Lectura 1 de 4 · En familia
2 Samuel 15
1Aconteció después de esto, que Absalom se hizo de carros y caballos, y cincuenta hombres que corriesen delante de él. 2Y levantábase Absalom de mañana, y poníase a un lado del camino de la puerta; y a cualquiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalom le llamaba a sí, y decíale: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel. 3Entonces Absalom le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas: mas no tienes quien te oiga por el rey. 4Y decía Absalom: ¡Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen pleito o negocio, que yo les haría justicia! 5Y acontecía que, cuando alguno se llegaba para inclinarse a él, él extendía la mano, y lo tomaba, y lo besaba. 6Y de esta manera hacía con todo Israel que venía al rey a juicio: y así robaba Absalom el corazón de los de Israel. 7Y al cabo de cuarenta años aconteció que Absalom dijo al rey: Yo te ruego me permitas que vaya a Hebrón, a pagar mi voto que he prometido a Jehová: 8Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Gessur en Siria, diciendo: Si Jehová me volviere a Jerusalem, yo serviré a Jehová. 9Y el rey le dijo: Ve en paz. Y él se levantó, y se fue a Hebrón. 10Empero envió Absalom espías por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando oyereis el sonido de la trompeta, diréis: Absalom reina en Hebrón. 11Y fueron con Absalom doscientos hombres de Jerusalem por él convidados, los cuales iban en su sencillez, sin saber nada. 12También envió Absalom por Achitophel Gilonita, del consejo de David, a Gilo su ciudad, mientras hacía sus sacrificios. Y la conjuración vino a ser grande, pues se iba aumentando el pueblo con Absalom. 13Y vino el aviso a David, diciendo: El corazón de todo Israel va tras Absalom. 14Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalem: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalom; daos priesa a partir, no sea que apresurándose él nos alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada. 15Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos están prestos a todo lo que nuestro señor el rey eligiere. 16El rey entonces salió, con toda su familia en pos de él. Y dejó el rey diez mujeres concubinas para que guardasen la casa. 17Salió pues el rey con todo el pueblo que le seguía, y paráronse en un lugar distante. 18Y todos sus siervos pasaban a su lado, con todos los Ceretheos y Peletheos; y todos los Getheos, seiscientos hombres que habían venido a pie desde Gath, iban delante del rey. 19Y dijo el rey a Ittai Getheo: ¿Para qué vienes tú también con nosotros? vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar. 20¿Ayer viniste, y téngote de hacer hoy que mudes lugar para ir con nosotros? Yo voy como voy: tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos; en ti haya misericordia y verdad. 21Y respondió Ittai al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi señor el rey, que, o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo. 22Entonces David dijo a Ittai: Ven pues, y pasa. Y pasó Ittai Getheo, y todos sus hombres, y toda su familia. 23Y todo el país lloró en alta voz; pasó luego toda la gente el torrente de Cedrón; asimismo pasó el rey, y todo el pueblo pasó, al camino que va al desierto. 24Y he aquí, también iba Sadoc, y con él todos los Levitas que llevaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca del pacto de Dios. Y subió Abiathar después que hubo acabado de salir de la ciudad todo el pueblo. 25Pero dijo el rey a Sadoc: Vuelve el arca de Dios a la ciudad; que si yo hallare gracia en los ojos de Jehová, él me volverá, y me hará ver a ella y a su tabernáculo: 26Y si dijere: No me agradas: aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere. 27Dijo aún el rey a Sadoc sacerdote: ¿No eres tú el vidente? Vuélvete en paz a la ciudad; y con vosotros vuestros dos hijos, tu hijo Ahimaas, y Jonathán hijo de Abiathar. 28Mirad, yo me detendré en los campos del desierto, hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso. 29Entonces Sadoc y Abiathar volvieron el arca de Dios a Jerusalem; y estuviéronse allá. 30Y David subió la cuesta de las olivas; y subió la llorando, llevando la cabeza cubierta, y los pies descalzos. También todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, y subieron llorando así como subían. 31Y dieron aviso a David, diciendo: Achitophel está entre los que conspiraron con Absalom. Entonces dijo David: Entontece ahora, oh Jehová, el consejo de Achitophel. 32Y como David llegó a la cumbre del monte para adorar allí a Dios, he aquí Husai Arachîta que le salió al encuentro, trayendo rota su ropa, y tierra sobre su cabeza. 33Y díjole David: Si pasares conmigo, serme has de carga; 34Mas si volvieres a la ciudad, y dijeres a Absalom: Rey, yo seré tu siervo; como hasta aquí he sido siervo de tu padre, así seré ahora siervo tuyo, entonces tú me disiparás el consejo de Achitophel. 35¿No estarán allí contigo Sadoc y Abiathar sacerdotes? Por tanto, todo lo que oyeres en la casa del rey, darás aviso de ello a Sadoc y a Abiathar sacerdotes. 36Y he aquí que están con ellos sus dos hijos, Ahimaas el de Sadoc, y Jonathán el de Abiathar: por mano de ellos me enviaréis aviso de todo lo que oyereis. 37Así se vino Husai amigo de David a la ciudad; y Absalom entró en Jerusalem.
Lectura 2 de 4 · En familia
2 Corintios 8
1Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que ha sido dada a las iglesias de Macedonia: 2Que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su bondad. 3Pues de su grado han dado conforme a sus fuerzas, yo testifico, y aun sobre sus fuerzas; 4Pidiéndonos con muchos ruegos, que aceptásemos la gracia y la comunicación del servicio para los santos. 5Y no como lo esperábamos, mas aun a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y a nosotros por la voluntad de Dios. 6De manera que exhortamos a Tito, que como comenzó antes, así también acabe esta gracia entre vosotros también. 7Por tanto, como en todo abundáis, en fe, y en palabra, y en ciencia, y en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, que también abundéis en esta gracia. 8No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por la eficacia de otros, la sinceridad también de la caridad vuestra. 9Porque ya sabéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. 10Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no solo a hacerlo, mas aun a quererlo desde el año pasado. 11Ahora pues, llevad también a cabo el hecho, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tenéis. 12Porque si primero hay la voluntad pronta, será acepta por lo que tiene, no por lo que no tiene. 13Porque no digo esto para que haya para otros desahogo, y para vosotros apretura; 14Sino para que en este tiempo, con igualdad, vuestra abundancia supla la falta de ellos, para que también la abundancia de ellos supla vuestra falta, porque haya igualdad; 15Como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más; y el que poco, no tuvo menos. 16Empero gracias a Dios que dio la misma solicitud por vosotros en el corazón de Tito. 17Pues a la verdad recibió la exhortación; mas estando también muy solícito, de su voluntad partió para vosotros. 18Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio es por todas las iglesias; 19Y no solo esto, mas también fue ordenado por las iglesias el compañero de nuestra peregrinación para llevar esta gracia, que es administrada de nosotros para gloria del mismo Señor, y para demostrar vuestro pronto ánimo: 20Evitando que nadie nos vitupere en esta abundancia que ministramos; 21Procurando las cosas honestas, no solo delante del Señor, mas aun delante de los hombres. 22Enviamos también con ellos a nuestro hermano, al cual muchas veces hemos experimentado diligente, mas ahora mucho más con la mucha confianza que tiene en vosotros. 23Ora en orden a Tito, es mi compañero y coadjutor para con vosotros; o acerca de nuestros hermanos, los mensajeros son de las iglesias, y la gloria de Cristo. 24Mostrad pues, para con ellos a la faz de las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestra gloria acerca de vosotros.
Lectura 3 de 4 · Personal
Ezequiel 22
1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Y tú, hijo del hombre, ¿no juzgarás tú, no juzgarás tú a la ciudad derramadora de sangre, y le mostrarás todas sus abominaciones? 3Dirás, pues: Así ha dicho el Señor Jehová: ¡Ciudad derramadora de sangre en medio de sí, para que venga su hora, y que hizo ídolos contra sí misma para contaminarse! 4En tu sangre que derramaste has pecado, y te has contaminado en tus ídolos que hiciste; y has hecho acercar tus días, y has llegado a tus años: por tanto te he dado en oprobio a las gentes, y en escarnio a todas las tierras. 5Las que están cerca, y las que están lejos de ti, se reirán de ti, amancillada de fama, y de grande turbación. 6He aquí que los príncipes de Israel, cada uno según su poder, fueron en ti para derramar sangre. 7Al padre y a la madre despreciaron en ti: al extranjero trataron con calumnia en medio de ti: al huérfano y a la viuda despojaron en ti. 8Mis santuarios menospreciaste, y mis sábados has profanado. 9Calumniadores hubo en ti para derramar sangre; y sobre los montes comieron en ti: hicieron en medio de ti suciedades. 10La desnudez del padre descubrieron en ti; la inmunda de menstruo forzaron en ti. 11Y cada uno hizo abominación con la mujer de su prójimo; y cada uno contaminó su nuera torpemente; y cada uno forzó en ti a su hermana, hija de su padre. 12Precio recibieron en ti para derramar sangre; usura y logro tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia: olvidástete de mí, dice el Señor Jehová. 13Y he aquí, que herí mi mano a causa de tu avaricia que cometiste, y a causa de tus sangres que fueron en medio de ti. 14¿Estará firme tu corazón? ¿tus manos serán fuertes en los días que obraré yo contra ti? Yo Jehová he hablado, y harélo. 15Y yo te esparciré por las gentes, y te aventaré por las tierras; y haré fenecer de ti tu inmundicia. 16Y tomarás heredad en ti a los ojos de las gentes; y sabrás que yo soy Jehová. 17Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 18Hijo del hombre, la casa de Israel se me ha tornado en escoria: todos ellos son metal, y estaño, y hierro, y plomo, en medio del horno; escorias de plata se tornaron. 19Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto todos vosotros os habéis tornado en escorias, por tanto, he aquí que yo os junto en medio de Jerusalem. 20Como quien junta plata y metal y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundir; así os juntaré en mi furor y en mi ira, y haré reposar, y os fundiré. 21Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros. 23Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 24Hijo del hombre, di a ella: Tú no eres tierra limpia, ni rociada con lluvia en el día del furor. 25La conjuración de sus profetas en medio de ella, como león bramando que arrebata presa: devoraron almas, tomaron haciendas y honra, aumentaron sus viudas en medio de ella. 26Sus sacerdotes violentaron mi ley, y contaminaron mis santuarios: entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis sábados escondieron sus ojos, y yo era profanado en medio de ellos. 27Sus príncipes en medio de ella como lobos que arrebataban presa, derramando sangre, para destruir las almas, para pábulo de su avaricia. 28Y sus profetas revocaban con lodo suelto, profetizándoles vanidad, y adivinándoles mentira, diciendo: Así ha dicho el Señor Jehová; y Jehová no había hablado. 29El pueblo de la tierra usaba de opresión, y cometía robo, y al afligido y menesteroso hacían violencia, y al extranjero oprimían sin derecho. 30Y busqué de ellos hombre que hiciese vallado, y que se pusiese al portillo delante de mí por la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. 31Por tanto derramé sobre ellos mi ira; con el fuego de mi ira los consumí: torné el camino de ellos sobre su cabeza, dice el Señor Jehová.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmo 69
1Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. 2Estoy hundido en cieno profundo, donde no hay pie: he venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado. 3Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios. 4Hanse aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; hanse fortalecido mis enemigos, los que me destruyen sin por qué: he venido pues a pagar lo que no he tomado. 5Dios, tú sabes mi locura; y mis delitos no te son ocultos. 6No sean avergonzados por mi causa los que te esperan, oh Señor Jehová de los ejércitos; no sean confusos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel. 7Porque por amor de ti he sufrido afrenta; confusión ha cubierto mi rostro. 8He sido extrañado de mis hermanos, y extraño a los hijos de mi madre. 9Porque me consumió el celo de tu casa; y los denuestos de los que te vituperaban, cayeron sobre mí. 10Y lloré afligiendo con ayuno mi alma; y esto me ha sido por afrenta. 11Puse además saco por mi vestido; y vine a serles por proverbio. 12Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, y me zaherían en las canciones de los bebedores de sidra. 13Empero yo enderezaba mi oración a ti, oh Jehová, al tiempo de tu buena voluntad: oh Dios, por la multitud de tu misericordia, por la verdad de tu salud, óyeme. 14Sácame del lodo, y no sea yo sumergido: sea yo libertado de los que me aborrecen, y del profundo de las aguas. 15No me anegue el ímpetu de las aguas, ni me suerba la hondura, ni el pozo cierre sobre mí su boca. 16Oyeme, Jehová, porque apacible es tu misericordia; mírame conforme a la multitud de tus miseraciones. 17Y no escondas tu rostro de tu siervo; porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme. 18Acércate a mi alma, redímela: líbrame a causa de mis enemigos. 19Tú sabes mi afrenta, y mi confusión, y mi oprobio: delante de ti están todos mis enemigos. 20La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado: y esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo: y consoladores, y ninguno hallé. 21Pusiéronme además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre. 22Sea su mesa delante de ellos por lazo, y lo que es para bien por tropiezo. 23Sean oscurecidos sus ojos para ver, y haz siempre titubear sus lomos. 24Derrama sobre ellos tu ira, y el furor de tu enojo los alcance. 25Sea su palacio asolado: en sus tiendas no haya morador. 26Porque persiguieron al que tú heriste; y cuentan del dolor de los que tú llagaste. 27Pon maldad sobre su maldad, y no entren en tu justicia. 28Sean raídos del libro de los vivientes, y no sean escritos con los justos. 29Y yo afligido y dolorido, tu salud, oh Dios, me defenderá. 30Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, ensalzarélo con alabanza. 31Y agradará a Jehová más que sacrificio de buey, o becerro que echa cuernos y uñas. 32Veránlo los humildes, y se gozarán; buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón. 33Porque Jehová oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros. 34Alábenlo los cielos y la tierra, los mares, y todo lo que se mueve en ellos. 35Porque Dios guardará a Sion, y reedificará las ciudades de Judá; y habitarán allí, y la poseerán. 36Y la simiente de sus siervos la heredará, y los que aman su nombre habitarán en ella.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Samuel 15 · 2 Corintios 8
Personales
Ezequiel 22 · Salmo 69