Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 20
1Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 2Yo soy JEHOVÁ tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. 3No tendrás dioses ajenos delante de mí. 4No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: 5No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, a los que me aborrecen, 6Y que hago misericordia en millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos. 7No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. 8Acordarte has del día del reposo, para santificarlo: 9Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10Mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: 11Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó. 12Honra a tu padre y a tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. 13No matarás. 14No cometerás adulterio. 15No hurtarás. 16No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. 17No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. 18Todo el pueblo consideraba las voces, y las llamas, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba: y viéndolo el pueblo, temblaron, y pusiéronse de lejos. 19Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos; mas no hable Dios con nosotros, porque no muramos. 20Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; que por probaros vino Dios, y porque su temor esté en vuestra presencia para que no pequéis. 21Entonces el pueblo se puso de lejos, y Moisés se llegó a la osbcuridad, en la cual estaba Dios. 22Y Jehová dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros. 23No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis. 24Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus pacíficos, tus ovejas y tus vacas: en cualquier lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti, y te bendeciré. 25Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares tu pico sobre él, tú lo profanarás. 26Y no subirás por gradas a mi altar, porque tu desnudez no sea junto a él descubierta.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 23
1Levantándose entonces toda la multitud de ellos, lleváronle a Pilato. 2Y comenzaron a acusarle, diciendo: A este hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo a César, diciendo que él es el Cristo, el rey. 3Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. 4Y Pilato dijo a los príncipes de los sacerdotes, y a las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre. 5Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí. 6Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo. 7Y como entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días. 8Y Herodes, viendo a Jesús, holgóse mucho, porque hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer alguna señal. 9Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió: 10Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía. 11Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volvióle a enviar a Pilato. 12Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí. 13Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, 14Les dijo: Me habéis presentado a este por hombre que desvía al pueblo: y he aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aquellas de que le acusáis. 15Y ni aun Herodes; porque os remití a él, y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho. 16Le soltaré, pues, castigado. 17Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. 18Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: Quita a este, y suéltanos a Barrabás: 19(El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.) 20Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús. 21Pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale. 22Y él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho este? Ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré, pues, y le soltaré. 23Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían. 24Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían; 25Y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos. 26Y llevándole, tomaron a un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. 27Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban. 28Mas Jesús, vuelto a ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloréis a mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos. 29Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron. 30Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros: y a los collados: Cubridnos. 31Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará? 32Y llevaban también con él otros dos, malhechores, a ser muertos. 33Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha, y otro a la izquierda. 34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. 35Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese a sí, si este es el Mesías, el escogido de Dios. 36Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre, 37Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate a ti mismo. 38Y había también sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS. 39Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. 40Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condenación? 41Y nosotros, a la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas este ningún mal hizo. 42Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres a tu reino. 43Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. 44Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 45Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio. 46Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró. 47Y como el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48Y toda la multitud de los que estaban presentes a este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos. 49Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas. 50Y he aquí un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno y justo, 51(El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual también esperaba el reino de Dios; 52Este llegó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 53Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto. 54Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado. 55Y las mujeres que con él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. 56Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 38
1Y respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: 2¿Quién es ese que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? 3Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y hazme saber tú. 4¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? házme lo saber, si tienes inteligencia. 5¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿o quién extendió sobre ella cordel? 6¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿o quién puso su piedra angular, 7Cuando las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios? 8¿Quién encerró con puertas la mar, cuando se derramaba por fuera como saliendo de madre; 9Cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por su faja oscuridad. 10Y establecí sobre ella mi decreto, y le puse puertas y cerrojo, 11Y dije: Hasta aquí vendrás, y no pasarás adelante, y ahí parará la hinchazón de tus ondas? 12¿Has tú mandado a la mañana en tus días? ¿has mostrado al alba su lugar, 13Para que ocupe los fines de la tierra, y que sean sacudidos de ella los impíos? 14Trasmúdase como lodo bajo de sello, y viene a estar como con vestidura: 15Mas la luz de los impíos es quitada de ellos, y el brazo enaltecido es quebrantado. 16¿Has entrado tú hasta los profundos de la mar, y has andado escudriñando el abismo? 17¿Hante sido descubiertas las puertas de la muerte, y has visto las puertas de la sombra de muerte? 18¿Has tú considerado hasta las anchuras de la tierra? Declara si sabes todo esto. 19¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz, y dónde está el lugar de las tinieblas? 20¿Si llevarás tú ambas cosas a sus términos, y entenderás las sendas de su casa? 21¿Sabíaslo tú porque hubieses ya nacido, o porque es grande el número de tus días? 22¿Has tú entrado en los tesoros de la nieve, o has visto los tesoros del granizo, 23Lo cual tengo yo reservado para el tiempo de angustia, para el día de la guerra y de la batalla? 24¿Por qué camino se reparte la luz, y se esparce el viento solano sobre la tierra? 25¿Quién repartió conducto al turbión, y camino a los relámpagos y truenos, 26Haciendo llover sobre la tierra deshabitada, sobre el desierto, donde no hay hombre, 27Para hartar la tierra desierta e inculta, y para hacer brotar la tierna hierba? 28¿Tiene la lluvia padre? ¿o quién engendró las gotas del rocío? 29¿De qué vientre salió el hielo? y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró? 30Las aguas se endurecen a manera de piedra, y congélase la haz del abismo. 31¿Podrás tú impedir las delicias de las Pléyades, o desatarás las ligaduras del Orión? 32¿Sacarás tú a su tiempo los signos de los cielos, o guiarás el Arcturo con sus hijos? 33¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? ¿dispondrás tú de su potestad en la tierra? 34¿Alzarás tú a las nubes tu voz, para que te cubra muchedumbre de aguas? 35¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿y diránte ellos: Henos aquí? 36¿Quién puso la sabiduría en el interior? ¿o quién dio al entendimiento la inteligencia? 37¿Quién puso por cuenta los cielos con sabiduría? y los odres de los cielos, ¿quién los hace parar, 38Cuando el polvo se ha convertido en dureza, y los terrones se han pegado unos con otros?
Lectura 4 de 4 · Personal
2 Corintios 8
1Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que ha sido dada a las iglesias de Macedonia: 2Que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su bondad. 3Pues de su grado han dado conforme a sus fuerzas, yo testifico, y aun sobre sus fuerzas; 4Pidiéndonos con muchos ruegos, que aceptásemos la gracia y la comunicación del servicio para los santos. 5Y no como lo esperábamos, mas aun a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y a nosotros por la voluntad de Dios. 6De manera que exhortamos a Tito, que como comenzó antes, así también acabe esta gracia entre vosotros también. 7Por tanto, como en todo abundáis, en fe, y en palabra, y en ciencia, y en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, que también abundéis en esta gracia. 8No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por la eficacia de otros, la sinceridad también de la caridad vuestra. 9Porque ya sabéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. 10Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no solo a hacerlo, mas aun a quererlo desde el año pasado. 11Ahora pues, llevad también a cabo el hecho, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tenéis. 12Porque si primero hay la voluntad pronta, será acepta por lo que tiene, no por lo que no tiene. 13Porque no digo esto para que haya para otros desahogo, y para vosotros apretura; 14Sino para que en este tiempo, con igualdad, vuestra abundancia supla la falta de ellos, para que también la abundancia de ellos supla vuestra falta, porque haya igualdad; 15Como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más; y el que poco, no tuvo menos. 16Empero gracias a Dios que dio la misma solicitud por vosotros en el corazón de Tito. 17Pues a la verdad recibió la exhortación; mas estando también muy solícito, de su voluntad partió para vosotros. 18Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio es por todas las iglesias; 19Y no solo esto, mas también fue ordenado por las iglesias el compañero de nuestra peregrinación para llevar esta gracia, que es administrada de nosotros para gloria del mismo Señor, y para demostrar vuestro pronto ánimo: 20Evitando que nadie nos vitupere en esta abundancia que ministramos; 21Procurando las cosas honestas, no solo delante del Señor, mas aun delante de los hombres. 22Enviamos también con ellos a nuestro hermano, al cual muchas veces hemos experimentado diligente, mas ahora mucho más con la mucha confianza que tiene en vosotros. 23Ora en orden a Tito, es mi compañero y coadjutor para con vosotros; o acerca de nuestros hermanos, los mensajeros son de las iglesias, y la gloria de Cristo. 24Mostrad pues, para con ellos a la faz de las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestra gloria acerca de vosotros.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 20 · Lucas 23
Personales
Job 38 · 2 Corintios 8