Lectura 1 de 4 · En familia
Levítico 15
1Y habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 2Hablad a los hijos de Israel, y decidles: Cualquier varón, cuando su simiente manare de su carne, será inmundo. 3Y esta será su inmundicia en su flujo; sea que su carne destiló por causa de su flujo, o que su carne se obstruyó a causa de su flujo, él será inmundo. 4Toda cama en que se acostare el que tuviere flujo, será inmunda; y toda cosa sobre que se sentare, inmunda será. 5Y cualquiera que tocare a su cama, lavará sus vestidos; lavaráse también a sí mismo con agua, y será inmundo hasta la tarde. 6Y el que se sentare sobre aquello en que se hubiere sentado el que tiene flujo, lavará sus vestidos, se lavará también a sí mismo con agua, y será inmundo hasta la tarde. 7Asimismo el que tocare la carne del que tiene flujo, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. 8Y si el que tiene flujo escupiere sobre el limpio, este lavará sus vestidos, y después de haberse lavado con agua, será inmundo hasta la tarde. 9Y todo aparejo sobre que cabalgare el que tuviere flujo, será inmundo. 10Y cualquiera que tocare cualquiera cosa que haya estado debajo de él, será inmundo hasta la tarde; y el que la llevare, lavará sus vestidos, y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la tarde. 11Y todo aquel a quien tocare el que tiene flujo, y no lavare con agua sus manos, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. 12Y la vasija de barro en que tocare el que tiene flujo, será quebrada; y toda vasija de madera será lavada con agua. 13Y cuando se hubiere limpiado de su flujo el que tiene flujo, se ha de contar siete días desde su purificación, y lavará sus vestidos, y lavará su carne en aguas vivas, y será limpio. 14Y el octavo día tomará dos tórtolas, o dos palominos, y vendrá delante de Jehová a la puerta del tabernáculo del testimonio, y los dará al sacerdote: 15Y harálos el sacerdote, el uno ofrenda por el pecado, y el otro holocausto: y le purificará el sacerdote de su flujo delante de Jehová. 16Y el hombre, cuando de él saliere derramamiento de semen, lavará en aguas toda su carne, y será inmundo hasta la tarde. 17Y toda vestimenta, o toda piel sobre la cual hubiere el derramamiento del semen, lavaráse con agua, y será inmunda hasta la tarde. 18Y la mujer con quien el varón tuviera ayuntamiento de semen, ambos se lavarán con agua, y serán inmundos hasta la tarde. 19Y cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su carne, siete días estará apartada; y cualquiera que tocare en ella, será inmundo hasta la tarde. 20Y todo aquello sobre que ella se acostare mientras su separación, será inmundo: también todo aquello sobre que se sentare, será inmundo. 21Y cualquiera que tocare a su cama, lavará sus vestidos, y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la tarde. 22También cualquiera que tocare cualquier mueble sobre que ella se hubiere sentado, lavará sus vestidos; lavaráse luego a sí mismo con agua, y será inmundo hasta la tarde. 23Y si estuviere sobre la cama, o sobre la silla en que ella se hubiere sentado, el que tocare en ella será inmundo hasta la tarde. 24Y si alguno durmiere con ella, y su menstruo fuere sobre él, será inmundo por siete días; y toda cama sobre que durmiere, será inmunda. 25Y la mujer, cuando siguiere el flujo de su sangre por muchos días fuera del tiempo de su costumbre, o cuando tuviere flujo de sangre más de su costumbre; todo el tiempo del flujo de su inmundicia, será inmunda como en los días de su costumbre. 26Toda cama en que durmiere todo el tiempo de su flujo, le será como la cama de su costumbre; y todo mueble sobre que se sentare, será inmundo, como la inmundicia de su costumbre. 27Cualquiera que tocare en esas cosas será inmundo; y lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. 28Y cuando fuere libre de su flujo, se ha de contar siete días, y después será limpia. 29Y el octavo día tomará consigo dos tórtolas, o dos palominos, y los traerá al sacerdote, a la puerta del tabernáculo del testimonio: 30Y el sacerdote hará el uno ofrenda por el pecado, y el otro holocausto; y la purificará el sacerdote delante de Jehová del flujo de su inmundicia. 31Así apartaréis los hijos de Israel de sus inmundicias, a fin de que no mueran por sus inmundicias, ensuciando mi tabernáculo que está entre ellos. 32Esta es la ley del que tiene flujo, y del que sale derramamiento de semen, viniendo a ser inmundo a causa de ello; 33Y de la que padece su costumbre, y acerca del que tuviere flujo, sea varón o hembra, y del hombre que durmiere con mujer inmunda.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 17
1Oye, oh Jehová, justicia; está atento a mi clamor; escucha mi oración hecha sin labios de engaño. 2De delante de tu rostro salga mi juicio; vean tus ojos la rectitud. 3Tú has probado mi corazón, hasme visitado de noche; me has apurado, y nada inicuo hallaste: heme propuesto que mi boca no ha de propasarse. 4Para las obras humanas, por la palabra de tus labios yo me he guardado de las vías del destructor. 5Sustenta mis pasos en tus caminos, porque mis pies no resbalen. 6Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios: inclina a mí tu oído, escucha mi palabra. 7Muestra tus estupendas misericordias, tú que salvas a los que en ti confían de los que se levantan contra tu diestra. 8Guárdame como lo negro de la niñeta del ojo, escóndeme con la sombra de tus alas, 9De delante de los malos que me oprimen, de mis enemigos que me cercan por la vida. 10Cerrados están con su grosura; con su boca hablan soberbiamente. 11Nuestros pasos nos han cercado ahora: puestos tienen sus ojos para echar nos por tierra. 12Parecen al león que desea hacer presa, y al leoncillo que está escondido. 13Levántate, oh Jehová; prevén su encuentro, póstrale: libra mi alma del malo con tu espada; 14De los hombres con tu mano, oh Jehová, de los hombres de mundo, cuya parte es en esta vida, y cuyo vientre hinches de tu tesoro: hartan sus hijos, y dejan el resto a sus chiquitos. 15Yo en justicia veré tu rostro: seré saciado cuando despertare a tu semejanza.
Lectura 3 de 4 · Personal
Proverbios 29
1El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado; ni habrá para él medicina. 2Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra: mas cuando domina el impío, el pueblo gime. 3El hombre que ama la sabiduría, alegra a su padre: mas el que mantiene rameras, perderá la hacienda. 4El rey con el juicio afirma la tierra: mas el hombre de presentes la destruirá. 5El hombre que lisonjea a su prójimo, red tiende delante de sus pasos. 6En la prevaricación del hombre malo hay lazo: mas el justo cantará y se alegrará. 7Conoce el justo la causa de los pobres: mas el impío no entiende sabiduría. 8Los hombres escarnecedores enlazan la ciudad: mas los sabios apartan la ira. 9Si el hombre sabio contendiere con el necio, que se enoje o que se ría, no tendrá reposo. 10Los hombres sanguinarios aborrecen al perfecto: mas los rectos buscan su contentamiento. 11El necio da suelta a todo su espíritu; mas el sabio al fin le sosiega. 12Del señor que escucha la palabra mentirosa, todos sus ministros son impíos. 13El pobre y el usurero se encontraron: Jehová alumbra los ojos de ambos. 14El rey que juzga con verdad a los pobres, su trono será firme para siempre. 15La vara y la corrección dan sabiduría: mas el muchacho consentido avergonzará a su madre. 16Cuando los impíos son muchos, mucha es la prevaricación; mas los justos verán la ruina de ellos. 17Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará deleite a tu alma. 18Sin profecía el pueblo será disipado: mas el que guarda la ley, bienaventurado él. 19El siervo no se corregirá con palabras: porque entiende, mas no corresponde. 20¿Has visto hombre ligero en sus palabras? más esperanza hay del necio que de él. 21El que regala a su siervo desde su niñez, a la postre será su hijo. 22El hombre iracundo levanta contiendas; y el furioso muchas veces peca. 23La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra. 24El aparcero del ladrón aborrece su vida; oirá maldiciones, y no lo denunciará. 25El temor del hombre pondrá lazo: mas el que confía en Jehová será levantado. 26Muchos buscan el favor del príncipe: mas de Jehová viene el juicio de cada uno. 27Abominación es a los justos el hombre inicuo; y abominación es al impío el de rectos caminos.
Lectura 4 de 4 · Personal
2 Tesalonicenses 3
1Resta, hermanos, que oréis por nosotros, que la palabra del Señor corra y sea glorificada así como entre vosotros: 2Y que seamos librados de hombres importunos y malos; porque no es de todos la fe. 3Mas fiel es el Señor, que os confirmará y guardará del mal. 4Y tenemos confianza de vosotros en el Señor, que hacéis y haréis lo que os hemos mandado. 5Y el Señor enderece vuestros corazones en el amor de Dios, y en la paciencia de Cristo. 6Empero os denunciamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que anduviere fuera de orden, y no conforme a la doctrina que recibieron de nosotros: 7Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos: porque no anduvimos desordenadamente entre vosotros, 8Ni comimos el pan de ninguno de balde; antes, obrando con trabajo y fatiga de noche y de día, por no ser gravosos a ninguno de vosotros; 9No porque no tuviésemos potestad, sino por daros en nosotros un dechado, para que nos imitaseis. 10Porque aun estando con vosotros, os denunciábamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma. 11Porque oímos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada, sino ocupados en curiosear. 12Y a los tales requerimos y rogamos por nuestro Señor Jesucristo, que, trabajando con reposo, coman su pan. 13Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien. 14Y si alguno no obedeciere a nuestra palabra por carta, notad al tal, y no os juntéis con él, para que se avergüence. 15Mas no lo tengáis como a enemigo, sino amonestadle como a hermano. 16Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros. 17Salud de mi mano, Pablo, que es mi signo en toda carta mía: así escribo. 18La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Levítico 15 · Salmo 17
Personales
Proverbios 29 · 2 Tesalonicenses 3