Lectura 1 de 4 · En familia

Éxodo 21

1Y estos son los derechos que les propondrás. 2Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas el séptimo saldrá horro de balde. 3Si entró solo, solo saldrá: si tenía mujer, saldrá él y su mujer con él. 4Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le hubiere parido hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. 5Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre: 6Entonces su amo lo hará llegar a los jueces, y harále llegar a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre. 7Y cuando alguno vendiere su hija por sierva, no saldrá como suelen salir los siervos. 8Si no agradare a su señor, por lo cual no la tomó por esposa, permitirle ha que se rescate, y no la podrá vender a pueblo extraño cuando la desechare. 9Mas si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella según la costumbre de las hijas. 10Si le tomare otra, no disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el débito conyugal. 11Y si ninguna de estas tres cosas hiciere, ella saldrá de gracia sin dinero. 12El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá. 13Mas el que no armó asechanzas, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir. 14Además, si alguno se ensoberbeciere contra su prójimo, y lo matare con alevosía, de mi altar lo quitarás para que muera. 15Y el que hiriere a su padre o a su madre, morirá. 16Asimismo el que robare una persona, y la vendiere, o se hallare en sus manos, morirá. 17Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá. 18Además, si algunos riñeren, y alguno hiriere a su prójimo con piedra o con el puño, y no muriere, pero cayere en cama; 19Si se levantare y anduviere fuera sobre su báculo, entonces será el que le hirió absuelto: solamente le satisfará lo que estuvo parado, y hará que le curen. 20Y si alguno hiriere a su siervo o a su sierva con palo, y muriere bajo de su mano, será castigado: 21Mas si durare por un día o dos, no será castigado, porque su dinero es. 22Si algunos riñeren, e hiriesen a mujer preñada, y esta abortare, pero sin haber muerte, será penado conforme a lo que le impusiere el marido de la mujer y juzgaren los árbitros. 23Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, 24Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, 25Quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe. 26Y cuando alguno hiriere el ojo de su siervo, o el ojo de su sierva, y lo entortare, darále libertad por razón de su ojo. 27Y si sacare el diente de su siervo, o el diente de su sierva, por su diente le dejará ir libre. 28Si un buey acorneare hombre o mujer, y de resultas muriere, el buey será apedreado, y no se comerá su carne; mas el dueño del buey será absuelto. 29Pero si el buey era acorneador desde ayer y antes de ayer, y a su dueño le fue hecho requerimiento, y no lo hubiere guardado, y matare hombre o mujer, el buey será apedreado, y también morirá su dueño. 30Si le fuere impuesto rescate, entonces dará por el rescate de su persona cuanto le fuere impuesto. 31Haya acorneado hijo, o haya acorneado hija, conforme a este juicio se hará con él. 32Si el buey acorneare siervo o sierva, pagará treinta siclos de plata su señor, y el buey será apedreado. 33Y si alguno abriere hoyo, o cavare cisterna, y no la cubriere, y cayere allí buey o asno, 34El dueño de la cisterna pagará el dinero, resarciendo a su dueño, y lo que fue muerto será suyo. 35Y si el buey de alguno hiriere al buey de su prójimo, y este muriere, entonces venderán el buey vivo, y partirán el dinero de él, y también partirán el muerto. 36Mas si era notorio que el buey era acorneador de ayer y antes de ayer, y su dueño no lo hubiere guardado, pagará buey por buey, y el muerto será suyo.
Lectura 2 de 4 · En familia

Lucas 24

1Y el primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromáticas que habían aparejado, y algunas otras mujeres con ellas. 2Y hallaron la piedra revuelta del sepulcro. 3Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4Y aconteció, que estando ellas espantadas de esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 5Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galilea, 7Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. 8Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 9Y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. 10Y eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, las que dijeron estas cosas a los apóstoles. 11Mas a ellos les parecían como locura las palabras de ellas, y no las creyeron. 12Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro: y como miró dentro, vio solos los lienzos echados; y se fue maravillándose de lo que había sucedido. 13Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada Emmaús. 14E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acaecido. 15Y aconteció que yendo hablando entre sí, y preguntándose el uno al otro, el mismo Jesús se llegó, e iba con ellos juntamente. 16Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen. 17Y díjoles: ¿Qué pláticas son estas que tratáis entre vosotros andando, y estáis tristes? 18Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Tú solo peregrino eres en Jerusalem, y no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos días? 19Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús Nazareno, el cual fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20Y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros príncipes a condenación de muerte, y le crucificaron. 21Mas nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel: y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer día que esto ha acontecido. 22Aunque también unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales antes del día fueron al sepulcro: 23Y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que él vive. 24Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho; mas a él no le vieron. 25Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? 27Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían. 28Y llegaron a la aldea a donde iban: y él hizo como que iba más lejos. 29Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró pues a estarse con ellos. 30Y aconteció, que estando sentado con ellos a la mesa, tomando el pan, bendijo, y partió, y dióles. 31Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas él se desapareció de los ojos de ellos. 32Y decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? 33Y levantándose en la misma hora, tornáronse a Jerusalem, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos. 34Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. 35Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo había sido conocido de ellos al partir el pan. 36Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, él se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. 37Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veían espíritu. 38Mas él les dice: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos a vuestros corazones? 39Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40Y en diciendo esto, les mostró las manos y los pies. 41Y no creyéndolo aún ellos de gozo, y maravillados, díjoles: ¿Tenéis aquí algo de comer? 42Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel. 43Y él tomó, y comió delante de ellos. 44Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos. 45Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras; 46Y díjoles: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem. 48Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto. 50Y sacólos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo. 51Y aconteció que bendiciéndolos, se fue de ellos; y era llevado arriba al cielo. 52Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron a Jerusalem con gran gozo; 53Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal

Job 39

1¿Cazarás tú la presa para el león? ¿y saciarás el hambre de los leoncillos, 2Cuando están echados en las cuevas, o se están en sus guaridas para acechar? 3¿Quién preparó al cuervo su alimento, cuando sus pollos claman a Dios, bullendo de un lado a otro por carecer de comida? 4¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿o miraste tú las ciervas cuando están pariendo? 5¿Contaste tú los meses de su preñez, y sabes el tiempo cuando han de parir? 6Encórvanse, hacen salir sus hijos, pasan sus dolores. 7Sus hijos están sanos, crecen con el pasto: salen y no vuelven a ellas. 8¿Quién echó libre al asno montés, y quién soltó sus ataduras? 9Al cual yo puse casa en la soledad, y sus moradas en lugares estériles. 10Búrlase de la multitud de la ciudad: no oye las voces del arriero. 11Lo oculto de los montes es su pasto, y anda buscando todo lo que está verde. 12¿Querrá el unicornio servirte a ti, ni quedar a tu pesebre? 13¿Atarás tú al unicornio con su coyunda para el surco? ¿labrará los valles en pos de ti? 14¿Confiarás tú en él, por ser grande su fortaleza, y le fiarás tu labor? 15¿Fiarás de él que te tornará tu simiente, y que la allegará en tu era? 16¿ Diste tú hermosas alas al pavo real, o alas y plumas al avestruz? 17El cual desampara en la tierra sus huevos, y sobre el polvo los calienta, 18Y olvídase de que los pisará el pie, y que los quebrará bestia del campo. 19Endurécese para con sus hijos, como si no fuesen suyos, no temiendo que su trabajo haya sido en vano: 20Porque le privó Dios de sabiduría, y no le dio inteligencia. 21Luego que se levanta en alto, búrlase del caballo y de su jinete. 22¿Diste tú al caballo la fortaleza? ¿vestiste tú su cerviz de relincho? 23¿Le intimidarás tú como a alguna langosta? El resoplido de su nariz es formidable: 24Escarba la tierra, alégrase en su fuerza, sale al encuentro de las armas: 25Hace burla del espanto, y no teme, ni vuelve el rostro delante de la espada. 26Contra él suena la aljaba, el hierro de la lanza y de la pica: 27Y él con ímpetu y furor escarba la tierra, sin importarle el sonido de la bocina; 28Antes como que dice entre los clarines: ¡Ea!, y desde lejos huele la batalla, el grito de los capitanes, y la vocería. 29¿Vuela el gavilán por tu industria, y extiende hacia el mediodía sus alas? 30¿Se remonta el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido? Ella habita y está en la piedra, en la cumbre del peñasco y de la roca. Desde allí acecha la comida: sus ojos observan de muy lejos. Sus pollos chupan la sangre: y donde hubiere cadáveres, allí está. A más de eso respondió Jehová a Job, y dijo: ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto. Y respondió Job a Jehová, y dijo: He aquí que yo soy vil, ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, y no responderé: aun dos veces, mas no tornaré a hablar.
Lectura 4 de 4 · Personal

2 Corintios 9

1Porque cuanto a la suministración para los santos, por demás me es escribiros; 2Pues conozco vuestro pronto ánimo, del cual me glorío yo entre los de Macedonia, que Acaya está apercibida desde el año pasado; y vuestro ejemplo ha estimulado a muchos. 3Mas he enviado los hermanos, porque nuestra gloria de vosotros no sea vana en esta parte; para que, como lo he dicho, estéis apercibidos; 4No sea que, si vinieren conmigo Macedonios, y os hallaren desapercibidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de este firme gloriarnos. 5Por tanto, tuve por cosa necesaria exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros, y apresten primero vuestra bendición antes prometida, para que esté aparejada como de bendición, y no como de mezquindad. 6Esto empero digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra en bendiciones, en bendiciones también segará. 7Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, o por necesidad; porque Dios ama el dador alegre. 8Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia; a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo que basta, abundéis para toda buena obra: 9Como está escrito: Derramó, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre. 10Y el que da simiente al que siembra, también dará pan para comer, y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los crecimientos de los frutos de vuestra justicia; 11Para que estéis enriquecidos en todo para toda bondad, la cual obra por nosotros hacimiento de gracias a Dios. 12Porque la suministración de este servicio, no solamente suple lo que a los santos falta, sino también abunda en muchos hacimientos de gracias a Dios: 13Que por la experiencia de esta suministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la bondad de contribuir para ellos y para todos; 14Asimismo por la oración de ellos a favor vuestro, los cuales os quieren a causa de la eminente gracia de Dios en vosotros. 15Gracias a Dios por su don inefable.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Éxodo 21 · Lucas 24
Personales
Job 39 · 2 Corintios 9