Lectura 1 de 4 · En familia

Levítico 17

1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que ha mandado Jehová, diciendo: 3Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey, o cordero, o cabra, en el real, o fuera del real, 4Y no lo trajere a la puerta del tabernáculo del testimonio, para ofrecer ofrenda a Jehová delante del tabernáculo de Jehová, sangre será imputada al tal varón: sangre derramó; cortado será el tal varón de entre su pueblo: 5A fin de que traigan los hijos de Israel sus sacrificios, los que sacrifican sobre la haz del campo, para que los traigan a Jehová a la puerta del tabernáculo del testimonio al sacerdote, y sacrifiquen ellos sacrificios de paces a Jehová. 6Y el sacerdote esparcirá la sangre sobre el altar de Jehová, a la puerta del tabernáculo del testimonio, y quemará el sebo en olor de suavidad a Jehová. 7Y nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras de los cuales han fornicado: tendrán esto por estatuto perpetuo por sus edades. 8Les dirás también: Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que peregrinan entre vosotros, que ofreciere holocausto o sacrificio, 9Y no lo trajere a la puerta del tabernáculo del testimonio, para hacerlo a Jehová, el tal varón será igualmente cortado de sus pueblos. 10Y cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y le cortaré de entre su pueblo. 11Porque la vida de la carne en la sangre está: y yo os la he dado para expiar vuestras personas sobre el altar: por lo cual la misma sangre expiará la persona. 12Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que peregrina entre vosotros comerá sangre. 13Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que cogiere caza de animal o de ave que sea de comer, derramará su sangre y cubrirála con tierra: 14Porque el alma de toda carne, su vida, está en su sangre: por tanto he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre: cualquiera que la comiere será cortado. 15Y cualquiera persona que comiere cosa mortecina, o despedazada por fiera, así de los naturales como de los extranjeros, lavará sus vestidos y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde; y se limpiará. 16Y si no los lavare, ni lavare su carne, llevará su iniquidad.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 19

1Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la expansión denuncia la obra de sus manos. 2El un día emite palabra al otro día, y la una noche a la otra noche declara sabiduría. 3No hay dicho, ni palabras, ni es oída su voz. 4Por toda la tierra salió su hilo, y al cabo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol. 5Y él, como un novio que sale de su tálamo, alégrase cual gigante para correr el camino. 6Del un cabo de los cielos es su salida, y su giro hasta la extremidad de ellos: y no hay quien se esconda de su calor. 7La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma: el testimonio de Jehová, fiel, que hace sabio al pequeño. 8Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón: el precepto de Jehová, puro, que alumbra los ojos. 9El temor de Jehová, limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos. 10Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. 11Tu siervo es además amonestado con ellos: en guardarlos hay grande galardón. 12Los errores, ¿quién los entenderá? Líbrame de los que me son ocultos. 13Detén asimismo a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí: entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. 14Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.
Lectura 3 de 4 · Personal

Proverbios 31

1Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre. 2¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre? ¿y qué, hijo de mis deseos? 3No des a las mujeres tu fuerza, ni tus caminos a lo que es para destruir los reyes. 4No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la cerveza. 5No sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los hijos afligidos. 6Dad la cerveza al desfallecido, y el vino a los de amargo ánimo: 7Beban, y olvídense de su necesidad, y de su miseria no más se acuerden. 8Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los hijos de muerte. 9Abre tu boca, juzga justicia, y el derecho del pobre y del menesteroso. 10Mujer fuerte, ¿quién la hallará? porque su estima sobrepuja largamente a la de piedras preciosas. 11El corazón de su marido está en ella confiado, y no tendrá necesidad de despojo. 12Darále ella bien y no mal, todos los días de su vida. 13Buscó lana y lino, y con voluntad labró de sus manos. 14Fue como navío de mercader: trae su pan de lejos. 15Levantóse aun de noche, y dio comida a su familia, y ración a sus criadas. 16Consideró la heredad, y compróla; y plantó viña del fruto de sus manos. 17Ciñó sus lomos de fortaleza, y esforzó sus brazos. 18Gustó que era buena su granjería: su candela no se apagó de noche. 19Aplicó sus manos al huso, y sus manos tomaron la rueca. 20Alargó su mano al pobre, y extendió sus manos al menesteroso. 21No tendrá temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. 22Ella se hizo tapices; de lino fino y púrpura es su vestido. 23Conocido es su marido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. 24Hizo telas, y vendió; y dio cintas al mercader. 25Fortaleza y honor son su vestidura; y en el día postrero reirá. 26Abrió su boca con sabiduría: y la ley de clemencia está en su lengua. 27Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde. 28Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada; y su marido también la alabó. 29Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú las sobrepujaste a todas. 30Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme a Jehová, esa será alabada. 31Dadle el fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.
Lectura 4 de 4 · Personal

1 Timoteo 2

1Amonesto pues, ante todas cosas, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, hacimientos de gracias, por todos los hombres; 2Por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. 3Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador; 4El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad. 5Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; 6El cual se dio a sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos: 7De lo que yo soy puesto por predicador y apóstol, (digo verdad en Cristo, no miento) doctor de los Gentiles en fidelidad y verdad. 8Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos limpias, sin ira ni contienda. 9Asimismo también las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, u oro, o perlas, o vestidos costosos, 10Sino de buenas obras, como conviene a mujeres que profesan piedad. 11La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. 12Porque no permito a la mujer enseñar, ni tomar autoridad sobre el hombre, sino estar en silencio. 13Porque Adam fue formado el primero, después Eva; 14Y Adam no fue engañado, sino la mujer, siendo seducida, vino a ser envuelta en transgresión: 15Empero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en la fe y caridad y santidad, con modestia.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Levítico 17 · Salmo 19
Personales
Proverbios 31 · 1 Timoteo 2