Lectura 1 de 4 · En familia

Levítico 20

1Y habló Jehová a Moisés diciendo: 2Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que peregrinan en Israel, que diere de su simiente a Moloch, de seguro morirá: el pueblo de la tierra lo apedreará con piedras. 3Y yo pondré mi rostro contra el tal varón, y lo cortaré de entre su pueblo; por cuanto dio de su simiente a Moloch, contaminando mi santuario, y amancillando mi santo nombre. 4Que si escondiere el pueblo de la tierra sus ojos de aquel varón que hubiere dado de su simiente a Moloch, para no matarle, 5Entonces yo pondré mi rostro contra aquel varón, y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, con todos los que fornicaron en pos de él, prostituyéndose con Moloch. 6Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y cortaréla de entre su pueblo. 7Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. 8Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra: Yo Jehová que os santifico. 9Porque varón que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá: a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él. 10Y el hombre que adulterare con la mujer de otro, el que cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, indefectiblemente se hará morir al adúltero y a la adúltera. 11Y cualquiera que se echare con la mujer de su padre, la desnudez de su padre descubrió: ambos han de ser muertos; su sangre será sobre ellos. 12Y cualquiera que durmiere con su nuera, ambos han de morir: hicieron confusión; su sangre será sobre ellos. 13Y cualquiera que tuviere ayuntamiento con varón como con mujer, abominación hicieron: entrambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre. 14Y el que tomare mujer y a la madre de ella, comete vileza: quemarán en fuego a él y a ellas, porque no haya vileza entre vosotros. 15Y cualquiera que tuviere cópula con bestia, ha de ser muerto; y mataréis a la bestia. 16Y la mujer que se allegare a algún animal, para tener ayuntamiento con él, a la mujer y al animal matarás: morirán infaliblemente; será su sangre sobre ellos. 17Y cualquiera que tomare a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, y viere su desnudez, y ella viere la suya, cosa es execrable; por tanto serán muertos a ojos de los hijos de su pueblo: descubrió la desnudez de su hermana; su pecado llevará. 18Y cualquiera que durmiere con mujer menstruosa, y descubriere su desnudez, su fuente descubrió, y ella descubrió la fuente de su sangre: ambos serán cortados de entre su pueblo. 19La desnudez de la hermana de tu madre, o de la hermana de tu padre, no descubrirás: por cuanto descubrió su parienta, su iniquidad llevarán. 20Y cualquiera que durmiere con la mujer del hermano de su padre, la desnudez del hermano de su padre descubrió; su pecado llevarán; morirán sin hijos. 21Y el que tomare la mujer de su hermano, es suciedad; la desnudez de su hermano descubrió; sin hijos serán. 22Guardad, pues, todos mis estatutos y todos mis derechos, y ponedlos por obra: y no os vomitará la tierra, en la cual yo os introduzco para que habitéis en ella. 23Y no andéis en las prácticas de la gente que yo echaré de delante de vosotros: porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación. 24Empero a vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por heredad, tierra que fluye leche y miel: Yo Jehová vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos. 25Por tanto, vosotros haréis diferencia entre animal limpio e inmundo, y entre ave inmunda y limpia: y no ensuciéis vuestras personas en los animales, ni en las aves, ni en ninguna cosa que va arrastrando por la tierra, las cuales os he apartado por inmundas. 26Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos, para que seáis míos. 27Y el hombre o la mujer en quienes hubiere espíritu pithónico o de adivinación, han de ser muertos: los apedrearán con piedras; su sangre sobre ellos.
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Salmos 23-24 (cap. 23)

1Jehová es mi pastor; nada me faltará. 2En lugares de delicados pastos me hará yacer: junto a aguas de reposo me pastoreará. 3Confortará mi alma; guiaráme por sendas de justicia por amor de su nombre. 4Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento. 5Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. 6Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová moraré por largos días.
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Salmos 23-24 (cap. 24)

1De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. 2Porque él la fundó sobre los mares, y afirmóla sobre los ríos. 3¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿y quién estará en el lugar de su santidad? 4El limpio de manos, y puro de corazón: el que no ha elevado su alma a la vanidad, ni jurado con engaño. 5El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salud. 6Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. (Selah.) 7Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. 8¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. 9Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. 10¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria. (Selah.)
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Eclesiastés 3

1Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo: 2Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 5Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar; 6Tiempo de agenciar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de arrojar; 7Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; 8Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. 9¿Qué provecho tiene el que trabaja en lo que trabaja? 10Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que en él se ocupasen. 11Todo lo hizo hermoso en su tiempo: y aun el mundo dio en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo. 12Yo he conocido que no hay mejor para ellos, que alegrarse, y hacer bien en su vida: 13Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor. 14He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres. 15Aquello que fue, ya es: y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó. 16Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí la impiedad; y en lugar de la justicia, allí la iniquidad. 17Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay tiempo a todo lo que se quiere y sobre todo lo que se hace. 18Dije en mi corazón, en orden a la condición de los hijos de los hombres, que Dios los probaría, para que así echaran de ver ellos mismos que son semejantes a las bestias. 19Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad. 20Todo va a un lugar: todo es hecho del polvo, y todo se tornará en el mismo polvo. 21¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del animal descienda debajo de la tierra? 22Así que he visto que no hay cosa mejor que alegrarse el hombre con lo que hiciere; porque esta es su parte: porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?
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1 Timoteo 5

1No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre: a los más jóvenes, como a hermanos; 2A las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza. 3Honra a las viudas que en verdad son viudas. 4Pero si alguna viuda tuviere hijos, o nietos, aprendan primero a gobernar su casa piadosamente, y a recompensar a sus padres: porque esto es lo honesto y agradable delante de Dios. 5Ahora, la que en verdad es viuda y solitaria, espera en Dios, y es diligente en suplicaciones y oraciones noche y día. 6Pero la que vive en delicias, viviendo está muerta. 7Denuncia pues estas cosas, para que sean sin reprensión. 8Y si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, la fe negó, y es peor que un infiel. 9La viuda sea puesta en clase especial, no menos que de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido. 10Que tenga testimonio en buenas obras; si crio hijos; si ha ejercitado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha seguido toda buena obra. 11Pero viudas más jóvenes no admitas: porque después de hacerse licenciosas contra Cristo, quieren casarse. 12Condenadas ya, por haber falseado la primera fe. 13Y aun también se acostumbran a ser ociosas, a andar de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también parleras y curiosas, hablando lo que no conviene. 14Quiero pues, que las que son jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen la casa; que ninguna ocasión den al adversario para maldecir. 15Porque ya algunas han vuelto atrás en pos de Satanás. 16Si algún fiel o alguna fiel tiene viudas, manténgalas, y no sea gravada la iglesia; a fin de que haya lo suficiente para las que de verdad son viudas. 17Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra; mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. 18Porque la Escritura dice: No embozarás al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su jornal. 19Contra el anciano no recibas acusación sino con dos o tres testigos. 20A los que pecaren, repréndelos delante de todos, para que los otros también teman. 21Te requiero delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin perjuicio de nadie, que nada hagas inclinándote a la una parte. 22No impongas de ligero las manos a ninguno, ni comuniques en pecados ajenos: consérvate en limpieza. 23No bebas de aquí adelante agua, sino usa de un poco de vino por causa del estómago, y de tus continuas enfermedades. 24Los pecados de algunos hombres, antes que vengan ellos a juicio, son manifiestos; mas a otros les vienen después. 25Asimismo las buenas obras antes son manifiestas; y las que son de otra manera, no pueden esconderse.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Levítico 20 · Salmos 23-24
Personales
Eclesiastés 3 · 1 Timoteo 5