Lectura 1 de 4 · En familia
2 Samuel 10
1Después de esto aconteció, que murió el rey de los hijos de Ammón: y reinó en lugar suyo Hanún su hijo. 2Y dijo David: Yo haré misericordia con Hanún hijo de Naas, como su padre la hizo conmigo. Y envió David sus siervos a consolarlo por su padre. Mas llegados los siervos de David a la tierra de los hijos de Ammón, 3Los príncipes de los hijos de Ammón dijeron a Hanún su señor: ¿Te parece que por honrar David a tu padre te ha enviado consoladores? ¿no ha enviado David sus siervos a ti por reconocer e inspeccionar la ciudad, para destruirla? 4Entonces Hanún tomó los siervos de David, y rapóles la mitad de la barba, y cortóles los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y despachólos. 5Lo cual como fue hecho saber a David, envió a encontrarles, porque ellos estaban en extremo avergonzados; y el rey hizo decir les: Estaos en Jericó hasta que os vuelva a nacer la barba, y entonces regresaréis. 6Y viendo los hijos de Ammón que se habían hecho odiosos a David, enviaron los hijos de Ammón y tomaron a sueldo a los Siros de la casa de Rehob, y a los Siros de Soba, veinte mil hombres de a pie: y del rey de Maaca mil hombres, y de Is-tob doce mil hombres. 7Lo cual como oyó David, envió a Joab con todo el ejército de los valientes. 8Y saliendo los hijos de Ammón, ordenaron sus escuadrones a la entrada de la puerta: mas los Siros de Soba, y de Rehob, y de Is-tob, y de Maaca, estaban de por sí en el campo. 9Viendo pues Joab que había escuadrones delante y detrás de él, entresacó de todos los escogidos de Israel, y púsose en orden contra los Siros. 10Entregó luego lo que quedó del pueblo en mano de Abisai su hermano, y púsolo en orden para encontrar a los Ammonitas. 11Y dijo: Si los Siros me fueren superiores, tú me ayudarás; y si los hijos de Ammón pudieren más que tú, yo te daré ayuda. 12Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios: y haga Jehová lo que bien le pareciere. 13Y acercóse Joab, y el pueblo que con él estaba, para pelear con los Siros; mas ellos huyeron delante de él. 14Entonces los hijos de Ammón, viendo que los Siros habían huído, huyeron también ellos delante de Abisai, y entráronse en la ciudad. Y volvió Joab de los hijos de Ammón, y vínose a Jerusalem. 15Mas viendo los Siros que habían caído delante de Israel, tornáronse a juntar. 16Y envió Hadad-ezer, y sacó los Siros que estaban de la otra parte del río, los cuales vinieron a Helam, llevando por jefe a Sobach general del ejército de Hadad-ezer. 17Y como fue dado aviso a David, juntó a todo Israel, y pasando el Jordán vino a Helam: y los Siros se pusieron en orden contra David, y pelearon con él. 18Mas los Siros huyeron delante de Israel: e hirió David de los Siros la gente de setecientos carros, y cuarenta mil hombres de a caballo: hirió también a Sobach general del ejército, y murió allí. 19Viendo pues todos los reyes que asistían a Hadad-ezer, como habían ellos sido derrotados delante de Israel, hicieron paz con Israel, y sirviéronle; y de allí adelante temieron los Siros de socorrer a los hijos de Ammón.
Lectura 2 de 4 · En familia
2 Corintios 3
1¿Comenzamos otra vez a alabarnos a nosotros mismos? ¿o tenemos necesidad, como algunos, de letras de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? 2Nuestras letras sois vosotros, escritas en nuestros corazones, sabidas y leídas de todos los hombres; 3Siendo manifiesto que sois letra de Cristo administrada de nosotros, escrita no con tinta, mas con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. 4Y tal confianza tenemos por Cristo para con Dios: 5No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios; 6El cual asimismo nos hizo ministros suficientes de un nuevo pacto: no de la letra, mas del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. 7Y si el ministerio de muerte en la letra grabado en piedras, fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen poner los ojos en la faz de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, 8¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justicia. 10Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en esta parte, en comparación de la excelente gloria. 11Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más será en gloria lo que permanece. 12Así que, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza; 13Y no como Moisés, que ponía un velo sobre su faz, para que los hijos de Israel no pusiesen los ojos en el fin de lo que había de ser abolido. 14Empero los sentidos de ellos se embotaron; porque hasta el día de hoy les queda el mismo velo no descubierto en la lección del antiguo testamento, el cual por Cristo es quitado. 15Y aun hasta el día de hoy, cuando Moisés es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16Mas cuando se convirtieren al Señor, el velo se quitará. 17Porque el Señor es el Espíritu; y donde hay el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 18Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.
Lectura 3 de 4 · Personal
Ezequiel 17
1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Hijo del hombre, propón una figura, y compón una parábola a la casa de Israel. 3Y dirás: Así ha dicho el Señor Jehová: Una grande águila, de grandes alas y de largos miembros, llena de plumas de diversos colores, vino al Líbano, y tomó el cogollo del cedro: 4Arrancó el principal de sus renuevos, y llevólo a la tierra de mercaderes, y púsolo en la ciudad de los negociantes. 5Tomó también de la simiente de la tierra, y púsola en un campo bueno para sembrar, plantóla junto a grandes aguas, púsola como un sauce. 6Y brotó, e hízose una vid de mucha rama, baja de estatura, que sus ramas la miraban, y sus raíces estaban debajo de ella: así que se hizo una vid, y arrojó sarmientos, y echó mugrones. 7Y fue otra grande águila, de grandes alas y de muchas plumas; y he aquí que esta vid juntó cerca de ella sus raíces, y extendió hacia ella sus ramos, para ser regada por ella por los surcos de su plantío. 8En un buen campo, junto a muchas aguas fue plantada, para que hiciese ramos y llevase fruto, y para que fuese vid robusta. 9Di: Así ha dicho el Señor Jehová: ¿Será prosperada? ¿No arrancará sus raíces, y destruirá su fruto, y secaráse? Todas las hojas de su lozanía secará, y no con gran brazo, ni con mucha gente, arrancándola de sus raíces. 10Y he aquí que plantada está ella, ¿será prosperada? ¿No se secará del todo cuando el viento solano la tocare? En los surcos de su verdor se secará. 11Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 12Di ahora a la casa rebelde: ¿No habéis entendido qué significan estas cosas? Diles: He aquí que el rey de Babilonia vino a Jerusalem, y tomó tu rey y sus príncipes, y llevólos consigo a Babilonia. 13Tomó también de la simiente del reino, e hizo con él alianza, y trájole a juramento; y tomó los fuertes de la tierra, 14Para que el reino fuese abatido y no se levantase, sino que guardase su alianza y estuviese en ella. 15Rebelóse empero contra él enviando sus embajadores a Egipto, para que le diese caballos y mucha gente. ¿Será prosperado, escapará, el que estas cosas hizo? ¿y el que rompió la alianza, podrá huir? 16Vivo yo, dice el Señor Jehová, que morirá en medio de Babilonia, en el lugar del rey que le hizo reinar, cuyo juramento menospreció, y cuya alianza con él hecha rompió. 17Y no con grande ejército, ni con mucha compañía hará con él Faraón en la batalla, cuando funden baluarte y edifiquen bastiones para cortar muchas vidas. 18Pues menospreció el juramento, para invalidar el concierto cuando he aquí que había dado su mano, e hizo todas estas cosas, no escapará. 19Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Vivo yo, que el juramento mío que menospreció, y mi concierto que ha invalidado, tornaré sobre su cabeza. 20Y extenderé sobre él mi red, y será preso en mi malla; y hacerlo he venir a Babilonia, y allí estaré a juicio con él, por su prevaricación con que contra mí se ha rebelado. 21Y todos sus fugitivos con todos sus escuadrones caerán a cuchillo, y los que quedaren serán esparcidos a todo viento; y sabréis que yo Jehová he hablado. 22Así ha dicho el Señor Jehová: Y tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro, y pondrélo; del principal de sus renuevos cortaré un tallo, y plantarlo he yo sobre el monte alto y sublime; 23En el monte alto de Israel lo plantaré, y alzará ramos, y llevará fruto, y haráse magnífico cedro; y habitarán debajo de él todas las aves, toda cosa que vuela habitará a la sombra de sus ramos. 24Y sabrán todos los árboles del campo que yo Jehová abatí el árbol sublime, levanté el árbol bajo, hice secar el árbol verde, e hice reverdecer el árbol seco. Yo Jehová hablé e hice.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmos 60-61 (cap. 60)
1Oh Dios, tú nos has desechado, nos disipaste; te has airado: vuélvete a nosotros. 2Hiciste temblar la tierra, abrístela: sana sus quiebras, porque titubea. 3Has hecho ver a tu pueblo duras cosas: hicístenos beber el vino de agitación. 4Has dado a los que te temen bandera que alcen por la verdad. (Selah.) 5Para que se libren tus amados, salva con tu diestra, y óyeme. 6Dios pronunció por su santuario; yo me alegraré; partiré a Sichêm, y mediré el valle de Succoth. 7Mío es Galaad, y mío es Manasés; y Ephraim es la fortaleza de mi cabeza; Judá, mi legislador; 8Moab, la vasija de mi lavatorio; sobre Edom echaré mi zapato: haz júbilo sobre mí, oh Palestina. 9¿Quién me llevará a la ciudad fortalecida? ¿quién me llevará hasta Idumea? 10Ciertamente, tú, oh Dios, que nos habías desechado; y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos. 11Danos socorro contra el enemigo, que vana es la salud de los hombres. 12En Dios haremos proezas; y él hollará nuestros enemigos.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmos 60-61 (cap. 61)
1Oye, oh Dios, mi clamor; a mi oración atiende. 2Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare: a la peña más alta que yo me conduzcas. 3Porque tú has sido mi refugio, y torre de fortaleza delante del enemigo. 4Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre: estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. 5Porque tú, oh Dios, has oído mis votos, has dado heredad a los que temen tu nombre. 6Días sobre días añadirás al rey: sus años serán como generación y generación. 7Estará para siempre delante de Dios: misericordia y verdad prepara que lo conserven. 8Así cantaré tu nombre para siempre, pagando mis votos cada día.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Samuel 10 · 2 Corintios 3
Personales
Ezequiel 17 · Salmos 60-61