Lectura 1 de 4 · En familia

Éxodo 27

1Harás también altar de madera de Sittim de cinco codos de longitud, y de cinco codos de anchura: será cuadrado el altar, y su altura de tres codos. 2Y harás sus cuernos a sus cuatro esquinas; los cuernos serán de lo mismo; y lo cubrirás de metal. 3Harás también sus calderas para echar su ceniza; y sus paletas, y sus tazones, y sus garfios, y sus braseros: harás todos sus vasos de metal. 4Y le harás un enrejado de metal de obra de malla; y sobre el enrejado harás cuatro anillos de metal a sus cuatro esquinas. 5Y lo has de poner dentro del cerco del altar abajo; y llegará el enrejado hasta el medio del altar. 6Harás también varas para el altar, varas de madera de Sittim, las cuales cubrirás de metal. 7Y sus varas se meterán por los anillos: y estarán aquellas varas a ambos lados del altar, cuando hubiere de ser llevado. 8De tablas lo harás, hueco: de la manera que te fue mostrado en el monte, así lo harás. 9Asimismo harás el atrio del tabernáculo: al lado del mediodía, al austro, tendrá el atrio cortinas de lino torcido, de cien codos de longitud cada un lado; 10Sus veinte columnas, y sus veinte basas serán de metal; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata. 11Y de la misma manera al lado del aquilón habrá a lo largo cortinas de cien codos de longitud, y sus veinte columnas, con sus veinte basas de metal; los capiteles de sus columnas y sus molduras, de plata. 12Y el ancho del atrio del lado occidental tendrá cortinas de cincuenta codos; sus columnas diez, con sus diez basas. 13Y en el ancho del atrio por la parte de levante, al oriente, habrá cincuenta codos. 14Y las cortinas del un lado serán de quince codos; sus columnas tres, con sus tres basas. 15Al otro lado quince codos de cortinas; sus columnas tres, con sus tres basas. 16Y a la puerta del atrio habrá un pabellón de veinte codos, de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, de obra de bordador: sus columnas cuatro, con sus cuatro basas. 17Todas las columnas del atrio en derredor serán ceñidas de plata; sus capiteles de plata, y sus basas de metal. 18La longitud del atrio será de cien codos, y la anchura cincuenta por un lado y cincuenta por el otro, y la altura de cinco codos: sus cortinas de lino torcido, y sus basas de metal. 19Todos los vasos del tabernáculo en todo su servicio, y todos sus clavos, y todos los clavos del atrio, serán de metal. 20Y tú mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas, molido, para la luminaria, para hacer arder continuamente las lámparas. 21En el tabernáculo del testimonio, afuera del velo que está delante del testimonio, las pondrá en orden Aarón y sus hijos, delante de Jehová desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de los hijos de Israel por sus generaciones.
Lectura 2 de 4 · En familia

Juan 6

1Pasadas estas cosas, fuése Jesús de la otra parte de la mar de Galilea, que es de Tiberias. 2Y seguíale grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos. 3Y subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 4Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos. 5Y como alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él grande multitud, dice a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos? 6Mas esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. 7Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco. 8Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: 9Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos? 10Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones. 11Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban recostados: asimismo de los peces, cuanto querían. 12Y como fueron saciados, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada. 13Cogieron pues, e hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. 14Aquellos hombres entonces, como vieron la señal que Jesús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. 15Y entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió a retirarse al monte, él solo. 16Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos a la mar; 17Y entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. 18Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba. 19Y como hubieron navegado como veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo. 20Mas él les dijo: Yo soy; no tengáis miedo. 21Ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó a la tierra donde iban. 22El día siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar, como vio que no había allí otra navecilla sino una, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en ella, sino que sus discípulos se habían ido solos; 23Y que otras navecillas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber el Señor dado gracias; 24Como vio pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron a Capernaum buscando a Jesús. 25Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabbí, ¿cuándo llegaste acá? 26Respondióles Jesús, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis. 27Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque a este señaló el Padre, que es Dios. 28Y dijéronle: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios? 29Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. 32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan. 35Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. 37Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le hecho fuera. 38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió. 39Y esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero. 40Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. 41Murmuraban entonces de él los Judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo. 42Y decían: ¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿cómo, pues, dice este: Del cielo he descendido? 43Y Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros. 44Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene a mí. 46No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, este ha visto al Padre. 47De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48Yo soy el pan de vida. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos. 50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera. 51Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. 52Entonces los Judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos su carne a comer? 53Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. 57Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. 58Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente. 59Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum. 60Y muchos de sus discípulos oyéndo lo, dijeron: Dura es esta palabra: ¿quién la puede oir? 61Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, díjoles: ¿Esto os escandaliza? 62¿Pues qué, si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero? 63El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida. 64Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. 66Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. 67Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis vosotros iros también? 68Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna. 69Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente. 70Jesús le respondió: ¿No he escogido yo a vosotros doce, y uno de vosotros es diablo? 71Y hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón, porque este era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.
Lectura 3 de 4 · Personal

Proverbios 3

1Hijo mío, no te olvides de mi ley; y tu corazón guarde mis mandamientos: 2Porque largura de días, y años de vida y paz te aumentarán. 3Misericordia y verdad no te desamparen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón: 4Y hallarás gracia y buena opinión en los ojos de Dios y de los hombres. 5Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no estribes en tu prudencia. 6Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. 7No seas sabio en tu opinión: teme a Jehová, y apártate del mal; 8Porque será medicina a tu ombligo, y tuétano a tus huesos. 9Honra a Jehová de tu sustancia, y de las primicias de todos tus frutos; 10Y serán llenas tus trojes con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto. 11No deseches, hijo mío, el castigo de Jehová; ni te fatigues de su corrección: 12Porque al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere. 13Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia: 14Porque su mercadería es mejor que la mercadería de la plata, y sus frutos más que el oro fino. 15Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. 16Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda riquezas y honra. 17Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz. 18Ella es árbol de vida a los que de ella asen: y bienaventurados son los que la mantienen. 19Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. 20Con su ciencia se partieron los abismos, y destilan el rocío los cielos. 21Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la ley y el consejo; 22Y serán vida a tu alma, y gracia a tu cuello. 23Entonces andarás por tu camino confiadamente, y tu pie no tropezará. 24Cuando te acostares, no tendrás temor; antes te acostarás, y tu sueño será suave. 25No tendrás temor de pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere: 26Porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de ser preso. 27No detengas el bien de sus dueños, cuando tuvieres poder para hacerlo. 28No digas a tu prójimo: Ve, y vuelve, y mañana te daré; cuando tienes contigo qué darle. 29No intentes mal contra tu prójimo, estando él confiado de ti. 30No pleitees con alguno sin razón, si él no te ha hecho agravio. 31No envidies al hombre injusto, ni escojas alguno de sus caminos. 32Porque el perverso es abominado de Jehová: mas su secreto es con los rectos. 33La maldición de Jehová está en la casa del impío; mas él bendecirá la morada de los justos. 34Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores, y a los humildes dará gracia. 35Los sabios heredarán honra: mas los necios sostendrán ignominia.
Lectura 4 de 4 · Personal

Gálatas 2

1Después, pasados catorce años, fui otra vez a Jerusalem juntamente con Bernabé, tomando también conmigo a Tito. 2Empero fui por revelación, y comuniquéles el evangelio que predico entre los Gentiles; mas particularmente a los que parecían ser algo, por no correr en vano, o haber corrido. 3Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, siendo Griego, fue compelido a circuncidarse. 4Y eso por causa de los falsos hermanos, que se entraban secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para ponernos en servidumbre; 5A los cuales ni aun por una hora cedimos sujetándonos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. 6Empero de aquellos que parecían ser algo (cuáles hayan sido algún tiempo, no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre), a mí ciertamente los que parecían ser algo, nada me dieron. 7Antes por el contrario, como vieron que el evangelio de la incircuncisión me era encargado, como a Pedro el de la circuncisión, 8(Porque el que hizo por Pedro para el apostolado de la circuncisión, hizo también por mí para con los Gentiles;) 9Y como vieron la gracia que me era dada, Jacobo y Cefas y Juan, que parecían ser las columnas, nos dieron las diestras de compañía a mí y a Bernabé, para que nosotros fuésemos a los Gentiles, y ellos a la circuncisión. 10Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo mismo que fui también solícito en hacer. 11Empero viniendo Pedro a Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar. 12Porque antes que viniesen unos de parte de Jacobo, comía con los Gentiles; mas después que vinieron, se retraía y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión. 13Y a su disimulación consentían también los otros Judíos; de tal manera que aun Bernabé fue también llevado de ellos en su simulación. 14Mas cuando vi que no andaban derechamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo Judío, vives como los Gentiles y no como Judío, ¿por qué constriñes a los Gentiles a judaizar? 15Nosotros Judíos naturales, y no pecadores de los Gentiles, 16Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada. 17Y si buscando nosotros ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. 18Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. 19Porque yo por la ley soy muerto a la ley, para vivir a Dios. 20Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí. 21No desecho la gracia de Dios: porque si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Éxodo 27 · Juan 6
Personales
Proverbios 3 · Gálatas 2