Lectura 1 de 4 · En familia
Números 25
1Y reposó Israel en Sittim, y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab: 2Las cuales llamaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses: y el pueblo comió, e inclinóse a sus dioses. 3Y allegóse el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel. 4Y Jehová dijo a Moisés: Toma todos los príncipes del pueblo, y ahórcalos a Jehová delante del sol; y la ira del furor de Jehová se apartará de Israel. 5Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: Matad cada uno a aquellos de los suyos que se han allegado a Baal-peor. 6Y he aquí un varón de los hijos de Israel vino y trajo una Madianita a sus hermanos, a ojos de Moisés y de toda la congregación de los hijos de Israel, llorando ellos a la puerta del tabernáculo del testimonio. 7Y viólo Phinees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, y levantóse de en medio de la congregación, y tomó una lanza en su mano: 8Y fue tras el varón de Israel a la tienda, y alanceólos a ambos, al varón de Israel, y a la mujer por su vientre. Y cesó la mortandad de los hijos de Israel. 9Y murieron de aquella mortandad veinte y cuatro mil. 10Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: 11Phinees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, ha hecho tornar mi furor de los hijos de Israel, llevado de celo entre ellos: por lo cual yo no he consumido en mi celo a los hijos de Israel. 12Por tanto di les: He aquí yo establezco mi pacto de paz con él; 13Y tendrá él, y su simiente después de él, el pacto del sacerdocio perpetuo; por cuanto tuvo celo por su Dios, e hizo expiación por los hijos de Israel. 14Y el nombre del varón muerto, que fue muerto con la Madianita, era Zimri hijo de Salu, jefe de una familia de la tribu de Simeón. 15Y el nombre de la mujer Madianita muerta, era Cozbi, hija de Zur, príncipe de pueblos, padre de familia en Madián. 16Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 17Hostilizaréis a los Madianitas, y los heriréis: 18Por cuanto ellos os afligieron a vosotros con sus ardides, con que os han engañado en el negocio de Peor, y en el negocio de Cozbi, hija del príncipe de Madián, su hermana, la cual fue muerta el día de la mortandad por causa de Peor.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmos 66-67 (cap. 66)
1Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra: 2Cantad la gloria de su nombre: poned gloria en su alabanza. 3Decid a Dios: ¡Cuán terribles tus obras! Por lo grande de tu fortaleza te mentirán tus enemigos. 4Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; cantarán a tu nombre. (Selah.) 5Venid, y ved las obras de Dios, terrible en hechos sobre los hijos de los hombres. 6Volvió la mar en seco; por el río pasaron a pie; allí en él nos alegramos. 7El se enseñorea con su fortaleza para siempre: sus ojos atalayan sobre las gentes: los rebeldes no serán ensalzados. (Selah.) 8Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, y haced oir la voz de su alabanza. 9El es el que puso nuestra alma en vida, y no permitió que nuestros pies resbalasen. 10Porque tú nos probaste, oh Dios: ensayástenos como se afina la plata. 11Nos metiste en la red; pusiste apretura en nuestros lomos. 12Hombres hiciste subir sobre nuestra cabeza; entramos en fuego y en aguas, y sacástenos a hartura. 13Entraré en tu casa con holocaustos: te pagaré mis votos, 14Que pronunciaron mis labios, y habló mi boca, cuando angustiado estaba. 15Holocaustos de cebados te ofreceré, con perfume de carneros: sacrificaré bueyes y machos cabríos. (Selah.) 16Venid, oid todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma. 17A él clamé con mi boca, y ensalzado fue con mi lengua. 18Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me oyera. 19Mas ciertamente me oyó Dios; antendió a la voz de mi súplica. 20Bendito Dios, que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.
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Salmos 66-67 (cap. 67)
1Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros (Selah); 2Para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las gentes tu salud. 3Alábente los pueblos, oh Dios; alábente los pueblos todos. 4Alégrense y gócense las gentes; porque juzgarás los pueblos con equidad, y pastorearás las naciones en la tierra. (Selah.) 5Alábente los pueblos, oh Dios: todos los pueblos te alaben. 6La tierra dará su fruto: nos bendecirá Dios, el Dios nuestro. 7Bendíganos Dios, y témanlo todos los fines de la tierra.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 15
1Carga de Moab. Cierto, de noche fue destruída Ar-moab, fue puesta en silencio. Cierto, de noche fue destruída Kir-moab, reducida a silencio. 2Subió a Bayith y a Dibón, lugares altos, a llorar; sobre Nebo y sobre Medeba aullará Moab: toda cabeza de ella será raída, y toda barba se mesará. 3Ceñiránse de sacos en sus plazas: en sus terrados y en sus calles aullarán todos, descendiendo en llanto. 4Hesbón y Eleale gritarán, hasta Jahas se oirá su voz: por lo que aullarán los armados de Moab, lamentaráse el alma de cada uno de por sí. 5Mi corazón dará gritos por Moab; sus fugitivos huirán hasta Zoar, como novilla de tres años. Por la cuesta de Luhith subirán llorando, y levantarán grito de quebrantamiento por el camino de Horonaim. 6Las aguas de Nimrim serán consumidas, y secaráse la hierba, marchitaránse los retoños, todo verdor perecerá. 7Por tanto las riquezas que habrán adquirido, y las que habrán reservado, llevaránlas al torrente de los sauces. 8Porque el llanto rodeó los términos de Moab; hasta Eglaim llegó su alarido, y hasta Beer-elim su clamor. 9Y las aguas de Dimón se henchirán de sangre: porque yo pondré sobre Dimón añadiduras, leones a los que escaparen de Moab, y a las reliquias de la tierra.
Lectura 4 de 4 · Personal
1 Pedro 3
1Asimismo vosotras, mujeres, sed sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conversación de sus mujeres, 2Considerando vuestra casta conversación, que es en temor. 3El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas; 4Sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios. 5Porque así también se ataviaban en el tiempo antiguo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sujetas a sus maridos: 6Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras sois hechas hijas, haciendo bien, y no sois espantadas de ningún pavor. 7Vosotros maridos, semejantemente, habitad con ellas según ciencia, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas. 8Y finalmente, sed todos de un mismo corazón, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; 9No volviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino antes por el contrario, bendiciendo; sabiendo que vosotros sois llamados para que poseáis bendición en herencia. 10Porque el que quiere amar la vida, y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; 11Apártase del mal, y haga bien; busque la paz, y sígala. 12Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones: pero el rostro del Señor está sobre aquellos que hacen mal. 13¿Y quién es aquel que os podrá dañar, si vosotros seguís el bien? 14Mas también si alguna cosa padecéis por hacer bien, sois bienaventurados. Por tanto, no temáis por el temor de ellos, ni seáis turbados; 15Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros: 16Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean confundidos los que blasfeman vuestra buena conversación en Cristo. 17Porque mejor es que padezcáis haciendo bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo mal. 18Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 19En el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados; 20Los cuales en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, cuando se aparejaba el arca; en la cual pocas, es a saber, ocho personas fueron salvas por agua. 21A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurrección de Jesucristo: 22El cual está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo; estando a él sujetos los ángeles, y las potestades, y virtudes.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Números 25 · Salmos 66-67
Personales
Isaías 15 · 1 Pedro 3