Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 14

1Y aconteció en los días de Amraphel, rey de Shinar, Arioch, rey de Elazar, Chêdorlaomer, rey de Elá, y Tidal, rey de naciones, 2Que estos hicieron guerra contra Bera, rey de Sodoma, y contra Birsha, rey de Gomorra, y contra Shinab, rey de Adma, y contra Shemeber, rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la cual es Zoar. 3Todos estos se juntaron en el valle de Siddim, que es el mar salado. 4Doce años habían servido a Chêdorlaomer, y al décimotercio año se rebelaron. 5Y en el año décimocuarto vino Chêdorlaomer, y los reyes que estaban de su parte, y derrotaron a los Raphaitas en Ashteroth-carnaim, a los Zuzitas en Ham, y a los Emitas en Shave-Kiriataim. 6Y a los Horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto. 7Y volvieron, y vinieron a Emmisphat, que es Cades, y devastaron todas las haciendas de los Amalecitas, y también al Amorrheo, que habitaba en Hazezón-tamar. 8Y salió el rey de Sodoma, y el rey de Gomorra, y el rey de Adma, y el rey de Zeboim, y el rey de Bela, que es Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Siddim; 9Es a saber, contra Chêdorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de naciones, y Amraphel, rey de Shinar, y Arioch, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco. 10Y el valle de Siddim estaba lleno de pozos de betún: y huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, y cayeron allí; y los demás huyeron al monte. 11Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus vituallas, y se fueron. 12Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y su hacienda, y se fueron. 13Y vino uno de los que escaparon, y denunciólo a Abram el Hebreo, que habitaba en el valle de Mamre Amorrheo, hermano de Eschôl y hermano de Aner, los cuales estaban confederados con Abram. 14Y oyó Abram que su hermano estaba prisionero, y armó sus criados, los criados de su casa, trescientos dieciocho, y siguiólos hasta Dan. 15Y derramóse sobre ellos de noche él y sus siervos, e hiriólos, y fuélos siguiendo hasta Hobah, que está a la izquierda de Damasco. 16Y recobró todos los bienes, y también a Lot su hermano y su hacienda, y también las mujeres y gente. 17Y salió el rey de Sodoma a recibirlo, cuando volvía de la derrota de Chêdorlaomer y de los reyes que con él estaban, al valle de Shave, que es el valle del Rey. 18Entonces Melchîsedec, rey de Salem, sacó pan y vino; el cual era sacerdote del Dios alto; 19Y bendíjole, y dijo: Bendito sea Abram del Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra; 20Y bendito sea el Dios alto, que entregó tus enemigos en tu mano. Y dióle Abram los diezmos de todo. 21Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti la hacienda. 22Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra, 23Que desde un hilo hasta la correa de un calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, porque no digas: Yo enriquecí a Abram: 24Sacando solamente lo que comieron los mancebos, y la porción de los varones que fueron conmigo, Aner, Eschôl, y Mamre; los cuales tomarán su parte.
Lectura 2 de 4 · En familia

Mateo 13

1Y aquel día, saliendo Jesús de casa, se sentó junto a la mar. 2Y se allegaron a él muchas gentes; y entrándose él en el barco, se sentó, y toda la gente estaba a la ribera. 3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió a sembrar. 4Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron. 5Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra: 6Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenía raíz. 7Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron. 8Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta. 9Quien tiene oídos para oir, oiga. 10Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11Y él respondiendo, les dijo: Por que a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no es concedido. 12Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no miraréis. 15Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan: para que no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y del corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane. 16Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron: y oir lo que oís, y no lo oyeron. 18Oid, pues, vosotros la parábola del que siembra: 19Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón: este es el que fue sembrado junto al camino. 20Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo. 21Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal: que venida la aflicción o la persecución por la palabra, luego se ofende. 22Y el que fue sembrado en espinas, este es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa. 23Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta. 24Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo: 25Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. 26Y como la hierba salió e hizo fruto, entonces apareció también la cizaña. 27Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde, pues, tiene cizaña? 28Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la cojamos? 29Y él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo. 30Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Coged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí. 31Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: 32El cual a la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. 33Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo. 34Todo esto habló Jesús por parábolas a las gentes, y sin parábolas no les hablaba: 35Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo. 36Entonces, despedidas las gentes, Jesús se vino a casa; y llegándose a él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo. 37Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre; 38Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo; 39Y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 40De manera que como es cogida la cizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo. 41Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad, 42Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes. 43Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene oídos para oir, oiga. 44Además, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. 45También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas; 46Que hallando una preciosa perla, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró. 47Asimismo el reino de los cielos es semejante a la red, que echada en la mar, coge de todas suertes de peces: 48La cual estando llena, la sacaron a la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera. 49Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, 50Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes. 51Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor. 52Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. 53Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, pasó de allí. 54Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decían: ¿De dónde tiene este esta sabiduría, y estas maravillas? 55¿No es este el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo y José, y Simón, y Judas? 56¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene este todas estas cosas? 57Y se escandalizaban en él. Mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su tierra y en su casa. 58Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos.
Lectura 3 de 4 · Personal

Nehemías 3

1Y levantóse Eliasib el gran sacerdote con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos aparejaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Meah, aparejáronla hasta la torre de Hananeel. 2Y junto a ella edificaron los varones de Jericó: y luego edificó Zachûr hijo de Imri. 3Y los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado: ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos. 4Y junto a ellos restauró Meremoth hijo de Urías, hijo de Cos: y al lado de ellos, restauró Mesullam hijo de Berechîas, hijo de Mesezabeel. Junto a ellos restauró Sadoc hijo de Baana. 5E inmediato a ellos restauraron los Tecoitas; mas sus grandes no prestaron su cerviz a la obra de su Señor. 6Y la puerta Vieja restauraron Joiada hijo de Pasea, y Mesullam hijo de Besodías: ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos. 7Junto a ellos restauró Melatías Gabaonita, y Jadón Meronothita, varones de Gabaón y de Mizpa, por la silla del gobernador de la otra parte del río. 8Y junto a ellos restauró Uzziel hijo de Harhaía, de los plateros; junto al cual restauró también Hananías, hijo de un perfumero. Así dejaron reparado a Jerusalem hasta el muro ancho. 9Junto a ellos restauró también Repaías hijo de Hur, príncipe de la mitad de la región de Jerusalem. 10Asimismo restauró junto a ellos, y frente a su casa, Jedaías hijo de Harumaph; y junto a él restauró Hattus hijo de Hasbanías. 11Malchîas hijo de Harim y Hasub hijo de Pahath-moab, restauraron la otra medida, y la torre de los Hornos. 12Junto a ellos restauró Sallum hijo de Lohes, príncipe de la mitad de la región de Jerusalem, él con sus hijas. 13La puerta del Valle la restauró Hanún con los moradores de Zanoa: ellos la reedificaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos, y mil codos en el muro hasta la puerta del Muladar. 14Y reedificó la puerta del Muladar, Malchîas hijo de Rechâb, príncipe de la provincia de Beth-haccerem: él la reedificó, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos. 15Y Sallum hijo de Chôl-hoce, príncipe de la región de Mizpa, restauró la puerta de la Fuente: él la reedificó, y la enmaderó, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos, y el muro del estanque de Selah hacia la huerta del rey, y hasta las gradas que descienden de la ciudad de David. 16Después de él restauró Nehemías hijo de Azbuc, príncipe de la mitad de la región de Beth-sur, hasta delante de los sepulcros de David, y hasta el estanque labrado, y hasta la casa de los Valientes. 17Tras él restauraron los Levitas, Rehum hijo de Bani; junto a él restauró Asabías, príncipe de la mitad de la región de Ceila en su región. 18Después de él restauraron sus hermanos, Bavvai hijo de Henadad, príncipe de la mitad de la región de Ceila. 19Y junto a él restauró Ezer hijo de Jesuá, príncipe de Mizpa, la otra medida frente a la subida de la armería de la esquina. 20Después de él se enfervorizó a restaurar Baruch hijo de Zachâi la otra medida, desde la esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib gran sacerdote. 21Tras él restauró Meremoth hijo de Urías hijo de Cos la otra medida, desde la entrada de la casa de Eliasib, hasta el cabo de la casa de Eliasib. 22Después de él restauraron los sacerdotes, los varones de la campiña. 23Después de ellos restauraron Benjamín y Hasub, frente a su casa: y después de estos restauró Azarías, hijo de Maasías hijo de Ananías, cerca de su casa. 24Después de él restauró Binnui hijo de Henadad la otra medida, desde la casa de Azarías hasta la revuelta, y hasta la esquina. 25Paal hijo de Uzai, enfrente de la esquina y la torre alta que sale de la casa del rey, que está en el patio de la cárcel. Después de él, Pedaía hijo de Pharos. 26(Y los Nethineos estuvieron en Ophel hasta enfrente de la puerta de las Aguas al oriente, y la torre que sobresalía.) 27Después de él restauraron los Tecoitas la otra medida, enfrente de la grande torre que sobresale, hasta el muro de Ophel. 28Desde la puerta de los Caballos restauraron los sacerdotes, cada uno enfrente de su casa. 29Después de ellos restauró Sadoc hijo de Immer, enfrente de su casa: y después de él restauró Semaías hijo de Sechânías, guarda de la puerta oriental. 30Tras él restauró Hananías hijo de Selemías, y Anún hijo sexto de Salaph, la otra medida. Después de él restauró Mesullam, hijo de Berechîas, enfrente de su cámara. 31Después de él restauró Malchîas hijo del platero, hasta la casa de los Nethineos y de los tratantes, enfrente de la puerta del Juicio, y hasta la sala de la esquina. 32Y entre la sala de la esquina hasta la puerta de las Ovejas, restauraron los plateros y los tratantes.
Lectura 4 de 4 · Personal

Hechos 13

1Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y doctores: Bernabé, y Simón el que se llamaba Niger, y Lucio Cireneo, y Manahén, que había sido criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. 2Ministrando pues estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra para la cual los he llamado. 3Entonces habiendo ayunado y orado, y puesto las manos encima de ellos, despidiéronlos. 4Y ellos, enviados así por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia; y de allí navegaron a Cipro. 5Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los Judíos: y tenían también a Juan en el ministerio. 6Y habiendo atravesado toda la isla hasta Papho, hallaron un hombre mago, falso profeta, Judío, llamado Barjesús; 7El cual estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oir la palabra de Dios. 8Mas les resistía Elimas el encantador (que así se interpreta su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. 9Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, poniendo en él los ojos, 10Dijo: Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? 11Ahora pues, he aquí la mano del Señor es contra ti, y serás ciego, que no veas el sol por tiempo. Y luego cayeron en él obscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quién le condujese por la mano. 12Entonces el procónsul, viendo lo que había sido hecho, creyó, maravillado de la doctrina del Señor. 13Y partidos de Papho, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Pamphylia: entonces Juan, apartándose de ellos, se volvió a Jerusalem. 14Y ellos pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia, y entrando en la sinagoga un día de sábado, sentáronse. 15Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los príncipes de la sinagoga enviaron a ellos, diciendo: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad. 16Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dice: Varones Israelitas, y los que teméis a Dios, oid: 17El Dios del pueblo de Israel escogió a nuestros padres, y ensalzó al pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella. 18Y por tiempo como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto; 19Y destruyendo siete naciones en la tierra de Canaán, les repartió por suerte la tierra de ellas. 20Y después, como por cuatrocientos y cincuenta años, dio les jueces hasta el profeta Samuel. 21Y entonces demandaron rey; y les dio Dios a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años. 22Y quitado aquel, levantóles por rey a David, al que dio también testimonio, diciendo: He hallado a David, hijo de Jessé, varón conforme a mi corazón, el cual hará todo lo que yo quiero. 23De la simiente de este, Dios, conforme a la promesa, levantó a Jesús por Salvador a Israel; 24Predicando Juan delante de la faz de su venida el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. 25Mas como Juan cumpliese su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; mas he aquí, viene tras mí uno, cuyo calzado de los pies no soy digno de desatar. 26Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salud. 27Porque los que habitaban en Jerusalem, y sus príncipes, no conociendo a este, y las voces de los profetas que se leen todos los sábados, condenándo le, las cumplieron. 28Y sin hallar en él causa de muerte, pidieron a Pilato que le matasen. 29Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. 30Mas Dios le levantó de los muertos. 31Y él fue visto por muchos días de los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalem, los cuales son sus testigos al pueblo. 32Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa que fue hecha a los padres, 33La cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús: como también en el salmo segundo está escrito: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. 34Y que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, así lo dijo: Os daré las misericordias fieles de David. 35Por eso dice también en otro lugar: No permitirás que tu Santo vea corrupción. 36Porque a la verdad David, habiendo servido en su edad a la voluntad de Dios, durmió, y fue juntado con sus padres, y vio corrupción: 37Mas aquel que Dios levantó, no vio corrupción. 38Séaos pues notorio, varones hermanos, que por este os es anunciada remisión de pecados; 39Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en este es justificado todo aquel que creyere. 40Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas; 41Mirad, oh menospreciadores, y entonteceos, y desvaneceos; porque yo obro una obra en vuestros días, obra que no creeréis, si alguien os la contare. 42Y saliendo ellos de la sinagoga de los Judíos, los Gentiles les rogaron que el sábado siguiente les hablasen estas palabras. 43Y despedida la congregación, muchos de los Judíos y de los religiosos prosélitos siguieron a Pablo y a Bernabé; los cuales hablándoles, les persuadían que permaneciesen en la gracia de Dios. 44Y el sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad a oir la palabra de Dios. 45Mas los Judíos, visto el gentío, llenáronse de celo, y se oponían a lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. 46Entonces Pablo y Bernabé, usando de libertad, dijeron: A vosotros a la verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios; mas pues que la desecháis, y os juzgáis indignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los Gentiles. 47Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los Gentiles, para que seas salud hasta lo postrero de la tierra. 48Y los Gentiles oyendo esto, fueron gozosos, y glorificaban la palabra del Señor: y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. 49Y la palabra del Señor era sembrada por toda aquella provincia. 50Mas los Judíos concitaron mujeres pías y honestas, y a los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de sus términos. 51Ellos entonces sacudiendo en ellos el polvo de sus pies, vinieron a Iconio. 52Y los discípulos estaban llenos de gozo, y del Espíritu Santo.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 14 · Mateo 13
Personales
Nehemías 3 · Hechos 13