Lectura 1 de 4 · En familia

2 Reyes 24

1En su tiempo subió Nabucodonosor rey de Babilonia, al cual sirvió Joacim tres años; volvióse luego, y se rebeló contra él. 2Jehová empero envió contra él tropas de Caldeos, y tropas de Siros, y tropas de Moabitas, y tropas de Ammonitas; los cuales envió contra Judá para que la destruyesen, conforme a la palabra de Jehová que había hablado por sus siervos los profetas. 3Ciertamente vino esto contra Judá por dicho de Jehová, para quitarla de su presencia, por los pecados de Manasés, conforme a todo lo que hizo; 4Asimismo por la sangre inocente que derramó, pues hinchió a Jerusalem de sangre inocente: Jehová por tanto, no quiso perdonar. 5Lo demás de los hechos de Joacim, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 6Y durmió Joacim con sus padres, y reinó en su lugar Joachîn su hijo. 7Y nunca más el rey de Egipto salió de su tierra: porque el rey de Babilonia le tomó todo lo que era suyo, desde el río de Egipto hasta el río de Eufrates. 8De dieciocho años era Joachîn cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalem tres meses. El nombre de su madre fue Neusta hija de Elnathán, de Jerusalem. 9E hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho su padre. 10En aquel tiempo subieron los siervos de Nabucodonosor rey de Babilonia contra Jerusalem, y la ciudad fue cercada. 11Vino también Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad, cuando sus siervos la tenían cercada. 12Entonces salió Joachîn rey de Judá al rey de Babilonia, él, y su madre, y sus siervos, y sus príncipes, y sus eunucos: y prendiólo el rey de Babilonia en el octavo año de su reinado. 13Y sacó de allí todos los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y quebró en piezas todos los vasos de oro que había hecho Salomón rey de Israel en la casa de Jehová, como Jehová había dicho. 14Y llevó en cautiverio a toda Jerusalem, a todos los príncipes, y a todos los hombres valientes, hasta diez mil cautivos, y a todos los oficiales y herreros; que no quedó nadie, excepto los pobres del pueblo de la tierra. 15Asimismo trasportó a Joachîn a Babilonia, y a la madre del rey, y a las mujeres del rey, y a sus eunucos, y a los poderosos de la tierra; cautivos los llevó de Jerusalem a Babilonia. 16A todos los hombre de guerra, que fueron siete mil, y a los oficiales y herreros, que fueron mil, y a todos los valientes para hacer la guerra, llevó cautivos el rey de Babilonia. 17Y el rey de Babilonia puso por rey en lugar de Joachîn a Mathanías su tío, y mudóle el nombre en el de Sedecías. 18De veintiún años era Sedecías cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalem once años. El nombre de su madre fue Amutal hija de Jeremías, de Libna. 19E hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a todo lo que había hecho Joacim. 20Fue pues la ira de Jehová contra Jerusalem y Judá, hasta que los echó de su presencia. Y Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.
Lectura 2 de 4 · En familia

Hebreos 6

1Por tanto, dejando la palabra del comienzo en la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios, 2De la doctrina de bautismos, y de la imposición de manos, y de la resurrección de los muertos, y del juicio eterno. 3Y esto haremos a la verdad, si Dios lo permitiere. 4Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron el don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5Y asimismo gustaron la buena palabra de Dios, y las virtudes del siglo venidero, 6Y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios, y exponiéndole a vituperio. 7Porque la tierra que embebe el agua que muchas veces vino sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos de los cuales es labrada, recibe bendición de Dios: 8Mas la que produce espinas y abrojos, es reprobada, y cercana de maldición; cuyo fin será el ser abrasada. 9Pero de vosotros, oh amados, esperamos mejores cosas, y más cercanas a salud, aunque hablamos así. 10Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado a su nombre, habiendo asistido y asistiendo aún a los santos. 11Mas deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el cabo, para cumplimiento de la esperanza: 12Que no os hagáis perezosos, mas imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. 13Porque prometiendo Dios a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, 14Diciendo: De cierto te bendeciré bendiciendo, y multiplicando te multiplicaré. 15Y así, esperando con largura de ánimo, alcanzó la promesa. 16Porque los hombres ciertamente por el mayor que ellos juran: y el fin de todas sus controversias es el juramento para confirmación. 17Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; 18Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos a trabarnos de la esperanza propuesta: 19La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo; 20Donde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho Pontífice eternalmente según el orden de Melchîsedec.
Lectura 3 de 4 · Personal

Joel 3

1Porque he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo en que haré tornar la cautividad de Judá y de Jerusalem, 2Juntaré todas las gentes, y harélas descender al valle de Josaphat, y allí entraré en juicio con ellos a causa de mi pueblo, y de Israel mi heredad, a los cuales esparcieron entre las naciones, y partieron mi tierra: 3Y echaron suertes sobre mi pueblo, y a los niños dieron por una ramera, y vendieron las niñas por vino para beber. 4Y también, ¿qué tengo yo con vosotras, Tiro y Sidón, y todos los términos de Palestina? ¿Queréis vengaros de mí? Y si de mí os vengáis, bien pronto haré yo recaer la paga sobre vuestra cabeza. 5Porque habéis llevado mi plata y mi oro, y mis cosas preciosas y hermosas metisteis en vuestros templos: 6Y vendisteis los hijos de Judá y los hijos de Jerusalem a los hijos de los Griegos, por alejarlos de sus términos. 7He aquí los levantaré yo del lugar donde los vendisteis, y volveré vuestra paga sobre vuestra cabeza: 8Y venderé vuestros hijos y vuestras hijas en la mano de los hijos de Judá, y ellos los venderán a los Sabeos, nación apartada; porque Jehová ha hablado. 9Pregonad esto entre las gentes, proclamad guerra, despertad a los valientes, lléguense, vengan todos los hombres de guerra. 10Haced espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el flaco: Fuerte soy. 11Juntaos y venid, gentes todas de alrededor, y congregaos: haz venir allí, oh Jehová, tus fuertes. 12Las gentes se despierten, y suban al valle de Josaphat: porque allí me sentaré para juzgar todas las gentes de alrededor. 13Echad la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended; porque el lagar está lleno, rebosan las lagaretas: porque mucha es la maldad de ellos. 14Muchos pueblos en el valle de la decisión: porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión. 15El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor. 16Y Jehová bramará desde Sion, y dará su voz desde Jerusalem, y temblarán los cielos y la tierra: mas Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel. 17Y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que habito en Sion, monte de mi santidad: y será Jerusalem santa, y extraños no pasarán más por ella. 18Y será en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas: y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sittim. 19Egipto será destruído, y Edom será vuelto en asolado desierto, por la injuria hecha a los hijos de Judá: porque derramaron en su tierra la sangre inocente. 20Mas Judá para siempre será habitada, y Jerusalem en generación y generación. 21Y limpiaré la sangre de los que no limpié; y Jehová morará en Sion.
Lectura 4 de 4 · Personal

Salmo 144

1Bendito sea Jehová, mi roca, que enseña mis manos a la batalla, y mis dedos a la guerra: 2Misericordia mía y mi castillo, altura mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que allana mi pueblo delante de mí. 3Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que de él conozcas? ¿o el hijo del hombre, para que lo estimes? 4El hombre es semejante a la vanidad: sus días son como la sombra que pasa. 5Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende: toca los montes, y humeen. 6Despide relámpagos, y disípalos; envía tus saetas, y contúrbalos. 7Envía tu mano desde lo alto; redímeme, y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hijos extraños; 8Cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira. 9Oh Dios, a ti cantaré canción nueva: con salterio, con decacordio cantaré a ti. 10Tú, el que da salud a los reyes, el que redime a David su siervo de maligna espada. 11Redímeme, y sálvame de mano de los hijos extraños, cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira. 12Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud; nuestras hijas como las esquinas labradas a manera de las de un palacio; 13Nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte de grano; nuestros ganados, que paran a millares y diez millares en nuestras plazas: 14Que nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; que no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni grito de alarma en nuestras plazas. 15Bienaventurado el pueblo que tiene esto: bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Reyes 24 · Hebreos 6
Personales
Joel 3 · Salmo 144