Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 13

1Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Mediodía, él, y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. 2Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y oro. 3Y volvió por sus jornadas de la parte del Mediodía hacia Bethel, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bethel y Hai; 4Al lugar del altar que había hecho allí antes: e invocó allí Abram el nombre de Jehová. 5Y asimismo Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, y vacas, y tiendas. 6Y la tierra no podía darles para que habitasen juntos: porque su hacienda era mucha, y no podían morar en un mismo lugar. 7Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot: y el Cananeo y el Pherezeo habitaban entonces en la tierra. 8Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre mí y ti, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. 9¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha: y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda. 10Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto entrando en Zoar. 11Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán: y partióse Lot de Oriente, y apartáronse el uno del otro. 12Abram asentó en la tierra de Canaán, y Lot asentó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. 13Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores para con Jehová en gran manera. 14Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el Aquilón, y al Mediodía, y al Oriente y al Occidente; 15Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu simiente para siempre. 16Y haré tu simiente como el polvo de la tierra: que si alguno podrá contar el polvo de la tierra, también tu simiente será contada. 17Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la tengo de dar. 18Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el alcornocal de Mamre, que es en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.
Lectura 2 de 4 · En familia

Mateo 12

1En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en sábado; y sus discípulos tenían hambre, y comenzaron a coger espigas, y a comer. 2Y viéndolo los Fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado. 3Y él les dijo: ¿No habéis leído qué hizo David, teniendo él hambre y los que con él estaban: 4Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no le era lícito comer, ni a los que estaban con él, sino a solos los sacerdotes? 5O ¿no habéis leído en la ley, que los sábados en el templo los sacerdotes profanan el sábado, y son sin culpa? 6Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. 7Mas si supieseis qué es: Misericordia quiero y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes: 8Porque Señor es del sábado el Hijo del hombre. 9Y partiéndose de allí, vino a la sinagoga de ellos. 10Y he aquí había allí uno que tenía una mano seca: y le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle. 11Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere esta en una fosa en sábado, no le eche mano, y la levante? 12Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que, lícito es en los sábados hacer bien. 13Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y fue restituída sana como la otra. 14Y salidos los Fariseos, consultaron contra él para destruirle. 15Mas sabiéndo lo Jesús, se apartó de allí: y le siguieron muchas gentes, y sanaba a todos. 16Y él les encargaba eficazmente que no le descubriesen: 17Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que dijo: 18He aquí mi siervo, al cual he escogido; mi Amado, en el cual se agrada mi alma: pondré mi Espíritu sobre él, y a los Gentiles anunciará juicio. 19No contenderá, ni voceará: ni nadie oirá en las calles su voz. 20La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. 21Y en su nombre esperarán los Gentiles. 22Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo, y le sanó; de tal manera, que el ciego y mudo hablaba y veía. 23Y todas las gentes estaban atónitas, y decían: ¿Será este aquel Hijo de David? 24Mas los Fariseos, oyéndolo, decían: Este no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub, príncipe de los demonios. 25Y Jesús, como sabía los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. 26Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino? 27Y si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 28Y si por espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29Porque, ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entonces saqueará su casa. 30El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, derrama. 31Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres: mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada a los hombres. 32Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero. 33O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol corrompido, y su fruto dañado; porque por el fruto es conocido el árbol. 34Generación de víboras, ¿cómo podéis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazón habla la boca. 35El hombre bueno del buen tesoro del corazón saca buenas cosas: y el hombre malo del mal tesoro saca malas cosas. 36Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. 37Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado. 38Entonces respondieron algunos de los escribas y de los Fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. 39Y él respondió, y les dijo: La generación mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta. 40Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. 41Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y he aquí más que Jonás en este lugar. 42La reina del Austro se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de Salomón: y he aquí más que Salomón en este lugar. 43Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. 44Entonces dice: Me volveré a mi casa de donde salí: y cuando viene, la halla desocupada, barrida y adornada. 45Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y son peores las cosas últimas del tal hombre que las primeras: así también acontecerá a esta generación mala. 46Y estando él aún hablando a las gentes, he aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían hablar. 47Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar. 48Y respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? 49Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 50Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.
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Nehemías 2

1Y fue en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino, y dílo al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, 2Díjome el rey: ¿Por qué está triste tu rostro, pues no estás enfermo? No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. 3Y dije al rey: El rey viva para siempre. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas del fuego? 4Y díjome el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, 5Y dije al rey: Si al rey place, y si agrada tu siervo delante de ti, que me envíes a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. 6Entonces el rey me dijo, (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Hasta cuándo será tu viaje, y cuándo volverás? Y plugo al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. 7Además dije al rey: Si al rey place, dénseme cartas para los gobernadores de la otra parte del río, que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; 8Y carta para Asaph, guarda del bosque del rey, a fin que me dé madera para enmaderar los portales del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa donde entraré. Y otorgóme lo el rey, según la benéfica mano de Jehová sobre mí. 9Y vine luego a los gobernadores de la otra parte del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo. 10Y oyéndolo Sanballat Horonita, y Tobías, el siervo Ammonita, disgustóles en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel. 11Llegué pues a Jerusalem, y estado que hube allí tres días, 12Levantéme de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalem; ni había bestia conmigo, excepto la cabalgadura en que cabalgaba. 13Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y consideré los muros de Jerusalem que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas del fuego. 14Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; mas no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. 15Y subí por el torrente de noche, y consideré el muro, y regresando entré por la puerta del Valle, y volvíme. 16Y no sabían los magistrados dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había yo declarado a los Judíos y sacerdotes, ni a los nobles y magistrados, ni a los demás que hacían la obra. 17Díjeles pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalem está desierta, y sus puertas consumidas del fuego: venid, y edifiquemos el muro de Jerusalem, y no seamos más en oprobio. 18Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios era buena sobre mí, y asimismo las palabras del rey, que me había dicho. Y dijeron: Levantémonos, y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien. 19Mas habiéndolo oído Samballat Horonita, y Tobías el siervo Ammonita, y Gesem el Arabe, escarnecieron de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿os rebeláis contra el rey? 20Y volvíles respuesta, y díjeles: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos: que vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni memoria en Jerusalem.
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Hechos 12

1Y en el mismo tiempo el rey Herodes echó mano a maltratar algunos de la iglesia. 2Y mató a cuchillo a Jacobo, hermano de Juan. 3Y viendo que había agradado a los Judíos, pasó adelante para prender también a Pedro. Eran entonces los días de los ázimos. 4Y habiéndole preso, púsole en la cárcel, entregándole a cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen; queriendo sacarle al pueblo después de la Pascua. 5Así que, Pedro era guardado en la cárcel; y la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. 6Y cuando Herodes le había de sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta, que guardaban la cárcel. 7Y he aquí, el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la cárcel; e hiriendo a Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos. 8Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme. 9Y saliendo, le seguía; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, mas pensaba que veía visión. 10Y como pasaron la primera y la segunda guardia, vinieron a la puerta de hierro que va a la ciudad, la cual se les abrió de suyo: y salidos, pasaron una calle; y luego el ángel se apartó de él. 11Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo el pueblo de los Judíos que me esperaba. 12Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando. 13Y tocando Pedro a la puerta del patio, salió una muchacha, para escuchar, llamada Rhode: 14La cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió el postigo, sino corriendo adentro, dio nueva de que Pedro estaba al postigo. 15Y ellos le dijeron: Estás loca. Mas ella afirmaba que así era. Entonces ellos decían: Su ángel es. 16Mas Pedro perseveraba en llamar: y cuando abrieron, viéronle, y se espantaron. 17Mas él haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y partió a otro lugar. 18Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué se había hecho de Pedro. 19Mas Herodes, como le buscó y no le halló, hecha inquisición de los guardas, los mandó llevar. Después descendiendo de Judea a Cesarea, se quedó allí. 20Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y los de Sidón: mas ellos vinieron concordes a él, y sobornado Blasto, que era el camarero del rey, pedían paz; porque las tierras de ellos eran abastecidas por las del rey. 21Y un día señalado, Herodes vestido de ropa real, se sentó en el tribunal, y arengóles. 22Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre. 23Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y espiró comido de gusanos. 24Mas la palabra del Señor crecía y era multiplicada. 25Y Bernabé y Saulo volvieron de Jerusalem cumplido su servicio, tomando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 13 · Mateo 12
Personales
Nehemías 2 · Hechos 12