Lectura 1 de 4 · En familia

Éxodo 12:21-51

21Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y díjoles: Sacad, y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. 22Y tomad un manojo de hisopo, y mojadle en la sangre que estará en una jofaina, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en la jofaina; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. 23Porque Jehová pasará hiriendo a los Egipcios; y como verá la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. 24Y guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. 25Y será, cuando habréis entrado en la tierra que Jehová os dará, como tiene hablado, que guardaréis este rito. 26Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro? 27Vosotros responderéis: Es la víctima de la Pascua de Jehová, el cual pasó las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los Egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró. 28Y los hijos de Israel se fueron, e hicieron puntualmente así; como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón. 29Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono, hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales. 30Y levantóse aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los Egipcios; y había un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese muerto. 31E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y díjoles: Salid de en medio de mi pueblo vosotros, y los hijos de Israel; e id, servid a Jehová, como habéis dicho. 32Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí. 33Y los Egipcios apremiaban al pueblo, dándose priesa a echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos. 34Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre sus hombros. 35E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, demandando a los Egipcios vasos de plata, y vasos de oro, y vestidos. 36Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los Egipcios, y prestáronles; y ellos despojaron a los Egipcios. 37Y partieron los hijos de Israel de Rameses a Succoth, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. 38Y también subió con ellos grande multitud de diversa suerte de gentes; y ovejas, y ganados muy muchos. 39Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado de Egipto; porque no había leudado, por cuanto echándolos los Egipcios, no habían podido detenerse, ni aun prepararse comida. 40El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto, fue cuatrocientos treinta años. 41Y pasados cuatrocientos treinta años, en el mismo día salieron todos los ejércitos de Jehová de la tierra de Egipto. 42Es noche de guardar a Jehová, por haberlos sacado en ella de la tierra de Egipto. Esta noche deben guardar a Jehová todos los hijos de Israel en sus generaciones. 43Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Esta es la ordenanza de la Pascua: Ningún extraño comerá de ella: 44Mas todo siervo humano comprado por dinero, comerá de ella después que lo hubieres circuncidado. 45El extranjero y el asalariado no comerán de ella. 46En una casa se comerá, y no llevarás de aquella carne fuera de casa, ni quebraréis hueso suyo. 47Toda la congregación de Israel le sacrificará. 48Mas si algún extranjero peregrinare contigo, y quisiere hacer la pascua a Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces se llegará a hacerla, y será como el natural de la tierra; pero ningún incircunciso comerá de ella. 49La misma ley será para el natural y para el extranjero que peregrinare entre vosotros. 50Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como mandó Jehová a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. 51Y en aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones.
Lectura 2 de 4 · En familia

Lucas 15

1Y se llegaban a él todos los publicanos y pecadores a oirle. 2Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. 3Y él les propuso esta parábola, diciendo: 4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a la que se perdió, hasta que la halle? 5Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso; 6Y viniendo a casa, junta a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido. 7Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento. 8¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla? 9Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido. 10Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente. 11Y dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12Y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda. 13Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos a una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente. 14Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle a faltar. 15Y fue y se llegó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase los puercos. 16Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba. 17Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18Me levantaré, e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti; 19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. 20Y levantándose, vino a su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle. 21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22Mas el padre dijo a sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies. 23Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: 24Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. 25Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas; 26Y llamando a uno de los criados, preguntóle qué era aquello. 27Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo. 28Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. 29Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos: 30Mas cuando vino este tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso. 31El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. 32Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.
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Job 30

1Mas ahora los más mozos de días que yo, se ríen de mí; cuyos padres yo desdeñara ponerlos con los perros de mi ganado. 2Porque ¿para qué yo habría menester la fuerza de sus manos, en los cuales había perecido con el tiempo? 3Por causa de la pobreza y del hambre andaban solos; huían a la soledad, a lugar tenebroso, asolado y desierto. 4Que cogían malvas entre los arbustos, y raíces de enebro para calentarse. 5Eran echados de entre las gentes, y todos les daban grita como al ladrón. 6Habitaban en las barrancas de los arroyos, en las cavernas de la tierra, y en las rocas. 7Bramaban entre las matas, y se reunían debajo de las espinas. 8Hijos de viles, y hombres sin nombre, más bajos que la misma tierra. 9Y ahora yo soy su canción, y he sido hecho su refrán. 10Abomínanme, aléjanse de mí, y aun de mi rostro no detuvieron su saliva. 11Porque Dios desató mi cuerda, y me afligió, por eso se desenfrenaron delante de mi rostro. 12A la mano derecha se levantaron los jóvenes; empujaron mis pies, y sentaron contra mí las vías de su ruina. 13Mi senda desbarataron, aprovecháronse de mi quebrantamiento, contra los cuales no hubo ayudador. 14Vinieron como por portillo ancho, revolviéronse a mi calamidad. 15Hanse revuelto turbaciones sobre mí; combatieron como viento mi alma, y mi salud pasó como nube. 16Y ahora mi alma está derramada en mí; días de aflicción me han aprehendido. 17De noche taladra sobre mí mis huesos, y mis pulsos no reposan. 18Con la grande copia de materia mi vestidura está demudada; cíñeme como el cuello de mi túnica. 19Derribóme en el lodo, y soy semejante al polvo y a la ceniza. 20Clamo a ti, y no me oyes; preséntome, y no me atiendes. 21Haste tornado cruel para mí: con la fortaleza de tu mano me amenazas. 22Levantásteme, e hicísteme cabalgar sobre el viento, y disolviste mi sustancia. 23Porque yo conozco que me reduces a la muerte; y a la casa determinada a todo viviente. 24Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro; ¿clamarán los sepultados cuando él los quebrantare? 25¿No lloré yo al afligido? Y mi alma ¿no se entristeció sobre el menesteroso? 26Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal; y cuando esperaba luz, la oscuridad vino. 27Mis entrañas hierven, y no reposan; días de aflicción me han sobrecogido. 28Denegrido ando, y no por el sol: levantádome he en la congregación, y clamado. 29He venido a ser hermano de los dragones, y compañero de los buhos. 30Mi piel está denegrida sobre mí, y mis huesos se secaron con ardentía. 31Y hase tornado mi arpa en luto, y mi órgano en voz de lamentadores.
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1 Corintios 16

1Cuanto a la colecta para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. 2Cada primer día de la semana cada uno de vosotros aparte en su casa, guardando lo que por la bondad de Dios pudiere; para que cuando yo llegare, no se hagan entonces colectas. 3Y cuando habré llegado, los que aprobareis por cartas, a estos enviaré que lleven vuestro beneficio a Jerusalem. 4Y si fuere digno el negocio de que yo también vaya, irán conmigo. 5Y a vosotros iré, cuando hubiere pasado por Macedonia, porque por Macedonia tengo de pasar: 6Y podrá ser que me quede con vosotros, o invernaré también, para que vosotros me llevéis a donde hubiere de ir. 7Porque no os quiero ahora ver de paso; porque espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permitiere. 8Empero estaré en Efeso hasta Pentecostés; 9Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios. 10Y si llegare Timoteo, mirad que esté con vosotros seguramente; porque la obra del Señor hace también como yo. 11Por tanto, nadie le tenga en poco; antes, llevadlo en paz, para que venga a mí: porque lo espero con los hermanos. 12Acerca del hermano Apolos, mucho le he rogado que fuese a vosotros con los hermanos; mas en ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tuviere oportunidad. 13Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. 14Todas vuestras cosas sean hechas con caridad. 15Y os ruego, hermanos, (ya sabéis que la casa de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que se han dedicado al ministerio de los santos,) 16Que vosotros os sujetéis a los tales, y a todos los que ayudan y trabajan. 17Huélgome de la venida de Estéfanas y de Fortunato y de Achâico: porque estos suplieron lo que a vosotros faltaba. 18Porque recrearon mi espíritu y el vuestro: reconoced pues a los tales. 19Las iglesias de Asia os saludan. Os saludan mucho en el Señor Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa. 20Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. 21La salutación de mí, Pablo, de mi mano. 22El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. Maranatha. 23La gracia del Señor Jesucristo sea con vosotros. 24Mi amor en Cristo Jesús sea con todos vosotros. Amén.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Éxodo 12:21-51 · Lucas 15
Personales
Job 30 · 1 Corintios 16