Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 45

1No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de conmigo a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos. 2Entonces se dio a llorar a voz en grito; y oyeron los Egipcios, y oyó también la casa de Faraón. 3Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José: ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él. 4Entonces dijo José a sus hermanos: Llegaos ahora a mí. Y ellos se llegaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano el que vendisteis para Egipto. 5Ahora pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; que para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros: 6Que ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aun quedan cinco años en que ni habrá arada ni siega. 7Y Dios me envió delante de vosotros, para que vosotros quedaseis en la tierra, y para daros vida por medio de grande salvamento. 8Así pues, no me enviasteis vosotros acá, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón, y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto. 9Daos priesa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas: 10Y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes. 11Y allí te alimentaré, pues aun quedan cinco años de hambre, porque no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes: 12Y he aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla. 13Haréis pues saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto: y daos priesa, y traed a mi padre acá. 14Y echóse sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello. 15Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos: y después sus hermanos hablaron con él. 16Y oyóse la noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y plugo en los ojos de Faraón y de sus siervos. 17Y dijo Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestras bestias, e id, volved a la tierra de Canaán; 18Y tomad a vuestro padre y vuestras familias, y venid a mí, que yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto y comeréis la grosura de la tierra. 19Y tú manda: Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres; y tomad a vuestro padre, y venid. 20Y no se os dé nada de vuestras alhajas, porque el bien de la tierra de Egipto será vuestro. 21E hiciéronlo así los hijos de Israel: y dióles José carros conforme a la orden de Faraón, y suministróles víveres para el camino. 22A cada uno de todos ellos dio mudas de vestidos, y a Benjamín dio trescientas piezas de plata, y cinco mudas de vestidos. 23Y a su padre envió esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo, y pan y comida, para su padre en el camino. 24Y despidió a sus hermanos, y fuéronse. Y él les dijo: No riñáis por el camino. 25Y subieron de Egipto, y llegaron a la tierra de Canaán a Jacob su padre. 26Y diéronle las nuevas, diciendo: José vive aún; y él es señor en toda la tierra de Egipto. Y su corazón se desmayó; pues no los creía. 27Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo él los carros que José enviaba para llevarlo, el espíritu de Jacob su padre revivió. 28Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive todavía: iré, y le veré antes que yo muera.
Lectura 2 de 4 · En familia

Marcos 15

1Y luego por la mañana, habiendo tenido consejo los príncipes de los sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. 2Y Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. 3Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban mucho. 4Y le preguntó otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes algo? Mira de cuántas cosas te acusan. 5Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba. 6Empero en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. 7Y había uno, que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían hecho muerte en una revuelta. 8Y viniendo la multitud, comenzó a pedir hiciese como siempre les había hecho. 9Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los Judíos? 10Porque conocía que por envidia le habían entregado los príncipes de los sacerdotes. 11Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron a la multitud, que les soltase antes a Barrabás. 12Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: ¿Qué pues queréis que haga del que llamáis Rey de los Judíos? 13Y ellos volvieron a dar voces: Crucifícale. 14Mas Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos daban más voces: Crucifícale. 15Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. 16Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala, es a saber, al Pretorio; y convocan toda la cohorte. 17Y le visten de púrpura; y poniéndole una corona tejida de espinas, 18Comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los Judíos! 19Y le herían en la cabeza con una caña, y escupían en él, y le adoraban hincadas las rodillas. 20Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le vistieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle. 21Y cargaron a uno que pasaba, Simón Cireneo, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, para que llevase su cruz. 22Y le llevan al lugar de Gólgotha, que declarado quiere decir: Lugar de la Calavera. 23Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. 24Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos, qué llevaría cada uno. 25Y era la hora de las tres cuando le crucificaron. 26Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDIOS. 27Y crucificaron con él dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. 28Y se cumplió la Escritura, que dice: Y con los inicuos fue contado. 29Y los que pasaban le denostaban, meneando sus cabezas, y diciendo: ¡Ah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo edificas, 30Sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. 31Y de esta manera también los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le denostaban. 33Y cuando vino la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 34Y a la hora de nona, exclamó Jesús a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35Y oyéndole unos de los que estaban allí, decían: He aquí, llama a Elías. 36Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si vendrá Elías a quitarle. 37Mas Jesús, dando una grande voz, espiró. 38Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de alto a bajo. 39Y el centurión que estaba delante de él, viendo que había espirado así clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios. 40Y también estaban algunas mujeres mirando de lejos; entre las cuales estaba María Magdalena, y María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé; 41Las cuales, estando aún él en Galilea, le habían seguido, y le servían; y otras muchas que juntamente con él habían subido a Jerusalem. 42Y cuando fue la tarde, porque era la preparación, es decir, la víspera del sábado, 43José de Arimatea, senador noble, que también esperaba el reino de Dios, vino, y osadamente entró a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44Y Pilato se maravilló que ya fuese muerto; y haciendo venir al centurión, preguntóle si era ya muerto. 45Y enterado del centurión, dio el cuerpo a José: 46El cual compró una sábana, y quitándole, le envolvió en la sábana: y le puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña; y revolvió una piedra a la puerta del sepulcro. 47Y María Magdalena, y María madre de José, miraban donde era puesto.
Lectura 3 de 4 · Personal

Job 11

1Y respondió Sophar Naamathita, y dijo: 2¿Las muchas palabras no han de tener respuesta? ¿y el hombre parlero será justificado? 3¿Harán tus falacias callar a los hombres? ¿y harás escarnio, y no habrá quien te avergüence? 4Tú dices: Mi conversar es puro, y yo soy limpio delante de tus ojos. 5Mas ¡oh quién diera que Dios hablara, y abriera sus labios contigo, 6Y que te declarara los arcanos de la sabiduría, que son de doble valor que la hacienda! Conocerías entonces que Dios te ha castigado menos que tu iniquidad merece. 7¿Alcanzarás tú el rastro de Dios? ¿llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? 8Es más alto que los cielos: ¿qué harás? Es más profundo que el infierno: ¿cómo lo conocerás? 9Su dimensión es más larga que la tierra, y más ancha que la mar. 10Si cortare, o encerrare, o juntare, ¿quién podrá contrarrestarle? 11Porque él conoce a los hombres vanos: ve asimismo la iniquidad, ¿y no hará caso? 12El hombre vano se hará entendido, aunque nazca como el pollino del asno montés. 13Si tú apercibieres tu corazón, y extendieres a él tus manos; 14Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, y no consintieres que more maldad en tus habitaciones; 15Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, y serás fuerte y no temerás: 16Y olvidarás tu trabajo, o te acordarás de él como de aguas que pasaron: 17Y en mitad de la siesta se levantará bonanza; resplandecerás, y serás como la mañana: 18Y confiarás, que habrá esperanza; y cavarás, y dormirás seguro: 19Y te acostarás, y no habrá quien te espante: y muchos te rogarán. 20Mas los ojos de los malos se consumirán, y no tendrán refugio; y su esperanza será agonía del alma.
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Romanos 15

1Así que, los que somos más firmes debemos sobrellevar las flaquezas de los flacos, y no agradarnos a nosotros mismos. 2Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en bien, a edificación. 3Porque Cristo no se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperan, cayeron sobre mí. 4Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. 5Mas el Dios de la paciencia y de la consolación os dé que entre vosotros seáis unánimes según Cristo Jesús; 6Para que concordes, a una boca glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. 7Por tanto, sobrellevaos los unos a los otros, como también Cristo nos sobrellevó, para gloria de Dios. 8Digo, pues, que Cristo Jesús fue hecho ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, 9Y para que los Gentiles glorifiquen a Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré entre los Gentiles, y cantaré a tu nombre. 10Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo. 11Y otra vez: Alabad al Señor todos los Gentiles, y magnificadle, todos los pueblos. 12Y otra vez, dice Isaías: Estará la raíz de Jessé, y el que se levantará a regir los Gentiles: los Gentiles esperarán en él. 13Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo. 14Empero cierto estoy yo de vosotros, hermanos míos, que aun vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podáis amonestaros los unos a los otros. 15Mas os he escrito, hermanos, en parte resueltamente, como amonestándoos por la gracia que de Dios me es dada, 16Para ser ministro de Jesucristo a los Gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los Gentiles sea agradable, santificada por el Espíritu Santo. 17Tengo, pues, de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo que mira a Dios. 18Porque no osaría hablar alguna cosa que Cristo no haya hecho por mí para la obediencia de los Gentiles, con la palabra y con las obras, 19Con potencia de milagros y prodigios, en virtud del Espíritu de Dios: de manera que desde Jerusalem, y por los alrededores hasta Ilírico, he llenado todo del evangelio de Cristo. 20Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde antes Cristo fuese nombrado, por no edificar sobre ajeno fundamento: 21Sino, como está escrito: A los que no fue anunciado de él, verán: y los que no oyeron, entenderán. 22Por lo cual aun he sido impedido muchas veces de venir a vosotros. 23Mas ahora no teniendo más lugar en estas regiones, y deseando ir a vosotros muchos años ha, 24Cuando partiere para España, iré a vosotros; porque espero que pasando os veré, y que seré llevado de vosotros allá, si empero antes hubiere gozado de vosotros. 25Mas ahora parto para Jerusalem a ministrar a los santos. 26Porque Macedonia y Acaya tuvieron por bien hacer una colecta para los pobres de los santos que están en Jerusalem. 27Porque les pareció bueno, y son deudores a ellos: porque si los Gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos servirles en los carnales. 28Así que, cuando hubiere concluído esto, y les hubiere consignado este fruto, pasaré por vosotros a España. 29Y sé que cuando llegue a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo. 30Ruégoos empero, hermanos, por el Señor nuestro Jesucristo, y por la caridad del Espíritu, que me ayudéis con oraciones por mí a Dios, 31Que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalem sea acepta; 32Para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros. 33Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 45 · Marcos 15
Personales
Job 11 · Romanos 15