Lectura 1 de 4 · En familia

Josué 16-17 (cap. 16)

1Y la suerte del los hijos de José salió desde el Jordán de Jericó hasta las aguas de Jericó hacia el oriente, al desierto que sube de Jericó al monte de Beth-el: 2Y de Beth-el sale a Luz, y pasa al término de Archi en Ataroth; 3Y torna a descender hacia la mar al término de Japhlet, hasta el término de Beth-oron la de abajo, y hasta Gezer; y sale a la mar. 4Recibieron pues heredad los hijos de José, Manasés y Ephraim. 5Y fue el término de los hijos de Ephraim por sus familias, fue el término de su herencia a la parte oriental, desde Ataroth-addar hasta Beth-oron la de arriba: 6Y sale este término a la mar, y a Michmetat al norte, y da vuelta este término hacia el oriente a Tanath-silo, y de aquí pasa del oriente a Janoa: 7Y de Janoa desciende a Ataroth, y a Naaratha, y toca en Jericó, y sale al Jordán. 8Y de Tappua torna este término hacia la mar al arroyo de Cana, y sale a la mar. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Ephraim por sus familias. 9Hubo también ciudades que se apartaron para los hijos de Ephraim en medio de la herencia de los hijos de Manasés, todas ciudades con sus aldeas. 10Y no echaron al Cananeo que habitaba en Gezer; antes quedó el Cananeo en medio de Ephraim, hasta hoy, y fue tributario.
Lectura 1 de 4 · En familia

Josué 16-17 (cap. 17)

1Y tuvo también suerte la tribu de Manasés, porque fue primogénito de José. Machîr, primogénito de Manasés, y padre de Galaad, el cual fue hombre de guerra, tuvo a Galaad y a Basán. 2Tuvieron también suerte los otros hijos de Manasés conforme a sus familias: los hijos de Abiezer, y los hijos de Helec, y los hijos de Esriel, y los hijos de Sichêm, y los hijos de Hepher, y los hijos de Semida; estos fueron los hijos varones de Manasés hijo de José, por sus familias. 3Pero Salphaad, hijo de Hepher, hijo de Galaad, hijo de Machîr, hijo de Manasés, no tuvo hijos, sino hijas, los nombres de las cuales son estos: Maala, Noa, Hogla, Milchâ, y Tirsa. 4Estas vinieron delante de Eleazar sacerdote, y de Josué hijo de Nun, y de los príncipes, y dijeron: Jehová mandó a Moisés que nos diese herencia entre nuestros hermanos. Y él les dio herencia entre los hermanos del padre de ellas, conforme al dicho de Jehová. 5Y cayeron a Manasés diez suertes a más de la tierra de Galaad y de Basán, que está de la otra parte del Jordán: 6Porque las hijas de Manasés poseyeron herencia entre sus hijos: y la tierra de Galaad fue de los otros hijos de Manasés. 7Y fue el término de Manasés desde Aser hasta Michmetat, la cual está delante de Sichêm; y va este término a la mano derecha, a los que habitan en Tappua. 8Y la tierra de Tappua fue de Manasés; pero Tappua, que está junto al término de Manasés, es de los hijos de Ephraim. 9Y desciende este término al arroyo de Cana, hacia el mediodía del arroyo. Estas ciudades de Ephraim están entre las ciudades de Manasés: y el término de Manasés es desde el norte del mismo arroyo, y sus salidas son a la mar. 10Ephraim al mediodía, y Manasés al norte, y la mar es su término: y encuéntranse con Aser a la parte del norte, y con Issachâr al oriente. 11Tuvo también Manasés en Issachâr y en Aser a Beth-san y sus aldeas, e Ibleam y sus aldeas, y los moradores de Dor y sus aldeas, y los moradores de Endor y sus aldeas, y los moradores de Taanach y sus aldeas, y los moradores de Megiddo y sus aldeas: tres provincias. 12Mas los hijos de Manasés no pudieron echar a los de aquellas ciudades; antes el Cananeo quiso habitar en la tierra. 13Empero cuando los hijos de Israel tomaron fuerzas, hicieron tributario al Cananeo, mas no lo echaron. 14Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por qué me has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo yo un pueblo tan grande y que Jehová me ha así bendecido hasta ahora? 15Y Josué les respondió: Si eres pueblo tan grande, sube tú al monte, y corta para ti allí en la tierra del Pherezeo y de los gigantes, pues que el monte de Ephraim es angosto para ti. 16Y los hijos de José dijeron: No nos bastará a nosotros este monte: y todos los Cananeos que habitan la tierra de la campiña, tienen carros herrados; los que están en Beth-san y en sus aldeas, y los que están en el valle de Jezreel. 17Entonces Josué respondió a la casa de José, a Ephraim y Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes gran fuerza; no tendrás una sola suerte; 18Mas aquel monte será tuyo; que bosque es, y tú lo cortarás, y serán tuyos sus términos: porque tú echarás al Cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 148

1Alabad a Jehová desde los cielos: alabadle en las alturas. 2Alabadle, vosotros todos sus ángeles: alabadle, vosotros todos sus ejércitos. 3Alabadle, sol y luna: alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas. 4Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos. 5Alaben el nombre de Jehová; porque él mandó, y fueron criadas. 6Y las hizo ser para siempre por los siglos; púso les ley que no será quebrantada. 7Alabad a Jehová, de la tierra los dragones y todos los abismos; 8El fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra; 9Los montes y todos los collados; el árbol de fruto, y todos los cedros; 10La bestia y todo animal; reptiles y volátiles; 11Los reyes de la tierra y todos los pueblos; los príncipes y todos los jueces de la tierra; 12Los mancebos y también las doncellas; los viejos y los niños, 13Alaben el nombre de Jehová, porque solo su nombre es elevado; su gloria es sobre tierra y cielos. 14El ensalzó el cuerno de su pueblo; aláben le todos sus santos, los hijos de Israel, el pueblo a él cercano. Aleluya.
Lectura 3 de 4 · Personal

Jeremías 8

1En aquel tiempo, dice Jehová, sacarán los huesos de los reyes de Judá, y los huesos de sus príncipes, y los huesos de los sacerdotes, y los huesos de los profetas, y los huesos de los moradores de Jerusalem, fuera de sus sepulcros; 2Y los esparcirán al sol, y a la luna, y a todo el ejército del cielo, a quien amaron, y a quienes sirvieron, y en pos de quienes anduvieron, y a quienes preguntaron, y a quienes se encorvaron. No serán recogidos, ni enterrados: serán por muladar sobre la haz de la tierra. 3Y escogeráse la muerte antes que la vida por todo el resto que quedare de esta mala generación, en todos los lugares a donde los arrojaré yo a los que quedaren, dice Jehová de los ejércitos. 4Les dirás asimismo: Así ha dicho Jehová: ¿El que cae, no se levanta? ¿el que se desvía, no torna a camino? 5¿Por qué es este pueblo de Jerusalem rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, no han querido volverse. 6Escuché y oí; no hablan derecho, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla. 7Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; mas mi pueblo no conoce el juicio de Jehová. 8¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Jehová es con nosotros? Ciertamente, he aquí que en vano se cortó la pluma, por demás fueron los escribas. 9Los sabios se avergonzaron, espantáronse y fueron presos: he aquí que aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y qué sabiduría tienen? 10Por tanto daré a otros sus mujeres, y sus heredades a quien las posea: porque desde el chico hasta el grande cada uno sigue la avaricia, desde el profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño. 11Y curaron el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz. 12¿Hanse avergonzado de haber hecho abominación? Por cierto no se han corrido de vergüenza, ni supieron avergonzarse; caerán por tanto entre los que cayeren, cuando los visitaré: caerán, dice Jehová. 13Cortarélos de por junto, dice Jehová. No habrá uvas en la vid, ni higos en la higuera, y caeráse la hoja; y lo que les he dado pasará de ellos. 14¿Sobre qué nos aseguramos? Juntaos, y entrémonos en las ciudades fuertes, y allí reposaremos: porque Jehová nuestro Dios nos ha hecho callar, y dádonos a beber bebida de hiel, porque pecamos contra Jehová. 15Esperamos paz, y no hubo bien; día de cura, y he aquí turbación. 16Desde Dan se oyó el bufido de sus caballos: del sonido de los relinchos de sus fuertes tembló toda la tierra; y vinieron y devoraron la tierra y su abundancia, ciudad y moradores de ella. 17Porque he aquí que yo envío sobre vosotros serpientes, basiliscos, contra los cuales no hay encantamiento; y os morderán, dice Jehová. 18A causa de mi fuerte dolor mi corazón desfallece en mí. 19He aquí voz del clamor de la hija de mi pueblo, que viene de la tierra lejana: ¿No está Jehová en Sion? ¿no está en ella su Rey? ¿Por qué me hicieron airar con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas? 20Pasóse la siega, acabóse el verano, y nosotros no hemos sido salvos. 21Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado. 22¿No hay bálsamo en Galaad? ¿no hay allí médico? ¿Por qué pues no hubo medicina para la hija de mi pueblo?
Lectura 4 de 4 · Personal

Mateo 22

1Y respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: 2El reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que hizo bodas a su hijo; 3Y envió sus siervos para que llamasen los llamados a las bodas; mas no quisieron venir. 4Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los llamados: He aquí, mi comida he aparejado; mis toros y animales engordados son muertos, y todo está prevenido: venid a las bodas. 5Mas ellos no se cuidaron, y se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; 6Y otros, tomando a sus siervos, los afrentaron y los mataron. 7Y el rey, oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y puso fuego a su ciudad. 8Entonces dice a sus siervos: Las bodas a la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos. 9Id pues a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos hallareis. 10Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados. 11Y entró el rey para ver los convidados, y vio allí un hombre no vestido de boda. 12Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca. 13Entonces el rey dijo a los que servían: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes. 14Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. 15Entonces, idos los Fariseos, consultaron cómo le tomarían en alguna palabra. 16Y envían a él los discípulos de ellos, con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te curas de nadie, porque no tienes acepción de persona de hombres. 17Dinos pues, ¿qué te parece? ¿es lícito dar tributo a César, o no? 18Mas Jesús, entendida la malicia de ellos, les dice: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. 20Entonces les dice: ¿Cúya es esta figura, y lo que está encima escrito? 21Dícenle: De César. Y díceles: Pagad pues a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 22Y oyendo esto, se maravillaron; y dejándole se fueron. 23Aquel día llegaron a él los Saduceos, que dicen no haber resurrección, y le preguntaron, 24Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y despertará simiente a su hermano. 25Fueron pues, entre nosotros siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió; y no teniendo generación, dejó su mujer a su hermano. 26De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta los siete. 27Y después de todos murió también la mujer. 28En la resurrección pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer? porque todos la tuvieron. 29Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las Escrituras, y el poder de Dios. 30Porque en la resurrección, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres maridos; mas son como los ángeles de Dios en el cielo. 31Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os es dicho por Dios, que dice: 32Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. 33Y oyendo esto las gentes, estaban atónitas de su doctrina. 34Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado la boca a los Saduceos, se juntaron a una. 35Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole y diciendo: 36Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley? 37Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. 38Este es el primero y el grande mandamiento. 39Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. 41Y estando juntos los Fariseos, Jesús les preguntó, 42Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿de quién es Hijo? Dícenle: De David. 43El les dice: ¿Pues cómo David en Espíritu le llama Señor, diciendo: 44Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies? 45Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su Hijo? 46Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Josué 16-17 · Salmo 148
Personales
Jeremías 8 · Mateo 22