Lectura 1 de 4 · En familia

Deuteronomio 20

1Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y vieres caballos y carros, un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, que Jehová tu Dios es contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto. 2Y será que, cuando os acercareis para combatir, llegaráse el sacerdote, y hablará al pueblo, 3Y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos: no se ablande vuestro corazón, no temáis, no os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; 4Que Jehová vuestro Dios anda con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros. 5Y los oficiales hablarán al pueblo, diciendo: ¿Quién ha edificado casa nueva, y no la ha estrenado? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla, y otro alguno la estrene. 6¿Y quién ha plantado viña, y no ha hecho común uso de ella? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla, y otro alguno la goce. 7¿Y quién se ha desposado con mujer, y no la ha tomado? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla, y algún otro la tome. 8Y tornarán los oficiales a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso y tierno de corazón? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como su corazón. 9Y será que, cuando los oficiales acabaren de hablar al pueblo, entonces los capitanes de los ejércitos mandarán delante del pueblo. 10Cuando te acercares a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz. 11Y será que, si te respondiere, Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te serán tributarios, y te servirán. 12Mas si no hiciere paz contigo, y emprendiere contigo guerra, y la cercares, 13Luego que Jehová tu Dios la entregare en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada. 14Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que hubiere en la ciudad, todos sus despojos, tomarás para ti: y comerás del despojo de tus enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó. 15Así harás a todas las ciudades que estuvieren muy lejos de ti, que no fueren de las ciudades de estas gentes. 16Empero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida; 17Antes del todo los destruirás: al Hetheo, y al Amorrheo, y al Cananeo, y al Pherezeo, y al Heveo, y al Jebuseo; como Jehová tu Dios te ha mandado: 18Porque no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones, que ellos hacen a sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios. 19Cuando pusieres cerco a alguna ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruyas su arboleda metiendo en ella hacha, porque de ella comerás; y no la talarás, que no es hombre el árbol del campo para venir contra ti en el cerco. 20Mas el árbol que supieres que no es árbol para comer, lo destruirás y lo talarás, y construye baluarte contra la ciudad que pelea contigo, hasta sojuzgarla.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 106

1Aleluya. Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. 2¿Quién expresará las valentías de Jehová? ¿ quién contará sus alabanzas? 3Dichosos los que guardan juicio, los que hacen justicia en todo tiempo. 4Acuérdate de mí, oh Jehová, según tu benevolencia para con tu pueblo: visítame con tu salud; 5Para que yo vea el bien de tus escogidos, para que me goce en la alegría de tu gente, y me gloríe con tu heredad. 6Pecamos con nuestros padres, hicimos iniquidad, hicimos impiedad. 7Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; no se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias; sino que se rebelaron junto a la mar, en el mar Bermejo. 8Salvólos empero por amor de su nombre, para hacer notoria su fortaleza. 9Y reprendió al mar Bermejo, y secólo; e hízoles ir por el abismo, como por un desierto. 10Y salvólos de mano del enemigo, y rescatólos de mano del adversario. 11Y cubrieron las aguas a sus enemigos: no quedó uno de ellos. 12Entonces creyeron a sus palabras, y cantaron su alabanza. 13Apresuráronse, olvidáronse de sus obras; no esperaron en su consejo. 14Y desearon con ansia en el desierto; y tentaron a Dios en la soledad. 15Y él les dio lo que pidieron; mas envió flaqueza en sus almas. 16Tomaron después celo contra Moisés en el campo, y contra Aarón el santo de Jehová. 17Abrióse la tierra, y tragó a Dathán, y cubrió la compañía de Abiram. 18Y encendióse el fuego en su junta; la llama quemó los impíos. 19Hicieron becerro en Horeb, y encorváronse a un vaciadizo. 20Así trocaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba. 21Olvidaron al Dios de su salud, que había hecho grandezas en Egipto; 22Maravillas en la tierra de Châm, cosas formidables sobre el mar Bermejo. 23Y trató de destruirlos, a no haberse puesto Moisés su escogido al portillo delante de él, a fin de apartar su ira, para que no los destruyese. 24Empero aborrecieron la tierra deseable: no creyeron a su palabra; 25Antes murmuraron en sus tiendas, y no oyeron la voz de Jehová. 26Por lo que alzó su mano a ellos, en orden a postrarlos en el desierto, 27Y humillar su simiente entre las gentes, y esparcirlos por las tierras. 28Allegáronse asimismo a Baal-peor, y comieron los sacrificios de los muertos. 29Y ensañaron a Dios con sus obras, y desarrollóse la mortandad en ellos. 30Entonces se levantó Phinees, e hizo juicio; y se detuvo la plaga. 31Y fuéle contado a justicia de generación en generación para siempre. 32También le irritaron en las aguas de Meriba: e hizo mal a Moisés por causa de ellos; 33Porque hicieron se rebelase su espíritu, como lo expresó con sus labios. 34No destruyeron los pueblos que Jehová les dijo; 35Antes se mezclaron con las gentes, y aprendieron sus obras, 36Y sirvieron a sus ídolos; los cuales les fueron por ruina. 37Y sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios; 38Y derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, que sacrificaron a los ídolos de Canaán: y la tierra fue contaminada con sangre. 39Contamináronse así con sus obras, y fornicaron con sus hechos. 40Encendióse por tanto el furor de Jehová sobre su pueblo, y abominó su heredad: 41Y entrególos en poder de las gentes, y enseñoreáronse de ellos los que los aborrecían. 42Y sus enemigos los oprimieron, y fueron quebrantados debajo de su mano. 43Muchas veces los libró; mas ellos se rebelaron a su consejo, y fueron humillados por su maldad. 44El con todo, miraba cuando estaban en angustia, y oía su clamor: 45Y acordábase de su pacto con ellos, y arrepentíase conforme a la muchedumbre de sus miseraciones. 46Hizo asimismo tuviesen de ellos misericordia todos los que los tenían cautivos. 47Sálvanos, Jehová Dios nuestro, y júntanos de entre las gentes, para que loemos tu santo nombre, para que nos gloriemos en tus alabanzas. 48Bendito Jehová Dios de Israel, desde el siglo y hasta el siglo: y diga todo el pueblo, Amén. Aleluya.
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Isaías 47

1Desciende, y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia, siéntate en la tierra sin trono, hija de los Caldeos: que nunca más te llamarán tierna y delicada. 2Toma el molino, y muele harina: descubre tus guedejas, descalza los pies, descubre las piernas, pasa los ríos. 3Descubierta será tu vergüenza, y tu deshonor será visto: tomaré venganza, y no encontraré hombre. 4Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel. 5Siéntate, calla, y entra en tinieblas, hija de los Caldeos: porque nunca más te llamarán señora de reinos. 6Enojéme contra mi pueblo, profané mi heredad, y entreguélos en tu mano: no les hiciste misericordias; sobre el viejo agravaste mucho tu yugo. 7Y dijiste: Para siempre seré señora: y no has pensado en esto, ni te acordaste de tu postrimería. 8Oye pues ahora esto, delicada, la que está sentada confiadamente, la que dice en su corazón: Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré orfandad. 9Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día, orfandad y viudez: en toda su perfección vendrán sobre ti, por la multitud de tus adivinanzas, y por la copia de tus muchos agüeros. 10Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo, y no más. 11Vendrá pues sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás: caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar: y destrucción que no sabrás, vendrá de repente sobre ti. 12Estáte ahora en tus encantamentos, y con la multitud de tus agüeros, en los cuales te fatigaste desde tu niñez; quizá podrás mejorarte, quizá te fortificarás. 13Haste fatigado en la multitud de tus consejos. Parezcan ahora y defiéndante los contempladores de los cielos, los especuladores de las estrellas, los que contaban los meses, para pronosticar lo que vendrá sobre ti. 14He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no salvarán sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa para calentarse, ni lumbre a la cual se sienten. 15Así te serán aquellos con quienes te fatigaste, tus negociantes desde tu niñez: cada uno echará por su camino, no habrá quien te salve.
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Apocalipsis 17

1Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo, diciéndome: Ven acá, y te mostraré la condenación de la grande ramera, la cual está sentada sobre muchas aguas: 2Con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los que moran en la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. 3Y me llevó en Espíritu al desierto; y vi una mujer sentada sobre una bestia bermeja llena de nombres de blasfemia y que tenía siete cabezas y diez cuernos. 4Y la mujer estaba vestida de púrpura y de escarlata, y dorada con oro, y adornada de piedras preciosas y de perlas, teniendo un cáliz de oro en su mano lleno de abominaciones, y de la suciedad de su fornicación; 5Y en su frente un nombre escrito: MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS FORNICACIONES Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. 6Y vi la mujer embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús: y cuando la vi, quedé maravillado de grande admiración. 7Y el ángel me dijo: ¿Por qué te maravillas? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene siete cabezas y diez cuernos. 8La bestia que has visto, fue, y no es; y ha de subir del abismo, y ha de ir a perdición: y los moradores de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, se maravillarán viendo la bestia que era y no es, aunque es. 9Y aquí hay mente que tiene sabiduría. Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se asienta la mujer. 10Y son siete reyes. Los cinco son caídos; el uno es, el otro aun no es venido; y cuando viniere, es necesario que dure breve tiempo. 11Y la bestia que era, y no es, es también el octavo, y es de los siete, y va a perdición. 12Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aun no han recibido reino; mas tomarán potencia por una hora como reyes con la bestia. 13Estos tienen un consejo, y darán su potencia y autoridad a la bestia. 14Ellos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque es el Señor de los señores, y el Rey de los reyes: y los que están con él son llamados, y elegidos, y fieles. 15Y él me dice: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas. 16Y los diez cuernos que viste en la bestia, estos aborrecerán a la ramera, y la harán desolada y desnuda: y comerán sus carnes, y la quemarán con fuego: 17Porque Dios ha puesto en sus corazones ejecutar lo que le plugo, y el ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que sean cumplidas las palabras de Dios. 18Y la mujer que has visto, es la grande ciudad que tiene reino sobre los reyes de la tierra.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Deuteronomio 20 · Salmo 106
Personales
Isaías 47 · Apocalipsis 17