Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 44

1Y mandó José al mayordomo de su casa, diciendo: Hinche los costales de aquestos varones de alimentos, cuanto pudieren llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal: 2Y pondrás mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, con el dinero de su trigo. Y él hizo como dijo José. 3Venida la mañana, los hombres fueron despedidos con sus asnos. 4Habiendo ellos salido de la ciudad, de la que aun no se habían alejado, dijo José a su mayordomo: Levántate, y sigue a esos hombres; y cuando los alcanzares, diles: ¿Por qué habéis vuelto mal por bien? 5¿No es esta en la que bebe mi señor, y por la que suele adivinar? habéis hecho mal en lo que hicisteis. 6Y como él los alcanzó, díjoles estas palabras. 7Y ellos le respondieron: ¿Por qué dice mi señor tales cosas? Nunca tal hagan tus siervos. 8He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales, te lo volvimos a traer desde la tierra de Canaán; ¿cómo, pues, habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro? 9Aquel de tus siervos en quien fuere hallada la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi señor. 10Y él dijo: También ahora sea conforme a vuestras palabras; aquel en quien se hallare, será mi siervo, y vosotros seréis sin culpa. 11Ellos entonces se dieron prisa, y derribando cada uno su costal en tierra, abrió cada cual el costal suyo. 12Y buscó; desde el mayor comenzó, y acabó en el menor; y la copa fue hallada en el costal de Benjamín. 13Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y cargó cada uno su asno, y volvieron a la ciudad. 14Y llegó Judá con sus hermanos a casa de José, que aun estaba allí, y postráronse delante de él en tierra. 15Y díjoles José: ¿Qué obra es esta que habéis hecho? ¿no sabéis que un hombre como yo sabe adivinar? 16Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿qué hablaremos? ¿o con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos: he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros, y también aquel en cuyo poder fue hallada la copa. 17Y él respondió: Nunca yo tal haga: el varón en cuyo poder fue hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz a vuestro padre. 18Entonces Judá se llegó a él, y dijo: Ay señor mío, ruégote que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues que tú eres como Faraón. 19Mi señor preguntó a sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre o hermano? 20Y nosotros respondimos a mi señor: Tenemos un padre anciano, y un mozo que le nació en su vejez, pequeño aún; y un hermano suyo murió, y él quedó solo de su madre, y su padre lo ama. 21Y tú dijiste a tus siervos: Traédmelo, y pondré mis ojos sobre él. 22Y nosotros dijimos a mi señor: El mozo no puede dejar a su padre, porque si le dejare, su padre morirá. 23Y dijiste a tus siervos: Si vuestro hermano menor no descendiere con vosotros, no veáis más mi rostro. 24Aconteció pues, que como llegamos a mi padre tu siervo, contámosle las palabras de mi señor. 25Y dijo nuestro padre: Volved a comprarnos un poco de alimento. 26Y nosotros respondimos: No podemos ir: si nuestro hermano fuere con nosotros, iremos; porque no podemos ver el rostro del varón, no estando con nosotros nuestro hermano el menor. 27Entonces tu siervo mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que dos me parió mi mujer; 28Y el uno salió de conmigo, y pienso de cierto que fue despedazado, y hasta ahora no le he visto; 29Y si tomareis también este de delante de mí, y le aconteciere algún desastre, haréis descender mis canas con dolor a la sepultura. 30Ahora, pues, cuando llegare yo a tu siervo mi padre, y el mozo no fuere conmigo, como su alma está ligada al alma de él, 31Sucederá que cuando no vea al mozo, morirá: y tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor a la sepultura. 32Como tu siervo salió por fiador del mozo con mi padre, diciendo: Si no te lo volviere, entonces yo seré culpable para mi padre todos los días; 33Ruégote por tanto que quede ahora tu siervo por el mozo por siervo de mi señor, y que el mozo vaya con sus hermanos. 34Porque ¿cómo iré yo a mi padre sin el mozo? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre.
Lectura 2 de 4 · En familia

Marcos 14

1Y dos días después era la Pascua y los días de los panes sin levadura: y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas cómo le prenderían por engaño, y le matarían. 2Y decían: No en el día de la fiesta, porque no se haga alboroto del pueblo. 3Y estando él en Bethania en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer teniendo un alabastro de ungüento de nardo espique de mucho precio; y quebrando el alabastro, derramóselo sobre su cabeza. 4Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento? 5Porque podía esto ser vendido por más de trescientos denarios, y darse a los pobres. Y murmuraban contra ella. 6Mas Jesús dijo: Dejadla; ¿por qué la fatigáis? buena obra me ha hecho; 7Que siempre tendréis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis les podréis hacer bien; mas a mí no siempre me tendréis. 8Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. 9De cierto os digo que donde quiera que fuere predicado este evangelio en todo el mundo, también esto que ha hecho esta, será dicho para memoria de ella. 10Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, vino a los príncipes de los sacerdotes, para entregársele. 11Y ellos oyéndolo se holgaron, y prometieron que le darían dineros. Y buscaba oportunidad cómo le entregaría. 12Y el primer día de los panes sin levadura, cuando sacrificaban la pascua, sus discípulos le dicen: ¿Dónde quieres que vayamos a disponer para que comas la pascua? 13Y envía dos de sus discípulos, y les dice: Id a la ciudad, y os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle; 14Y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? 15Y él os mostrará un gran cenáculo ya preparado: aderezad para nosotros allí. 16Y fueron sus discípulos, y vinieron a la ciudad, y hallaron como les había dicho; y aderezaron la pascua. 17Y llegada la tarde, fue con los doce. 18Y como se sentaron a la mesa y comiesen, dice Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar. 19Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle cada uno por sí: ¿ Seré yo? Y el otro: ¿ Seré yo? 20Y él respondiendo les dijo: Es uno de los doce que moja conmigo en el plato. 21A la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera a aquel hombre si nunca hubiera nacido. 22Y estando ellos comiendo, tomó Jesús pan, y bendiciendo, partió y les dio, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. 23Y tomando el vaso, habiendo hecho gracias, les dio: y bebieron de él todos. 24Y les dice: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. 25De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beberé nuevo en el reino de Dios. 26Y como hubieron cantado el himno, se salieron al monte de las Olivas. 27Jesús entonces les dice: Todos seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y serán derramadas las ovejas. 28Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 29Entonces Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, mas no yo. 30Y le dice Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. 31Mas él con mayor porfía decía: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. 32Y vienen al lugar que se llama Gethsemaní, y dice a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro. 33Y toma consigo a Pedro y a Jacobo y a Juan, y comenzó a atemorizarse, y a angustiarse. 34Y les dice: Está muy triste mi alma, hasta la muerte: esperad aquí y velad. 35Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. 36Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son a ti posibles; traspasa de mí este vaso; empero no lo que yo quiero, sino lo que tú. 37Y vino y los halló durmiendo; y dice a Pedro: ¿Simón, duermes? ¿No has podido velar una hora? 38Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad es presto, mas la carne enferma. 39Y volviéndose a ir, oró, y dijo las mismas palabras. 40Y vuelto, los halló otra vez durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados; y no sabían qué responderle. 41Y vino la tercera vez, y les dice: Dormid ya y descansad: basta, la hora es venida; he aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores. 42Levantaos, vamos: he aquí, el que me entrega está cerca. 43Y luego, aun hablando él, vino Judas, que era uno de los doce, y con él una compañía con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas y de los ancianos. 44Y el que le entregaba les había dado señal común, diciendo: Al que yo besare, aquel es: prendedle, y llevadle con seguridad. 45Y como vino, se acercó luego a él, y le dice: Maestro, Maestro. Y le besó. 46Entonces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron. 47Y uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja. 48Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con palos a tomarme? 49Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me tomasteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras. 50Entonces dejándole todos sus discípulos, huyeron. 51Empero un mancebillo le seguía cubierto de una sábana sobre el cuerpo desnudo; y los mancebos le prendieron: 52Mas él, dejando la sábana, se huyó de ellos desnudo. 53Y trajeron a Jesús al sumo sacerdote; y se juntaron a él todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos y los escribas. 54Empero Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los servidores, y calentándose al fuego. 55Y los príncipes de los sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; mas no lo hallaban. 56Porque muchos decían falso testimonio contra él; mas sus testimonios no concertaban. 57Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: 58Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo que es hecho de mano, y en tres días edificaré otro echo sin mano. 59Mas ni aun así se concertaba el testimonio de ellos. 60Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes algo? ¿Qué atestiguan estos contra ti? 61Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? 62Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. 63Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué más tenemos necesidad de testigos? 64Oído habéis la blasfemia: ¿qué os parece? Y ellos todos le condenaron ser culpado de muerte. 65Y algunos comenzaron a escupir en él, y cubrir su rostro, y a darle bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los servidores le herían de bofetadas. 66Y estando Pedro abajo en el atrio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; 67Y como vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú con Jesús el Nazareno estabas. 68Mas él negó, diciendo: No conozco, ni sé lo que dices. Y se salió fuera a la entrada; y cantó el gallo. 69Y la criada viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos. 70Mas él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galileo, y tu habla es semejante. 71Y él comenzó a maldecir y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis. 72Y el gallo cantó la segunda vez: y Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba.
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Job 10

1Está mi alma aburrida de mi vida: daré yo suelta a mi queja sobre mí, hablaré con amargura de mi alma. 2Diré a Dios: no me condenes; hazme entender por qué pleiteas conmigo. 3¿Parécete bien que oprimas, que deseches la obra de tus manos, y que resplandezcas sobre el consejo de los impíos? 4¿Tienes tú ojos de carne? ¿ves tú como ve el hombre? 5¿Son tus días como los días del hombre, o tus años como los tiempos humanos, 6Para que inquieras mi iniquidad, y busques mi pecado, 7Sobre saber tú que no soy impío, y que no hay quien de tu mano libre? 8Tus manos me formaron y me compusieron todo en contorno: ¿y así me deshaces? 9Acuérdate ahora que como a lodo me diste forma: ¿y en polvo me has de tornar? 10¿No me fundiste como leche, y como un queso me cuajaste? 11Vestísteme de piel y carne, y cubrísteme de huesos y nervios. 12Vida y misericordia me concediste, y tu visitación guardó mi espíritu. 13Y estas cosas tienes guardadas en tu corazón; yo sé que esto está cerca de ti. 14Si pequé, tú me has observado, y no me limpias de mi iniquidad. 15Si fuere malo, ¡ay de mí! y si fuere justo, no levantaré mi cabeza, estando harto de deshonra, y de verme afligido. 16Y subirá de punto, pues me cazas como a león, y tornas a hacer en mí maravillas. 17Renuevas contra mí tus plagas, y aumentas conmigo tu furor, remudándose sobre mí ejércitos. 18¿Por qué me sacaste de la matriz? Habría yo espirado, y no me vieran ojos. 19Fuera, como si nunca hubiera sido, llevado desde el vientre a la sepultura. 20¿No son mis días poca cosa? Cesa pues, y déjame, para que me conforte un poco. 21Antes que vaya para no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra de muerte; 22Tierra de oscuridad, lóbrega como sombra de muerte, sin orden, y que aparece como la oscuridad misma.
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Romanos 14

1Recibid al flaco en la fe, pero no para contiendas de disputas. 2Porque uno cree que se ha de comer de todas cosas: otro que es débil, come legumbres. 3El que come, no menosprecie al que no come: y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha levantado. 4¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? para su señor está en pie, o cae: mas se afirmará; que poderoso es el Señor para afirmarle. 5Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté asegurado en su ánimo. 6El que hace caso del día, háce lo para el Señor: y el que no hace caso del día, no lo hace para el Señor. El que come, come para el Señor, porque da gracias a Dios; y el que no come, no come para el Señor, y da gracias a Dios. 7Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. 8Que si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, o que vivamos, o que muramos, del Señor somos. 9Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven. 10Mas tú ¿por qué juzgas a tu hermano? o tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo. 11Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que a mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. 12De manera que, cada uno de nosotros dará a Dios razón de sí. 13Así que, no juzguemos más los unos de los otros: antes bien juzgad de no poner tropiezo o escándalo al hermano. 14Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que de suyo nada hay inmundo: mas a aquel que piensa alguna cosa ser inmunda, para él es inmunda. 15Empero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme a la caridad. No arruines con tu comida a aquel por el cual Cristo murió. 16No sea pues blasfemado vuestro bien: 17Que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo. 18Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es acepto a los hombres. 19Así que, sigamos lo que hace a la paz, y a la edificación de los unos a los otros. 20No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias: mas malo es al hombre que come con escándalo. 21Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o sea debilitado. 22¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo con lo que aprueba. 23Mas el que hace diferencia, si comiere, es condenado, porque no comió por fe: y todo lo que no es de fe, es pecado.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 44 · Marcos 14
Personales
Job 10 · Romanos 14