuncisión: para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también a ellos les sea contado por justicia; 12Y padre de la circuncisión, no solamente a los que son de la circuncisión, mas también a los que siguen las pisadas de la fe que fue en nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado. 13Porque no por la ley fue dada la promesa a Abraham o a su simiente, que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. 14Porque si los que son de la ley son los herederos, vana es la fe, y anulada es la promesa. 15Porque la ley obra ira; porque donde no hay ley, tampoco hay transgresión. 16Por tanto es por la fe, para que sea por gracia; para que la promesa sea firme a toda simiente, no solamente al que es de la ley, mas también al que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros, 17(Como está escrito: Que por padre de muchas gentes te he puesto) delante de Dios, al cual creyó; el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como las que son. 18El creyó en esperanza contra esperanza, para venir a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que le había sido dicho: Así será tu simiente. 19Y no se enflaqueció en la fe, ni consideró su cuerpo ya muerto (siendo ya de casi cien años), ni la matriz muerta de Sara; 20Tampoco en la promesa de Dios dudó con desconfianza: antes fue esforzado en fe, dando gloria a Dios, 21Plenamente convencido de que todo lo que había prometido, era también poderoso para hacerlo. 22Por lo cual también le fue atribuído a justicia. 23Y no solamente por él fue escrito que le haya sido imputado; 24Sino también por nosotros, a quienes será imputado, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús Señor nuestro, 25El cual fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 33 · Marcos 4
Personales
Ester 9-10 · Romanos 4