Lectura 1 de 4 · En familia

Levítico 19

1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios. 3Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis sábados guardaréis: Yo Jehová vuestro Dios. 4No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición: Yo Jehová vuestro Dios. 5Y cuando sacrificareis sacrificio de paces a Jehová, de vuestra voluntad lo sacrificaréis. 6Será comido el día que lo sacrificareis, y el siguiente día: y lo que quedare para el tercer día, será quemado en el fuego. 7Y si se comiere el día tercero, será abominación; no será acepto: 8Y el que lo comiere, llevará su delito, por cuanto profanó lo santo de Jehová; y la tal persona será cortada de sus pueblos. 9Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu haza, ni espigarás tu tierra segada. 10Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás los granos caídos de tu viña; para el pobre y para el extranjero los dejarás: Yo Jehová vuestro Dios. 11No hurtaréis, y no engañaréis, ni mentiréis ninguno a su prójimo. 12Y no juraréis en mi nombre con mentira, ni profanarás el nombre de tu Dios: Yo Jehová. 13No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No se detendrá el trabajo del jornalero en tu casa hasta la mañana. 14No maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tropiezo, mas tendrás temor de tu Dios: Yo Jehová. 15No harás agravio en el juicio: no tendrás respeto al pobre, ni honrarás la cara del grande: con justicia juzgarás a tu prójimo. 16No andarás chismeando en tus pueblos. No te pondrás contra la sangre de tu prójimo: Yo Jehová. 17No aborrecerás a tu hermano en tu corazón: ingenuamente reprenderás a tu prójimo, y no consentirás sobre él pecado. 18No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo: mas amarás a tu prójimo como a ti mismo: Yo Jehová. 19Mis estatutos guardaréis. A tu animal no harás ayuntar para misturas; tu haza no sembrarás con mistura de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de diversas cosas. 20Y cuando un hombre tuviere cópula con mujer, y ella fuere sierva desposada con alguno, y no estuviere rescatada, ni le hubiere sido dada libertad, ambos serán azotados: no morirán, por cuanto ella no es libre. 21Y él traerá a Jehová, a la puerta del tabernáculo del testimonio, un carnero en expiación por su culpa. 22Y con el carnero de la expiación lo reconciliará el sacerdote delante de Jehová, por su pecado que cometió: y se le perdonará su pecado que ha cometido. 23Y cuando hubiereis entrado en la tierra, y plantareis todo árbol de comer, quitaréis su prepucio, lo primero de su fruto: tres años os será incircunciso: su fruto no se comerá. 24Y el cuarto año todo su fruto será santidad de loores a Jehová. 25Mas al quinto año comeréis el fruto de él, para que os haga crecer su fruto: Yo Jehová vuestro Dios. 26No comeréis cosa alguna con sangre. No seréis agoreros, ni adivinaréis. 27No cortaréis en redondo las extremidades de vuestras cabezas, ni dañarás la punta de tu barba. 28Y no haréis rasguños en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna: Yo Jehová. 29No contaminarás tu hija haciéndola fornicar: porque no se prostituya la tierra, y se hincha de maldad. 30Mis sábados guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia: Yo Jehová. 31No os volváis a los encantadores y a los adivinos: no los consultéis ensuciándoos con ellos: Yo Jehová vuestro Dios. 32Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor: Yo Jehová. 33Y cuando el extranjero morare contigo en vuestra tierra, no le oprimiréis. 34Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que peregrinare entre vosotros; y ámalo como a ti mismo; porque peregrinos fuisteis en la tierra de Egipto: Yo Jehová vuestro Dios. 35No hagáis agravio en juicio, en medida de tierra, ni en peso, ni en otra medida. 36Balanzas justas, pesas justas, epha justo, e hin justo tendréis: Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. 37Guardad pues todos mis estatutos, y todos mis derechos, y ponedlos por obra: Yo Jehová.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 22

1Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado? ¿ por qué estás lejos de mi salud, y de las palabras de mi clamor? 2Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio. 3Tú empero eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel. 4En ti esperaron nuestros padres: esperaron, y tú los libraste. 5Clamaron a ti, y fueron librados: esperaron en ti, y no se avergonzaron. 6Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y desecho del pueblo. 7Todos los que me ven, escarnecen de mí; estiran los labios, menean la cabeza, diciendo: 8Remítese a Jehová, líbrelo; sálvele, puesto que en él se complacía. 9Empero tú eres el que me sacó del vientre, el que me haces esperar desde que estaba a los pechos de mi madre. 10Sobre ti fui echado desde la matriz: desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. 11No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; porque no hay quien ayude. 12Hanme rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado. 13Abrieron sobre mí su boca, como león rapante y rugiente. 14Heme escurrido como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron: mi corazón fue como cera, desliéndose en medio de mis entrañas. 15Secóse como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar; y me has puesto en el polvo de la muerte. 16Porque perros me han rodeado, hame cercado cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies. 17Contar puedo todos mis huesos; ellos miran, considéranme. 18Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. 19Mas tú, Jehová, no te alejes; fortaleza mía, apresúrate para mi ayuda. 20Libra de la espada mi alma; del poder del perro mi única. 21Sálvame de la boca del león, y óyeme librándome de los cuernos de los unicornios. 22Anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la congregación te alabaré. 23Los que teméis a Jehová, alabadle; glorificadle, simiente toda de Jacob; y temed de él, vosotros, simiente toda de Israel. 24Porque no menospreció ni abominó la aflicción del pobre, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, oyóle. 25De ti será mi alabanza en la grande congregación; mis votos pagaré delante de los que le temen. 26Comerán los pobres, y serán saciados: alabarán a Jehová los que le buscan: vivirá vuestro corazón para siempre. 27Acordarse han, y volveránse a Jehová todos los términos de la tierra; y se humillarán delante de ti todas las familias de las gentes. 28Porque de Jehová es el reino; y él se enseñoreará de las gentes. 29Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra: postraránse delante de él todos los que descienden al polvo, si bien ninguno puede conservar la vida a su propia alma. 30La posteridad le servirá; será ella contada por una generación de Jehová. 31Vendrán, y anunciarán al pueblo que naciere, su justicia que él hizo.
Lectura 3 de 4 · Personal

Eclesiastés 2

1Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad. 2A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto? 3Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. 4Engrandecí mis obras, edifiquéme casas, plantéme viñas; 5Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todos frutos; 6Híceme estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde los árboles crecían. 7Poseí siervos y siervas, y tuve hijos de familia; también tuve posesión grande de vacas y ovejas, sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem; 8Alleguéme también plata y oro, y tesoro preciado de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos y de todas suertes. 9Y fui engrandecido, y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalem: a más de esto perseveró conmigo mi sabiduría. 10No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y esta fue mi parte de toda mi faena. 11Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacer las: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol. 12Después torné yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; (porque ¿qué hombre hay que pueda seguir al rey en lo que ya hicieron?) 13Y he visto que la sabiduría sobrepuja a la necedad, como la luz a las tinieblas. 14El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas: empero también entendí yo que un mismo suceso acaecerá al uno que al otro. 15Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio me sucederá también a mí: ¿para qué pues he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad. 16Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio. 17Aborrecí por tanto la vida; porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu. 18Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol; el cual dejaré a otro que vendrá después de mí. 19¿Y quién sabe si será sabio, o necio, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané, y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad. 20Tornéme por tanto a desesperanzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría. 21¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia, y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande. 22Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y fatiga de su corazón, con que debajo del sol él se afanara? 23Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias: aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad. 24No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios. 25Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo? 26Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría y ciencia y gozo: mas al pecador da trabajo, el que allegue y amontone, para que dé al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Lectura 4 de 4 · Personal

1 Timoteo 4

1Empero el Espíritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus de error y a doctrinas de demonios; 2Que con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia. 3Que prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de las viandas que Dios crio para que con hacimiento de gracias participasen de ellas los fieles, y los que han conocido la verdad. 4Porque todo lo que Dios crio es bueno, y nada hay que desechar, tomándose con hacimiento de gracias: 5Porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado. 6Si esto propusieres a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, criado en las palabras de la fe y de la buena doctrina, la cual has alcanzado. 7Mas las fábulas profanas y de viejas desecha, y ejercítate para la piedad. 8Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso; mas la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. 9Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida de todos. 10Que por esto aun trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, el cual es Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen. 11Esto manda y enseña. 12Ninguno tenga en poco tu juventud; pero sé ejemplo de los fieles en palabra, en conversación, en caridad, en espíritu, en fe, en limpieza. 13Entre tanto que voy, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar. 14No descuides el don que está en ti, que te es dado por profecía con la imposición de las manos del presbiterio. 15Medita estas cosas; ocúpate en ellas; para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. 16Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello; pues haciendo esto, a ti mismo salvarás y a los que te oyeren.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Levítico 19 · Salmo 22
Personales
Eclesiastés 2 · 1 Timoteo 4