Lectura 1 de 4 · En familia

Levítico 18

1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel, y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios. 3No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco; ni andaréis en sus estatutos. 4Mis derechos pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos: Yo Jehová vuestro Dios. 5Por tanto mis estatutos y mis derechos guardaréis, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos: Yo Jehová. 6Ningún varón se allegue a ninguna cercana de su carne, para descubrir su desnudez: Yo Jehová. 7La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descubrirás: tu madre es, no descubrirás su desnudez. 8La desnudez de la mujer de tu padre no descubrirás; es la desnudez de tu padre. 9La desnudez de tu hermana, hija de tu padre, o hija de tu madre, nacida en casa o nacida fuera, su desnudez no descubrirás. 10La desnudez de la hija de tu hijo, o de la hija de tu hija, su desnudez no descubrirás, porque es la desnudez tuya. 11La desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, tu hermana es, su desnudez no descubrirás. 12La desnudez de la hermana de tu padre no descubrirás: es parienta de tu padre. 13La desnudez de la hermana de tu madre no descubrirás: porque parienta de tu madre es. 14La desnudez del hermano de tu padre no descubrirás: no llegarás a su mujer: es mujer del hermano de tu padre. 15La desnudez de tu nuera no descubrirás: mujer es de tu hijo; no descubrirás su desnudez. 16La desnudez de la mujer de tu hermano no descubrirás: es la desnudez de tu hermano. 17La desnudez de la mujer y de su hija no descubrirás: no tomarás la hija de su hijo, ni la hija de su hija, para descubrir su desnudez: son parientas, es maldad. 18No tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival, descubriendo su desnudez delante de ella en su vida. 19Y no llegarás a la mujer en el apartamiento de su inmundicia, para descubrir su desnudez. 20Además, no tendrás acto carnal con la mujer de tu prójimo, contaminándote en ella. 21Y no des de tu simiente para hacerla pasar por el fuego a Moloch; no contamines el nombre de tu Dios: Yo Jehová. 22No te echarás con varón como con mujer: es abominación. 23Ni con ningún animal tendrás ayuntamiento amancillándote con él; ni mujer alguna se pondrá delante de animal para ayuntarse con él: es confusión. 24En ninguna de estas cosas os amancillaréis; porque en todas estas cosas se han ensuciado las gentes que yo echo de delante de vosotros: 25Y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores. 26Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis derechos, y no hagáis ninguna de todas estas abominaciones: ni el natural ni el extranjero que peregrina entre vosotros. 27(Porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de la tierra, que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada:) 28Y la tierra no os vomitará, por haberla contaminado, como vomitó a la gente que fue antes de vosotros. 29Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hicieren, serán cortadas de entre su pueblo. 30Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo de las prácticas abominables que tuvieron lugar antes de vosotros, y no os ensuciéis en ellas: Yo Jehová vuestro Dios.
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Salmos 20-21 (cap. 20)

1Oigate Jehová en el día de conflicto; defiéndate el nombre del Dios de Jacob. 2Envíete ayuda desde el santuario, y desde Sion te sostenga. 3Haga memoria de todos tus presentes, y reduzca a ceniza tu holocausto. (Selah.) 4Déte conforme a tu corazón, y cumpla todo tu consejo. 5Nosotros nos alegraremos por tu salud, y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios: cumpla Jehová todas tus peticiones. 6Ahora echo de ver que Jehová guarda a su ungido: oirálo desde los cielos de su santidad, con la fuerza de la salvación de su diestra. 7Estos confían en carros, y aquellos en caballos: mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. 8Ellos arrodillaron, y cayeron; mas nosotros nos levantamos, y nos enhestamos. 9Salva, Jehová: que el Rey nos oiga el día que lo invocáremos.
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Salmos 20-21 (cap. 21)

1Alegraráse el rey en tu fortaleza, oh Jehová; y en tu salud se gozará mucho. 2El deseo de su corazón le diste, y no le negaste lo que sus labios pronunciaron. (Selah.) 3Pues le has salido al encuentro con bendiciones de bien: corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. 4Vida te demandó, y dístele largura de días por siglos y siglos. 5Grande es su gloria en tu salud: honra y majestad has puesto sobre él. 6Porque lo has bendecido para siempre; llenástelo de alegría con tu rostro. 7Por cuanto el rey confía en Jehová, y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido. 8Alcanzará tu mano a todos tus enemigos; tu diestra alcanzará a los que te aborrecen. 9Ponerlos has como horno de fuego en el tiempo de tu ira: Jehová los deshará en su furor, y fuego los consumirá. 10Su fruto destruirás de la tierra, y su simiente de entre los hijos de los hombres. 11Porque trazaron el mal contra ti: fraguaron maquinaciones, mas no prevalecerán. 12Pues tú los pondrás en fuga, cuando aparejares en tus cuerdas las saetas contra sus rostros. 13Ensálzate, oh Jehová, con tu fortaleza: cantaremos y alabaremos tu poderío.
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Eclesiastés 1

1Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalem. 2Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo vanidad. 3¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? 4Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece. 5Y sale el sol, y pónese el sol, y con deseo vuelve a su lugar donde torna a nacer. 6El viento tira hacia el mediodía, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros torna el viento de nuevo. 7Los ríos todos van a la mar, y la mar no se hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí tornan para correr de nuevo. 8Todas las cosas andan en trabajo más que el hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oir. 9¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol. 10¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. 11No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después. 12Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalem. 13Y di mi corazón a inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo: este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, en que se ocupen. 14Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. 15Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no puede contarse. 16Hablé yo con mi corazón, diciendo: He aquí hállome yo engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem; y mi corazón ha percibido muchedumbre de sabiduría y ciencia. 17Y di mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos: conocí que aun esto era aflicción de espíritu. 18Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.
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1 Timoteo 3

1Palabra fiel: Si alguno apetece obispado, buena obra desea. 2Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una mujer, solícito, templado, compuesto, hospedador, apto para enseñar; 3No amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias, sino moderado, no litigioso, ajeno de avaricia; 4Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad; 5(Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?) 6No un neófito, porque inflándose no caiga en juicio del diablo. 7También conviene que tenga buen testimonio de los extraños, porque no caiga en afrenta y en lazo del diablo. 8Los diáconos asimismo, deben ser honestos, no bilingües, no dados a mucho vino, no amadores de torpes ganancias; 9Que tengan el misterio de la fe con limpia conciencia. 10Y estos también sean antes probados; y así ministren, si fueren sin crimen. 11Las mujeres asimismo, honestas, no detractoras, templadas, fieles en todo. 12Los diáconos sean maridos de una mujer, que gobiernen bien sus hijos y sus casas. 13Porque los que bien ministraren, ganan para sí buen grado, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús. 14Esto te escribo con esperanza que iré presto a ti: 15Y si no fuere tan presto, para que sepas cómo te conviene conversar en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad. 16Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne; ha sido justificado con el Espíritu; ha sido visto de los ángeles; ha sido predicado a los Gentiles; ha sido creído en el mundo; ha sido recibido en gloria.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Levítico 18 · Salmos 20-21
Personales
Eclesiastés 1 · 1 Timoteo 3