Lectura 1 de 4 · En familia
Deuteronomio 21
1Cuando fuere hallado en la tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas, muerto echado en el campo, y no se supiere quién lo hirió, 2Entonces tus ancianos y tus jueces saldrán y medirán hasta las ciudades que están alrededor del muerto: 3Y será, que los ancianos de aquella ciudad, de la ciudad más cercana al muerto, tomarán de la vacada una becerra que no haya servido, que no haya traído yugo; 4Y los ancianos de aquella ciudad traerán la becerra a un valle áspero, que nunca haya sido arado ni sembrado, y cortarán el pescuezo a la becerra allí en el valle. 5Entonces vendrán los sacerdotes hijos de Leví, porque a ellos escogió Jehová tu Dios para que le sirvan, y para bendecir en nombre de Jehová; y por el dicho de ellos se determinará todo pleito y toda llaga. 6Y todos los ancianos de aquella ciudad más cercana al muerto lavarán sus manos sobre la becerra degollada en el valle. 7Y protestarán, y dirán: Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos lo vieron. 8Expía a tu pueblo Israel, al cual redimiste, oh Jehová; y no imputes la sangre inocente derramada en medio de tu pueblo Israel. Y la sangre les será perdonada. 9Y tú quitarás la culpa de sangre inocente de en medio de ti, cuando hicieres lo que es recto en los ojos de Jehová. 10Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y Jehová tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cautivos, 11Y vieres entre los cautivos alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer, 12La meterás en tu casa; y ella raerá su cabeza, y cortará sus uñas, 13Y se quitará el vestido de su cautiverio, y quedaráse en tu casa: y llorará a su padre y a su madre el tiempo de un mes: y después entrarás a ella, y tu serás su marido, y ella tu mujer. 14Y será, si no te agradare, que la has de dejar en su libertad; y no la venderás por dinero, ni mercadearás con ella, por cuanto la afligiste. 15Cuando un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le parieren hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida; 16Será que, el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura a los hijos de la amada en preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito; 17Mas al hijo de la aborrecida reconocerá por primogénito, para darle dos tantos de todo lo que se hallare que tiene: porque aquel es el principio de su fuerza, el derecho de la primogenitura es suyo. 18Cuando alguno tuviere hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndolo castigado, no les obedeciere; 19Entonces tomarlo han su padre y su madre, y lo sacarán a los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar suyo; 20Y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. 21Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán con piedras, y morirá: así quitarás el mal de en medio de ti; y todo Israel oirá, y temerá. 22Cuando en alguno hubiere pecado de sentencia de muerte, por el que haya de morir, y le habrás colgado en un madero, 23No estará su cuerpo por la noche en el madero, mas sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldición de Dios es el colgado: y no contaminarás tu tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 107
1Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. 2Dígan lo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo, 3Y los ha congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del aquilón y de la mar. 4Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, no hallando ciudad de población. 5Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos. 6Habiendo empero clamado a Jehová en su angustia, librólos de sus aflicciones: 7Y dirigiólos por camino derecho, para que viniesen a ciudad de población. 8Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. 9Porque sació al alma menesterosa, y llenó de bien al alma hambrienta. 10Los que moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros; 11Por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová, y aborrecieron el consejo del Altísimo, 12Por lo que quebrantó él con trabajo sus corazones, cayeron y no hubo quien les ayudase; 13Luego que clamaron a Jehová en su angustia, librólos de sus aflicciones. 14Sacólos de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones. 15Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. 16Porque quebrantó las puertas de bronce, y desmenuzó los cerrojos de hierro. 17Los insensatos, a causa del camino de su rebelión y a causa de sus maldades, fueron afligidos. 18Su alma abominó toda vianda, y llegaron hasta las puertas de la muerte. 19Mas clamaron a Jehová en su angustia, y salvólos de sus aflicciones. 20Envió su palabra, y curólos, y librólos de su ruina. 21Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres: 22Y sacrifiquen sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo. 23Los que descienden a la mar en navíos, y hacen negocio en las muchas aguas, 24Ellos han visto las obras de Jehová, y sus maravillas en el profundo. 25El dijo, e hizo saltar el viento de la tempestad, que levanta sus ondas. 26Suben a los cielos, descienden a los abismos: sus almas se derriten con el mal. 27Tiemblan, y titubean como borrachos, y toda su ciencia es perdida. 28Claman empero a Jehová en su angustia, y líbralos de sus aflicciones. 29Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. 30Alégranse luego porque se reposaron; y él los guía al puerto que deseaban. 31Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. 32Y ensálcenlo en la congregación del pueblo; y en consistorio de ancianos lo alaben. 33El vuelve los ríos en desierto, y los manantiales de las aguas en secadales; 34La tierra fructífera en salados, por la maldad de los que la habitan. 35Vuelve el desierto en estanques de aguas, y la tierra seca en manantiales. 36Y allí aposenta a los hambrientos, y disponen ciudad para habitación; 37Y siembran campos, y plantan viñas, y rinden crecido fruto. 38Y los bendice, y se multiplican en gran manera; y no disminuye sus bestias. 39Y luego son menoscabados y abatidos a causa de tiranía, de males y congojas. 40El derrama menosprecio sobre los príncipes, y les hace andar errados, vagabundos, sin camino: 41Y levanta al pobre de la miseria, y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas. 42Vean los rectos, y alégrense; y toda maldad cierre su boca. 43¿Quién es sabio y guardará estas cosas, y entenderá las misericordias de Jehová?
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 48
1Oid esto, casa de Jacob, que os llamáis del nombre de Israel, los que salieron de las aguas de Judá, los que juran en el nombre de Jehová, y hacen memoria del Dios de Israel, mas no en verdad ni en justicia: 2Porque de la santa ciudad se nombran, y en el Dios de Israel confían: su nombre, Jehová de los ejércitos. 3Lo que pasó, ya antes lo dije; y de mi boca salió; publiquélo, hícelo presto, y vino a ser. 4Porque conozco que eres duro, y nervio de hierro tu cerviz, y tu frente de metal, 5Díjetelo ya días ha; antes que viniese te lo enseñé, porque no dijeses: Mi ídolo lo hizo, mis estatuas de escultura y de fundición mandaron estas cosas. 6Oístelo, vístelo todo; ¿y no lo anunciaréis vosotros? Ahora pues te he hecho oir nuevas y ocultas cosas que tú no sabías. 7Ahora han sido criadas, no en días pasados; ni antes de este día las habías oído, porque no digas: He aquí que yo lo sabía. 8Sí, nunca lo habías oído, ni nunca lo habías conocido; ciertamente no se abrió antes tu oreja; porque sabía que desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé rebelde desde el vientre. 9Por amor de mi nombre dilataré mi furor, y para alabanza mía te daré largas, para no talarte. 10He aquí te he purificado, y no como a plata; hete escogido en horno de aflicción. 11Por mí, por amor de mí lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro. 12Oyeme, Jacob, y tú, Israel, llamado de mí: Yo mismo, yo el primero, yo también el postrero. 13Mi mano fundó también la tierra, y mi mano derecha midió los cielos con el palmo; en llamándolos yo, parecieron juntamente. 14Juntaos todos vosotros, y oid. ¿Quién hay entre ellos que anuncie estas cosas? Jehová lo amó, el cual ejecutará su voluntad en Babilonia, y su brazo en los Caldeos. 15Yo, yo hablé, y le llamé, y le traje; por tanto será prosperado su camino. 16Allegaos a mí, oid esto; desde el principio no hablé en escondido; desde que la cosa se hizo, estuve allí: y ahora el Señor Jehová me envió, y su espíritu. 17Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que andas. 18¡Ojalá miraras tú a mis mandamientos! fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas de la mar. 19Fuera como la arena tu simiente, y los renuevos de tus entrañas como las pedrezuelas de ella; nunca su nombre fuera cortado, ni raído de mi presencia. 20Salid de Babilonia, huid de entre los Caldeos; dad nuevas de esto con voz de alegría, publicadlo, llevadlo hasta lo postrero de la tierra: decid: Redimió Jehová a Jacob su siervo. 21Y no tuvieron sed cuando los llevó por los desiertos; hízoles correr agua de la piedra; cortó la peña, y corrieron aguas. 22No hay paz para los malos, dijo Jehová.
Lectura 4 de 4 · Personal
Apocalipsis 18
1Y después de estas cosas vi otro ángel descender del cielo teniendo grande potencia; y la tierra fue alumbrada de su gloria. 2Y clamó con fortaleza en alta voz, diciendo: Caída es, caída es la grande Babilonia, y es hecha habitación de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de todas aves sucias y aborrecibles. 3Porque todas las gentes han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. 4Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas; 5Porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. 6Tornadle a dar como ella os ha dado, y pagadle al doble según sus obras; en el cáliz que ella os dio a beber, dadle a beber doblado. 7Cuanto ella se ha glorificado, y ha estado en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada reina, y no soy viuda, y no veré llanto. 8Por lo cual en un día vendrán sus plagas, muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque el Señor Dios es fuerte, que la juzgará. 9Y llorarán y se lamentarán sobre ella los reyes de la tierra, los cuales han fornicado con ella y han vivido en deleites, cuando ellos vieren el humo de su incendio, 10Estando lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de aquella gran ciudad de Babilonia, aquella fuerte ciudad; porque en una hora vino tu juicio! 11Y los mercaderes de la tierra lloran y se lamentan sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías: 12Mercadería de oro, y de plata, y de piedras preciosas, y de margaritas, y de lino fino, y de escarlata, y de seda, y de grana, y de toda madera olorosa, y de todo vaso de marfil, y de todo vaso de madera preciosa, y de cobre, y de hierro, y de mármol; 13Y canela, y olores, y ungüentos, y de incienso, y de vino, y de aceite; y flor de harina y trigo, y de bestias, y de ovejas; y de caballos, y de carros, y de siervos, y de almas de hombres. 14Y los frutos del deseo de tu alma se apartaron de ti; y todas las cosas gruesas y excelentes te han faltado, y nunca más las hallarás. 15Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido, se pondrán lejos de ella por el temor de su tormento, llorando y lamentando, 16Y diciendo: ¡Ay, ay, aquella gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, y de escarlata, y de grana, y estaba dorada con oro, y adornada de piedras preciosas y de perlas! 17Porque en una hora han sido desoladas tantas riquezas. Y todo patrón, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se estuvieron lejos; 18Y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad? 19Y echaron polvo sobre sus cabezas; y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay, de aquella gran ciudad, en la cual todos los que tenían navíos en la mar se habían enriquecido de sus riquezas; que en una hora ha sido desolada! 20Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles, y profetas; porque Dios ha vengado vuestra causa en ella. 21Y un ángel fuerte tomó una piedra como una grande piedra de molino, y la echó en la mar, diciendo: Con tanto ímpetu será derribada Babilonia, aquella grande ciudad, y nunca jamás será hallada. 22Y voz de tañedores de arpas, y de músicos, y de tañedores de flautas y de trompetas, no será más oída en ti; y todo artífice de cualquier oficio, no será más hallado en ti; y el sonido de muela no será más en ti oído: 23Y luz de antorcha no alumbrará más en ti; y voz de esposo ni de esposa no será más en ti oída; porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra; porque en tus hechicerías todas las gentes han errado. 24Y en ella fue hallada la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Deuteronomio 21 · Salmo 107
Personales
Isaías 48 · Apocalipsis 18