Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 43
1Y el hambre era grande en la tierra. 2Y aconteció que como acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, díjoles su padre: Volved, y comprad para nosotros un poco de alimento. 3Y respondió Judá, diciendo: Aquel varón nos protestó con ánimo resuelto, diciendo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros. 4Si enviares a nuestro hermano con nosotros, descenderemos y te compraremos alimento: 5Pero si no le enviares, no descenderemos: porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros. 6Y dijo Israel: ¿Por qué me hicisteis tanto mal, declarando al varón que teníais más hermano? 7Y ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamente por nosotros, y por nuestra parentela, diciendo: ¿Vive aún vuestro padre? ¿tenéis otro hermano? y declarámosle conforme a estas palabras. ¿Podíamos nosotros saber que había de decir: Haced venir a vuestro hermano? 8Entonces Judá dijo a Israel su padre: Envía al mozo conmigo, y nos levantaremos e iremos, a fin que vivamos y no muramos nosotros, y tú, y nuestros niños. 9Yo lo fío; a mí me pedirás cuenta de él: si yo no te lo volviere y lo pusiere delante de ti, seré para ti el culpante todos los días: 10Que si no nos hubiéramos detenido, cierto ahora hubiéramos ya vuelto dos veces. 11Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así es, hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros vasos, y llevad a aquel varón un presente, un poco de bálsamo, y un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras. 12Y tomad en vuestras manos doblado dinero, y llevad en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales; quizá fue yerro. 13Tomad también a vuestro hermano, y levantaos, y volved a aquel varón. 14Y el Dios Omnipotente os dé misericordias delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín. Y si he de ser privado de mis hijos, séalo. 15Entonces tomaron aquellos varones el presente, y tomaron en su mano doblado dinero, y a Benjamín; y se levantaron, y descendieron a Egipto, y presentáronse delante de José. 16Y vio José a Benjamín con ellos, y dijo al mayordomo de su casa: Mete en casa a esos hombres, y degüella víctima, y aderéza la; porque estos hombres comerán conmigo al medio día. 17E hizo el hombre como José dijo; y metió aquel hombre a los hombres en casa de José. 18Y aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron metidos en casa de José, y decían: Por el dinero que fue vuelto en nuestros costales la primera vez nos han metido aquí, para revolver contra nosotros, y dar sobre nosotros, y tomarnos por siervos a nosotros, y a nuestros asnos. 19Y llegáronse al mayordomo de la casa de José, y le hablaron a la entrada de la casa. 20Y dijeron: Ay, señor mío, nosotros en realidad de verdad descendimos al principio a comprar alimentos: 21Y aconteció que como vinimos al mesón y abrimos nuestros costales, he aquí el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso; y hémoslo vuelto en nuestras manos. 22Hemos también traído en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos: nosotros no sabemos quién haya puesto nuestro dinero en nuestros costales. 23Y él respondió: Paz a vosotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales: vuestro dinero vino a mí. Y sacó a Simeón a ellos. 24Y metió aquel varón a aquellos hombres en casa de José: y dióles agua, y lavaron sus pies: y dio de comer a sus asnos. 25Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José al medio día, porque habían oído que allí habían de comer pan. 26Y vino José a casa, y ellos le trajeron el presente que tenían en su mano dentro de casa, e inclináronse a él hasta tierra. 27Entonces les preguntó él cómo estaban, y dijo: ¿Vuestro padre, el anciano que dijisteis, lo pasa bien? ¿vive todavía? 28Y ellos respondieron: Bien va a tu siervo nuestro padre; aun vive. Y se inclinaron, e hicieron reverencia. 29Y alzando él sus ojos vio a Benjamín su hermano, hijo de su madre, y dijo: ¿Es este vuestro hermano menor, de quien me hablasteis? Y dijo: Dios tenga misericordia de ti, hijo mío. 30Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano, y procuró donde llorar: y entróse en su cámara, y lloró allí. 31Y lavó su rostro, y salió fuera, y reprimióse, y dijo: Poned pan. 32Y pusieron para él aparte, y separadamente para ellos, y aparte para los Egipcios que con él comían: porque los Egipcios no pueden comer pan con los Hebreos, lo cual es abominación a los Egipcios. 33Y sentáronse delante de él, el mayor conforme a su mayoría, y el menor conforme a su menoría; y estaban aquellos hombres atónitos mirándose el uno al otro. 34Y él tomó viandas de delante de sí para ellos; mas la porción de Benjamín era cinco veces como cualquiera de las de ellos. Y bebieron, y alegráronse con él.
Lectura 2 de 4 · En familia
Marcos 13
1Y saliendo del templo, le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. 2Y Jesús respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. 3Y sentándose en el monte de las Olivas delante del templo, le preguntaron aparte Pedro y Jacobo y Juan y Andrés: 4Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal habrá cuando todas estas cosas han de cumplirse? 5Y Jesús respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad, que nadie os engañe; 6Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. 7Mas cuando oyereis de guerras y de rumores de guerras no os turbéis, porque conviene hacerse así; mas aun no será el fin. 8Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores serán estos. 9Mas vosotros mirad por vosotros: porque os entregarán en los concilios, y en sinagogas seréis azotados: y delante de presidentes y de reyes seréis llamados por causa de mí, en testimonio a ellos. 10Y a todas las gentes conviene que el evangelio sea predicado antes. 11Y cuando os trajeren para entregaros, no premeditéis qué habéis de decir, ni lo penséis: mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. 12Y entregará a la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo: y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán. 13Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo. 14Empero cuando viereis la abominación de asolamiento, que fue dicha por el profeta Daniel, que estará donde no debe (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes; 15Y el que esté sobre el terrado, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; 16Y el que estuviere en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. 17Mas ¡ay de las preñadas, y de las que criaren en aquellos días! 18Orad pues, que no acontezca vuestra huída en invierno. 19Porque aquellos días serán de aflicción, cual nunca fue desde el principio de la creación que crio Dios, hasta este tiempo, ni será. 20Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos que él escogió, abrevió aquellos días. 21Y entonces si alguno os dijere: He aquí, aquí está el Cristo; o, He aquí, allí está, no le creáis. 22Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y darán señales y prodigios, para engañar, si se pudiese hacer, aun a los escogidos. 23Mas vosotros mirad; os lo he dicho antes todo. 24Empero en aquellos días, después de aquella aflicción, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su resplandor; 25Y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que están en los cielos serán conmovidas; 26Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con mucha potestad y gloria. 27Y entonces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro vientos, desde el cabo de la tierra hasta el cabo del cielo. 28De la higuera aprended la semejanza: Cuando su rama ya se enternece, y brota hojas, conocéis que el verano está cerca: 29Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 30De cierto os digo que no pasará esta generación, que todas estas cosas no sean hechas. 31El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. 32Empero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. 33Mirad, velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo. 34Como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dio facultad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase: 35Velad pues, porque no sabéis cuándo el señor de la casa vendrá; si a la tarde, o a la media noche, o al canto del gallo, o a la mañana; 36Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo. 37Y las cosas que a vosotros digo, a todos las digo: Velad.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 9
1Y respondió Job, y dijo: 2Ciertamente yo conozco que es así: ¿y cómo se justificará el hombre con Dios? 3Si quisiere contender con él, no le podrá responder a una cosa de mil. 4El es sabio de corazón, y poderoso en fortaleza: ¿quién se endureció contra él, y quedó en paz? 5Que arranca los montes con su furor, y no conocen quién los trastornó: 6Que remueve la tierra de su lugar, y hace temblar sus columnas: 7Que manda al sol, y no sale; y sella las estrellas: 8El que extiende solo los cielos, y anda sobre las alturas de la mar: 9El que hizo el Arcturo, y el Orión, y las Pléyadas, y los lugares secretos del mediodía: 10El que hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillosas, sin número. 11He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; y pasará, y no lo entenderé. 12He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir? ¿Quién le dirá, Qué haces? 13Dios no tornará atrás su ira, y debajo de él se encorvan los que ayudan a los soberbios. 14¿Cuánto menos le responderé yo, y hablaré con él palabras estudiadas? 15Que aunque fuese yo justo, no responderé; antes habré de rogar a mi juez. 16Que si yo le invocase, y él me respondiese, aun no creeré que haya escuchado mi voz. 17Porque me ha quebrado con tempestad, y ha aumentado mis heridas sin causa. 18No me ha concedido que tome mi aliento; mas hame hartado de amarguras. 19Si habláremos de su potencia, fuerte por cierto es; si de juicio, ¿quién me emplazará? 20Si yo me justificare, me condenará mi boca; si me dijere perfecto, esto me hará inicuo. 21Bien que yo fuese íntegro, no conozco mi alma: reprocharé mi vida. 22Una cosa resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume. 23Si azote mata de presto, ríese de la prueba de los inocentes. 24La tierra es entregada en manos de los impíos, y él cubre el rostro de sus jueces. Si no es él, ¿quién es? ¿dónde está? 25Mis días han sido más ligeros que un correo; huyeron, y no vieron el bien. 26Pasaron cual navíos veloces: como el águila que se arroja a la comida. 27Si digo: Olvidaré mi queja, dejaré mi aburrimiento, y esforzaréme: 28Contúrbanme todos mis trabajos; sé que no me darás por libre. 29Yo soy impío, ¿para qué trabajaré en vano? 30Aunque me lave con aguas de nieve, y limpie mis manos con la misma limpieza, 31Aun me hundirás en el hoyo, y mis propios vestidos me abominarán. 32Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, y vengamos juntamente a juicio. 33No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros ambos. 34Quite de sobre mí su vara, y su terror no me espante. 35Entonces hablaré, y no le temeré: porque así no estoy en mí mismo.
Lectura 4 de 4 · Personal
Romanos 13
1Toda alma se someta a las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios; y las que son, de Dios son ordenadas. 2Así que, el que se opone a la potestad, a la ordenación de Dios resiste: y los que resisten, ellos mismos ganan condenación para sí. 3Porque los magistrados no son para temor al que bien hace, sino al malo. ¿Quieres pues no temer la potestad? haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; 4Porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si hicieres lo malo, teme: porque no en vano lleva el cuchillo; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo. 5Por lo cual es necesario que le estéis sujetos, no solamente por la ira, mas aun por la conciencia. 6Porque por esto pagáis también los tributos; porque son ministros de Dios que sirven a esto mismo. 7Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que pecho, pecho; al que temor, temor; al que honra, honra. 8No debáis a nadie nada, sino amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley. 9Porque: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; no codiciarás; y si hay algún otro mandamiento, en esta sentencia se comprende sumariamente: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10La caridad no hace mal al prójimo: así que, el cumplimento de la ley es la caridad. 11Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora nos está más cerca nuestra salud que cuando creímos. 12La noche ha pasado, y ha llegado el día: echemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz. 13Andemos como de día, honestamente: no en glotonerías y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pedencias y envidia: 14Mas vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis caso de la carne en sus deseos.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 43 · Marcos 13
Personales
Job 9 · Romanos 13