McCheyne
18 de septiembre
Lectura 1 de 4 · En familia

2 Samuel 14

1Y conociendo Joab hijo de Sarvia, que el corazón del rey estaba por Absalom, 2Envió Joab a Tecoa, y tomó de allá una mujer astuta, y díjole: Yo te ruego que te enlutes, y te vistas de ropas de luto, y no te unjas con óleo, antes sé como mujer que ha mucho tiempo que trae luto por algún muerto; 3Y entrando al rey, habla con él de esta manera. Y puso Joab las palabras en su boca. 4Entró pues aquella mujer de Tecoa al rey, y postrándose en tierra sobre su rostro hizo reverencia, y dijo: Oh rey, salva. 5Y el rey le dijo: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Yo a la verdad soy una mujer viuda y mi marido es muerto. 6Y tu sierva tenía dos hijos y los dos riñeron en el campo; y no habiendo quien los despartiese, hirió el uno al otro, y matólo. 7Y he aquí toda la parentela se ha levantado contra tu sierva, diciendo: Entrega al que mató a su hermano, para que le hagamos morir por la vida de su hermano a quien él mató, y quitemos también el heredero. Así apagarán el ascua que me ha quedado, no dejando a mi marido nombre ni reliquia sobre la tierra. 8Entonces el rey dijo a la mujer: Vete a tu casa, que yo mandaré acerca de ti. 9Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Rey señor mío, la maldad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre; mas el rey y su trono sin culpa. 10Y el rey dijo: Al que hablare contra ti, tráelo a mí, que no te tocará más. 11Dijo ella entonces: Ruégote, oh rey, que te acuerdes de Jehová tu Dios, que no dejes a los cercanos de la sangre aumentar el daño con destruir a mi hijo. Y él respondió: Vive Jehová, que no caerá ni un cabello de la cabeza de tu hijo en tierra. 12Y la mujer dijo: Ruégote que hable tu criada una palabra a mi señor el rey. Y él dijo: Habla. 13Entonces la mujer dijo: ¿Por qué pues piensas tú otro tanto contra el pueblo de Dios? que hablando el rey esta palabra, es como culpado, por cuanto el rey no hace volver a su fugitivo. 14Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse: ni Dios quita la vida, sino que arbitra medio para que su desviado no sea de él excluído. 15Y que yo he venido ahora para decir esto al rey mi señor, es porque el pueblo me ha puesto miedo. Mas tu sierva dijo: Hablaré ahora al rey: quizá él hará lo que su sierva diga. 16Pues el rey oirá, para librar a su sierva de mano del hombre que me quiere raer a mí, y a mi hijo juntamente, de la heredad de Dios. 17Tu sierva pues dice: Que sea ahora la respuesta de mi señor el rey para descanso; pues que mi señor el rey es como un ángel de Dios para escuchar lo bueno y lo malo. Así Jehová tu Dios sea contigo. 18Entonces él respondió, y dijo a la mujer: Yo te ruego que no me encubras nada de lo que yo te preguntare. Y la mujer dijo: Hable mi señor el rey. 19Y el rey dijo: ¿No ha sido la mano de Joab contigo en todas estas cosas? Y la mujer respondió y dijo: Vive tu alma, rey señor mío, que no hay que apartarse a derecha ni a izquierda de todo lo que mi señor el rey ha hablado: porque tu siervo Joab, él me mandó, y él puso en boca de tu sierva todas estas palabras; 20Y que trocara la forma de las palabras, Joab tu siervo lo ha hecho: mas mi señor es sabio, conforme a la sabiduría de un ángel de Dios, para conocer lo que hay en la tierra. 21Entonces el rey dijo a Joab: He aquí yo hago esto: ve, y haz volver al mozo Absalom. 22Y Joab se postró en tierra sobre su rostro, e hizo reverencia, y después que bendijo al rey, dijo: Hoy ha entendido tu siervo que he hallado gracia en tus ojos, rey señor mío; pues que ha hecho el rey lo que su siervo ha dicho. 23Levantóse luego Joab, y fue a Gessur, y volvió a Absalom a Jerusalem. 24Mas el rey dijo: Váyase a su casa, y no vea mi rostro. Y volvióse Absalom a su casa, y no vio el rostro del rey. 25Y no había en todo Israel hombre tan hermoso como Absalom, de alabar en gran manera: desde la planta de su pie hasta la mollera no había en él defecto. 26Y cuando se cortaba el cabello, (lo cual hacía al fin de cada año, pues le causaba molestia, y por eso se lo cortaba), pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos de peso real. 27Y Naciéronle a Absalom tres hijos, y una hija que se llamó Thamar, la cual era hermosa de ver. 28Y estuvo Absalom por espacio de dos años en Jerusalem, y no vio la cara del rey. 29Y mandó Absalom por Joab, para enviarlo al rey; mas no quiso venir a él; ni aunque envió por segunda vez, quiso él venir. 30Entonces dijo a sus siervos: Bien sabéis las tierras de Joab junto a mi lugar, donde tiene sus cebadas; id, y pegadles fuego; y los siervos de Absalom pegaron fuego a las tierras. 31Levantóse por tanto Joab, y vino a Absalom a su casa, y díjole: ¿Por qué han puesto fuego tus siervos a mis tierras? 32Y Absalom respondió a Joab: He aquí, yo he enviado por ti, diciendo que vinieses acá, a fin de enviarte yo al rey a que le dijeses: ¿Para qué vine de Gessur? mejor me fuera estar aún allá. Vea yo ahora la cara del rey; y si hay en mí pecado, máteme. 33Vino pues Joab al rey, e hízoselo saber. Entonces llamó a Absalom, el cual vino al rey, e inclinó su rostro a tierra delante del rey: y el rey besó a Absalom.
Lectura 2 de 4 · En familia

2 Corintios 7

1Así que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios. 2Admitidnos: a nadie hemos injuriado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado. 3No para condenar os lo digo; que ya he dicho antes que estáis en nuestros corazones, para morir y para vivir juntamente. 4Mucha confianza tengo de vosotros, tengo de vosotros mucha gloria; lleno estoy de consolación, sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones. 5Porque aun cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestra carne; antes, en todo fuimos atribulados: de fuera, cuestiones; de dentro, temores. 6Mas Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito: 7Y no solo con su venida, sino también con la consolación con que él fue consolado acerca de vosotros, haciéndonos saber vuestro deseo grande, vuestro lloro, vuestro celo por mí, para que así me gozase más. 8Porque aunque os contristé por la carta, no me arrepiento, bien que me arrepentí; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo os contristó, 9Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. 10Porque el dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable, de que no hay que arrepentirse; mas el dolor del siglo obra muerte. 11Porque he aquí, esto mismo que según Dios fuisteis contristados, cuánta solicitud ha obrado en vosotros, y aun defensa, y aun enojo, y aun temor, y aun gran deseo, y aun celo, y aun vindicación. En todo os habéis mostrado limpios en el negocio. 12Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que hizo la injuria, ni por causa del que la padeció, mas para que os fuese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios. 13Por tanto, tomamos consolación de vuestra consolación: empero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido recreado su espíritu de todos vosotros. 14Pues si algo me he gloriado para con él de vosotros, no he sido avergonzado; antes, como todo lo que habíamos dicho de vosotros era con verdad, así también nuestra gloria delante de Tito fue hallada verdadera. 15Y sus entrañas son más abundantes para con vosotros, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis con temor y temblor. 16Me gozo de que en todo estoy confiado de vosotros.
Lectura 3 de 4 · Personal

Ezequiel 21

1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Hijo del hombre, pon tu rostro contra Jerusalem, y derrama palabra sobre los santuarios, y profetiza sobre la tierra de Israel; 3Y dirás a la tierra de Israel: Así ha dicho Jehová: He aquí, que yo contra ti, y sacaré mi espada de su vaina, y talaré de ti al justo y al impío. 4Y por cuanto he de talar de ti al justo y al impío, por tanto, mi espada saldrá de su vaina contra toda carne, desde el mediodía hasta el aquilón: 5Y sabrá toda carne que yo Jehová saqué mi espada de su vaina; no volverá más. 6Y tú, hijo del hombre, gime con quebrantamiento de lomos, y con amargura; gime delante de los ojos de ellos. 7Y será, que cuando te dijeren: ¿Por qué gimes tú? dirás: Por la fama que viene; y todo corazón se desleirá, y todas manos se debilitarán, y angustiaráse todo espíritu, y todas rodillas se irán en aguas: he aquí que viene, y hacerse ha, dice el Señor Jehová. 8Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 9Hijo del hombre, profetiza, y di: Así ha dicho el Señor Jehová: Di: La espada, la espada está afilada, y aun acicalada; 10Para degollar víctimas está afilada, acicalada está para que relumbre. ¿Hemos de alegrarnos? A la vara de mi hijo viene menospreciando todo árbol. 11Y dióla a acicalar para tenerla a mano: la espada está afilada, y acicalada está ella, para entregarla en mano del matador. 12Clama y aulla, oh hijo del hombre; porque esta será sobre mi pueblo, será ella sobre todos los príncipes de Israel. Temores de espada serán a mi pueblo: por tanto, hiere el muslo; 13Porque está probado. ¿Y qué, si la espada desprecia aun el cetro? El no será más, dice el Señor Jehová. 14Tú pues, hijo del hombre, profetiza y bate una mano con otra, y dóblese la espada la tercera vez, la espada de muertos: esta es espada de gran matanza que los penetrará, 15Para que el corazón desmaye, y los estragos se multipliquen: en todas las puertas de ellos he puesto espanto de espada. ¡Ah! dispuesta está para que relumbre, y aderezada para degollar. 16Ponte a una parte, ponte a la diestra, o ponte a la siniestra, hacia donde tu rostro se determinare. 17Y yo también batiré mi mano con mi mano, y haré reposar mi ira. Yo Jehová he hablado. 18Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 19Y tú, hijo del hombre, señálate dos caminos por donde venga la espada del rey de Babilonia: de una misma tierra salgan ambos: y echa mano a la suerte: en el principio del camino de la ciudad lo harás. 20El camino señalarás por donde venga la espada a Rabba de los hijos de Ammón, y a Judá contra Jerusalem la fuerte. 21Porque el rey de Babilonia se paró en una encrucijada, al principio de dos caminos, para tomar adivinación: acicaló saetas, consultó en ídolos, miró el hígado. 22La adivinación fue a su mano derecha, sobre Jerusalem, para poner capitanes, para abrir la boca a la matanza, para levantar la voz en grito, para poner ingenios contra las puertas, para fundar baluarte, y edificar fuerte. 23Y seráles como adivinación mentirosa en sus ojos, por estar juramentados con juramento a ellos: mas él trae a la memoria la maldad, para prenderlos. 24Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto habéis hecho venir en memoria vuestras maldades, manifestando vuestras traiciones, y descubriendo vuestros pecados en todas vuestras obras; por cuanto habéis venido en memoria, seréis tomados a mano. 25Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día vino en el tiempo de la consumación de la maldad; 26Así ha dicho el Señor Jehová: Depón la tiara, quita la corona: esta no será más esta: al bajo alzaré, y al alto abatiré. 27Del revés, del revés, del revés la tornaré; y no será esta más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y se la entregaré. 28Y tú, hijo del hombre, profetiza, y di: Así ha dicho el Señor Jehová sobre los hijos de Ammón, y su oprobio. Dirás pues: La espada, la espada está desenvainada para degollar; acicalada para consumir con resplandor. 29Te profetizan vanidad, adivínante mentira, para entregarte con los cuellos de los malos sentenciados a muerte, cuyo día vino en tiempo de la consumación de la maldad. 30¿Tornaréla a su vaina? En el lugar donde te criaste, en la tierra donde has vivido, te tengo de juzgar. 31Y derramaré sobre ti mi ira: el fuego de mi enojo haré encender sobre ti, y te entregaré en mano de hombres temerarios, artífices de destrucción. 32Del fuego serás para ser consumido; tu sangre será en medio de la tierra; no habrá más memoria de ti: porque yo Jehová he hablado.
Lectura 4 de 4 · Personal

Salmo 68

1Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen. 2Como es lanzado el humo, los lanzarás: como se derrite la cera delante del fuego, así perecerán los impíos delante de Dios. 3Mas los justos se alegrarán: gozarse han delante de Dios, y saltarán de alegría. 4Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre: ensalzad al que sube sobre los cielos en JAH su nombre, y alegraos delante de él. 5Padre de huérfanos y defensor de viudas, es Dios en la morada de su santuario: 6El Dios que hace habitar en familia los solos; que saca a los aprisionados con grillos: mas los rebeldes habitan en sequedad. 7Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo, cuando anduviste por el desierto, (Selah,) 8La tierra tembló; también destilaron los cielos a la presencia de Dios: aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel. 9Abundante lluvia esparciste, oh Dios, a tu heredad; y cuando se cansó, tú la recreaste. 10Los que son de tu grey han morado en ella: por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre. 11El Señor daba palabra: de las evangelizantes había grande ejército. 12Huyeron, huyeron reyes de ejércitos; y las que se quedaban en casa partían los despojos. 13Bien que fuisteis echados entre los tiestos, seréis como las alas de la paloma cubierta de plata, y sus plumas con amarillez de oro. 14Cuando esparció el Omnipotente los reyes en ella, emblanquecióse esta como la nieve en Salmón. 15Monte de Dios es el monte de Basán; monte alto el de Basán. 16¿Por qué os levantáis, oh montes altos? Este monte amó Dios para su asiento; ciertamente Jehová habitará en él para siempre. 17Los carros de Dios son veinte mil, y más millares de ángeles. El Señor entre ellos, como en Sinaí, así en el santuario. 18Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, tomaste dones para los hombres, y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios. 19Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salud. (Selah.) 20Dios, nuestro Dios ha de salvarnos; y de Dios Jehová es el librar de la muerte. 21Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la cabelluda mollera del que camina en sus pecados. 22El Señor dijo: De Basán haré volver, te haré volver de los profundos de la mar: 23Porque tu pie se enrojecerá de sangre de tus enemigos, y de ella la lengua de tus perros. 24Vieron tus caminos, oh Dios; los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario. 25Los cantores iban delante, los tañedores detrás; en medio, las doncellas con adufes. 26Bendecid a Dios en congregaciones: al Señor, vosotros de la estirpe de Israel. 27Allí estaba el joven Benjamín señoreador de ellos, los príncipes de Judá en su congregación, los príncipes de Zabulón, los príncipes de Nephtalí. 28Tu Dios ha ordenado tu fuerza; confirma, oh Dios, lo que has obrado en nosotros. 29Por razón de tu templo en Jerusalem los reyes te ofrecerán dones. 30Reprime la reunión de gentes armadas, la multitud de toros con los becerros de los pueblos, hasta que todos se sometan con sus piezas de plata: disipa los pueblos que se complacen en la guerra. 31Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía apresurará sus manos a Dios. 32Reinos de la tierra, cantad a Dios, cantad al Señor (Selah); 33Al que cabalga sobre los cielos de los cielos que son de antiguo: he aquí a su voz dará voz de fortaleza. 34Atribuid fortaleza a Dios: sobre Israel es su magnificencia, y su poder está en los cielos. 35Terrible eres, oh Dios, desde tus santuarios: el Dios de Israel, él da fortaleza y vigor a su pueblo. Bendito Dios.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Samuel 14 · 2 Corintios 7
Personales
Ezequiel 21 · Salmo 68