Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 26
1Y harás el tabernáculo de diez cortinas de lino torcido, cárdeno, y púrpura, y carmesí: y harás querubines de obra delicada. 2La longitud de la una cortina de veintiocho codos, y la anchura de la misma cortina de cuatro codos: todas las cortinas tendrán una medida. 3Cinco cortinas estarán juntas la una con la otra, y cinco cortinas unidas la una con la otra. 4Y harás lazadas de cárdeno en la orilla de la una cortina, en el borde, en la juntura: y así harás en la orilla de la postrera cortina en la juntura segunda. 5Cincuenta lazadas harás en la una cortina, y cincuenta lazadas harás en el borde de la cortina que está en la segunda juntura: las lazadas estarán contrapuestas la una a la otra. 6Harás también cincuenta corchetes de oro, con los cuales juntarás las cortinas la una con la otra, y se formará un tabernáculo. 7Harás asimismo cortinas de pelo de cabras para una cubierta sobre el tabernáculo; once cortinas harás. 8La longitud de la una cortina será de treinta codos, y la anchura de la misma cortina de cuatro codos: una medida tendrán las once cortinas. 9Y juntarás las cinco cortinas aparte y las otras seis cortinas separadamente; y doblarás la sexta cortina delante de la faz del tabernáculo. 10Y harás cincuenta lazadas en la orilla de la una cortina, al borde en la juntura, y cincuenta lazadas en la orilla de la segunda cortina en la otra juntura. 11Harás asimismo cincuenta corchetes de alambre, los cuales meterás por las lazadas: y juntarás la tienda, para que se haga una sola cubierta. 12Y el sobrante que resulta en las cortinas de la tienda, la mitad de la una cortina que sobra, quedará a las espaldas del tabernáculo. 13Y un codo de la una parte, y otro codo de la otra que sobra en la longitud de las cortinas de la tienda, cargará sobre los lados del tabernáculo de la una parte y de la otra, para cubrirlo. 14Harás también a la tienda una cubierta de cueros de carneros, teñidos de rojo, y una cubierta de cueros de tejones encima. 15Y harás para el tabernáculo tablas de madera de Sittim, que estén derechas. 16La longitud de cada tabla será de diez codos, y de codo y medio la anchura de cada tabla. 17Dos quicios tendrá cada tabla, trabadas la una con la otra; así harás todas las tablas del tabernáculo. 18Harás, pues, las tablas del tabernáculo: veinte tablas al lado del mediodía, al austro. 19Y harás cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas; dos basas debajo de la una tabla para sus dos quicios, y dos basas debajo de la otra tabla para sus dos quicios. 20Y al otro lado del tabernáculo, a la parte del aquilón, veinte tablas; 21Y sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla. 22Y para el lado del tabernáculo, al occidente, harás seis tablas. 23Harás además dos tablas para las esquinas del tabernáculo en los dos ángulos posteriores; 24Las cuales se unirán por abajo, y asimismo se juntarán por su alto a un gozne: así será de las otras dos que estarán a las dos esquinas. 25De suerte que serán ocho tablas, con sus basas de plata, diez y seis basas; dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla. 26Harás también cinco barras de madera de Sittim, para las tablas del un lado del tabernáculo, 27Y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para el otro lado del tabernáculo, que está al occidente. 28Y la barra del medio pasará por medio de las tablas, del un cabo al otro. 29Y cubrirás las tablas de oro, y harás sus anillos de oro para meter por ellos las barras: también cubrirás las barras de oro. 30Y alzarás el tabernáculo conforme a su traza que te fue mostrada en el monte. 31Y harás también un velo de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y de lino torcido: será hecho de primorosa labor, con querubines: 32Y has de ponerlo sobre cuatro columnas de madera de Sittim cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata. 33Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo. 34Y pondrás la cubierta sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo. 35Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelero enfrente de la mesa al lado del tabernáculo al mediodía; y pondrás la mesa al lado del aquilón. 36Y harás a la puerta del tabernáculo una cortina de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, obra de bordador. 37Y harás para la cortina cinco columnas de madera de Sittim, las cuales cubrirás de oro, con sus capiteles de oro: y hacerlas has de fundición cinco basas de metal.
Lectura 2 de 4 · En familia
Juan 5
1Después de estas cosas, era un día de fiesta de los Judíos, y subió Jesús a Jerusalem. 2Y hay en Jerusalem a la puerta del ganado un estanque, que en hebraico es llamado Bethesda, el cual tiene cinco portales. 3En estos yacía multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua. 4Porque un ángel descendía a cierto tiempo al estanque, y revolvía el agua; y el que primero descendía en el estanque después del movimiento del agua, era sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5Y estaba allí un hombre que había treinta y ocho años que estaba enfermo. 6Como Jesús vio a este echado, y entendió que ya había mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano? 7Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estanque cuando el agua fuere revuelta; porque entre tanto que yo vengo, otro antes de mí ha descendido. 8Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda. 9Y luego aquel hombre fue sano, y tomó su lecho, e íbase. Y era sábado aquel día. 10Entonces los Judíos decían a aquel que había sido sanado: Sábado es: no te es lícito llevar tu lecho. 11Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. 12Preguntáronle entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda? 13Y el que había sido sanado, no sabía quién fuese; porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. 14Después le halló Jesús en el templo, y díjole: He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor. 15El se fue, y dio aviso a los Judíos, que Jesús era el que le había sanado. 16Y por esta causa los Judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado. 17Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro. 18Entonces, por tanto, más procuraban los Judíos matarle, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también a su Padre llamaba Dios, haciéndose igual a Dios. 19Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre: porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente. 20Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilléis. 21Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. 22Porque el Padre a nadie juzga, mas todo el juicio dio al Hijo; 23Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. 24De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida. 25De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán. 26Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo: 27Y también le dio poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre. 28No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29Y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal, a resurrección de condenación. 30No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre. 31Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. 32Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí, es verdadero. 33Vosotros enviasteis a Juan, y él dio testimonio a la verdad. 34Empero yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. 35El era antorcha que ardía y alumbraba: y vosotros quisisteis recrearos por un poco a su luz. 36Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan: porque las obras que el Padre me dio que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me haya enviado. 37Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer. 38Ni tenéis su palabra permanente en vosotros; porque al que él envió, a este vosotros no creéis. 39Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. 40Y no queréis venir a mí, para que tengáis vida. 41Gloria de los hombres no recibo. 42Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros. 43Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, a aquel recibiréis. 44¿Cómo podéis vosotros creer, pues tomáis la gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que de solo Dios viene? 45No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis. 46Porque si vosotros creyeseis a Moisés, creeríais a mí; porque de mí escribió él. 47Y si a sus escritos no creéis, ¿cómo creeréis a mis palabras?
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Proverbios 2
1Hijo mío, si tomares mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, 2Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia; 3Si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; 4Si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros; 5Entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. 6Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. 7El provee de sólida sabiduría a los rectos: es escudo a los que caminan rectamente. 8Es el que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos. 9Entonces entenderás justicia, juicio, y equidad, y todo buen camino. 10Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere dulce a tu alma, 11El consejo te guardará, te preservará la inteligencia: 12Para librarte del mal camino, de los hombres que hablan perversidades; 13Que dejan las veredas derechas, por andar en caminos tenebrosos; 14Que se alegran haciendo mal, que se huelgan en las perversidades del vicio; 15Cuyas veredas son torcidas, y torcidos sus caminos. 16Para librarte de la mujer extraña, de la ajena que halaga con sus palabras; 17Que desampara el príncipe de su mocedad, y se olvida del pacto de su Dios. 18Por lo cual su casa está inclinada a la muerte, y sus veredas hacia los muertos: 19Todos los que a ella entraren, no volverán, ni tomarán las veredas de la vida. 20Para que andes por el camino de los buenos, y guardes las veredas de los justos. 21Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella; 22Mas los impíos serán cortados de la tierra, y los prevaricadores serán de ella desarraigados.
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Gálatas 1
1Pablo, apóstol, (no de los hombres, ni por hombre, mas por Jesucristo y por Dios el Padre, que lo resucitó de los muertos), 2Y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia: 3Gracia sea a vosotros, y paz de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, 4El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de Dios y Padre nuestro; 5Al cual sea la gloria por siglos de siglos. Amén. 6Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado del que os llamó a la gracia de Cristo, a otro evangelio: 7No que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan, y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8Mas aun si nosotros o un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema. 9Como antes hemos dicho, también ahora decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro evangelio del que habéis recibido, sea anatema. 10Porque, ¿persuado yo ahora a hombres o a Dios? ¿o busco de agradar a hombres? Cierto, que si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo. 11Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio que ha sido anunciado por mí, no es según hombre; 12Pues ni yo lo recibí, ni lo aprendí de hombre, sino por revelación de Jesucristo. 13Porque ya habéis oído acerca de mi conducta otro tiempo en el Judaismo, que perseguía sobremanera la iglesia de Dios, y la destruía; 14Y aprovechaba en el Judaismo sobre muchos de mis iguales en mi nación, siendo muy más celador que todos de las tradiciones de mis padres. 15Mas cuando plugo a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, 16Revelar a su Hijo en mí, para que le predicase entre los Gentiles, luego no conferí con carne y sangre; 17Ni fui a Jerusalem a los que eran apóstoles antes que yo; sino que me fui a la Arabia, y volví de nuevo a Damasco. 18Después, pasados tres años, fui a Jerusalem a ver a Pedro, y estuve con él quince días. 19Mas a ningún otro de los apóstoles vi, sino a Jacobo el hermano del Señor. 20Y en esto que os escribo, he aquí, delante de Dios, no miento. 21Después fui a las partes de Siria y de Cilicia; 22Y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo; 23Solamente habían oído decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que en otro tiempo destruía. 24Y glorificaban a Dios en mí.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 26 · Juan 5
Personales
Proverbios 2 · Gálatas 1