Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 34

1Y salió Dina la hija de Lea, la cual había esta parido a Jacob, a ver las hijas del país. 2Y vióla Sichêm, hijo de Hamor Heveo, príncipe de aquella tierra, y tomóla, y echóse con ella, y la deshonró. 3Mas su alma se apegó a Dina la hija de Lea, y enamoróse de la moza, y habló al corazón de la joven. 4Y habló Sichêm a Hamor su padre, diciendo: Tómame por mujer esta moza. 5Y oyó Jacob que había Sichêm amancillado a Dina su hija: y estando sus hijos con su ganado en el campo, calló Jacob hasta que ellos viniesen. 6Y dirigióse Hamor padre de Sichêm a Jacob, para hablar con él. 7Y los hijos de Jacob vinieron del campo cuando lo supieron; y se entristecieron los varones, y se ensañaron mucho, porque hizo vileza en Israel echándose con la hija de Jacob, lo que no se debía haber hecho. 8Y Hamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Sichêm se ha apegado a vuestra hija; ruégoos que se la deis por mujer. 9Y emparentad con nosotros; dadnos vuestras hijas, y tomad vosotros las nuestras. 10Y habitad con nosotros; porque la tierra estará delante de vosotros; morad y negociad en ella, y tomad en ella posesión. 11Sichêm también dijo a su padre y a sus hermanos: Halle yo gracia en vuestros ojos, y daré lo que me dijereis. 12Aumentad a cargo mío mucho dote y dones, que yo daré cuanto me dijereis, y dadme la moza por mujer. 13Y respondieron los hijos de Jacob a Sichêm y a Hamor su padre con engaño; y parlaron, por cuanto había amancillado a Dina su hermana. 14Y dijéronles: No podemos hacer esto de dar nuestra hermana a hombre que tiene prepucio; porque entre nosotros es abominación. 15Mas con esta condición os haremos placer: si habéis de ser como nosotros, que se circuncide entre vosotros todo varón; 16Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras; y habitaremos con vosotros, y seremos un pueblo. 17Mas si no nos prestareis oído para circuncidaros, tomaremos nuestra hija, y nos iremos. 18Y parecieron bien sus palabras a Hamor y a Sichêm, hijo de Hamor. 19Y no dilató el mozo hacer aquello, porque la hija de Jacob le había agradado: y él era el más honrado de toda la casa de su padre. 20Entonces Hamor y Sichêm su hijo vinieron a la puerta de su ciudad, y hablaron a los varones de su ciudad, diciendo: 21Estos varones son pacíficos con nosotros, y habitarán en el país, y traficarán en él: pues he aquí la tierra es bastante ancha para ellos: nosotros tomaremos sus hijas por mujeres, y les daremos las nuestras. 22Mas con esta condición nos harán estos hombres el placer de habitar con nosotros, para que seamos un pueblo: si se circuncidare en nosotros todo varón, así como ellos son circuncidados. 23Sus ganados, y su hacienda y todas sus bestias, serán nuestras: solamente convengamos con ellos, y habitarán con nosotros. 24Y obedecieron a Hamor y a Sichêm su hijo todos los que salían por la puerta de la ciudad, y circuncidaron a todo varón, a cuantos salían por la puerta de su ciudad. 25Y sucedió que al tercer día, cuando sentían ellos el mayor dolor, los dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, y vinieron contra la ciudad animosamente, y mataron a todo varón. 26Y a Hamor y a Sichêm su hijo los mataron a filo de espada: y tomaron a Dina de casa de Sichêm, y saliéronse. 27Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos, y saquearon la ciudad; por cuanto habían amancillado a su hermana. 28Tomaron sus ovejas y vacas y sus asnos, y lo que había en la ciudad y en el campo, 29Y toda su hacienda; se llevaron cautivos a todos sus niños y sus mujeres, y robaron todo lo que había en casa. 30Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Habéisme turbado con hacerme abominable a los moradores de aquesta tierra, el Cananeo y el Pherezeo; y teniendo yo pocos hombres, juntarse han contra mí, y me herirán, y seré destruído yo y mi casa. 31Y ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una ramera?
Lectura 2 de 4 · En familia

Marcos 5

1Y vinieron de la otra parte de la mar a la provincia de los Gadarenos. 2Y salido él del barco, luego le salió al encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3Que tenía domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía alguien atar; 4Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía domar. 5Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con las piedras. 6Y como vio a Jesús de lejos, corrió, y le adoró. 7Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. 8Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. 9Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. 10Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia. 11Y estaba allí cerca del monte una grande manada de puercos paciendo. 12Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los puercos para que entremos en ellos. 13Y luego Jesús se lo permitió. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos, y la manada cayó por un despeñadero en la mar; los cuales eran como dos mil; y en la mar se ahogaron. 14Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había acontecido. 15Y vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado y vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. 16Y les contaron los que lo habían visto, cómo había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los puercos. 17Y comenzaron a rogarle que se fuese de los términos de ellos. 18Y entrando él en el barco, le rogaba el que había sido fatigado del demonio, para estar con él. 19Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. 20Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho con él: y todos se maravillaban. 21Y pasando otra vez Jesús en un barco a la otra parte, se juntó a él gran compañía; y estaba junto a la mar. 22Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, 23Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está a la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. 24Y fue con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban. 25Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía, 26Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido. 28Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva. 29Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose a la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? 31Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32Y él miraba alrededor para ver a la que había hecho esto. 33Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. 34Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote. 35Hablando aún él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro? 36Mas luego Jesús, oyendo esta razón que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente. 37Y no permitió que alguno viniese tras él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. 38Y vino a casa del príncipe de la sinagoga, y vio el alboroto, los que lloraban y gemían mucho. 39Y entrando, les dice: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La muchacha no es muerta, mas duerme. 40Y hacían burla de él: mas él, echados fuera todos, toma al padre y a la madre de la muchacha, y a los que estaban con él, y entra donde la muchacha estaba. 41Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, a ti digo, levántate. 42Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenía doce años. Y se espantaron de grande espanto. 43Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.
Lectura 3 de 4 · Personal

Job 1

1Hubo un varón en tierra de Hus, llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, y temeroso de Dios, y apartado del mal. 2Y naciéronle siete hijos y tres hijas. 3Y su hacienda era siete mil ovejas, y tres mil camellos, y quinientas yuntas de bueyes, y quinientas asnas, y muchísimos criados: y era aquel varón grande más que todos los Orientales. 4E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar sus tres hermanas, para que comiesen y bebiesen con ellos. 5Y acontecía que, habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y santificábalos, y levantábase de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado a Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días. 6Y un día vinieron los hijos de Dios a presentarse delante de Jehová, entre los cuales vino también Satán. 7Y dijo Jehová a Satán: ¿De dónde vienes? Y respondiendo Satán a Jehová, dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella. 8Y Jehová dijo a Satán: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal? 9Y respondiendo Satán a Jehová, dijo: ¿Teme Job a Dios de balde? 10¿No le has tú cercado a él, y a su casa, y a todo lo que tiene en derredor? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto su hacienda ha crecido sobre la tierra. 11Mas extiende ahora tu mano, y toca a todo lo que tiene, y verás si no te blasfema en tu rostro. 12Y dijo Jehová a Satán: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano: solamente no pongas tu mano sobre él. Y salióse Satán de delante de Jehová. 13Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito, 14Y vino un mensajero a Job, que le dijo: Estando arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, 15Acometieron los Sabeos, y tomáronlos, e hirieron a los mozos a filo de espada: solamente escapé yo para traerte las nuevas. 16Aun estaba este hablando, y vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y los mozos, y los consumió: solamente escapé yo solo para traerte las nuevas. 17Todavía estaba este hablando, y vino otro que dijo: Los Caldeos hicieron tres escuadrones, y dieron sobre los camellos, y tomáronlos, e hirieron a los mozos a filo de espada; y solamente escapé yo solo para traerte las nuevas. 18Entre tanto que este hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; 19Y he aquí un gran viento que vino del lado del desierto, e hirió las cuatro esquinas de la casa, y cayó sobre los mozos, y murieron; y solamente escapé yo solo para traerte las nuevas. 20Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y trasquiló su cabeza, y cayendo en tierra adoró; 21Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dio, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito. 22En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.
Lectura 4 de 4 · Personal

Romanos 5

1Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo: 2Por el cual también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4Y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado. 6Porque Cristo, cuando aun éramos flacos, a su tiempo murió por los impíos. 7Ciertamente apenas muere alguno por un justo: con todo podrá ser que alguno osara morir por el bueno. 8Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. 9Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. 10Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. 11Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación. 12De consiguiente, vino la reconciliación por uno, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron. 13Porque hasta la ley, el pecado estaba en el mundo; pero no se imputa pecado no habiendo ley. 14No obstante, reinó la muerte desde Adam hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la rebelión de Adam; el cual es figura del que había de venir. 15Mas no como el delito, tal fue el don: porque si por el delito de aquel uno murieron los muchos, mucho más abundó la gracia de Dios a los muchos, y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo. 16Ni tampoco de la manera que por un pecado, así también el don: porque el juicio a la verdad vino de un pecado para condenación, mas la gracia vino de muchos delitos para justificación. 17Porque, si por un delito reinó la muerte por uno, mucho más reinarán en vida por un Jesucristo los que reciben la abundancia de la gracia, y del don de la justicia. 18Así que, de la manera que por un delito vino la culpa a todos los hombres para condenación, así por una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida. 19Porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituídos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán constituídos justos. 20La ley empero entró para que el pecado creciese; mas cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia; 21Para que, de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 34 · Marcos 5
Personales
Job 1 · Romanos 5