Lectura 1 de 4 · En familia

2 Reyes 23

1Entonces el rey envió, y juntaron a él todos los ancianos de Judá y de Jerusalem. 2Y subió el rey a la casa de Jehová con todos los varones de Judá, y con todos los moradores de Jerusalem, con los sacerdotes y profetas y con todo el pueblo, desde el más chico hasta el más grande; y leyó, oyéndolo ellos, todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová. 3Y poniéndose el rey en pie junto a la columna, hizo alianza delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y guardarían sus mandamientos, y sus testimonios, y sus estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras de la alianza que estaban escritas en aquel libro. Y todo el pueblo confirmó el pacto. 4Entonces mandó el rey al sumo sacerdote Hilcías, y a los sacerdotes de segundo orden, y a los guardianes de la puerta, que sacasen del templo de Jehová todos los vasos que habían sido hechos para Baal, y para el bosque, y para toda la milicia del cielo; y quemólos fuera de Jerusalem en el campo de Cedrón, e hizo llevar las cenizas de ellos a Beth-el. 5Y quitó a los Camoreos, que habían puesto los reyes de Judá para que quemasen perfumes en los altos en las ciudades de Judá, y en los alrededores de Jerusalem; y asimismo a los que quemaban perfumes a Baal, al sol y a la luna, y a los signos, y a todo el ejército del cielo. 6Hizo también sacar el bosque fuera de la casa de Jehová, fuera de Jerusalem, al torrente de Cedrón, y quemólo en el torrente de Cedrón, y tornólo en polvo, y echó el polvo de él sobre los sepulcros de los hijos del pueblo. 7Además derribó las casas de los sodomitas que estaban en la casa de Jehová, en las cuales tejían las mujeres pabellones para el bosque. 8E hizo venir todos los sacerdotes de las ciudades de Judá, y profanó los altos donde los sacerdotes quemaban perfumes, desde Gabaa hasta Beer-seba; y derribó los altares de las puertas que estaban a la entrada de la puerta de Josué, gobernador de la ciudad, que estaban a la mano izquierda, a la puerta de la ciudad. 9Empero los sacerdotes de los altos no subían al altar de Jehová en Jerusalem, mas comían panes sin levadura entre sus hermanos. 10Asimismo profanó a Topheth, que está en el valle del hijo de Hinnom, porque ninguno pasase su hijo o su hija por fuego a Moloch. 11Quitó también los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol a la entrada del templo de Jehová, junto a la cámara de Nathan-melech eunuco, el cual tenía cargo de los ejidos; y quemó al fuego los carros del sol. 12Derribó además el rey los altares que estaban sobre la techumbre de la sala de Achâz, que los reyes de Judá habían hecho, y los altares que había hecho Manasés en los dos atrios de la casa de Jehová; y de allí corrió y arrojó el polvo en el torrente de Cedrón. 13Asimismo profanó el rey los altos que estaban delante de Jerusalem, a la mano derecha del monte de la destrucción, los cuales Salomón rey de Israel había edificado a Astharoth, abominación de los Sidonios, y a Chêmos abominación de Moab, y a Milcom abominación de los hijos de Ammón. 14Y quebró las estatuas, y taló los bosques, e hinchió el lugar de ellos de huesos de hombres. 15Igualmente el altar que estaba en Beth-el, y el alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, aquel altar y el alto destruyó; y quemó el alto, y lo tornó en polvo, y puso fuego al bosque. 16Y volvióse Josías, y viendo los sepulcros que estaban allí en el monte, envió y sacó los huesos de los sepulcros, y quemólos sobre el altar para contaminarlo, conforme a la palabra de Jehová que había profetizado el varón de Dios, el cual había anunciado estos negocios. 17Y después dijo: ¿Qué título es este que veo? Y los de la ciudad le respondieron: Este es el sepulcro del varón de Dios que vino de Judá, y profetizó estas cosas que tú has hecho sobre el altar de Beth-el. 18Y él dijo: Dejadlo; ninguno mueva sus huesos: y así fueron preservados sus huesos, y los huesos del profeta que había venido de Samaria. 19Y todas las casas de los altos que estaban en las ciudades de Samaria, las cuales habían hecho los reyes de Israel para provocar a ira, quitólas también Josías, e hizo de ellas como había hecho en Beth-el. 20Mató además sobre los altares a todos los sacerdotes de los altos que allí estaban, y quemó sobre ellos huesos de hombres, y volvióse a Jerusalem. 21Entonces mandó el rey a todo el pueblo, diciendo: Haced la pascua a Jehová vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en el libro de esta alianza. 22No fue hecha tal pascua desde los tiempos de los jueces que gobernaron a Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de Israel, y de los reyes de Judá. 23A los diez y ocho años del rey Josías fue hecha aquella pascua a Jehová en Jerusalem. 24Asimismo barrió Josías los pitones, adivinos, y terapheos, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalem, para cumplir las palabras de la ley que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcías había hallado en la casa de Jehová. 25No hubo tal rey antes de él que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, y de toda su alma, y de todas su fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro tal. 26Con todo eso, no se volvió Jehová del ardor de su grande ira, con que se había encendido su enojo contra Judá, por todas las provocaciones con que Manasés le había irritado. 27Y dijo Jehová: También he de quitar de mi presencia a Judá, como quité a Israel, y abominaré a esta ciudad que había escogido, a Jerusalem, y a la casa de la cual había yo dicho: Mi nombre será allí. 28Lo demás de los hechos de Josías, y todas las cosas que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 29En aquellos días Faraón Nechâo rey de Egipto subió contra el rey de Asiria al río Eufrates, y salió contra él el rey Josías; pero aquel, así que le vio, matólo en Megiddo. 30Y sus siervos lo pusieron en un carro, y trajéronlo muerto de Megiddo a Jerusalem, y sepultáronlo en su sepulcro. Entonces el pueblo de la tierra tomó a Joachâz hijo de Josías, y ungiéronle y pusiéronlo por rey en lugar de su padre. 31De veintitrés años era Joachâz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalem. El nombre de su madre fue Amutal, hija de Jeremías de Libna. 32Y él hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho. 33Y echólo preso Faraón Nechâo en Ribla en la provincia de Hamath, reinando él en Jerusalem; e impuso sobre la tierra una multa de cien talentos de plata, y uno de oro. 34Entonces Faraón Nechâo puso por rey a Eliacim hijo de Josías, en lugar de Josías su padre, y mudóle el nombre en el de Joacim; y tomó a Joachâz, y llevólo a Egipto, y murió allí. 35Y Joacim pagó a Faraón la plata y el oro; mas hizo apreciar la tierra para dar el dinero conforme al mandamiento de Faraón, sacando la plata y oro del pueblo de la tierra, de cada uno según la estimación de su hacienda, para dar a Faraón Nechâo. 36De veinticinco años era Joacim cuando comenzó a Reinar, y once años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fue Zebuda hija de Pedaia, de Ruma. 37E hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho.
Lectura 2 de 4 · En familia

Hebreos 5

1Porque todo pontífice, tomado de entre los hombres, es constituído a favor de los hombres en lo que a Dios toca, para que ofrezca presentes y sacrificios por los pecados: 2Que se pueda compadecer de los ignorantes y extraviados, pues que él también está rodeado de flaqueza; 3Y por causa de ella debe, como por sí mismo, así también por el pueblo, ofrecer por los pecados. 4Ni nadie toma para sí la honra, sino el que es llamado de Dios, como Aarón. 5Así también Cristo no se glorificó a sí mismo haciéndose Pontífice, mas el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy; 6Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote eternamente, según el orden de Melchîsedec. 7El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído por su reverencial miedo. 8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9Y consumado, vino a ser causa de eterna salud a todos los que le obedecen; 10Nombrado de Dios pontífice según el orden de Melchîsedec. 11Del cual tenemos mucho que decir, y dificultoso de declarar, por cuanto sois flacos para oir. 12Porque debiendo ser ya maestros a causa del tiempo, tenéis necesidad de volver a ser enseñados cuáles sean los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tengáis necesidad de leche, y no de manjar sólido. 13Que cualquiera que participa de la leche, es inhábil para la palabra de la justicia, porque es niño; 14Mas la vianda firme es para los perfectos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.
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Joel 2

1Tocad trompeta en Sion, y pregonad en mi santo monte: tiemblen todos los moradores de la tierra; porque viene el día de Jehová, porque está cercano. 2Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra, que sobre los montes se derrama como el alba: un pueblo grande y fuerte: nunca desde el siglo fue semejante, ni después de él será jamás en años de generación en generación. 3Delante de él consumirá fuego, tras de él abrasará llama; como el huerto de Edén será la tierra delante de él, y detrás de él como desierto asolado; ni tampoco habrá quien de él escape. 4Su parecer, como parecer de caballos; y como gente de a caballo correrán. 5Como estruendo de carros saltarán sobre las cumbres de los montes; como sonido de llama de fuego que consume hojarascas, como fuerte pueblo aparejado para la batalla. 6Delante de él temerán los pueblos, pondránse mustios todos los semblantes. 7Como valientes correrán, como hombres de guerra subirán la muralla; y cada cual irá en sus caminos, y no torcerán sus sendas. 8Ninguno apretará a su compañero, cada uno irá por su carrera; y aun cayendo sobre la espada no se herirán. 9Irán por la ciudad, correrán por el muro, subirán por las casas, entrarán por las ventanas a manera de ladrones. 10Delante de él temblará la tierra, se estremecerán los cielos: el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor. 11Y Jehová dará su voz delante de su ejército: porque muchos son sus reales y fuertes, que ponen en efecto su palabra: porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿y quién lo podrá sufrir? 12Por eso pues ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto. 13Y lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos; y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo. 14¿Quién sabe si volverá, y se apiadará, y dejará bendición tras de él, presente y libación para Jehová Dios vuestro? 15Tocad trompeta en Sion, pregonad ayuno, llamad a congregación. 16Reunid el pueblo, santificad la reunión, juntad los viejos, congregad los niños y los que maman: salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia. 17Entre la entrada y el altar, lloren los sacerdotes, ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no pongas en oprobio tu heredad, para que las gentes se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios? 18Y Jehová celará su tierra, y perdonará su pueblo. 19Y responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, y mosto, y aceite, y seréis saciados de ellos: y nunca más os pondré en oprobio entre las gentes. 20Y haré alejar de vosotros al del aquilón, y echarélo en la tierra seca y desierta: su faz será hacia el mar oriental, y su fin al mar occidental, y exhalará su hedor; y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas. 21Tierra, no temas; alégrate y gózate: porque Jehová ha de hacer grandes cosas. 22Animales del campo, no temáis; porque los pastos del desierto reverdecerán, porque los árboles llevarán su fruto, la higuera y la vid darán sus frutos. 23Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia arregladamente, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. 24Y las eras se henchirán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. 25Y os restituiré los años que comió la oruga, la langosta, el pulgón, y el revoltón; mi grande ejército que envié contra vosotros. 26Y comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros: y nunca jamás será mi pueblo avergonzado. 27Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro: y mi pueblo nunca jamás será avergonzado. 28Y será que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros viejos soñarán sueños, y vuestros mancebos verán visiones. 29Y aun también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. 30Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. 31El sol se tornará en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. 32Y será que cualquiera que invocare el nombre de Jehová, será salvo: porque en el monte de Sion y en Jerusalem habrá salvación, como Jehová ha dicho, y en los que quedaren, a los cuales Jehová habrá llamado.
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Salmos 142-143 (cap. 142)

1Con mi voz clamaré a Jehová, con mi voz pediré a Jehová misericordia. 2Delante de él derramaré mi querella; delante de él denunciaré mi angustia. 3Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo. 4Miraba a la mano derecha, y observaba; mas no había quien me conociese; no tuve refugio, no había quien volviese por mi vida. 5Clamé a ti, oh Jehová, dije: Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes. 6Escucha mi clamor, que estoy muy afligido; líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo. 7Saca mi alma de la cárcel para que alabe tu nombre: Me rodearán los justos, porque tú me serás propicio.
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Salmos 142-143 (cap. 143)

1Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos: respóndeme por tu verdad, por tu justicia. 2Y no entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de ti ningún viviente. 3Porque ha perseguido el enemigo mi alma; ha postrado en tierra mi vida; hame hecho habitar en tinieblas como los ya muertos. 4Y mi espíritu se angustió dentro de mí; pasmóse mi corazón. 5Acordéme de los días antiguos; meditaba en todas tus obras; reflexionaba en las obras de tus manos. 6Extendí mis manos a ti; mi alma a ti como la tierra sedienta. (Selah.) 7Respóndeme presto, oh Jehová que desmaya mi espíritu: no escondas de mí tu rostro, y venga yo a ser semejante a los que descienden a la sepultura. 8Hazme oir por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado: hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he alzado mi alma. 9Líbrame de mis enemigos, oh Jehová: a ti me acojo. 10Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios: tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud. 11Por tu nombre, oh Jehová me vivificarás: por tu justicia, sacarás mi alma de angustia. 12Y por tu misericordia disiparás mis enemigos, y destruirás todos los adversarios de mi alma: porque yo soy tu siervo.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Reyes 23 · Hebreos 5
Personales
Joel 2 · Salmos 142-143